viernes, 17 de junio de 2011

SOLEMNIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD

“Tanto amo Dios al mundo que entrego su hijo único, para que todo el que cree en el no muera…”

(Jn.3,16-18)

Rev. Alexander Díaz




Celebramos este Domingo, la Solemnidad de la Santísima Trinidad, un misterio profundo y que solo a la luz de la fe lo podemos entender a plenitud, con simple y corta razón no basta para entender este misterio tan grande.



Toda nuestra vida cristiana está marcada por el don de la Trinidad, cuando nacemos a la vida sobre natural por la gracia del bautismo, lo hacemos de forma trinitaria, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, cuando se inicia la Santa Eucaristía, se hace de la misma manera, y en fin todos nuestros actos diarios están marcados por la Santa Trinidad.



La Trinidad es un misterio de Comunión es Dios en nosotros, Dios con nosotros y Dios por encima de nosotros. Es el misterio que penetra y envuelve nuestra vida y nuestra historia.
El Espíritu es Dios en nosotros. De él viene la esperanza que peregrina hacia la plenitud de Cristo, él inspira a los profetas la palabra de Dios, él actúa en el corazón de los creyentes para aceptar la palabra de Dios, él reúne a los hijos de Dios en torno al Hijo, él anima la plegaria que dirigimos al Padre. Él ha sido derramado en nuestros corazones y es más íntimo a nosotros que nosotros mismos.


El Hijo es Dios con nosotros, el que ha nacido para ser nuestro hermano, nuestro compañero, nuestro prójimo. El hijo es el rostro de Dios, el que ve al Hijo ve al Padre. Es su Palabra hecha carne en las entrañas de María, ante la cual se actualiza al máximo nuestra responsabilidad.
El Padre es el que nos convoca en Jesús con su Palabra y a quien nos dirigimos por Jesús y a impulsos del Espíritu Santo. Es Dios por encima de nosotros y delante de nosotros, el que está aún por ver y por venir, la reserva de nuestra esperanza infinita.



La Stma Trinidad es propiamente el mismo Dios que ha entrado en comunión con nosotros. Es el Padre que se ha hecho "nuestro Padre", es el Hijo que se ha hecho nuestro hermano, es el Espíritu que se ha hecho nuestra vida. La Stma Trinidad es el misterio que funda nuestra convivencia. Para vivir ese misterio se requiere que todos seamos "nosotros" delante del Padre que nos convoca, que todos seamos una fraternidad en el Hijo que nos acompaña, y que todos participemos de un mismo sentir, de una misma esperanza y de un mismo amor, de una misma vida gracias al Espíritu que ha sido derramado en nuestros corazones.



¿Cómo explicar que Dios es uno y a la vez es Padre, Hijo y Espíritu Santo? Quizás tengamos que decir que en cada amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une. En líneas generales esto nos demuestra la realidad amorosa de Dios en su relación con las personas.

El texto que la Iglesia hoy nos propone es como una síntesis de la realidad de Dios y los seres humanos. Jesús vino a salvarnos perdonándonos los pecados por el amor que Dios nos tiene. Nos dice también que Dios entregó a su único Hijo por nuestra salvación.

Nuestro mundo tan autosuficiente puede que no atienda a estas palabras. Es probable que alguno crea que no necesita la salvación, que él mismo es el único protagonista de su historia y de su esperanza. Pero bien sabemos que esto no es así. El ser humano necesita de la ayuda de Dios para ser realmente humano. Necesita de su Palabra, de su vida para ser plenamente feliz. Aunque el mundo de hoy me deslumbre con los fogonazos de sus propuestas sólo la luz de Dios me da explicación a la indigencia de mi realidad humana. La propuesta que Dios nos ofrece es la que está basada en el amor.

Muchos cristianos se han instalado en la condena permanente hacia sí mismos y hacia los otros. Son "profetas de calamidades". Su anuncio del Evangelio no es invitación a descubrir el amor que Dios nos tiene, sino una invitación a que nosotros amemos a Dios.

Las personas amamos a quien nos ama. Si no me anuncian el amor que Dios me tiene, es muy difícil que espontáneamente yo pueda amar a Dios. Toda predicación y todo acto de evangelización tiene que empezar siempre con una pregunta: "¿Sabes quién te ama de verdad?" Toda la pedagogía de la conversión será simplemente ahondar en la realidad de Dios que te ama y tu personal respuesta a ese amor. Amor con amor se paga...

Jesús abre las puertas del amor de Dios a toda la humanidad. Él no condena a nadie sino que intenta curar a las personas heridas por el pecado y por la vida... Cada vez tengo más la impresión de que la vida es como un gran barco donde toda la humanidad navega, y que absolutamente todos los seres humanos tenemos que ir tapando las grietas por donde entra el sufrimiento y la desesperanza. Todos navegamos por el mismo mar de la eternidad. Juntos vamos en la misma nave de la vida. Ser cristiano es tener la certeza de que Dios también navega con nosotros, no nos ha dejado ni solos ni desamparados.

Que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, nos concedan la gracia necesaria para vivir nuestra vida cristiana en un constaten contacto con ese divino y recibiendo esta gracia inmerecida podamos vivir habitados de esta gracia Trinitaria. Amen

viernes, 10 de junio de 2011

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTES

“Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados…”
(Jn20, 19-23)
Rev. Alexander Díaz




Celebramos hoy la solemnidad de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo, la fiesta en la cual nace y se consolida la iglesia sin temor, sin miedo y sin ninguna duda. Nos dice la liturgia de hoy que después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús.



Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos.



Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas.
En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban.



Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.

¿Quién es el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo es Dios, es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo es el amor que existe entre el Padre y el Hijo. Este amor es tan grande y tan perfecto que forma una tercera persona. El Espíritu Santo llena nuestras almas en el Bautismo y después, de manera perfecta, en la Confirmación. Con el amor divino de Dios dentro de nosotros, somos capaces de amar a Dios y al prójimo. El Espíritu Santo nos ayuda a cumplir nuestro compromiso de vida con Jesús.



Estamos llamados a crecer en el Espíritu. Estamos invitados a madurar humana y espiritualmente y para ello necesitamos la presencia constante de Dios en nuestra vida.
La Palabra nos recuerda que los discípulos estaban reunidos (como muchas veces nos reunimos nosotros hoy), pero tenían las puertas cerradas (no se refiere sólo a las puertas físicas, sino a las de nuestro corazón), por miedo (tengo que descubrir los miedos que rondan mi vida y me impiden crecer como persona y creyente). Bien sabe el Señor que para la titánica misión de crecer y hacer presente a Dios en el mundo es necesario la ayuda del propio Dios.


El ser humano no tiene fuerzas suficientes para por sí mismo mantenerse en la presencia constante de Dios. Es por ello que necesitamos de su ayuda y aliento.


¿Vives tú bajo la ley del Espíritu?
Los frutos del Espíritu Santo son el testimonio más importante de su acción en nosotros. Somos cristianos en la medida que dejamos que Dios nos transforme y nos capacite para ser sus seguidores.


“A pesar de estar la casa cerrada Jesús no violenta las cerraduras ni da un golpe agresivo en la puerta de aquellos discípulos. Entra silenciosamente. Se filtra por las paredes. Aquellos estaban llenos de miedo pero estaban reunidos recordando lo que había ocurrido. Fue tan fuerte el ver a Cristo resucitado que el miedo les desapareció y se creó la Iglesia. La Iglesia aparece por tanto con estos elementos: estaban reunidos- aceptando la presencia de Cristo Resucitado- abriendo las puertas del alma- superando el miedo- recibiendo el Espíritu Santo.

La Iglesia es la patria del alma. Ser Iglesia es tener las puertas abiertas, reunidos y sin miedos. Quienes intentan vivir el Evangelio desde esas premisas son los que ven cómo el Espíritu Santo les va haciendo cada día.


