viernes, 26 de junio de 2009

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Tu fe te a curado
Mc. 5,21-24
El domingo pasado veíamos cómo Jesús ejerce su poder y calma la tempestad en medio del lago e increpa a sus compañeros la falta de fe. Hoy el relato evangélico muestra la fe de una mujer que ya había perdido toda esperanza, y también la de un padre, que hincado en el suelo, suplica a Jesús que le acompañe a su casa e imponga las manos sobre su hija que "está en las últimas", que está muriendo,
Sabemos muy bien que el Señor tiene poder, nos lo recordaba el pasaje del domingo pasado. Ese poder hoy lo vemos ejercido para el alivio de una enferma, para la recuperación de la vida, en el caso de la niña. Jesús muestra su poder divino con cara humana para nuestra edificación. Como dice el salmo: El Señor es compasivo y misericordioso.
La mujer que padece flujo de sangre es considerada impura y lleva doce años en semejante situación. La enfermedad le impide tener hijos, algo que el pueblo interpreta como castigo de Dios. A estos sufrimientos hay que añadir, como nos recuerda el santo evangelio, lo que había padecido a manos de los médicos y la pérdida de todos sus bienes en búsqueda de alivio. Ella piensa que sólo le queda una esperanza: Jesús.
Disimuladamente se acerca al Maestro y toca la borla del manto porque ella sabe en su corazón que el Maestro la va a sanar, su fe hace fuerza para mover el poder misericordioso de Jesús, quien enseguida nota que algo ha pasado. Los discípulos se extrañan porque Él pregunta: ¿Quién me ha tocado? Estando como estaban rodeados por un gentío. Y es que Jesús sabe muy bien que alguien se ha acercado reconociéndole como algo muy superior a otros predicadores, a alguien que sabe lo que hay en el corazón. ¡Qué consoladoras palabras las de Cristo! "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y sigue sana de tu tormento".
Esta frase tan consoladora de Jesús, a la mujer que buscó la sanación, es la misma que nos dice a cada uno de nosotros cuando acudimos a Él en nuestras tribulaciones. La paz es el estandarte del Resucitado. La paz interior, la paz del corazón es el fruto de nuestra vivencia en Jesús. Los cercanos a Él, incluso en medio del sufrimiento, viven en paz, paz que es el fruto de la imitación de Jesús.
En ese mismo día Jesús responde al dolor de un padre que está a punto de perder a su hija. Jesús acepta hacerle una visita y cuando le informan que ya ha muerto, Él responde: "No, ella está dormida". Respuesta, claro está, que provoca las risas de los presentes, los cuales, unos minutos más tarde, se quedan pasmados al ver a la chiquilla caminar y hablar, No nos queda otra cosa que hacer, donde está Jesús no hay muerte.
Cuántas veces no nos hemos encontrado en la misma situación de la mujer enferma o la hija del oficial en el Evangelio de hoy?
¿Cuántas veces, sobrecogidos por el miedo, hemos visto tambalear nuestra propia fe, pero también sin saber exactamente de donde viene, hemos experimentado que nuestra vida como nuestra fe puede ser tan fuerte que hasta montanas puede mover?
La mujer que había estado sufriendo de hemorragias por doce años, sin preguntárselo dos veces, el corazón de su fe le dice que si llegase al menos a tocar el manto de Jesús, ella se salvaría? Después de haber sufrido tanto en esta vida, su fe en el Mesías le permite esperar que se realice un milagro en su vidas. Ella abandona el miedo que la había dejado casi sin esperanza, y se entrega por completo a la
aventura de creer, creer y creer sin límites.
El miedo es el enemigo número uno de la fe. Simple y únicamente porque allí donde hay miedo, hace mucho tiempo que desapareció la confianza. Y donde no hay confianza en Dios, no hay fe.
La fe son nuestros ojos en este valle de lágrimas. La fe nos permite ver que a pesar del dolor, la enfermedad, la muerte, el hambre, y el sufrimiento, Dios siempre va a estar con y por nosotros.
Pero hay una hermana de la fe, que nos hace ser fuerte ante mal, que nos hace fuertes ante el miedo, el sufrimiento y la muerte. Si la fe son nuestros ojos en este valle de lágrimas, esta hermana de la fe son nuestras piernas, es la que nos permite y da energía para seguir caminando aún cuando todo parece ir mal y estar en oscuridad.
Esta hermana de la fe es la esperanza.
La fe nos permite ver a Dios como en un espejo, pero la esperanza nos asegura que el Dios que vemos imperfectamente como en un espejo, un día lo llegaremos a ver cara a cara como una realidad plenamente gozada y poseída.
Una fe sin esperanza no tiene sentido, es una fe sin objeto, termina en el vacío, se ve expuesta al fracaso, y finalmente, muere. Por su parte, la fe confiere un fundamento sólido a la esperanza, evita que la esperanza sea una fantasía.
La fe son nuestros ojos en este caminar por la vida, pero la esperanza son nuestras piernas. Si ella no podríamos avanzar.
La fe nos sana y libra de las garras del miedo, pero la esperanza nos asegura que después de la tormenta siempre saldrá el Sol.
Cuando el dolor y la desesperación nos amenacen, cuando el viento de la vida estremezca nuestro corazón, cuando el mar de los problemas nos abrume, pidamos al Espíritu de Confianza que fortalezca nuestra fe.
El Evangelio nos invita a no perder la fe. Si perdemos la fe estaremos perdidos, el miedo se apoderará de nosotros y viviremos como si estuviéramos muertos.
A pesar de las guerras, los conflictos, el terrorismo, la violencia, el odio, la venganza, el hambre, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, nuestra fe se apoya en un Dios que nos dice que siempre vendrán tiempos mejores.
Nuestra fe no solamente está puesta en una vida en el más allá.
Nuestra fe se convierte en el presente en una fuerza transformadora. Eso quiere decir que nosotros los cristianos no nos quedamos con las manos cruzadas ante las situaciones difíciles.
Nosotros hacemos algo. Nos convertimos en hombres y mujeres que trabajan por la justicia y la paz, buscamos medios y estrategias para erradicar la pobreza y la enfermedad, para proteger el medio ambiente, para salvaguardar la vida, para traer una palabra de aliento a aquellos que la están pasando mal.
No tengamos miedo. Creamos en esa fuerza del corazón, que experimentamos y llamamos fe, que nos hace mover montanas aun en los momentos de fragilidad y confusión.

