viernes, 8 de abril de 2011

DOMINGO V DEL TIEMPO DE CUARESMA

"Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá”

Jn 11, 1-45.
Rev. Alexander Díaz


Hoy la palabra nos lleva a ver a un Jesús humano y divino a la vez, no vez no vemos solo a un Jesús que cura y resucita al mismo tiempo, nos presenta a un Jesús que llora, que se conmueve, que tiene amigos, un Jesús cercano a los suyos, sus lagrimas y su conmoción ante la pérdida de un amigo nos muestra la calidad de ser humano que él era, sus palabras se vuelven vivas entre nosotros.

Hay muchos que cuando se toca el tema de la muerte, se escandalizan, o se deprimen o simple y sencillamente les da miedo tocar este tema, se destrozan y se sumergen en tristeza, evitamos lo más que podemos para hablar de ella. Jesús se acerca para darnos una respuesta ante la dura situación de la muerte.

Es normal que ante la pérdida de un ser querido, nos quebrantemos, lo extrañemos y nos duela que este regrese a la casa de nuestro Padre, es normal eso no estamos diciendo que no se haga, - hasta Jesús en el evangelio de hoy lo hace y lo siente – lo que no es normal es que no aceptemos ese momento por el cual todos un día pasaremos y enfrentaremos, pero eso solo será un puente que marcará el inicio de una vida nueva si es que cuando muramos, aun vivimos, espiritualmente hablando.

El evangelio de este domingo nos hace reflexionar de manera profunda en el tema no solo de la muerte corporal y biológica sino de la muerte espiritual en la que tantos en esta sociedad están sumergidos. Jesús va a la tumba de Lázaro, y les dijo: "Quiten la piedra". Marta, la hermana del difunto, le respondió: "Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto". (Jn. 11, 39) Al maestro no le importa que apeste, le interesa sacarlo de esa tumba apestosa y sin sentido, los muertos que necesitan salir de sus tumbas son aquellas personas que han dejado de crecer y de tener esperanza. Son los que viven llenos de temores cuando una y otra vez el Evangelio nos dice: "¡No tengan miedo!" Son las personas que han tirado la toalla con suma facilidad cuando Dios nos invita a la lucha.

Estar muertos en y enterrados en una es no ser feliz, es dejar que el amor muera y que gane la batalla la soledad, la cobardía, la indiferencia, el tedio de la rutina, el absurdo de nuestro pasado y la terquedad del pesimismo y la insatisfacción. No me canso de decir que muchos en esta sociedad no vive con plenitud, sino que sobreviven o agonizan y son muchas las razones que hacen que una persona pierda las ganas de vivir. Hay gente que ante los graves problemas que viven lo que quieren es morirse. Siempre me he dicho ante las dificultades que lo que tengo que hacer es luchar para superarlas.

Es triste y desalentador el ver personas presas de la soledad, del desánimo y del desaliento, el ver cómo sufren día tras días. Se estancan, no se mueven ni exterior ni interiormente, y se quejan porque no son felices, pero no son capaces de ir mas allá de sus hastío. Tenemos que leer este Evangelio recordando la parábola del hijo pródigo (Lucas 11) ya que el hijo menor "estaba muerto y ha vuelto a la vida..." Volvió a la vida porque fue capaz de animarse, de volver sobre sus pasos, de moverse. De nada sirve (es anticristiano) el quedarse estancado sin hacer nada sino estar todo el día lamentándose. Hay que luchar por lo que se quiere, hay que sacrificarse por lo que uno desea.

El sufrimiento de muchas personas se podría evitar o aminorar si tuviesen la capacidad de cambiar, de levantarse y volver de nuevo a la casa del Padre. Pero no, están lamentándose constantemente de su pasado, presente y futuro... Morir es dejar que las distintas formas de muerte (pecados) presentes en el mundo nos ganen terreno interior. Resucitar es "levantarse" y volver a la casa del Padre. Me impactan las palabras de Jesús que con autoridad le dice desde la puerta de la tumba nos dice el evangelio que Jesús gritó con voz fuerte: "¡Lázaro, ven afuera!".(Jn.11,43) Esa frase de Jesús es una orden espiritual para salir de nuestros complejos que no nos dejan amar, ni ser amados, para salir de esas depresiones, de ese pasado agobiante y agónico, para salir de la tumba del miedo a ser mejor, a superarte, a vivir.

Salir fuera de ese ambiente toxico que te está matando, un ambiente creado por tus propios amigos, compañeros de trabajo, o incluso tu misma familia. ¡Levántate! Sal, ven afuera, respira el aire de la resurrección, de la paz, de la alegría de la bondad que estás perdiendo. Sal de tu tumba, Jesús te lo está diciendo todos los días a través de las personas que te quieren. Lázaro obedece y sale fuera, con dificultad, nos dice el evangelio que “salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: "Desátenlo para que pueda caminar". (Jn. 11,44) Esas frases tienen un hondo significado en el mundo actual y moderno, porque el mundo moderno está plagado de personas que se dedican a asfixiar a otros, son las vendas y la mortaja que no dejan caminar ni salir cómodamente a Lázaro, son personas que viven infundiendo la cultura de la muerte en él la vida de los otros, son partidarios de un mundo de muerte, son las personas que con normalidad y sin remordimientos son partidarios de que una madre pueda abortar (matar) al hijo que lleva en sus entrañas.

Son partidarios de aconsejar el divorcio más que la lucha y el esfuerzo para superar los problemas matrimoniales... promueven y animan a que los enfermos más graves y los viejos sean exterminados... son personas que en proyectos de vida cuando algo no les sale bien proponen como salida inmediata la autoeliminación suicida como expresión de su libertad... No nunca apoyare la cultura de la muerte nunca estaré de acuerdo con los que hacen de la muerte, la ruptura y la división la solución de sus problemas. No te vuelvas cómplice de la denominada "cultura de la muerte".

La cultura que nos trae Jesús es la cultura de la vida; de la física y de la eterna. La resurrección que nos propone Jesús es la de los corazones. La persona que está unida a Cristo colaborará con Él para que el interior de muchos seres humanos sean transformados y sean, a su vez, capaces de transformar. Tu y yo nacimos para vivir, no nacimos para morir…. Recuerda y ten presentes las palabras de Jesús, "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” Vivee en Cristo.

viernes, 1 de abril de 2011

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

"¿Crees tú en el Hijo del hombre?"

Jn. 9, 1-38

Rev. Alexander Díaz


Es interesante ver como el tiempo cuaresma, va avanzando y me encanta mas ver el proceso como se va desarrollando; de las tentaciones pasamos a la transfiguración y de ahí al encuentro de Jesús con la samaritana. La liturgia, las lecturas de cada domingo nos van centrando en la figura de Jesús. Al final, toda la Cuaresma se orienta a hacer memoria intensa de aquellos días de Pascua en Jerusalén en que a Jesús le tocó vivir su Pascua personal.

El evangelio de este domingo marca otro acontecimiento en el ministerio público de Jesús, y se da a través de la curación de un ciego de nacimiento. En el texto bíblico de hoy el "ver" es símbolo de la fe. "Ver" es tener fe. Recobrar la vista es entrar en el mundo de la fe y para entrar en este mundo es necesario estar cerca de Jesús.

El ciego nunca había visto la luz, por lo tanto había recibido tantos golpes, había sido llevado por otros que ni siquiera conocía. Jesús le regala el don del ver, del sentir el mundo real, el refresco de la luz. La fe es el elemento refrescante que nos ayuda a ver con claridad los embates de la vida, es por ello que es necesario que estemos de la mano con Jesús, porque solo él puede darnos esa luz. "Ver" es mirar el mundo con los ojos de Jesús, percibir la vida tal y como Dios la quiere y no como los seres humanos la hemos ido desmontando.

Ver es entender que el seguimiento de Cristo no es solamente el de transmitir unos conceptos o unas doctrinas, repetitivas y vacías, sino interiorizarlas y plasmarlas con convicción en la vida y que a través de esta vida, otros a nuestro alrededor lo comprendan también.

Siempre les digo a los catequistas que a los niños que se están preparando para recibir la primera comunión se les enseñe con convicción, que lo entiendan, que lo vivan, que no configuremos computadores que no entienden lo que oran a nuestro Señor, hay muchos que dice que el niño está preparado para la primera comunión porque sabe rezar, sabe los mandamientos y los sacramentos, el saber es muy importante porque nos hace poder ir mas allá de donde nosotros creemos, pero lo que más importa es vivir mucho en Cristo. Seguro que si les pregunto a los niños me contestará con precisión matemática. En cambio, si les cuestiono sobre quién es Jesús, muy probablemente será para ellos un desconocido, es importante que eduquemos y nos eduquemos conociendo a Jesús, y encontrándonos con el cara a cara, sin ninguna miopía que nos frustre este encuentro. Aceptar a Jesús como enviado de Dios, capaz de abrirnos los ojos para comprender. Pero superar la ceguera, la incomprensión, es un proceso largo que cada persona debe hacer por sí mismo, por en medio de todo esto se encuentran los fariseos que ponen en duda no sólo el milagro sino la nueva capacidad de ver que ha adquirido el ciego. Los fariseos representan la incomprensión total, la verdadera ceguera; no quieren reconocer a Jesús aunque tengan delante todas las pruebas de que obra el bien. Solo ven que ha curado en sábado y eso, según ellos, es desobedecer a Dios. Después el ciego dará un paso adelante y afirmará que «este viene de Dios», y hasta se pone a «dar lecciones» a los que deberían ser los maestros de la Ley. Los papeles se han invertido y eso ofende a los fariseos, no estás dispuestos a aprender, porque no quieren reconocer su ceguera. Decían nuestros abuelos que no hay peor ciego que el que no quiere reconocer su ceguera, eso es lo que representan su ignorancia.