La gente que vive llena de miedos e inseguridades serán unos ineficaces discípulos porque en ellos no se dan los frutos del Espíritu. Quien vive en cobardías sólo cobardías transmitirán a otros. Quienes piensan que la fe es algo tan íntimo que no necesita ser compartida se encontrarán encerrados en su egoísmo, solos y sin la presencia del Espíritu Santo”. (Mario Santana Bueno)


En este día de Pentecostés tenemos que preguntarnos sobre el proceso de madurez de nuestra fe. ¿Ha ido mi corazón en todos estos años acercándose a la madurez espiritual a la que soy llamado? ¿Qué cerraduras son las más difíciles de abrir en mi vida y por qué? ¿Qué miedos son los que todavía tengo que superar? ¿Acepto al Espíritu Santo en mi vida?
Que el Espíritu Santo nos fortalezca con su luz y nos purifique para ser buenos cristiano. Ven dulce huésped del alma y danos paz y alegría. Amén..

viernes, 3 de junio de 2011

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSION DEL SEÑOR

“Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos…”
(Mt. 28,16-20)


Rev. Alexander Díaz





La Ascensión del Señor es una fiesta de grandísima esperanza para los que creemos en Jesucristo y seguimos su Palabra, porque sabemos que primero se fue El al Cielo, para que luego todos podamos seguirlo, seguir sus pasos y su caminar hacia la gloria eterna del Padre, es por ello que la celebración de este misterio nos da la seguridad de que también nosotros podemos seguirle allí. Ya el evangelio del domingo anterior nos lo dijo de forma clara y certera
“En la Casa de mi Padre hay muchas mansiones, y voy allá a prepararles un lugar ... Volveré y los llevaré junto a Mí, para que donde Yo estoy, estén también ustedes” (Jn. 14,2-3).

Jesús nos a abierto un lugar especial en el cielo, para que también nosotros podamos participar y vivir eternamente, el derecho al cielo, no debe de ser por tanto para los seres humanos una simple opción, sino la obligación de ser verdaderos seguidores de Jesús, este seguimiento se verá concretizado cuando vivamos con el eternamente.

El evangelio de este domingo tiene algunos elementos que me desconciertan, porque verdaderamente representan la actitud humana frente a la gratuidad divina, siento que nos cuesta creer plenamente y es lo que les pasaba a los apóstoles el día de la ascensión del señor Dice la Palabra que los discípulos adoraron a Jesús, pero "algunos dudaban". No creían con facilidad, buscaban pruebas y razones para saber si el resucitado era realmente Jesús u otra persona. Me temo que nuestra vida en esta tierra estará siempre salpicada por estos dos momentos de adoración y de duda. El ser humano es capaz de adorar y dudar. Nuestra fragilidad humana pesa en muchas ocasiones y eso nos hace tambalear, pero aunque tambaleemos no nos debemos rendir por que su presencia poderosa nos hace ser mejores hombres y mujeres en la sociedad y el mundo.


“Jesús les habla diciéndoles que tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra. ¿Cómo entender esta autoridad de Jesús cuando vemos que el mundo va por caminos totalmente contrarios a su mensaje? Esta es la pregunta que se hacen numerosas personas: ¿Si Dios tiene tanto poder por qué el mundo está tan mal...?


El mundo está mal cuando no hacemos caso a lo que Dios nos indica. Si vivimos el Evangelio con elegancia el mundo será más parecido a lo que Dios quiere. La maldad en el mundo es la ausencia de Dios. Dios tiene poder para ofrecer a los seres humanos un mensaje, su persona, que se entrega por nosotros. Para aceptar a Dios necesito equilibrar mi mente y mi corazón y hacer una opción desde mi libertad. Tiene poder para invitarnos siempre desde lo hondo de nuestro corazón a seguirle con alegría”. (Mario Santana Bueno)


Me impacta el mandato que Jesús les da a los doce, porque recoge una visión de conjunto de todos los seres humanos; para los judíos los únicos que tenían acceso a la salvación eran ellos, todos los demás no estaban en la lista de los llamados por Dios para estar con él, Jesús rompe ese esquema hoy, porque nos invita a ir a todo el mundo para hacer discípulos a todos los habitantes del mundo. Hoy que tanto se habla de la unidad de las naciones para el bien común, nos olvidamos que fue el cristianismo quien comenzó, por encima de todas las diferencias humanas, quien impulsó la globalización de la salvación de Dios, por tanto bajo este mandato de divino estamos obligados a evangelizar y convertirnos en verdaderos misioneros en el mundo, sin importar la raza el color o la lengua, lo que importa es mostrar el verdadero rostro de Jesús. La tarea del cristiano es bien clara: llevar el Evangelio a otras personas sean del lugar y raza que sean. El bautismo es la puerta de encuentro con el Señor. Por el bautismo empezamos el camino que Jesús hace por los senderos del mundo.


En la Solemnidad de la Ascensión del Señor la Iglesia nos propone este texto donde Jesús nos deja la promesa de quedarse con nosotros. "Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo." Está siempre, todos los días; en los momentos malos y buenos. Es un "me voy pero me quedo." Esta cita específicamente nos debe de mantener sobrios y seguros en lo que somos y tenemos, nuestra fe católica, nada ni nadie nos puede apartar de ella ni destruir porque el siempre está con nosotros, El camina de la mano y nos hace ser hombres y mujeres seguros de lo que somos bautizados e hijos suyos.

Esto quiere decir que su presencia entre nosotros debe aminorar los miedos y las dudas, porque él va delante de nosotros, por ende, siempre que iniciemos una empresa o cuando encaramos un reto, debemos de tener claro que el está con nosotros todos los días hasta que se termine el mundo…. Porque todo lo que tenemos es por él, con él y en el… por los siglos de los siglos… Amén.

viernes, 20 de mayo de 2011

QUINTO DOMINGO DE PASCUA

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. ”
Jn. 14,1-12
Rev. Alexander Díaz




A medida que el tiempo pasa más entrando mas en este maravilloso tiempo de la pascua y hoy estamos celebrando el quinto domingo Pascual, el evangelio de este domingo es un evangelio de recomendación a creer en el que Jesús hace a los doce. Se sienten en sus palabras un grade de tristeza y desconcierto en la voz del maestro en ver que al género humano representado en los doce, les cuesta creer y aceptarle como Dios y como mesías.

La humanidad desde siempre ha cuestionado a Dios y se ha vuelto en su contra a pesar de las múltiples muestras de cariño y a pesar de su misericordia mostrada en su hijo Jesucristo.

El hombre y la mujer modernos están cada día mas, perdiendo su fe y su esperanza en Dios, no porque Dios no les hable, sino porque simple y sencillamente se han enfocado en otros asuntos que no lo dejan crecer y lo que hacen es hacerlo más infeliz y llevar poco a poco una vida mísera y solitaria.

En el Evangelio de este domingo Jesús nos recuerda que la fe en el Padre incluye y comprende la fe en Él. El encuentro con el verdadero Dios es posible únicamente por medio de Jesucristo: "Nadie puede venir a mi Padre sino por mí" (Jn 14,6). Todos los caminos de búsqueda sincera de nuestro creador desembocan en Cristo.

Ser creyente y evangelizador significa profundizar en el encuentro de la conversión con Jesús y conocerle más profundamente y compartir esa experiencia con los demás. Evangelizar no es adoctrinar ni comprometer en tareas meramente sociales; tampoco es hacer un discurso intelectual sobre la fe. Evangelizar es mucho más: es ser portadores de una seria y profunda amistad con el Señor y tratar que los demás le conozcan con esa misma o mayor intensidad.
Una vez le preguntaron al beato Juan Pablo II, cuál era el camino más recto para encontrar la santidad y el beato respondió que el camino más mediato para ser santos era ser amigos de Jesús, entablar una amistad solida y sin complejos sin sentido, es simple y sencillamente ser amigos íntimos en el amor y en la escucha profunda de este amor.

En nuestro tiempo nos hemos acostumbrado a que las respuestas en nuestra vida y a nuestras necesidades (comida, vestidos, etc.) sean cubiertas por las cosas materiales: dinero, máquinas, etc. en lugar de las personas. Bien es cierto que todo ello nos llega de la mano de otros seres humanos, pero ningún ser humano se vuelve para nosotros la respuesta definitiva a todas las necesidades interiores. Hemos hecho nuestra la famosa frase “tanto tienes, tanto vales” cosa torpemente sin sentido porque lo material no de desarrolla ni te hace ningún bien cuando lo cambias por la verdad.