Para ellos no basta con ver, con tener los ojos bien y distinguir las figuras y las formas. Además, hay otra forma de ver, de conocer, de interpretar las formas que se ven. Los fariseos dicen que el ciego ha nacido como fruto del pecado y que por eso no puede entender con claridad lo que ve. Me pregunto ¿Por qué los seres humanos siempre tenemos que juzgar y cuestionar a Dios en sus designios? ¿Por qué siempre tenemos que tener la razón, aunque estemos errados? ¿Por qué jugamos con las señales que Dios nos envía? Esa son nuestras propias cegueras, cerradas, cuadradas, y sin ninguna salida.

“En el Evangelio de hoy Jesús es capaz de transformar una carencia en un valor nuevo. Quien no percibía la fe ahora le capta como el Mesías y ahora puede "ver" el mundo y así mismo con una mirada bien distinta. Tenemos necesidad de que Jesús nos cure nuestras cegueras que son más de una. Puede ser que la mirada sobre los demás esté en serias vías de conversión. Es probable que tu sincero deseo de seguir a Cristo produzca magníficas posibilidades de milagros para los que te rodean. Pero la ceguera que más te debe de preocupar es la propia, la que no te deja ver cómo eres para Dios, para ti mismo y para los demás.

Hay cristianos que son capaces de percibir la ceguera en las otras personas pero son incapaces de ver su propia oscuridad. Estar ciegos por dentro es no encontrar caminos de esperanza, es ser un ignorante de Dios y de sí mismo. Jesús no actúa en esa vida porque la mente de la persona está muy lejos de su mensaje. "Ver" significa amar. Quien no ama permanece en la más absoluta de las oscuridades, en la más rotunda fe muerta.

La cosa no está en preguntarnos si sé mucho o poco sobre los textos bíblicos, ni tan siquiera si tengo profundos conocimientos teológicos. La pregunta es si todo lo que sé me acerca amorosamente más a Dios y a los demás. Si veo que crezco en el amor voy por el buen camino. Si percibo que cada vez quiero menos a Dios y a los demás, entonces es que mi ceguera se agranda”. (Mario Santana Bueno)

Somos cristianos no porque seguimos sólo lo que Jesús dijo. Somos cristianos porque le seguimos a Él en persona. No seguimos ideas, seguimos al Jesús sanador y salvador. Esto me da la impresión que no lo tienen claro muchos hermanos y hermanas en la fe. Ellos, como yo, necesitan cada día ser sanados de sus cegueras.

sábado, 26 de marzo de 2011

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

“Dame de beber”
(Jn.4, 5-42)
Rev. Alexander Diaz


El evangelio de este domingo narra el encuentro de Jesús con una mujer samaritana. El texto nos permite descubrir la delicada forma como Jesús se acercaba a las personas que se encontraban en situaciones complejas, y su acompañamiento para que descubrieran la verdad y el sentido de la vida. Los agentes de pastoral encontrarán en esta página una rica inspiración para su servicio evangelizador.

El primer punto que debemos aclarar es el origen de la mujer que dialoga con El: ¿tiene un sentido especial el que se trate de una mujer samaritana o es algo puramente casual, no estaba planificado, una coincidencia.

Estoy casi seguro que en la gran mayoría de los casos el encuentro de las personas con Dios se establece muchas veces por cuestiones accidentales o coincidencias. Las conversiones se dan en las calles, en los hogares, en los hospitales... Cuando vamos al templo lo que hacemos es ponernos ante Dios que nos ha cautivado.

Este encuentro se torma mas interesante porque las relaciones entre los judíos y los samaritanos eran muy difíciles, pues los Samaritanos eran considerados semi-paganos ya que su fe se había mezclado con las creencias provenientes de otras culturas; por esa razón, los judíos no les habían permitido participar en la reconstrucción del Templo de Jerusalén, y su lugar de culto se encontraba en el monte Garizim.

Jesús no se solidariza con este rechazo manifestado por su pueblo. Rompiendo las barreras sociales, entabla una conversación con esta mujer, a la que trata con respeto.
A través de la conversación, Jesús guía a esta mujer para que vaya encontrando respuestas a sus inquietudes más profundas, y termina por convertirse en anunciadora de la buena noticia que le ha cambiado la vida: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?”

Cuanto bien se hace cuando se dialoga con calma, cuando se buscan las respuestas y se escucha con tranquilidad. Jesús no encara a esta pobre por sus errores, no la crítica, no la enfrenta, solo le muestra, amor, respeto, caridad y sobretodo, paz para que ella se encuentre consigo misma. Cuanto bien le haría a muchos de nosotros escuchar y corregir con paz y tranquilidad como lo hace Jesús con esta pobre mujer.

La actitud de Jesús hacia la mujer samaritana muestra la universalidad del anuncio de salvación, que no está circunscrito a una cultura determinada, sino que se ofrece a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

“Jesús, venía cansado del camino, se sentó sin más junto al borde del pozo. Era cerca del mediodía”. Sol, cansancio, sed… Como cualquier ser humano, Jesús siente las consecuencias del clima y del trabajo.

En ese momento, se acerca una mujer que llega al pozo para sacar agua y llevarla a su casa. Jesús inicia una conversación con esa interlocutora anónima, como lo hemos hecho todos nosotros mientras esperamos ser atendidos en un consultorio médico o aguardando que pase el autobús…
¿De qué hablan? Del calor, de la sed, del pozo. Es muy interesante analizar la habilidad con Jesús inicia la conversación a partir de una solicitud obvia dentro de ese contexto – “dame de beber” -, y poco a poco va avanzando en su mundo interior: su resentimiento social al sentirse rechazada por ser samaritana, sus preocupaciones espirituales, sus inquietudes, su historia afectiva, etc.

Utilizando una palabra que está muy de moda en las empresas, Jesús hace un “coaching” o acompañamiento muy fino; a pesar de los temas tan sensibles que van entrando en la conversación, la mujer en ningún momento se siente incómoda sino que él, a través de sus comentarios y reacciones, la va estimulando para que avance en su crecimiento interior.
El tacto con que Jesús va guiando a esta mujer debería hacer pensar a algunos sacerdotes que atropellan la privacidad de los fieles y los maltratan con sus palabras. Vale la pena detenernos a contemplar la forma como Jesús va descubriendo, con gran sentido pedagógico, su verdadera identidad.

Lo que empezó como un encuentro aparentemente coincidente, termina como la revelación de que la gran esperanza del pueblo de Israel, el Mesías, ya estaba presente en medio del pueblo.
Elemento central de esta catequesis de Jesús es el AGUA. Poco a poco va desentrañando su sentido y va pasando de su función en la vida diaria a un simbolismo más hondo, que es la comunicación de la vida divina.

La liturgia del sacramento del Bautismo tiene como elemento central el agua; los textos que lee el ministro del sacramento descubren su sentido en la historia de salvación.
Así, pues, este relato del encuentro de Jesús con la samaritana, que tiene como elemento central el AGUA, puede ser interpretado como una hermosa catequesis sobre el significado del Bautismo, el cual nos permite participar de la vida divina dentro de la comunidad: “El que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed. El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.

El agua que lleva a la eternidad. Hoy se predica poco sobre la eternidad. Es como si lo que de verdad merece la pena de atenderse es siempre lo efímero, lo pasajero. Pero el Evangelio es una invitación a la eternidad de Dios. Ocurre muchas veces que los predicadores se encuentran más cómodos hablando del horizonte humano que de la promesa de la vida eterna.
De esta manera la fe se convierte en una filosofía más o en unas técnicas más o menos adecuadas para el crecimiento personal. La eternidad no está de moda, pero la eternidad es el tiempo de Dios. Muchas de las angustias de las personas de nuestro tiempo se dan por la falta de tiempo, por el no llegar a todo lo que hay que hacer. Dios se sitúa en la eternidad, fuera del tiempo, para que nos demos cuenta que nuestra vida y relación con Él es para siempre. Dios no tiene nunca prisas con nosotros...

Adorar en espíritu y verdad. La adoración a Dios no está en Jerusalén o en el templo del Garizim, sino en la actitud de fe. Una persona puede estar todo el día metido en una catedral o en cualquier templo queriendo descubrir a Dios y, en cambio, su corazón estar espiritualmente a miles de kilómetros de distancia. Para descubrir a Jesús en el sagrario, en la Eucaristía o en la Palabra hay primero que adecuar un sitio en nuestro interior; uno o varios motivos por los cuales darle las gracias y tener un oído espiritual más que atento para que se nos haga presente en los locales divinos. Te invito a que el sagrario, la Eucaristía y la Palabra no estén solo en los muros de tu Iglesia, sino que tengan sede en tu corazón.