En el contexto de las necesidades más profundas del ser humano es donde se dan las afirmaciones de Jesús. Él es el camino, la verdad y la vida. Esto significa que es la explicación última de la vida humana. Encontrarse y profundizar en el Señor es ir construyendo poco a poco el rompecabezas de nuestra vida e ir recomponiendo las piezas en su sitio para que sea visible en su totalidad. ¿Cómo es posible que aquellas palabras pronunciadas hace años por Jesús tengan todavía hoy actualidad y sentido?
¿Cómo Jesús sigue siendo hoy, después de tanto desarrollo técnico e industrial, la respuesta para el ser humano?
Las respuestas son claras: las palabras de Jesús van dirigidas al corazón de cada ser humano y es ese corazón quien debe de responder a la llamada.

A pesar de los siglos los seres humanos no somos tan distintos ni tan desiguales. La historia de la humanidad se hace presente en nuestra historia personal y concreta donde hacemos el mismo recorrido. También en cada uno de nosotros hay una prehistoria y una Edad Media, y un tiempo contemporáneo que tenemos que saber ir conjugando para entender el papel de Dios en nuestra vida.

Termina nuestro texto de hoy recordándonos que los que seguimos a Jesús haremos obras mayores que Él. Nos describe el Señor el proceso de la evolución de la fe. Muchas personas se olvidan que la fe tiene su proceso y su evolución. No llegamos a una fe completa y total en el momento de la conversión. La fe se va labrando poco a poco, es como una obra de arte donde los autores son siempre dos: Dios y tú. (Mario Santana Bueno)
Que en la medida que nos encontremos con el maestro nos hagamos mas amigos de Jesús y que nuestra fe se vuelva cada día más solida, porque solida es nuestra confianza en él.
Amén..

viernes, 13 de mayo de 2011

DOMINGO CUARTO DE PASCUA

“…Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.”
Jn. 10, 1-10


Rev. Alexander Díaz






Nos encontramos celebrando el domingo cuarto de la Pascua, a este domingo le llamamos el domingo del Buen Pastor, en este domingo usualmente se celebra la jornada mundial de oración por las vocaciones sacerdotales, por el sencillo hecho, que el sacerdote es el pastor que apacienta el rebaño espiritual confiado a él.


En la sagrada Escritura tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se nos compara con las ovejas, en muchos de los casos no lo entendemos porque no estamos habituados a verlos en nuestro entorno, en la cultura israelita era muy común, y muchos israelitas vivían de ser pastores, dedicaban su vida al cuidado de estos pacíficos animales.


La imagen del pastor, tan familiar al pueblo de Dios, es utilizada por el Maestro para recordar a los suyos, que el que ha vencido a la muerte, es el verdadero guía de la Iglesia. Esta sugestiva imagen, fue empleada profusamente en la Iglesia de los primeros siglos, tanto en la predicación de los Padres, como en las catequesis que se plasmaban a través de pinturas.



Jesucristo es el Buen Pastor que conoce a los suyos y que da la vida por ellos; “quien Dios ha constituido Señor y Mesías” (1ª lect), y el que orienta a los “descarriados” y es “guardián de nuestras vidas” (2ª lect).

El es el mejor de los pastores, pues El da la vida -como de hecho la dio- por sus ovejas. Y sus ovejas lo conocen y escuchan su voz. Nos dice también que El conoce a cada una de sus ovejas por su nombre, y las ovejas reconocen su voz (cfr. Jn. 10, 1-10).



Nosotros somos ovejas del Señor. Quiere decir que somos también frágiles, como estos indefensos animales aunque la mayoría de las veces nos creemos muy fuertes y muy capaces. Somos, por lo tanto, dependientes del Señor y, tal como las ovejas, tampoco nos valemos por nosotros mismos.

Sin embargo, engañados, podemos pasarnos gran parte de nuestra vida y aún, toda nuestra vida, tratando de ser independientes de Dios, tratando de valernos por nosotros mismos.


¿Cuántas veces no nos sucede esto? Y nos sucede también que nos enredamos en nuestra vida espiritual. Y ¿quién puede desenredarnos? ¿Quién puede sacarnos de la zarza o de la cerca en que estamos atrapados? Bien lo sabemos: necesitamos de nuestro Pastor. Y El nos busca, nos rescata, nos cura, y nos coloca sobre su hombro, igual que a la oveja perdida, para llevarnos al redil. De sus 100 ovejas deja a las 99 ovejas seguras en el aprisco y sale a buscar a la perdida.
¿Cuántas veces no ha hecho esto el Señor con nosotros -con cada uno de nosotros- cada vez que nos escapamos del redil o que nos desviamos del camino. (Lc. 15, 4).


No podemos, tampoco, andar solos,“como ovejas descarriadas”, tal como lo dice San Pedro en la Segunda Lectura (1 Pe. 2, 20-25), pues corremos el riesgo de ser devorados por los lobos que están siempre al acecho.


Tenemos, entonces, que reconocernos dependientes como son las ovejas de su pastor. Así, como ellas, podemos ser totalmente obedientes a la Voz y a la Voluntad de nuestro Pastor, Jesucristo, el Buen Pastor.


Frente a la figura emblemática del Buen Pastor, se encuentra la figura totalmente contraria a la de este, ese es el mal pastor, que Jesus lo llama ladron y saqueador; a ellos no debemos obedecer.

Son los que no entran por la puerta del redil, sino que saltan por un lado de la cerca y tratan de engañarnos, simulando ser pastores para llevarse a las ovejas.


Esos falsos pastores son todos los falsos maestros que confunden, pues nos hablan tratando de imitar a nuestro Pastor, con enseñanzas falsas, que parecen verdaderas, para sacarnos del redil, para sacarnos de la Iglesia, para hacernos perder la Fe que nos enseña nuestro Pastor.


Son informaciones que nos llegan por la TV, por Internet, por el cine, por libros, que parecen verdades pero que son errores. Son todos los errores y herejías modernas, contenidas -por ejemplo- en ese amasijo de falsedades que es el New Age o Nueva Era.


A los predicadores de estos errores se refiere Jesucristo en el Evangelio de hoy que no entran por la puerta del redil, sino que saltan por otro lado: “El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir ... Mis ovejas reconocen mi voz ... A un extraño mis ovejas no lo seguirán, porque no conocen la voz de los extraños”.¡Cuidado con las voces extrañas! ¡Cuidado con confundirlas con la Voz del Buen Pastor! Se parecen... pero no son.

viernes, 6 de mayo de 2011

TERCER DOMINGO DE PASCUA

“No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras”
(Jn. 24,13-35)
Rev. Alexander Díaz



Cuando la confusión embarga el corazón del ser humano es bien difícil reconocer la presencia del resucitado, porque la frustración y la duda embargan el corazón; es lo que pasa por el corazón de estos dos peregrinos que regresan frustrados a Emaús, a reiniciar su vida, conocieron a Jesús pero nunca entendieron su misión principal. Caminan a paso agigantado con lágrimas en los ojos, con lamentos, reproches y resentimientos. Sus palabras indican frustración y resentimiento, y esto les hace cegarse y no ver claro lo que el peregrino les decía.

Este caso de emaús, es el caso de millones de cristianos hoy en día, que viven su propia vida, con un Jesús de milagros, con el Jesús líder de multitudes, con un Jesús hecho a su manera, pero que no es el real, viven creyendo y pensando que la cruz en un sinsentido, un elemento condenador.

Nos explica el evangelio que estaban tristes, y es por ello que cuando Jesús se acerca a ellos, no tienen ojos para reconocerlo porque la desilusión les ha quitado todo ánimo para continuar. En la tumba enterraron sus esperanzas de libertad y de superación, dejaron todo sueño metido en aquella cueva desolada. Muchos les habían contado que estaba vivo y que había resucitado, pero no habían creído, y por lo que se ve en el semblante, tampoco están dispuestos a creerlo. Estaban derrotados y tristes, eran ciegos de sí mismos, ya no sabían cómo digerir su fracaso.

Le cuentan a Jesús la versión de lo que había ocurrido, pero lo hacen con desesperanza. Ellos esperaban pero su espera había sido inútil. Ahora vuelven más desilusionados que nunca. Las palabras de Jesús le animaban pero su muerte, el silencio de la palabra del maestro les dejó vacíos.

Jesús comienza a explicarles nuevamente todo lo que de Él se decía en las Escrituras. Escuchan pero ya sin convencimiento. Siguen en el camino.

Llegan al pueblo y Jesús hizo como si fuera a seguir su camino, pero ellos le invitan a quedarse. Se sientan a la mesa y de nuevo Jesús toma el pan y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio. Dice la Escritura que en ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; pero Él desapareció.