El auténtico templo de culto es Jesús o la Palabra de Jesús que fructifica en el corazón de las personas por medio del Espíritu Santo. Dios está por encima de los lugares. Nuestro verdadero contacto con Dios es la persona de Jesús. Quien quiera encontrar a Dios, lo encontrará en Jesucristo.

jueves, 24 de marzo de 2011

XXXI ANIVERSARIO DEL MARTIRIO DE MONSEÑOR OSCAR ROMERO

“La voz de la justicia nadie la puede matar”
“Homilía Domingo 24 de marzo 1980”

Hace 31 años un lunes, para ser exacto, un sicario, pagado por ciertos oligarcas y militares en turno, arrebató la vida al profeta que simple y sencillamente decía la verdad y defendía al inocente. Sobre su muerte se a investigado poco, da la impresión que a los gobiernos en turno, la culpabilidad no les ha permitido ahondar en el asunto o simplemente no les ha importado hacerlo, lo cierto que la voz de este sencillo y valiente sacerdote aun les resuenta en sus conciencias y en sus oidos. Solo bastó con pagar una simple cifra de mil colones, ciento catorce dolares americanos, para quitarle la vida. No es mucha la diferencia entre lo que se pagó por condenar a muerte a Jesús y lo que se pago por condenarlo a muerte a el, ambos fueron traiciodados por sus amigos y por aquellos a quienes intentaban salvar.

A nadie sorprende, que al hecho de su asesinato antecedieran una serie de calumnias, amenazas y atentados en contra de la vida de Monseñor. Un mes antes de su muerte, a fines de febrero, Monseñor Romero se reunió con varios colaboradores de la segunda Junta de Gobierno y les hizo mención de amenazas en contra de su persona, nadie de ellos propuso ni dijo nada. En esa misma ocasión, comentó que la amenaza le parecía seria, y en privado diría incluso que "ni siquiera en los tiempos del General Romero tuve tanto miedo".
Posteriormente, el sábado 22 y el domingo 23 de marzo, las religiosas que atendían el Hospital de la Divina Providencia, donde vivía el Arzobispo, recibieron llamadas telefónicas anónimas que amenazaban de muerte al prelado. De todo esto, Monseñor Romero había dejado constancia en su homilía dominical del 24 de febrero de 1980. Al referirse a una de estas amenazas dijo entre otras cosas: "Esta semana me llegó un aviso de que estoy yo en la lista de los que van a ser eliminados la próxima semana. Pero que quede constancia de que la voz de la justicia nadie la puede matar ya." Irónicamente, en su homilía del día antes de su muerte, el 23 de marzo de 1980, Monseñor Romero comentó el mandamiento "No matarás," e hizo un llamado a la Fuerza Armada y a los cuerpos de seguridad del país para que cesaran la represión en contra del pueblo. El propio día de su asesinato, la homilía era en memoria de la madre de un amigo suyo. (Viviana Krsticevic, y María Julia Hernández, directora de la Oficina de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador)

Monseñor Oscar Arnulfo Romero, fue cuarto
arzobispo metropolitano de San Salvador (1977-1980) en la década de los 80's, Monseñor Romero como se le conoce a nivel mundial, fue un singular y sencillo sacerdote salvadoreño, hombre lleno de Dios que entendió desde sus primeros años de vida sacerdotal su llamado y sus obligaciones como pastor de almas. Su formación sacerdotal la realizo junto a la tumba de Pedro y Pablo en Roma, donde también fue ordenado sacerdote, el 4 de abril de 1942, a la edad de 24 años. En Roma fue alumno de monseñor Giovanni Batista Montini, quien en el futuro fue el papa Pablo VI, de la calidad de esta madera forjo Dios un pastor, a quien llamo a ser obispo, don, privilegio y sacrificio que pide a unos pocos, ese fue el. Todos le llamaban "Monseñor".

De un título, el pueblo hizo su nombre. Quien oía decir "Monseñor", sabía que era él y no otro. Era él. Un hombrecito moreno, de ojos negros; inquisidores, aunque tímidos. Ojos que se clavaban en los ojos de los hombres en quienes èl encontraba sinceridad, pero equívocos cuando se cruzaban con miradas hipócritas.

Tenía los labios inquietos de la verdad. Labios que se abrían para animar al desalentado, al triste, al oprimido y desechado por los grandes, y labios que se abrían para reprender al descarriado, consolar al desesperado. Labios de un sacerdote bañados diariamente con la sangre de Cristo, de quien vivió y murió enamorado, sembradores de la palabra de Dios. Era de mediana estatura, inclinaba el hombro derecho cuando ofrecía su mano a otro. E inclinaba el hombro no por complejo de inferioridad, sino como consecuencia de la infección que tuvo en él tras el accidente que sufrió de joven.

Era el hombrecito de la sotana de la sotana negra y de sotana blanca. Ese hombrecito que acariciaba frecuentemente la cruz que llevaba en su pecho, como para dar a entender que lo importante era la cruz y que su personalidad pasaba a segundo plano. Ese hombrecito bueno de manos generosas. Ese hombrecito del dedo que apunta con su gesto la fuerza de la palabra que pronunciaba su boca, ese era Monseñor al que muchos odiaron y aun siguen odiando desgraciadamente, al que hasta el día de hoy le tienen un tanto de recelo porque en su miedo y recelo esconden su temor a ser denunciados por la corrupción en que viven.

Vivió una vida sencilla y simple como la del maestro, nunca utilizo su “palacio episcopal” como se le llamaba antes, ni se dejo seducir por la vanidad de su cargo “Arzobispo” titulo que pesa y que sin ser descortés puede llevar a olvidar a muchos lo que en realidad significa serlo.
Vivió entre los pequeños como Jesús, comió, jugo, bromeo, se dejo querer por ellos, les abrió su corazón y lo sintieron que era de ellos, una característica especial de Monseñor es que nunca se le ve solo, o con gente selecta, se le ve acompañado de los pequeños como se le veía a al mismo Maestro por las calles de Galilea, afanado por curar a los enfermos y alegrar y transformar los corazones desgarrados, solo que su Galilea serán los barrios y colonias marginales de la Capital, los pueblos y cantones más olvidados, donde no hay ninguna comodidad, donde los niños corren descalzos chorreados y sin ropa, donde el campesino se siente sin dignidad y oprimido por el peso de la situación social de aquel entonces, ahí es donde aquel Arzobispo hace su apostolado, ahí es donde pastorea y enseña como pastor, ahí es donde comete el pecado más grande para los poderosos.

“Amar y defender a los pobres y marginados, enseñándoles a pensar y a defender sus derechos” y por esa razón se le juzgo y se le condeno a Muerte, simple y sencillamente por defender los derechos de los pobres, los indefensos y marginados; y por estar con ellos se dio el título de “cura guerrillero” se le acuso de predicar e impulsar la teología de la Liberación, de mesclar la fe con la política, lo cierto es que este característico hombre de Dios lo único que hizo fue simple y sencillamente poner en práctica el mensaje de evangelio en su arquidiócesis, llevarlo a la practica aplicándolo a la realidad que se vivía en ese momento en El Salvador, un país convulsionado por la guerra civil, producto de una injusticia y una aterradora violación a los derechos de los más pobres y desprotegidos de ese entonces. Después de treinta años de todo esto aun hay muchos que siguen viendo la acción del arzobispo con una visión negativa y hasta cierto punto despectiva. Como resuena en mis oídos la frase de Jesús, por mi causa serán condenados y enjuiciados y hasta acecinados, frases que se cumplen en la vida de este, mártir de El Salvador…

Gracias Monseñor por ser el pastor según el corazón de Cristo, cuanta falta nos hace hoy hombres como tú, que tengan el valor de ser y vivir según el corazón de Cristo.

viernes, 18 de marzo de 2011

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

“Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escúchenlo”
(Mt.17,1-9)

Rev. Alexander Díaz


Estamos celebrando el Segundo domingo de cuaresma, y la liturgia de hoy, es un tanto diferente a todos los otros domingos que nos invitan al sacrificio, a la mortificación, al cambio de vida. Este domingo es más de reflexión sobre nuestra vida misma.
Hoy es el domingo del Tabor, de la transfiguración, de la manifestación gloriosa de Jesús ante sus amigos, al terminar de escalar una montaña impresionante.

Jesús nos invita a hacer un alto en el camino, a acompañarle hasta una montaña alta y a ver como se transfigura ante nosotros, su rostro como el sol, sus vestidos blancos como la luz.
Siempre me ha gustado la imagen de Pedro y los otros apóstoles ya que pienso que tan impresionante debió ser aquella situación que Pedro –siempre el más atrevido- no se le ocurrió más que decir: “¡Qué bien se está aquí!”

Y luego añadió aquello de hacer tres tiendas, olvidándose de sus compañeros y de él mismo. Debió ser una experiencia impactante. No parece que en ningún momento les causase miedo o temor. Más bien, lo contrario. Escucharon o sintieron la voz de Dios que les invitaba a escuchar la voz de su Hijo, Jesús. Una vez más, la invitación a escuchar y acoger en el corazón la Palabra, que debe ser siempre el centro de la vida cristiana.

Todo sucedió en una montaña alta. Cuando subí hace unos meses atrás, esta montaña, me ponía a pensar como fue en aquel tiempo este recorrido con sus tres grandes y cercanos amigos, subir esa montaña alta, a pie, debieron de tardar por lo menos de tres a cuatro horas, y se debieron de tener una buena preparación física, pues en este contexto es donde Jesús nos invita a meditar sobre nuestra vida.
La vida es así, es como el escalar una gran montaña, en la cual vamos encontrando un sinfín de dificultades, donde tenemos que ir apartando piedras y escombros que se oponen a nuestro caminar e impiden que avancemos y conquistemos esa montaña.

Cuando se sube la montaña y no se tiene la debida preparación hay momentos en los cuales dan deseos de abandonar esa conquista, y regresar al camino llano, a lo que no requiere sacrificios ni dolores, es fácil dejarlo todo y vivir cómodamente, pero eso no es de cristianos, eso es de cobardes y acomodados que nunca conquistan nada.

Pero luego de subir la montaña viene la gloria y la transfiguración, transfiguración a la cual estamos llamados y porque no decirlo, obligado por el bautismo, la gran pregunta hoy es:
¿Cuáles son las experiencias transfiguradoras en nuestra vida y en nuestro entorno social?
Este acontecimiento se ve latente cuando somos capaces de acercarnos tanto a Jesús y de retirarnos con Él en el silencio de la oración y la contemplación en la eucaristía. Contemplar la gloria de Dios no es ni más ni menos que disfrutar de nuestro encuentro con Jesús en plenitud es sentir a Jesús cercano, amigable, queriéndonos. De esta primera forma se trasluce el amor que Dios nos tiene. Cuanto tiempo hemos perdido buscando y mendigando amor en los lugares equivocados.

Esta trasfiguración se hace realidad cuando se ve en el más pobre y desvalido a los privilegiados de Dios es también otra experiencia de la transfiguración. Los discípulos se sintieron ante aquel gran acontecimiento mendigos de la salvación, se sintieron vacios de salvación, por ello quisieron quedarse y hacer tres chozas para seguir disfrutando, es que cuando se siente y se experimenta la gloria de Dios, no quisiera que se termine, deseáramos que continúe y sea plena.
Ver mi vida tal como Dios me ve es otra de las experiencias transfiguradoras ya que Dios se hace presente en mi vida real, tal cual soy.

“En muchas ocasiones los cristianos pretendemos que el Señor esté en mi vida, pero no en mi vida real, sino en la vida perfecta a la que soy llamado. Luchamos porque no somos como nos gustaría ser y nos desalentamos porque no logramos que Dios esté en nuestro ideal de vida. Y esto es verdad: Dios nunca está en lo que nos gustaría ser o en el cómo nos gustaría ser... Padre Dios sólo está en lo que somos hoy, con nuestras realidades y miserias, con nuestras debilidades y errores. Si muchos hermanos y hermanas en la fe tuviesen en cuenta este punto sufrirían menos y serían más plenamente cristianos: Dios no está en el ideal al que estoy llamado. Dios está hoy, en este momento, a mi lado, acompañando mi fragilidad, animándome, alentándome, dándome vida.
La vida cristiana está llena de conatos de transfiguración, pero son esos momentos los que nos marcan el camino que tenemos que seguir. Podemos saborear la grandeza de Dios cuando no nos desesperamos, cuando somos capaces de latir con Dios, de ahí que la experiencia de Cristo vivo pase desapercibida para tantos. No son capaces de captar la transfiguración porque no tienen tiempo para Dios.” (Mario Santamaría Bueno, homilías para cada domingo, 2005).

Cuanto nos hace falta cambiar y transfigurar en nuestra vida, con solo dejarnos arrastrar por el maestro, que quiere subir con nosotros esta difícil montaña de la vida, El verdaderamente camina con nosotros, tristemente muchas personas dudan de Dios porque no le ven, nosotros podemos percibir al Señor en su grandeza, en su infinito amor, en su gloria. La vida cristiana es vivir y contar a los demás esta experiencia del encuentro con el Señor.

Hermanos en el camino hacia la cruz se entrecruzan la gloria y el sufrimiento, la debilidad humana y la grandeza de Dios. Es una mezcla exacta de lo que es el acontecer humano. Es un aviso constante a nuestra débil humanidad. No hay gloria sin cruz, no hay cruz redimida sin Cristo. Jesús maestro, hermano, amigo, danos la gracia y la fortaleza de transfigurar nuestra vida, y caminar a tu lado para ser trasformados en verdaderos hijos de Dios y en verdaderos cristianos.

viernes, 11 de marzo de 2011

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

“No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”
(Mt.4,1-11)
Rev. Alexander Díaz

Hoy es el primer domingo de cuaresma, el pasado miércoles iniciamos este maravilloso camino espiritual, similar al de un gran retiro que durara cuarenta días y en los cuales nos detendremos a mirar y meditar sobre nuestra frágil realidad humana, la cual pesa y en momentos se torna difícil, ya que intentamos seguir el evangelio, pero esta “condición humana” nos cunde de tentaciones que nos hacen más difícil este caminar.

El evangelio de hoy nos habla de las tentaciones de Jesús, en el desierto, misterio que nos invita a pensar que si El, siendo Dios no fue eximido de esas tentaciones, nosotros tampoco lo estamos.
Nos dice la liturgia de que El Espíritu lleva a Jesús al desierto, es sabido por todos que Israel, el lugar donde el nace y crece esta plantado casi en un desierto, me pregunto ¿Qué sentido tiene esta sorprendente conducción, a un lugar donde el silencio y la muerte prácticamente viven? Reflexionemos un poco sobre qué significa «el desierto».

El desierto es el lugar del silencio, de la soledad; es alejamiento de las ocupaciones cotidianas, del ruido y de la superficialidad. El desierto es el lugar de lo absoluto, el lugar de la libertad, que sitúa al hombre ante las cuestiones fundamentales de su vida. En este sentido, es lugar de la gracia. Al vaciarse de sus preocupaciones, el hombre encuentra a su Creador.

Por esta razón para iniciar la cuaresma se nos llama a meditar en este paso que Jesús realiza para iniciar su vida pública, si queremos encontrar respuesta a nuestras propias interrogantes debemos de guardar silencio, debemos de irnos al desierto y dejar que El, hable a nuestro corazón. El ser humano siempre tiene miedo a estar solo, o interrogarse a sí mismo, estamos acostumbrado al ruido, al bullicio, a que otros sean los que hablen, pero no a hacerlo por nosotros mismos.

Las grandes cosas comienzan siempre en el desierto, en el silencio, en la pobreza. No se puede participar en la misión de Jesús, en la misión del Evangelio si no se participa en la experiencia del desierto, sin sufrir su pobreza, su hambre. Aquella bienaventurada hambre de justicia, de la que nos habla el Señor en el Sermón de la Montaña, no puede nacer estando el hombre harto de todo.
Pero quiero aclarar una cosa, el desierto de Jesús no acaba con estos cuarenta días. Su último desierto, su desierto extremo, se da cuando experimenta la soledad en la agonía de la cruz, cuando todo parece perdido, cuando todo es oscuro y tenebroso y de su boca pronuncia las palabras del salmo 21: «¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?»

En nuestra vida, para conquistar el cielo, tendremos que enfrentarnos a un sinfín de desiertos, y tempestades, donde también nosotros sentiremos lo mismo que sintió Jesús, sentiremos miedo, tristeza, aflicción, dolor, y no veremos claro en nada, todo se tornara oscuro y sin salida, pero cuando eso pase, tenemos que estar claros que eso no es el fin, es solo un momento de prueba, una tentación más que tenemos que superar sin ningún problema.

Al entrar en el desierto, Jesús entra también en la historia de la salvación de su pueblo, Jesús entra en esta historia, entra en las tentaciones de su pueblo, Jesús se va al desierto para ser tentado; quiere participar en las tentaciones de su pueblo y del mundo, sobrellevar nuestra miseria, vencer al enemigo y abrirnos así el camino que lleva a la Tierra Prometida.

Después de su experiencia en el desierto Jesús se entro’ en su vida de misión, predicando, sanando, enseñando, reconciliando, y aliviando sufrimiento. Con nuestras experiencias confrontando a la tentación también realizamos un papel de misión de predicar, sanar, ensenar, reconciliar, y aliviar el sufrimiento en el mundo. En fin, la tentación no es una realidad en que necesitamos huir, más bien, es una realidad que ofrece una nueva oportunidad crecer en nuestra identidad. Somos capaces, por la gracia del Señor, ser formados en la imagen de Cristo no tanto a pesar de las tentaciones sino que en proporción directo a nuestra fortaleza contra la mentira que siempre acompaña a las tentaciones.

Jesús llevo’ al desierto solamente a su fe, su esperanza, y su amor. Y era suficiente contra cualquier tentación usar a su poder en una manera orgullosa. A dentro de nuestras almas y corazones tenemos anhelos puesto por Dios que necesitan aire, que necesitan ser expresados. En ese Nuevo Tiempo de la Cuaresma tomamos el riesgo confrontar con los anhelos de justicia, reconciliación, y el deseo aliviar al sufrimiento las tentaciones, en todo momento de cualquier confrontación sabemos que Dios está a nuestro lado.