El último gesto que tuvo Jesús con sus Apóstoles fue la cena. Ahora, después de su resurrección hace de nuevo el gesto de la fracción del pan, que alimenta, que salva, que abre los ojos al ciego.

La Eucaristía es el lugar del encuentro con Jesús. Él se les muestra entregándose nuevamente, esta vez de una manera incruenta. Parte para ellos y con ellos el pan y bendice a Dios. Y ellos le descubren, en el momento preciso. Qué lindo seria que nosotros como cristianos al igual que ellos le descubriéramos también al partir el pan y que nuestros ojos se abrieran al momento de este milagro incruento.

La vida cristiana estará siempre enlazada entre Eucaristía, Cruz y Resurrección. Una y otra vez en la vida del seguidor de Cristo estarán presentes estos tres momentos.

Hay una pregunta que nuestros amigos no creyentes o no muy creyentes nos suelen hacer: Si Jesús resucitó, ¿Dónde está ahora?

Jesús no está en el sepulcro. El sepulcro se quedó vacío. Tampoco la resurrección es un retorno al pasado. El verdadero encuentro con Cristo está hoy en la Palabra, en la Eucaristía y en la profesión de fe.

El Señor está en la vida nueva que ha llegado en la transformación del sufrimiento de este mundo. Encontrarlo es encontrar el camino de la salvación.

Jesús resucitado está en la Eucaristía. La Eucaristía es el lugar preferente de la presencia de Cristo.

Participar en la Eucaristía significa tener un encuentro personal con Cristo resucitado.

También el resucitado está presente donde las personas se sienten hermanadas, donde se late con el mismo tono. El resucitado está entre los más débiles y pobres de la sociedad, aquellos que siempre llevan las de perder. Jesús con la superación de la muerte les hace ganar fuerzas para el camino de la vida, ilusión y alegría para su corazón, y ver, sobre todo ver que Él va siempre a nuestro lado en todos los momentos de caminar por nuestra existencia.

No pierdas las esperanzas, cuando te sientas solo y derrotado, no pierdas el ánimo cuando te sientas vencido, porque siempre estará Jesús caminando como un peregrino al tu lado, reconócele cuando tu corazón arda y se sienta confortado, es El, no puede ser nadie más. El está vivo y camina con nosotros.. Amén.

jueves, 5 de mayo de 2011

Asistió a Juan Pablo hasta su muerte: "Yo era una enfermera inflexible y él un enfermo inflexible"

Rita Megliorin: "Juan Pablo II sentía predilección por los más débiles"


Roma (Italia), 2 May. 11 (AICA)

“Me llamaron a última hora de la mañana. Corrí, tenía miedo de no llegar a tiempo. En cambio, él me esperaba. ‘Buenos días, Santidad, hoy luce el sol’, le dije en seguida, porque era la noticia que en el hospital le alegraba”.

Así recuerda el último día de Juan Pablo II Rita Megliorin, ex enfermera jefe del servicio de reanimación en el Policlínico Gemelli, la mañana del 2 de abril, cuando fue llamada al apartamento pontificio, a la cabecera del Papa agonizante, según lo relata Mariaelena Finessi, en una nota que tradujo Inma Álvarez para la agencia Zenit.

“No creí que me reconociese. Él me miró. No con esa mirada inquisitiva que usaba para entender en seguida cómo iba su salud. Era una mirada dulce, que me conmovió”, añade la mujer.

“Sentí la necesidad de apoyar la cabeza sobre su mano, me permití el lujo de tomar su última caricia posando su mano sin fuerzas sobre mi rostro mientras él miraba fijamente el cuadro del Cristo sufriente que estaba colgado en la pared frente a su cama”.

Mientras tanto, oyendo desde la plaza los cantos, las oraciones, las aclamaciones de los jóvenes que se hacían cada vez más fuertes, la mujer preguntó a monseñor Dziwisz (hoy cardenal), si esas voces no importunaban acaso al Papa. “Pero él, llevándome a la ventana, me dijo: ‘Rita, estos son los hijos que han venido a despedir al padre”.


Se conocieron en enero de 2005, cuando las condiciones de salud del Papa Wojtyla se habían agravado. Megliorin explica que en aquellos días de comienzo de año, llegando al hospital para entrar en servicio e ignorando que el Papa hubiera ingresado, le dijeron que se diera prisa, que fuese al décimo piso porque allí había “un huésped especial”.

“Piensen –dice la mujer– en un lugar donde no existe el espacio y donde no existe el tiempo, y piensen sólo en mucha luz”. La misma luz que acompañó las jornadas del pontífice.

“En aquellos meses, cada mañana entraba en su habitación encontrándole ya despierto, porque rezaba ya desde las 3. Yo abría las persianas y dirigiéndome a él decía: ‘Buenos días, Santidad, hoy luce el sol’. Me acercaba y él me bendecía. Arrodillándome, él me acariciaba la cara”.

Este era el ritual que daba inicio a las jornadas de Wojtyla. “Por lo demás yo era una enfermera inflexible y él un enfermo inflexible. Quería estar al corriente de todo, de la enfermedad, de su gravedad. Si no entendía, me miraba como pidiendo que le explicara mejor”.

“Nunca dejó de estudiar los problemas del hombre. Recuerdo los libros de genética, por ejemplo, que él consultaba y estudiaba con atención, incluso en aquellas condiciones”. Ese no querer rendirse, ese querer vivir la gracia de la vida recibida: “Cada día nos decíamos que ‘todo problema tiene solución’”.

Y el Papa lo decía también, y sobre todo, a las personas que encontraba, por las que sentía un amor paternal. “Y como todo padre, sentía una predilección por los más débiles. Por ejemplo, en la Jornada Mundial de la Juventud de Tor Vergata, en Roma, saludó a los jóvenes que estaban al fondo, pensando que no habrían podido ver mucho. También en el hospital se entretenía con los más humildes y no con los grandes profesores, les preguntaba por sus familias, si tenían niños en casa”.

Recordando en cambio los últimos ingresos, la ex jefa de planta añade: “El Papa vivió los momentos quizás más difíciles en el Policlínico”, pero “asistir a los enfermos es un don, al menos para quien cree en Dios. Y con todo, también para quienes no tienen fe es una experiencia única”.

Para quien comprende plenamente el sentido de lo que entiende Megliorin, resultan estridentes las preguntas de tantos periodistas, reunidos en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz para escuchar, en un encuentro con los medios de comunicación, el testimonio de la enfermera.

Hay quien pregunta si una película sobre la vida de Wojtyla se corresponde con la verdad, sobre todo el fragmento en que la película cuenta que el Papa tuvo espasmos en el momento de su muerte. Preguntas estrafalarias, a veces inoportunas si no fuesen de dudoso gusto. Y de hecho, la enfermera pregunta cuantas personas de la sala han asistido a la pérdida de un progenitor en los propios brazos: “No puedo responder –explica a regañadientes–. Quien no lo ha vivido no lo puede entender”.

Entonces, “¿la muerte fue un alivio?”, insiste otro. “La muerte nunca es un alivio –replica la mujer–. Como enfermera digo sólo que hay un límite en el tratamiento, más allá del cual éste se convierte en un tratamiento médico agresivo”. El morbo de saber si Wojtyla se ahogaba o tragaba, si tenía fuerzas para comer, beber o respirar, todo esto es una violación de la intimidad de un cuerpo, la sacralidad de una vida que ya no está. Su pensamiento vuelve a las palabras de Wojtyla que sin embargo, ha “restituido la dignidad al enfermo”, recuerda Megliorin.

En la Carta Apostólica Salvifici doloris de 1984, Juan Pablo II dice que el dolor “es un tema universal que acompaña al hombre en todos los grados de la longitud y de la latitud geográfica: es decir que coexiste con él en el mundo”. También dice el Papa, “el sufrimiento parece pertenecer a la trascendencia del hombre: es uno de esos puntos, en los que el hombre parece, en cierto sentido, ‘destinado’ a superarse a sí mismo, y llega a esto llamado de un modo misterioso”.

Juan Pablo II “en el último momento de su vida terrena –concluye Rita Megliorin– rescató su cruz, haciéndose cargo no sólo de la suya propia, sino también de todos los que sufren. Lo hizo con la alegría que nace de la esperanza de creer en un mañana mejor. Incluso creo que él tenía la esperanza de un hoy mejor”.

lunes, 2 de mayo de 2011

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

“Dichosos los que crean sin haber visto”
Jn. 20,19-31
Rev. Alexander Díaz


Nos encontramos celebrando el Segundo Domingo de la Pascua, este es el llamado domingo de la Misericordia, porque en ella se muestra la misericordia del Resucitado sobre uno de sus apóstoles que muy altaneramente no cree, simple y sencillamente porque no ha visto con sus propios ojos este milagro.

Cada año leemos lo mismo precisamente porque nos acerca el misterio de este domingo. Primero remarca que el domingo proviene del Señor. El primer domingo de Pascua es el día de la manifestación del Resucitado, primero a las mujeres, después a los discípulos. La primera preocupación del Señor es reunir a los discípulos después del escándalo de la cruz. El segundo domingo, el primer día de la semana, esto es, hoy, el Resucitado vuelve a reunir a los discípulos para confirmarlos en la fe.

Confirmarlos en la fe no fue una tarea fácil, ya que digerir el escándalo de la cruz no era una forma sencilla, ni mucho menos aceptable por las consecuencias que esta traía, el miedo era inminente. Nos dice el evangelio que “estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos” (Jn. 20,19). El miedo es uno de los mecanismos que el maligno utiliza para no permitirnos crecer ni fructificar como verdaderos cristianos. Jesús se presenta en medio de ellos con unas palabras sencillas pero que marcaran la vida de los Cristianos “Paz a ustedes” (Jn. 20,19).

Paz, es el primer mensaje del resucitado a los once, un elemento que hace que el hombre trascienda y se encuentre consigo mismo, es por ello que un cristiano que no sea portador y pregonero de la paz, no ha entendido el proyecto de Jesús, los apóstoles estaban llenos de resentimiento y odia en contra de aquello que clavaron en la cruz a Jesús el Señor.

El Beato Juan Pablo II nos dijo en repetidas ocasiones a los cristianos del tercer milenio: "Los cristianos, en particular, estamos llamados a ser centinelas de la paz, en los lugares donde vivimos y trabajamos; es decir, se nos pide que vigilemos para que las conciencias no cedan a la tentación del egoísmo, de la mentira y de la violencia. Pidamos juntos a Dios, rico de misericordia y de perdón, que apague los sentimientos de odio en el ánimo de las poblaciones, que haga cesar el horror del terrorismo y guíe los pasos de los responsables de las naciones por el camino de la comprensión recíproca, de la solidaridad y la reconciliación"
Solo cuando el ser humano encuentra paz consigo mismo entonces entenderá cual es el significado real de su vocación.

Uno de los frutos del miedo y del temor, es la frustración y el rechazo, la incredulidad y el desasosiego ante nuevos acontecimientos, es lo que le sucede a Tomas. El no estaba en el segundo día de la semana cuando todo esto sucede, por esa razón se vuelve un arrogante ante la resurrección.

Tomas no cree las cosas grandes de Dios con facilidad. Tomás es el mundo de hoy que pide pruebas y certezas. Son tan grandes las pruebas que piden que sólo Dios puede darlas con su resurrección.

Pedimos muchas pruebas a Dios cuando en realidad nosotros mismos somos un misterio para nosotros, e incluso para los demás. Sólo para Dios no somos un misterio. Dios sabe lo que habita en nuestro corazón y sabe dar la respuesta adecuada en el momento adecuado. Dios sabe de nuestras muertes y resurrecciones, de nuestras cobardías, grandezas y miserias. Él sabe del barro del que estamos hechos. Vivir en cristiano es sintonizar nuestra vida con el ritmo de Dios, sólo así la vida nos dará respuestas.

Meter los dedos en las heridas de Jesús es entrar en su interioridad, descubrir sus dolores y su entrega por nosotros. ¿No vivimos muchas veces una fe epidérmica que no nos transforma? Entrar en el interior de Cristo es sentir como Él.

Nuestra vida está llena de pecados y errores que se multiplican en la medida que nos alejamos de Dios. No es extraño por tanto que en este texto de la aparición de Jesús aparezca la referencia al Espíritu Santo y al perdón de los pecados. Aceptar el Espíritu Santo es aceptar la presencia de Dios en mi vida, y cuando una persona está con Dios y en Dios, el pecado tiene muy poco protagonismo en su existencia.

Tomás pedía pruebas vitales. Necesitaba ver, tocar, sentir, palpar la presencia del supuesto resucitado. La evangelización no es otra cosa que ofrecer a los demás esta experiencia sensible de Jesús. Creer es ver, tocar, sentir a Cristo. La crisis del apóstol era de fe más que de razonamientos.

Cuando llevamos un camino en dirección al resucitado las dudas son cada vez menos. Hay personas que sufren interiormente porque sus dudas no le dejan confiar ni en nadie ni en sí mismos. ¿Qué necesita una persona sin fe para sentir la presencia del Resucitado? Me da la impresión que tiene que empezar por el principio; ir una y otra vez de Belén a la Cruz y al Domingo de Resurrección con admiración y respeto. Cuando metamos nuestros dedos en las heridas de Cristo no le produce dolor sino amor, un amor que convierte el corazón de quien se acerca a Él.

sábado, 23 de abril de 2011

DOMINGO DE RESURRECCION

“Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura:

Que Él había de resucitar de entre los muertos

(Jn. 20, 1-9)

Rev. Alexander Diaz




Hoy toda la iglesia se regocija y salta de júbilo porque las ataduras de la muerte han sido rotas completamente, la muerte ha sido vencida de raíz, el maligno que rondo las mentes de los que crucificaron al hijo de Dios, y lo fijaron con clavos en un madero, depositando toda su rabia y su envidia en su sagrado cuerpo, hoy han sido burlados por la verdad del amor.



La gran noticia que los periódicos debían de rotular hoy seria “La tumba donde lo enterraron, está vacía”, no hay nadie ahí porque, El está vivo, y vive para siempre, esa es la g

ran notica para todo el género humano, que por su resurrección todos hemos sido llamados a resucitar… “porque si él no hubiera resucitado vana seria nuestra fe” (1Cor.15,14) y también nuestra esperanza.




Atrás quedó el dolor, la duda, la poca fe manifestada en la cruz de la prueba, ya no puede haber dolor ni luto porque todo eso ha sido aniquilado completamente.



La Resurrección de Jesucristo es el misterio más importante de nuestra fe cristiana. En la Resurrección de Jesucristo está el centro de nuestra fe cristiana y de nuestra salvación, Jesucristo no sólo ha resucitado Él, sino que nos ha prometido que nos resucitará también a nosotros. La Sagrada Escritura nos dice que saldremos a una resurrección de vida o a una resurrección de condenación, según hayan sido nuestras obras durante nuestra vida en la tierra.


Resurrección es signo de victoria, es el hombre llamado a su dignidad más grande. ¿Cómo no alegrarse por la victoria de Aquel que tan injustamente fue condenado a la pasión más terrible y a la muerte en la cruz?, ¿por la victoria de Aquel que anteriormente fue flagelado, abofeteado, ensuciado con salivazos, con tanta inhumana crueldad?



Este es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.



La Resurrección nos descubre nuestra vocación cristiana y nuestra misión: acercarla a todos los hombres. El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal. ¿Creo en la Resurrección?, ¿la proclamo?; ¿creo en mi vocación y misión cristiana?, ¿la vivo?; ¿creo en la resurrección futura?, ¿me alienta en esta vida?, son preguntas que cabe preguntarse.



Creer en la resurrección es experimentar el cumplimiento de una promesa dada por Jesús. Si no has vivenciado antes la promesa no puedes ver su cumplimiento.

Ver la resurrección es experimentar la presencia del resucitado más allá de lo que experimentan nuestros ojos.



Captar la presencia del resucitado es mirar con el corazón los momentos y los acontecimientos de la vida. Si antes de su muerte Jesús pudo hacer milagros que otros captaron con la vista de los ojos, ahora la nueva realidad le da la hondura de la mirada del corazón.



A esto somos llamados los creyentes en Jesús: ver la realidad de la vida humana con los ojos del corazón.