Que en este tiempo maravilloso de la cuaresma también nosotros seamos hombres y mujeres nuevos que afrontemos la realidad de nuestra vida y cambiemos algo de nosotros, que la predicación del este evangelio dominical nos ayude a cambiar de actitud ante las tentaciones que se nos ponen en nuestro caminar.
Amen

martes, 8 de marzo de 2011

CUARESMA CAMINO HACIA LA PASCUA


Significado de la Cuaresma y Miércoles de Ceniza

Cada año la iglesia nos convoca para un acontecimiento de trascendencia en nuestra vida espiritual, es interesante que la gran mayoría de los cristianos católicos, ya sean practicantes comprometidos o no practicantes, saben o han oído hablar mas de una vez sobre la cuaresma, sobre el miércoles de ceniza y sobre estos tiempos fuertes dentro de la Iglesia; lo que me parece lamentable, es que no saben en realidad cual es su significado especifico, o que función tiene dentro de la vida de la Iglesia. Quiero explicar a través de este sencillo artículo el significado de estos tiempos fuertes.
Muchas personas, hace unos días se me han acercado a hacerme las preguntas que a continuación voy a responder, preguntas que sinceramente no creí que muchos no tuvieran la respuesta, que aunque a mi ver es básico, para muchos no lo es; las preguntas mas que mas se hace son: ¿Qué es la cuaresma? ¿cuándo inicia? ¿cuándo se termina? ¿qué es la pascua? ¿qué es el Triduo Pascua?, entre otras, déjeme contarle de forma sencilla el significado de este tiempo tan especial y tan lleno de gracia.

¿Qué es la Cuaresma?
La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es importante tener claro, que el tiempo de cuaresma no nos prepara para celebrar el viernes santo o como muchos creen, que nos prepara para celebrar la semana santa, de ninguna manera es así, estos cuarenta días de gracia nos preparan para vivir en gracia y paz espiritual la fiesta solemne de la pascua; pero déjeme continuar explicando mas sobre el significado de la cuaresma.
Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo; es un tiempo especial donde la Iglesia nos reta a sacrificar parte de lo nuestro y a vivirlo con intensidad, buscar el recto camino y encontrarnos a nosotros mismos de una forma clara, contrita y sincera.


La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. Me gustaría que esto quede claro, porque hay mucha confusión con respecto a este punto, inicia con el miércoles de ceniza, en el cual todos asistimos de forma contrita y penitente a recibir sobre nuestras frentes o nuestras cabezas un poco de ceniza, signo de mortificación y arrepentimiento, signo de humildad y deseo cambiar nuestra vida, ese día se nos manda, hacer penitencia, con ayuno riguroso y oración, para entrar así en el ejercicio de la cuaresma, digo ejercicio, porque es un gran retiro espiritual en el cual todos estamos llamados a entrar de forma personal.

Es importante meditar en las palabras que sacerdote o el diácono nos dice cuando nos impone la ceniza, en nuestra frente, " Recuerda que de polvo eres y al polvo volverás" esta otra "Conviértete y cree en el Evangelio", ambas formulas son un recordatorio claro, de lo que somos, de donde venimos y hacia donde regresaremos si no convertimos nuestra vida en una vida de Cristo.
"Recuerda" esa palabra tiene gran significado este día, recuerda quien eres, recuerda que saliste del polvo, recuerda que eres barro, eres finito, y que sin Dios tendrás que volver allá.

El miércoles de ceniza, nos llama a la meditación mas clara y asidua de nuestra vida interior, de nuestra vida espiritual. La iglesia nos manda en este tiempo hacer una reconciliación clara, fuerte, oportuna, y bien llevada y dispuesta.
Las lecturas de la misa, son propicias para encontrarnos con Dios y hacer nuestra vida y nuestro trabajo oración.

A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.

Es oportuno mencionar, que este tiempo esta lleno de signos y símbolos que nos invitan a meternos en el corazón de este tiempo. Durante estos cuarenta días no se entona el canto del Gloria ni el Aleluya en las celebraciones eucarísticas, a no ser que la iglesia lo interrumpa por una solemnidad especial, dedicada ya sea a Jesús o a la Virgen María, ejemplo de esto es, la Solemnidad de la Anunciación del Señor, celebrada el 25 de Marzo, que usualmente siempre cae dentro de la cuaresma.
Otros signos que se pueden ver en nuestros templos son las cortinas moradas, y los altares sin flores, para simbolizar la penitencia y la austeridad que se vive como sacrificio.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia, por ello el sacerdote y el diácono usan sus vestimentas de color morado.

Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual. En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En este tiempo, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús de igual manera aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

¿Porque 40 días?
La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Sagrada Escritura. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.
En la Sagrada Escritura, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra esta marcado de pruebas y dificultades.

La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia.
Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

Espero haber aclarado ciertas dudas que se manejan con respecto a este maravilloso tiempo, en el siguiente articulo hablaremos sobre lo que es en si el significado del ayuno, la oración y la limosna…

Si desean preguntar o sugerir un tema en particular no duden en escribirme, a padrealexdiaz@gmail.com y con gusto, contestare y comentare su pregunta.

En Cristo Jesús.

Rev. Alexander Díaz

viernes, 4 de marzo de 2011

NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

"No son los que me dicen: '¡Señor, Señor!', los que entrarán en el Reino de los Cielos"
(Mt. 7,21-27.)

Rev. Alexander Díaz

La liturgia de este domingo, como los anteriores es restante y desafiante, sobretodo porque es una invitación clara a la reflexión propia y personal, y a la escucha atenta de la palabra de Dios, a meditar con detenimiento el evangelio, a no ser sordos e indiferentes a su llamado.

El Siervo de Dios y en unos cuantos días Beato, Juan Pablo II comentando al respecto afirmaba lo siguiente: «...Son realmente «bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen», pues experimentan esta gracia particular, en virtud de la cual la semilla de la palabra de Dios no cae entre espinas, sino en terreno fértil, y da abundante fruto. Precisamente esta acción del Espíritu Santo, el Consolador, se adelanta y nos ayuda, mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede «a todos gusto en aceptar y creer la verdad» (Dei Verbum, 5). Son bienaventurados porque, descubriendo y cumpliendo la voluntad del Padre, encuentran constantemente el sólido cimiento del edificio de su vida...» (Juan Pablo II, Homilía en Pelplin, Polonia, 6 de junio 1999).

Y es precisamente lo que el hombre moderno ha perdido y porque no decirlo ha olvidado, el construir, porque se olvida que la palabra de Dios, no se oye solo por oírla, sino que nos ayuda a construir nuestra vida interior, nuestra vida de fe, que se comienza a plasmar en nuestro interior, San Pablo nos habla de la Palabra de Dios cumplida desde la Cruz. Nos llama a escuchar esta palabra, que es una e indivisible, para así comprender realmente lo que Dios nos dice en nuestra historia.

Me cuesta creer como muchos, llamándonos cristianos, y creyéndonos comprometidos, no somos capaces de construir nuestra propia vida interior, me da la impresión que no que no estamos escuchando la palabra con atención, Jesús es claro al afirmarnos que, la escucha de este mensaje de vida es importante, y lo afirma con autoridad:
«...Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que construyó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre roca» (Mt 7, 24-25).

Me gusta mucho, y me llama a meditar la palabra «prudente», porque el prudente es aquel que toma todas las precauciones habidas y por haber, para salvaguardar su vida y las de los demás, prudente es el que se toma todo en serio y con precaución.

Viviendo aquí en los Estados Unidos, me doy cuenta que las leyes aquí intentan ser prudentes para salvaguardar la vida de todos, por ejemplo, normas de tránsito, salidas de emergencia, capacidad en los lugares públicos, normas de sanidad ambiental, y a veces hasta parece exagerado; pero me da tristeza, que no son prudentes en su vida espiritual e interior.

Si así fuéramos de prudentes para cuidar nuestra alma y nuestros valores espirituales y evangélicos, seriamos muy sólidos en nuestro vivir y convivir, seriamos sólidos en nuestras relaciones personales y de amistad, seriamos sólidos en nuestros matrimonios y en nuestras familias, seriamos sólidos en la construcción de la sociedad del futuro, seriamos sólidos en una educación con principios cristianos, pero tristemente, somos imprudentes en lo espiritual, imprudentemente Dios no cuenta en estos aspectos.

Todo en esta sociedad moderna tiene mucha importancia, incluso los animales, son bien cuidados y protegidos, se les ha creado derechos y me parece fantástico, no estoy en contra de eso, pero me pregunto, ¿Estamos escuchado su palabra con detenimiento y prudencia? Porque a los aspectos básicos no les estamos dando importancia, no defendemos la vida de los no nacidos, no respetamos la vida del indefenso, matamos la inocencia de los pequeños, y nos volvemos intolerables ante los valores espirituales.

Todo es permitido, para no causar un trauma, o un problema psicológico, pero es prohibido hablar de Dios o mencionar siquiera el nombre de Jesús, ya sea en una escuela pública o lugar donde concurren menores de edad para actividades sociales, porque no se les puede obligar a creer, porque se coarta su libertad, y se involucra la fe con su desarrollo… me pongo a pensar que ignorantes somos para lo que nos ayudaría a desarrollarnos mejor.

En una de las masacres que los estudiantes han propiciado en una de las escuelas en este país, una maestra salía en un noticiero preguntándose, que estaba mal en la educación, preguntándose, porque pasaban estas cosas, y dijo: Donde está Dios cuando pasan estas cosas, y en mis adentros pensé, lo sacamos de las escuelas hace tiempo, no le permitimos que se quede con nosotros, creemos que su presencia en la educación de nuestros niños es inapropiada porque les causa confusión.

Duele decirlo pero estamos siendo imprudentes en la construcción del reino, quizás suene pesimista pero así lo siento; me desconsuela saber que la vida espiritual no se está tomando en serio, y que somos imprudentes en escuchar la palabra de Jesús, el evangelio no está calando como es debido en nuestras vidas.
Estamos construyendo en muchos de los casos en la arena, y estamos hundiendo nuestra propia existencia, Juan Pablo II en su último mensaje a los Jóvenes en preparación para la XX Jornada de la Juventud, les animaba con estas palabras que me han parecidos apropiadas, y no solo para los jóvenes sino para todos nosotros:
«...no creáis en falsas ilusiones y modas efímeras que no pocas veces dejan un trágico vacío espiritual! Rechazad las seducciones del dinero, del consumismo y de la violencia solapada que a veces ejercen los medios de comunicación. Adorad a Cristo: Él es la Roca sobre la que se construye vuestro futuro y un mundo más justo y solidario. Jesús es el Príncipe de la paz, la fuente del perdón y de la reconciliación, que puede hacer hermanos a todos los miembros de la familia humana., (Castengandolfo 6 de agosto de 2004).

Quiero terminar mi reflexión dominical, haciendo una simple pregunta ¿En que estas construyendo tu vida espiritual?, ¿Estas siendo prudente en la escucha de la palabra y en la puesta en práctica del evangelio? Recuerda que merece la pena el poner por obra, este gran llamado de Jesús a la construcción del Reino. Ayúdale a construirlo, estas llamado a ser apóstol auténtico. Amén

viernes, 25 de febrero de 2011

OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARO

“Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura”
Mt. 6, 24-34
Rev. Alexander Díaz

El hombre moderno se ha olvidado de vivir, no vive, sino que sobrevive su vida, ya que esta mecánicamente limitado por las múltiples ocupaciones que el mismo se ha impuesto. Ya casi nadie vive tranquilo, vivimos corriendo, esclavos del tiempo y del trabajo, esclavos del materialismo y deseo descabellado y desbaratado del tener, vivimos preocupados siempre por el mañana, por el que pasará, por el cuándo vendrá y en ese ir y venir de preguntas y cuestionamientos envejecemos y morimos interiormente.

Una de las enseñanzas que Jesús aclara este domingo se refieren al uso del dinero y de los bienes materiales. Nos dice: “no se puede servir a Dios y al dinero” (Mt. 6, 24-34). Con esto esta aclarando que tenemos que tener claridad en cuanto al seguimiento concreto del evangelio, tener claro que en el seguimiento evangélico no medias tintas, no hay medios espacios o tiempos, te está pidiendo una decisión clara y sin censura, el corazón no puedes entregárselo al materialismo, lo quiere todo para él, en otras palabras te quiere solo para él.

Jesús usa la palabra servir. No quiere decir que no haya que tener bienes materiales y que no haya que procurarlos, claro que si, tenemos derecho a tenerlos, a buscarlos, pero Jesús quiere aclarar que debe de ser todo con cautela y medida, sin olvidar que no te debes a esas cosas materiales ni a los bienes monetarios porque son pasajeros, perecen, se terminan y cuando esos bienes se terminan, te quedas vacio y sin nada, te pongo un ejemplo, cuando compramos cosas nuevas, la alegría de tenerlas solo dura unos días, después se vuelve viejo y ya hay nuevas que superan lo que tienes.

Bien indica que se está refiriendo el Señor a ser esclavos del dinero, o sea, a dejar que el dinero nos domine, a dejar que el materialismo decida por nosotros.
Entonces, no es lo mismo tener riquezas que servir o ser esclavo de éstas. ¿Cómo diferenciar estas dos actitudes?

Habla Jesús de dos señores: un señor es Dios y otro es el dinero o el materialismo, o el trabajo, o cualquier otro elemento que no sea Dios. Hay que aclara que señor se le llama a aquel que tiene poder para dominarte y esclavizarte, y el dinero, tiene esa capacidad de cambiar a cualquier ser humano, y volverlo a su antojo, el demonio se a posesionado de esta área de una manera descabellada.

Jesús nos está advirtiendo que el dinero también pretende ser señor. Y la pregunta es: ¿puede e
l dinero hacernos depender de él? ¡Claro que sí! Cuando nuestra vida está centrada sólo y por encima de todo lo demás, en conseguir dinero y en obtener lo que el dinero nos puede dar, sin darnos cuenta, nos hemos convertido en esclavos del dinero y se ha convertido el dinero en señor nuestro.

El trabajo tiene su importancia. Pero no hasta el punto de entregar la vida al trabajo. Hay gente, y no hablo solo de sólo ricos, que entregan de tal modo su vida al trabajo que todo lo demás queda subordinado al trabajo. Y lo demás son las relaciones familiares, las amistades, la relación con Dios, etc. Cuantas personas han cambiado su personalidad y pensamiento por causa del dinero, han incluso hasta matado y destruido a otros, por ello Jesús le llama señor, pero señor no con la fuerza y el convencimiento que le llamamos Señor a Él.

Pienso que gran parte de la crisis económica que vivimos ha tenido su origen en la ambición y codicia de personas que estaban tan centradas en hacer dinero, en ganar mucho que les importaba nada hacer trizas las vidas de los demás. Tomaron decisiones equivocadas que han llevado a consecuencias terribles para muchos.

Es el mejor ejemplo de que este Evangelio sigue siendo muy actual. No vale la pena agobiarnos. Hay que poner la confianza en Dios y saber que nosotros somos su providencia para nuestros hermanos y hermanas y para nosotros mismos, que nos debemos cuidar porque somos hijos e hijas de Dios.
Dios desea que nosotros entendamos quien es Él, pues El es el Señor, pero no solo decir El es el Señor, sino creerlo con todo el corazón y el alma, porque El nos creó, es nuestro Dueño, dependemos de Él. A El debemos obediencia y respeto por el es el ser y hacer de todo cuanto existe.

También Jesús nos habla de cómo Dios nos cuida. Es lo que llamamos su Divina Providencia. Y Jesús nos la explica usando imágenes campestres de aves del cielo y lirios del campo para asegurarnos que El se ocupa directamente de nuestra alimentación y vestido. Que si su Padre del Cielo alimenta a las aves, ¿cómo no va a cuidar de nuestro alimento si nosotros valemos muchísimo más que las aves?

“Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?” (Mt.6,30). Nos está diciendo algo que es evidente, pero que no tomamos en cuenta: Dios, que cuida de la hierba que es perecedera y dura muy poco, ¡cómo no nos va a cuidar más aún a nosotros que estamos destinados a vivir con Él para siempre!

Pero además, nos recrimina algo: nos dice que si estamos demasiado preocupados por la ropa es porque tenemos poca fe. ¿Por qué nos acusa de poca fe? Porque para tener confianza plena en la Providencia Divina, hay que tener mucha fe: la confianza en Dios es una consecuencia de nuestra Fe en El.

Nos dice luego lo que debemos hacer y lo que El desea: “Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura”. Es decir, nuestra preocupación debiera estar en buscar ante todo los bienes espirituales, las cosas de Dios, lo que El desea de nosotros, buscar lo que necesitamos para llegar a poseer los bienes eternos del Cielo. Si buscamos a Dios primero, lo demás, lo material, como un bono adicional, sin tener que buscarlo.

Y con esa conciencia vamos a salir a la vida a luchar por hacer de este mundo un lugar más fraterno donde las personas, todos, puedan vivir y no solamente sobrevivir. Porque esa es la voluntad de Dios. Ese es el misterio de Dios del que dice Pablo en la segunda lectura que somos administradores para todos los que nos rodean: que Dios quiere nuestra vida, que Dios nunca nos deja de su mano ni nos olvida, como nos recuerda la primera lectura del profeta Isaías.

viernes, 18 de febrero de 2011

SEPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARO

Ama a tus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persigan y calumnien”
Mateo 5, 38-48

Rev. Alexander Díaz

El mundo moderno y tecnológico es un mundo competitivo de forma descomunal, se corre a grandes dimensiones, tratando de crear el mejor teléfono, la mejor comida, la mejor computadora, a ver quien presenta los mejores precios y las mejores ofertas.

Ante este descomunal mundo progresista y competitivo la liturgia de hoy, nos invita a los seguidores de Jesús a que agreguemos valor a nuestro comportamiento, a que definamos el factor diferenciador en nuestra conducta y a que seamos cada día mejores hombres y mujeres.
El Señor nos propone a través del libro del Levítico: “Sean santos, porque yo, el Señor, soy santo”. ¡Un desafío descomunal que nos desborda!, ante estas palabras tan claras, me pongo a pensar: ¿Seremos capaces de aceptar este reto?.


Muchas personas ni siquiera se han dado cuenta que existe este reto y que aparte de ser un reto es un mandato directo de Dios, ser perfectos.
Me preocupa el hecho simple de que hablar de santidad en este tiempo es algo pasado de moda, todo mundo quiere vivir su propia vida, su propio espacio y su propia experiencia de vida, todo esto está bien, pero no quieren incluir a Dios en su vida, hacemos todo, y el ultimo invitado es Dios.