Resucitar es vuelta a la vida, es victoria sobre los enemigos e incluso sobre uno mismo. Resucitar es el triunfo del amor que es más fuerte que la muerte. Resucitar es empezar de nuevo de otra manera, desde otra realidad. Ya sé que todo esto que digo es poco menos que increíble, y ciertamente lo es.



Esta realidad no se capta con la sola inteligencia sino con la fuerza de la fe. Es increíble porque sólo Dios es quien lo puede hacer. El tema no es entender la resurrección, la cosa es vivir como resucitados.

Muchos creyentes de nuestro tiempo se parecen a aquellos apóstoles de después del viernes santo que no esperaban ya nada más de la aventura con Jesús. Morir Jesús era terminar el seguimiento que un día habían comenzado.

¿Se han dado cuenta que lo que de verdad impresiona a la gente de Jesús es su entrega a los demás? Los creyentes no nos quedamos solamente en la visión material de las cosas, tratamos de ir con más hondura a esa realidad misteriosa de Dios para ir profundizando en Él, y, lo que es más importante, correr la misma suerte que el Maestro.



En definitiva, la resurrección es la fiesta de la vida. Nunca más la muerte va a tener la última palabra en la vida de las personas. Quien siga a Jesús tendrá un horizonte más allá del horizonte de nuestra materia. Quien le siga correrá su misma vida y su misma resurrección con lo que queda demostrado que el amor es más fuerte que la muerte.

viernes, 15 de abril de 2011

DOMINGO DE RAMOS

«¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!»

(Mt.21, 1-11)

Rev. Alexander Díaz


Este domingo iniciamos la Semana Mayor, la semana que nos invita a meditar y cuestionar nuestra vida en torno al Jesús que entra a Jerusalén para ser entregado, apresado y juzgado injustamente. La liturgia de este domingo de ramos está llena de signos y símbolos que nos hacen crecer y meditar más a cerca de nuestra redención.

Este domingo es un tanto diferente a los demás, porque todos acudimos a nuestras parroquias con ramos en nuestras manos, ramos que sean bendecidos por el sacerdote o diacono, como señal y recuerdo de la entra de Jesús en Jerusalén donde todos lo vitoreaban como Rey, donde todos lo vitoreaban como el mas excelso de los seres, Jesús rey de reyes. Esas palmas recuerdan las palmas y ramos de olivo que los habitantes de Jerusalén batían y colocaban al paso de Jesús.

Jesús, siendo el Mesías, nunca busca que las multitudes lo aclamen porque su reinado no es de este mundo, la gran mayoría del pueblo de Israel, tenía una idea muy errada de lo que en realidad era el mesías: ellos esperaban un Mesías poderoso, de acuerdo a criterios humanos y políticos, que los libertara del colonialismo romano. Jesús, por el contrario, va dejando bien claro que su misión es diferente. Por ejemplo, cuando después del milagro de la multiplicación de los panes, la multitud quiere aclamarlo como rey, sencillamente desaparece.

Sin embargo, sólo en la ocasión de su entrada a Jerusalén se deja aclamar como Mesías y como Rey de Israel, como “el Rey que viene en nombre del Señor” (Lc. 19, 38).

Cuando ya comienza el proceso que llevaría a su Pasión y Muerte, Jesús, interrogado por Pilatos “¿Eres el Rey de los Judíos?”, no lo niega, pero precisa: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn. 18, 36). Ya lo había dicho antes a sus seguidores: “Mi Reino está en medio de vosotros” (Lc.17, 21). Y es así, pues el Reino de Cristo va permeando paulatinamente en medio de aquéllos y dentro de aquéllos que acogen la Buena Nueva, es decir, su mensaje de salvación para todo el que crea que El es el Mesías, el Hijo de Dios, el Rey de Cielos y Tierra. Es por ello que al iniciar este recorrido con Jesús, el rey de Reyes en la Semana mayor, debemos de preguntarnos de manera enfática, si estamos listos para aceptarlo como rey y para vivir con él estos días agónicos de la pasión, pero no solo para vivir la pasión, sino también para vivir la resurrección que es lo más grande que se nos ha dado.

La mirada del creyente hacia la Semana Santa es de profunda interiorización del sacrificio de Cristo. No nos quedamos contemplando un acontecimiento histórico de ajusticiamiento de un ser humano. Nuestra mirada encuentra en estos días una respuesta a la voluntad de Dios.

Todos los amores humanos son más fuertes que la muerte gracias al sacrificio de Jesús en la cruz. Jesús pasó haciendo el bien como otras muchas personas y culminó su vida en la entrega máxima. La Pasión de Cristo no ha sido un trágico destino, sino un acontecimiento salvífico como nunca había sucedido a los seres humanos. Si en nuestras sociedades civiles honramos con cariño y con respeto a los héroes que en distintas etapas de la vida sacrificaron sus vidas por personas concretas, ¡qué gran agradecimiento debemos tener a quien la dio por todos!

Cristo nos abrió camino, nos enseñó las sendas por las que va a discurrir la historia de la Iglesia y la historia personal de cada uno. Pasión, cruz, resurrección se turnarán una y otra vez en nuestra vida física hasta que lleguemos al reino definitivo que Dios nos tiene preparados. La Iglesia camina en el sufrimiento reflejado en distintos momentos. La Iglesia siempre está en Pasión, en agradecimiento y en Resurrección.

Cuando las personas temen a la muerte es que no han sido capaces de mirar la cruz de Cristo como una oferta de vida eterna. Las personas de nuestro tiempo ya no están acostumbradas a las grandes palabras ni a las grandes promesas, ni a los evangelios. Hemos entrado en una sociedad donde las palabras son siempre pasajeras, sin raíces. Lo que es nuevo es lo que atrae; por ello la Semana Santa o la vivimos cada año como una realidad nueva o se nos vuelve, aburrida, sin sentido.

Empezar la Semana Santa es hacer provisión de eternidad sin olvidarse de este mundo doliente que está siempre en viernes santo.

Que este domingo sea una puerta grande para vivir en meditación profunda estos días santos de la pasión muerte y resurrección de Jesús nuestro Señor, recuerde estos días no son santos porque el calendarios los pone, sino porque usted y yo los santificaremos con el silencio interior y la meditación asidua en estos días de gracia. Amén.

viernes, 8 de abril de 2011

DOMINGO V DEL TIEMPO DE CUARESMA

"Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá”

Jn 11, 1-45.
Rev. Alexander Díaz


Hoy la palabra nos lleva a ver a un Jesús humano y divino a la vez, no vez no vemos solo a un Jesús que cura y resucita al mismo tiempo, nos presenta a un Jesús que llora, que se conmueve, que tiene amigos, un Jesús cercano a los suyos, sus lagrimas y su conmoción ante la pérdida de un amigo nos muestra la calidad de ser humano que él era, sus palabras se vuelven vivas entre nosotros.

Hay muchos que cuando se toca el tema de la muerte, se escandalizan, o se deprimen o simple y sencillamente les da miedo tocar este tema, se destrozan y se sumergen en tristeza, evitamos lo más que podemos para hablar de ella. Jesús se acerca para darnos una respuesta ante la dura situación de la muerte.

Es normal que ante la pérdida de un ser querido, nos quebrantemos, lo extrañemos y nos duela que este regrese a la casa de nuestro Padre, es normal eso no estamos diciendo que no se haga, - hasta Jesús en el evangelio de hoy lo hace y lo siente – lo que no es normal es que no aceptemos ese momento por el cual todos un día pasaremos y enfrentaremos, pero eso solo será un puente que marcará el inicio de una vida nueva si es que cuando muramos, aun vivimos, espiritualmente hablando.

El evangelio de este domingo nos hace reflexionar de manera profunda en el tema no solo de la muerte corporal y biológica sino de la muerte espiritual en la que tantos en esta sociedad están sumergidos. Jesús va a la tumba de Lázaro, y les dijo: "Quiten la piedra". Marta, la hermana del difunto, le respondió: "Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto". (Jn. 11, 39) Al maestro no le importa que apeste, le interesa sacarlo de esa tumba apestosa y sin sentido, los muertos que necesitan salir de sus tumbas son aquellas personas que han dejado de crecer y de tener esperanza. Son los que viven llenos de temores cuando una y otra vez el Evangelio nos dice: "¡No tengan miedo!" Son las personas que han tirado la toalla con suma facilidad cuando Dios nos invita a la lucha.