Juan Pablo II hablando de este tema afirmaba: La santidad no es algo reservado a algunas almas escogidas; todos, sin excepción, estamos llamados a la santidad. Para todos están las gracias necesarias y suficientes; nadie está excluido. La tentación más engañosa y que se repite siempre, es la de querer mejorar la sociedad, mejorando únicamente las estructuras externas; dejando de lado la realización espiritual del hombre que es donde se halla la verdadera felicidad. La Iglesia, más que «reformadores», tiene necesidad de santos, porque los santos son los auténticos y más fecundos reformadores”
Me gusta este discurso del Papa, porque siempre pensamos en cambiar todas las estructuras existentes, pero nunca nos preocupamos por cambiar nosotros mismos nuestro interior.
Frente a este desafío que ya Dios nos manda en el Antiguo Testamento, Jesús en el evangelio nos lanza uno más grande y más difícil, El nos propone: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Ama a tus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persigan y calumnien”( Mateo 5, 38-48 ).
Estas palabras de Jesús nos ponen nerviosos pues tocan las fibras más íntimas de nuestro ser; tenemos que reconocer que nuestro interior es sensible a cultivar innumerables resentimientos: amigos de muchos años que terminaron odiándose; parejas que se separaron y que se causaron heridas muy hondas en ese proceso; hermanos que se distanciaron por una herencia. Los ejemplos podrían prolongarse indefinidamente…

Estas heridas no se curan automáticamente como resultado de un acto de la voluntad. El perdón y la reconciliación no provienen de los sentimientos puramente humanos sino que son fruto de la gracia de Dios. Pidamos la ayuda del Señor para que podamos avanzar en esa dirección y así cicatricen las heridas del corazón, y dejemos atrás los viejos resentimientos.
El reto, que nos plantea el maestro, es marcar la diferencia que nos exige el seguimiento de Jesús, una diferencia que no es fácil hacer, se requiere humildad y aceptación completa a su seguimiento, sin echar la vista atrás, y sin tener falsas apariencias, autenticidad y amor, esto ya es un llamado a la santidad clara que El nos hace.
Después de esta visión de conjunto sobre el mensaje que nos comunica la liturgia de hoy, analicemos algunos aspectos particulares con los cuales Jesús nos invita a vivir y a cambiar un entorno milenario con respecto a la ley, si queremos ser santos y encontrar la perfección debemos de hacer y marcar la diferencia.

Jesus hace un llamado claro a cambiar la “ley del talión”: “Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan daño al que les hace daño”.(Mt. 5,39)
Cuando escuchamos esta formulación nos estremecemos porque nos suena como un llamado a la venganza; sin embargo, a pesar de las apariencias, su contenido es muy sabio pues lo que está exigiendo es que haya una proporción entre el delito y la pena, y pide que no haya exageraciones o sobrerreacciones en cuanto al castigo que se impone.
Los seguidores de Jesús no debemos contentarnos con cumplir el mínimo que establecen las leyes y las normas; debemos ir más allá en términos de excelencia de manera que mostremos una diferencia en cuanto a nuestro modo de actuar como parte de una familia, como ciudadanos y como miembros de la Iglesia, debemos de ver la ley no como una imposición sino como un elemento que nos tiene que ayudar a vivir más a plenitud nuestra vida cristiana, la ley se cumple por convicción no por obligación.

Que la invitación que Jesús nos hace este domingo nos sirva para vivir a plenitud nuestro deseo de Santidad y que consigamos esta santidad contemplando la gracia del amor que Dios nos proporciona cada día, cumpliendo diligentemente las normas establecidas
Amen

viernes, 11 de febrero de 2011

SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

"No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; sino a darles cumplimiento”
(Mt. 5,17-37)

Rev. Alexander Díaz


Dios nos creo libres, para que seamos nosotros quienes escojamos con entera convicción que es lo que queremos para nuestro ser, si vivir o morir, si optar por lo bueno o por lo malo, tenemos la capacidad amplia de analizar cualquier elemento que llegue a nuestras manos, por eso en la primera lectura de este domingo afirma: “El Señor ha puesto delante de ti fuego y agua; extiende la mano a lo que quieras. Delante del hombre están la muerte y la vida; le será dado lo que él escoja.”(Ecle. 15,17)

Generalmente nuestra humanidad pesa y nos cuesta aceptar seguir el buen camino, ya que optar por el buen camino implica constancia y sacrificio, y tendemos siempre a buscar los atajos y salidas más fáciles para todo, buscando siempre lo que menos sacrificio tenga. Por esta simple razón fallamos y terminamos metidos en el fango del pecado, de la desesperación y del error, y que triste es el sabor de nuestra vida después de optar por el camino equivocado, por ende es de prudencia cumplir la voluntad de Dios y detenerse a cumplirla.


Uno de estos días, escuche a alguien decir que las leyes fueron hechas para saltarlas, posiblemente muchos tengan esa mentalidad, pero la realidad es otra, las leyes Dios nos las dejo para manejar nuestra vida por el recto y entero camino, para encontrar la felicidad y el recto actuar, a veces cuando veo la forma de actuar del ser humano aun con leyes en nuestro entorno, actuando de forma despótica, me pregunto: ¿qué sería de este mundo sin leyes?, sería un caos completamente o por lo menos un tanto más.

Jesucristo es bien claro para hablar de la ley da la pauta de lo que sería la enseñanza que El venía a dar. Deja claramente establecido que no ha venido a abolir la Ley antigua, sino a perfeccionarla. Y los perfeccionamientos que introduce están basados más en el amor que en el cumplimiento de la Ley Antigua.


Inicia enfocando uno de los mandamientos mas fuertes de la ley mosaica, al antiguo precepto de “No matarás”, lo aclara y explica que matar no es quitar la vida a otro ser humano, es más que eso, matamos a otros con el insulto, la ira, la agresión, el desprecio, el resentimiento contra alguien. Y explica con más detalle: “Cuando vayas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda”.

Y ¿hacemos esto? Cuando vamos a Misa y a comulgar ¿hemos perdonado realmente a los que nos han hecho daño? ¿Hemos pedido perdón a quien hemos ofendido? ¿Nos hemos liberado de los resentimientos que tenemos contra los demás? El Rito de la Paz que se realiza justo antes de la Comunión indica precisamente esto a que se refiere el Señor.

Pero ¿nos damos “fraternalmente” la Paz, como indica el Celebrante? En ese momento las personas que tenemos “próximas” representan al “prójimo”, al “hermano” de que nos habla el Señor en este pasaje. Y ese gesto no significa un saludo vacío o de cortesía, sino algo muy concreto y exigente: que no tenemos nada contra nadie, que nuestro corazón está limpio de rencor, de resentimiento y que, por tanto, puedo comunicar la Paz que Cristo nos da.
Sólo así, reconciliados plenamente con el hermano, podemos entonces comulgar y “presentar nuestra ofrenda”, en las condiciones que el Señor nos indica.
El perdón es difícil. Es uno de esos preceptos exigentes que pone Jesucristo en su Ley del Amor. Si nos cuesta, pidamos esa gracia al Espíritu Santo. Esa gracia del perdón es de las cosas buenas que el Señor desea que le pidamos, para El dárnosla.


Otro perfeccionamiento a la Antigua Ley se refiere a que no basta el no materializar actos que vayan contra la Ley para infringirla, sino que el simple solo deseo de los mismos, ya es una falta. Por eso el que habla contra alguien, sobre todo si es una calumnia, ya ha asesinado a ese hermano en su corazón. Asimismo, el que haya mirado a alguien con deseo, aunque no materialice ese deseo, ya ha cometido adulterio en su corazón.


También el Señor habla en el Sermón de la Montaña contra el divorcio y a favor de la indisolubilidad del Matrimonio Cristiano. No es lícito divorciarse y volverse a casar. Y basado en esto la Iglesia no permite la recepción de la Comunión a los que se encuentran en esta situación irregular, pero sí los invita a asistir a la Santa Misa, a orar, e inclusive a hacer obras de caridad y a participar en algunas actividades de la Iglesia, invitándolos siempre a pedir la gracia de regularizar su situación.


Juzgados estos exigentes preceptos del Señor con sabiduría humana, es imposible comprenderlos y cuesta mucho aceptarlos. Pero si el cristiano se deja penetrar de la Sabiduría Divina, podrá ser dichoso, porque podrá llegar a disfrutar de “lo que Dios tiene preparado para los que lo aman”. Y eso que Dios tiene preparado no lo podemos ni imaginar. Así dice San Pablo: “ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado, ni la mente del hombre pudo siquiera haberlo imaginado”. (1 Cor. 2. )
En vez de pensar que los preceptos del Señor son imposibles de cumplir o demasiado difíciles, es preferible orar con las palabras del Salmo 118: “Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame, Señor, a cumplir tu Voluntad y a guardarla de todo corazón” Porque si como cristianos verdaderos y auténticos no logramos entender y vivir la ley basada en el amor y la voluntad de Dios será muy difícil que los seres humanos le encontremos el verdadero sentido a nuestra existencia, recordemos que las leyes y normas no han sido creadas para saltárnoslas o romperlas, sino para ser respetadas y cumplidas para nuestro bien y nuestro crecimiento interior, si todos fuéramos capaces de cumplir y guardar las leyes, viviéramos en orden y armonía, respetándonos los unos a los otros, pero creo y pienso que esto no es una utopía, si todos nos proponemos lo podemos convertir en realidad, en nuestras manos está el hacer en nuestra vida lo mejor…. Da lo mejor de ti a Dios cumpliendo con alegría los mandatos del Señor. Amén.

viernes, 4 de febrero de 2011

QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


“Procurad que vuestra luz brille delante de la gente”
Mt 5, 13-16

Rev. Alexander Díaz

El evangelio de este domingo tiene muchos tópicos de los cuales hablar, ya que s presta para insertarlo en nuestra vida personal, y sobre todo Jesús nos habla a través de elementos con los cuales estamos muy relacionados. Quien no conoce la sal y la luz, ambos elementos tiene un significado muy grande en la vida del todo ser humano y sobre todo de todo cristiano.