Estar muertos en y enterrados en una es no ser feliz, es dejar que el amor muera y que gane la batalla la soledad, la cobardía, la indiferencia, el tedio de la rutina, el absurdo de nuestro pasado y la terquedad del pesimismo y la insatisfacción. No me canso de decir que muchos en esta sociedad no vive con plenitud, sino que sobreviven o agonizan y son muchas las razones que hacen que una persona pierda las ganas de vivir. Hay gente que ante los graves problemas que viven lo que quieren es morirse. Siempre me he dicho ante las dificultades que lo que tengo que hacer es luchar para superarlas.

Es triste y desalentador el ver personas presas de la soledad, del desánimo y del desaliento, el ver cómo sufren día tras días. Se estancan, no se mueven ni exterior ni interiormente, y se quejan porque no son felices, pero no son capaces de ir mas allá de sus hastío. Tenemos que leer este Evangelio recordando la parábola del hijo pródigo (Lucas 11) ya que el hijo menor "estaba muerto y ha vuelto a la vida..." Volvió a la vida porque fue capaz de animarse, de volver sobre sus pasos, de moverse. De nada sirve (es anticristiano) el quedarse estancado sin hacer nada sino estar todo el día lamentándose. Hay que luchar por lo que se quiere, hay que sacrificarse por lo que uno desea.

El sufrimiento de muchas personas se podría evitar o aminorar si tuviesen la capacidad de cambiar, de levantarse y volver de nuevo a la casa del Padre. Pero no, están lamentándose constantemente de su pasado, presente y futuro... Morir es dejar que las distintas formas de muerte (pecados) presentes en el mundo nos ganen terreno interior. Resucitar es "levantarse" y volver a la casa del Padre. Me impactan las palabras de Jesús que con autoridad le dice desde la puerta de la tumba nos dice el evangelio que Jesús gritó con voz fuerte: "¡Lázaro, ven afuera!".(Jn.11,43) Esa frase de Jesús es una orden espiritual para salir de nuestros complejos que no nos dejan amar, ni ser amados, para salir de esas depresiones, de ese pasado agobiante y agónico, para salir de la tumba del miedo a ser mejor, a superarte, a vivir.

Salir fuera de ese ambiente toxico que te está matando, un ambiente creado por tus propios amigos, compañeros de trabajo, o incluso tu misma familia. ¡Levántate! Sal, ven afuera, respira el aire de la resurrección, de la paz, de la alegría de la bondad que estás perdiendo. Sal de tu tumba, Jesús te lo está diciendo todos los días a través de las personas que te quieren. Lázaro obedece y sale fuera, con dificultad, nos dice el evangelio que “salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: "Desátenlo para que pueda caminar". (Jn. 11,44) Esas frases tienen un hondo significado en el mundo actual y moderno, porque el mundo moderno está plagado de personas que se dedican a asfixiar a otros, son las vendas y la mortaja que no dejan caminar ni salir cómodamente a Lázaro, son personas que viven infundiendo la cultura de la muerte en él la vida de los otros, son partidarios de un mundo de muerte, son las personas que con normalidad y sin remordimientos son partidarios de que una madre pueda abortar (matar) al hijo que lleva en sus entrañas.

Son partidarios de aconsejar el divorcio más que la lucha y el esfuerzo para superar los problemas matrimoniales... promueven y animan a que los enfermos más graves y los viejos sean exterminados... son personas que en proyectos de vida cuando algo no les sale bien proponen como salida inmediata la autoeliminación suicida como expresión de su libertad... No nunca apoyare la cultura de la muerte nunca estaré de acuerdo con los que hacen de la muerte, la ruptura y la división la solución de sus problemas. No te vuelvas cómplice de la denominada "cultura de la muerte".

La cultura que nos trae Jesús es la cultura de la vida; de la física y de la eterna. La resurrección que nos propone Jesús es la de los corazones. La persona que está unida a Cristo colaborará con Él para que el interior de muchos seres humanos sean transformados y sean, a su vez, capaces de transformar. Tu y yo nacimos para vivir, no nacimos para morir…. Recuerda y ten presentes las palabras de Jesús, "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” Vivee en Cristo.

viernes, 1 de abril de 2011

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

"¿Crees tú en el Hijo del hombre?"

Jn. 9, 1-38

Rev. Alexander Díaz


Es interesante ver como el tiempo cuaresma, va avanzando y me encanta mas ver el proceso como se va desarrollando; de las tentaciones pasamos a la transfiguración y de ahí al encuentro de Jesús con la samaritana. La liturgia, las lecturas de cada domingo nos van centrando en la figura de Jesús. Al final, toda la Cuaresma se orienta a hacer memoria intensa de aquellos días de Pascua en Jerusalén en que a Jesús le tocó vivir su Pascua personal.

El evangelio de este domingo marca otro acontecimiento en el ministerio público de Jesús, y se da a través de la curación de un ciego de nacimiento. En el texto bíblico de hoy el "ver" es símbolo de la fe. "Ver" es tener fe. Recobrar la vista es entrar en el mundo de la fe y para entrar en este mundo es necesario estar cerca de Jesús.

El ciego nunca había visto la luz, por lo tanto había recibido tantos golpes, había sido llevado por otros que ni siquiera conocía. Jesús le regala el don del ver, del sentir el mundo real, el refresco de la luz. La fe es el elemento refrescante que nos ayuda a ver con claridad los embates de la vida, es por ello que es necesario que estemos de la mano con Jesús, porque solo él puede darnos esa luz. "Ver" es mirar el mundo con los ojos de Jesús, percibir la vida tal y como Dios la quiere y no como los seres humanos la hemos ido desmontando.

Ver es entender que el seguimiento de Cristo no es solamente el de transmitir unos conceptos o unas doctrinas, repetitivas y vacías, sino interiorizarlas y plasmarlas con convicción en la vida y que a través de esta vida, otros a nuestro alrededor lo comprendan también.

Siempre les digo a los catequistas que a los niños que se están preparando para recibir la primera comunión se les enseñe con convicción, que lo entiendan, que lo vivan, que no configuremos computadores que no entienden lo que oran a nuestro Señor, hay muchos que dice que el niño está preparado para la primera comunión porque sabe rezar, sabe los mandamientos y los sacramentos, el saber es muy importante porque nos hace poder ir mas allá de donde nosotros creemos, pero lo que más importa es vivir mucho en Cristo. Seguro que si les pregunto a los niños me contestará con precisión matemática. En cambio, si les cuestiono sobre quién es Jesús, muy probablemente será para ellos un desconocido, es importante que eduquemos y nos eduquemos conociendo a Jesús, y encontrándonos con el cara a cara, sin ninguna miopía que nos frustre este encuentro. Aceptar a Jesús como enviado de Dios, capaz de abrirnos los ojos para comprender. Pero superar la ceguera, la incomprensión, es un proceso largo que cada persona debe hacer por sí mismo, por en medio de todo esto se encuentran los fariseos que ponen en duda no sólo el milagro sino la nueva capacidad de ver que ha adquirido el ciego. Los fariseos representan la incomprensión total, la verdadera ceguera; no quieren reconocer a Jesús aunque tengan delante todas las pruebas de que obra el bien. Solo ven que ha curado en sábado y eso, según ellos, es desobedecer a Dios. Después el ciego dará un paso adelante y afirmará que «este viene de Dios», y hasta se pone a «dar lecciones» a los que deberían ser los maestros de la Ley. Los papeles se han invertido y eso ofende a los fariseos, no estás dispuestos a aprender, porque no quieren reconocer su ceguera. Decían nuestros abuelos que no hay peor ciego que el que no quiere reconocer su ceguera, eso es lo que representan su ignorancia.

Para ellos no basta con ver, con tener los ojos bien y distinguir las figuras y las formas. Además, hay otra forma de ver, de conocer, de interpretar las formas que se ven. Los fariseos dicen que el ciego ha nacido como fruto del pecado y que por eso no puede entender con claridad lo que ve. Me pregunto ¿Por qué los seres humanos siempre tenemos que juzgar y cuestionar a Dios en sus designios? ¿Por qué siempre tenemos que tener la razón, aunque estemos errados? ¿Por qué jugamos con las señales que Dios nos envía? Esa son nuestras propias cegueras, cerradas, cuadradas, y sin ninguna salida.