La sal es un componente muy poderoso que durante toda la historia de la humanidad ha tenido un fuerte protagonismo en su desarrollo; la sal sirve para darle sabor a los alimentos, para purificar la comida, para evitar la corrupción de ciertos alimentos perecederos a falta de un refrigerador, y al mismo tiempo el comer mucha sal da sed. Puntos importantes porque eso realmente es la vida del cristiano y eso es Jesús en la vida nuestra.

A nuestros mismos grupos que moralmente viven o se han acostumbrado a vivir de forma mediocre y doblez imitando la pobreza del fariseísmo hay que salvarlos con la doctrina viva de Jesús, purificarlos de su descomposición, porque de lo contrario se continuaran corrompiendo.


Entiendo perfectamente que es duro hablar en estos términos pero es la vida espiritual del ser humano la que está en juego; lo mismo que a nuestras prácticas de fe hay que darles el sabor y gusto de Jesús, porque de lo contrario no pasaran de ser unos ritos vacios y sin el sentido debido, se convertirán en unos espectáculos circenses que no nos llevaran a nada, que no nos harán transformar ni cambiar la corrupción que tenemos.

Esto hace ver que esta parte del sermón se dirige a apóstoles y discípulos, que son los que tienen la misión de salar la masa, de cual se convertirá en pan, para alimento de muchos.
Jesús nos da una gran responsabilidad. Somos la sal del mundo. Esto significa que el mundo existe pero en muchos casos no tiene sabor. La vida se ha vuelto para muchos invivible. Nuestra misión es mantener encendida la vela de la fe en un mundo tecnificado y ensimismados en sus aparentes adelantos. El mundo es la gente que sufre.


Somos también la luz de este mundo. La luz es algo inmaterial, invisible. La luz es lo que nos hace ver pero ella en sí misma es invisible. La luz es la fe. La fe no es algo que debamos de tener escondida para evitar su pérdida o deterioro. La luz cuanto más se reparte más grande se hace.
Vemos a nuestro alrededor personas que dicen que no saben qué hacer en la vida, que no saben cómo dirigir su vida. La fe es siempre una invitación a mirar hacia adelante, a progresar en el camino de la vida y de la unión con Cristo. Tenemos luz en la medida que aceptemos la Luz.
Los cristianos siempre estaremos entre estos dos equilibrios de la fe y de las obras. Sólo Cristo es quien salva, pero esa salvación necesita ser anunciada y vivida. El Evangelio nos dice que esa luz de la fe cuando brilla delante de la gente se convierte en alabanza al Padre. Tenemos que hacer obras de fe.

El mundo de hoy está cansado de las grandes palabras y de las teorías que se le ofrecen. Parece como si las personas no tuviesen oídos para lo trascendente. Es como si toda la vida se redujese al resultado de lo que queremos. Hemos perdido el aliento de la ilusión y la esperanza.
Ser sal y luz es recordarles a las personas una y otra vez el proyecto que Dios tiene para la humanidad. Dios no quiere más sufrimientos porque Jesús tomó sobre sí todos nuestros dolores. No quiere más violencia porque Él asumió nuestros castigos. No desea nuestra desorientación porque con su vida nos enseñó el camino hacia el Padre. Sal y luz es darnos cuenta de todo ello y vivirlo con alegría.
Jesús nos señala el cielo como el lugar de Dios, y es verdad. El cielo es Dios. Cada persona puede tener el cielo más cerca, en su corazón, en su latir espiritual, en su entrega diaria.
Hay un espacio que sólo nosotros podemos abrir a Dios y a los demás. Es el terreno de nuestro corazón y de nuestra vida. Si me cierro a Cristo, si bloqueo mis entrañas, no entenderé nunca ese amor que me ama aunque yo le ignore. Ser sal y luz es tomar conciencia de ese amor.
La sal cuando se disuelve se vuelve invisible pero su sabor perdura. La luz se va haciendo más grande cuando se va compartiendo. La mecha encendida de una vela sería el amor de Dios, el origen de la luz.

La luz que emana de esa mecha y que ilumina el mundo es el fruto de ese amor. La tarea de los cristianos es seguir pasando esa luz a los seres humanos de nuestro tiempo y de todos los tiempos.
Esa es nuestra principal responsabilidad, vivir en la verdad, es vivir en la luz, y vivir en ella es ser esa luz y serlo con entusiasmo y alegría, y así mostrar el camino hacia los otros, convertirnos en antorchas brillantes que van delate mostrando ese camino preciado de la verdad, les invito a ser luz y sal, en este mundo que camina en oscuridad sin sabor ni sentido. Amen

viernes, 28 de enero de 2011

CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

“Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo”
Mt.5, 1-12
Rev. Alexander Díaz


Nos encontramos celebrando el cuarto domingo del tiempo ordinario y en el Evangelio de hoy Jesús nos trae la gran propuesta para encontrar sentido a nuestra existencia: el programa de las bienaventuranzas. Este programa consta de diez sencillas capsulas, que a primera vista parecen insignificantes, inentendibles y de cierta forma descabelladas porque Jesús expresa a través de ellas elementos que no tienen sentido para una persona que no se haya encontrado con él, porque las bienaventuranzas solo tienen sentido cuando hay un encuentro de corazón con Jesús.
Como un nuevo Moisés, Jesús expone desde lo alto de un monte la nueva ley de su Reino. Es el ¨Sermón de la montaña¨, que comienza con las Bienaventuranzas, es interesante que todas se resumen en la primera: la de los pobres de espíritu, aquellos que lo dejan todo para seguir e imitar a Cristo.

Ya en el Antiguo Testamento, la pobreza voluntaria como signo de humildad, sinceridad y mansedumbre era la característica fundamental del pueblo de Israel, de ese pueblo que debía recibir en su seno al Mesías.

En la primera lectura de la misa del hoy, el profeta Sofonías, profetiza en el siglo VII antes de Cristo, en un momento donde se habían dado grandes diferencias entre ricos y pobres en Israel. La pobreza se había incrementado notablemente, y el profeta, denuncia esta situación y anuncia la protección de Dios sobre los pobres y humildes.

Y en el Evangelio de hoy se nos presentan las Bienaventuranzas. ¿Cuántas veces hemos escuchado a mucha gente, y tal vez nosotros mismos decir que lo importante ¨es tener salud? O aquel famoso refrán que muchos dicen en forma de broma pero muy en serio, lo más importante para ser feliz es tener salud, dinero y amor. Sin embargo, existe mucha gente sana y con mucho dinero que se siente tremendamente desdichada, solitaria, con la amargura a flor de piel, que no encuentran sentido a nada de lo que existe, pero están abarrotados de cuestiones materiales y saludables por fuera, son como las típicas manzanas, rojas y bien barnizadas, pero acidas y sin sabor alguno; y por otro lado, hay muchos enfermos, con enfermedades incurables, discapacitados y desahuciados que sufren en su cuerpo los tormentos del dolor físico a causa de su enfermedad, que apenas tienen para subsistir y obtener su medicina, y que son agobiados por la soledad, pero son las personas más felices y optimistas que se ven, que tienen sueños y alegría suficiente para hacer sentir bien a cualquier sano. Un ciego decía, que desde que estaba ciego, veía las cosas mucho mejor, y esto porque muchas veces, los que tenemos buena vista, somos ciegos en muchas cosas.

En el Evangelio de hoy, encontramos la visión de Dios sobre el hombre y sobre el mundo. Y esta mirada de Dios, en muchos casos, no coincide con la nuestra, Jesús parece poner todo en sentido contrario a lo que nosotros estamos acostumbrados a ver y a escuchar: llama a los que lloran y a los que son perseguidos e insultados: felices, en nuestra lógica humana esto no tiene sentido ni tiene concordancia, porque humanamente estas personas son desdichados y requieren ayuda, Jesús quiere con estas frases invitarnos a la confianza y a la mansedumbre interior ante los embates que la vida nos dara continuamente, a confiar ciegamente en la justicia divina, justicia que siempre tiente lugar en nuestra vida.

Ahora bien, me pregunto ¿Será que somos nosotros los que estamos ciegos y tergiversamos de forma negativa todo, o será Jesús el que lo hizo? Jesús hoy, nos quiere abrir los ojos, y nos enseña el verdadero camino de la felicidad.
El Sermón de la Montaña, es una especie de catecismo elemental de vida cristiana, y empieza justamente con un preámbulo, que son las Bienaventuranzas.

Así como Moisés al formar el pueblo de Dios subió a una montaña, lugar tradicional de la manifestación de Dios, así mismo lo hizo Jesús. Sentado, en actitud de enseñar, así como Moisés, Jesús proclama solemnemente la Ley, pero en una nueva formulación que exige una ¨Justicia superior a la de la Antigua Alianza para entrar en el Reino de los Cielos. La Voluntad de Dios que se manifiesta en este célebre Sermón, vale para todos. Las Bienaventuranzas, son a la vez promesa y exigencia. Promesas porque nos hacen ver que no estamos solos incluso en los momentos más oscuros de nuestra vida, que siempre hay una salida y una salida con justicia y equidad, y exigencia porque requiere que todos y cada uno de nosotros pongamos algo de nosotros para cambiarnos y transformarnos en mejores hijos suyos.

Te atreves a ser diferente, si lo haces serás llamado bienaventurado, y peculiarmente los que son llamados asi son probados como el oro en el crisol.
Bendiciones.