“En el Evangelio de hoy Jesús es capaz de transformar una carencia en un valor nuevo. Quien no percibía la fe ahora le capta como el Mesías y ahora puede "ver" el mundo y así mismo con una mirada bien distinta. Tenemos necesidad de que Jesús nos cure nuestras cegueras que son más de una. Puede ser que la mirada sobre los demás esté en serias vías de conversión. Es probable que tu sincero deseo de seguir a Cristo produzca magníficas posibilidades de milagros para los que te rodean. Pero la ceguera que más te debe de preocupar es la propia, la que no te deja ver cómo eres para Dios, para ti mismo y para los demás.

Hay cristianos que son capaces de percibir la ceguera en las otras personas pero son incapaces de ver su propia oscuridad. Estar ciegos por dentro es no encontrar caminos de esperanza, es ser un ignorante de Dios y de sí mismo. Jesús no actúa en esa vida porque la mente de la persona está muy lejos de su mensaje. "Ver" significa amar. Quien no ama permanece en la más absoluta de las oscuridades, en la más rotunda fe muerta.

La cosa no está en preguntarnos si sé mucho o poco sobre los textos bíblicos, ni tan siquiera si tengo profundos conocimientos teológicos. La pregunta es si todo lo que sé me acerca amorosamente más a Dios y a los demás. Si veo que crezco en el amor voy por el buen camino. Si percibo que cada vez quiero menos a Dios y a los demás, entonces es que mi ceguera se agranda”. (Mario Santana Bueno)

Somos cristianos no porque seguimos sólo lo que Jesús dijo. Somos cristianos porque le seguimos a Él en persona. No seguimos ideas, seguimos al Jesús sanador y salvador. Esto me da la impresión que no lo tienen claro muchos hermanos y hermanas en la fe. Ellos, como yo, necesitan cada día ser sanados de sus cegueras.

sábado, 26 de marzo de 2011

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

“Dame de beber”
(Jn.4, 5-42)
Rev. Alexander Diaz


El evangelio de este domingo narra el encuentro de Jesús con una mujer samaritana. El texto nos permite descubrir la delicada forma como Jesús se acercaba a las personas que se encontraban en situaciones complejas, y su acompañamiento para que descubrieran la verdad y el sentido de la vida. Los agentes de pastoral encontrarán en esta página una rica inspiración para su servicio evangelizador.

El primer punto que debemos aclarar es el origen de la mujer que dialoga con El: ¿tiene un sentido especial el que se trate de una mujer samaritana o es algo puramente casual, no estaba planificado, una coincidencia.

Estoy casi seguro que en la gran mayoría de los casos el encuentro de las personas con Dios se establece muchas veces por cuestiones accidentales o coincidencias. Las conversiones se dan en las calles, en los hogares, en los hospitales... Cuando vamos al templo lo que hacemos es ponernos ante Dios que nos ha cautivado.

Este encuentro se torma mas interesante porque las relaciones entre los judíos y los samaritanos eran muy difíciles, pues los Samaritanos eran considerados semi-paganos ya que su fe se había mezclado con las creencias provenientes de otras culturas; por esa razón, los judíos no les habían permitido participar en la reconstrucción del Templo de Jerusalén, y su lugar de culto se encontraba en el monte Garizim.

Jesús no se solidariza con este rechazo manifestado por su pueblo. Rompiendo las barreras sociales, entabla una conversación con esta mujer, a la que trata con respeto.
A través de la conversación, Jesús guía a esta mujer para que vaya encontrando respuestas a sus inquietudes más profundas, y termina por convertirse en anunciadora de la buena noticia que le ha cambiado la vida: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?”

Cuanto bien se hace cuando se dialoga con calma, cuando se buscan las respuestas y se escucha con tranquilidad. Jesús no encara a esta pobre por sus errores, no la crítica, no la enfrenta, solo le muestra, amor, respeto, caridad y sobretodo, paz para que ella se encuentre consigo misma. Cuanto bien le haría a muchos de nosotros escuchar y corregir con paz y tranquilidad como lo hace Jesús con esta pobre mujer.

La actitud de Jesús hacia la mujer samaritana muestra la universalidad del anuncio de salvación, que no está circunscrito a una cultura determinada, sino que se ofrece a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

“Jesús, venía cansado del camino, se sentó sin más junto al borde del pozo. Era cerca del mediodía”. Sol, cansancio, sed… Como cualquier ser humano, Jesús siente las consecuencias del clima y del trabajo.

En ese momento, se acerca una mujer que llega al pozo para sacar agua y llevarla a su casa. Jesús inicia una conversación con esa interlocutora anónima, como lo hemos hecho todos nosotros mientras esperamos ser atendidos en un consultorio médico o aguardando que pase el autobús…
¿De qué hablan? Del calor, de la sed, del pozo. Es muy interesante analizar la habilidad con Jesús inicia la conversación a partir de una solicitud obvia dentro de ese contexto – “dame de beber” -, y poco a poco va avanzando en su mundo interior: su resentimiento social al sentirse rechazada por ser samaritana, sus preocupaciones espirituales, sus inquietudes, su historia afectiva, etc.

Utilizando una palabra que está muy de moda en las empresas, Jesús hace un “coaching” o acompañamiento muy fino; a pesar de los temas tan sensibles que van entrando en la conversación, la mujer en ningún momento se siente incómoda sino que él, a través de sus comentarios y reacciones, la va estimulando para que avance en su crecimiento interior.
El tacto con que Jesús va guiando a esta mujer debería hacer pensar a algunos sacerdotes que atropellan la privacidad de los fieles y los maltratan con sus palabras. Vale la pena detenernos a contemplar la forma como Jesús va descubriendo, con gran sentido pedagógico, su verdadera identidad.

Lo que empezó como un encuentro aparentemente coincidente, termina como la revelación de que la gran esperanza del pueblo de Israel, el Mesías, ya estaba presente en medio del pueblo.
Elemento central de esta catequesis de Jesús es el AGUA. Poco a poco va desentrañando su sentido y va pasando de su función en la vida diaria a un simbolismo más hondo, que es la comunicación de la vida divina.

La liturgia del sacramento del Bautismo tiene como elemento central el agua; los textos que lee el ministro del sacramento descubren su sentido en la historia de salvación.
Así, pues, este relato del encuentro de Jesús con la samaritana, que tiene como elemento central el AGUA, puede ser interpretado como una hermosa catequesis sobre el significado del Bautismo, el cual nos permite participar de la vida divina dentro de la comunidad: “El que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed. El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.

El agua que lleva a la eternidad. Hoy se predica poco sobre la eternidad. Es como si lo que de verdad merece la pena de atenderse es siempre lo efímero, lo pasajero. Pero el Evangelio es una invitación a la eternidad de Dios. Ocurre muchas veces que los predicadores se encuentran más cómodos hablando del horizonte humano que de la promesa de la vida eterna.
De esta manera la fe se convierte en una filosofía más o en unas técnicas más o menos adecuadas para el crecimiento personal. La eternidad no está de moda, pero la eternidad es el tiempo de Dios. Muchas de las angustias de las personas de nuestro tiempo se dan por la falta de tiempo, por el no llegar a todo lo que hay que hacer. Dios se sitúa en la eternidad, fuera del tiempo, para que nos demos cuenta que nuestra vida y relación con Él es para siempre. Dios no tiene nunca prisas con nosotros...

Adorar en espíritu y verdad. La adoración a Dios no está en Jerusalén o en el templo del Garizim, sino en la actitud de fe. Una persona puede estar todo el día metido en una catedral o en cualquier templo queriendo descubrir a Dios y, en cambio, su corazón estar espiritualmente a miles de kilómetros de distancia. Para descubrir a Jesús en el sagrario, en la Eucaristía o en la Palabra hay primero que adecuar un sitio en nuestro interior; uno o varios motivos por los cuales darle las gracias y tener un oído espiritual más que atento para que se nos haga presente en los locales divinos. Te invito a que el sagrario, la Eucaristía y la Palabra no estén solo en los muros de tu Iglesia, sino que tengan sede en tu corazón.

El auténtico templo de culto es Jesús o la Palabra de Jesús que fructifica en el corazón de las personas por medio del Espíritu Santo. Dios está por encima de los lugares. Nuestro verdadero contacto con Dios es la persona de Jesús. Quien quiera encontrar a Dios, lo encontrará en Jesucristo.