lunes, 22 de junio de 2009

QUE ES EL TIEMPO ORDINARIO

Tiempo Ordinario no significa de poca importancia, anodino, insulso, incoloro. Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación.
Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano. Y además, ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas, de las 52 que hay.

El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres…así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios. Esta es la gracia que debemos buscar e implorar de Dios durante estas 33 semanas del Tiempo Ordinario.


Crecer. El que no crece, se estanca, se enferma y muere. Debemos crecer en nuestras tareas ordinarias: matrimonio, en la vida espiritual, en la vida profesional, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en todo esto! El Tiempo Ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios, ejercitarnos en virtudes, crecer en santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación, en tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está atento y tiene fe y amor!
El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical de la misa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos”. Este Tiempo Ordinario se divide como en dos “tandas”. Una primera, desde después de la Epifanía y el bautismo del Señor hasta el comienzo de la Cuaresma.
Y la segunda, desde después de Pentecostés hasta el Adviento. Les invito a aprovechar este Tiempo Ordinario con gran fervor, con esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es tiempo de gracia y salvación. Encontraremos a Dios en cada rincón de nuestro día. Basta tener ojos de fe para descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en nuestro egoísmo y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. Y durante este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano ora a su Padre, y después durante el día se desvive llevando la salvación a todos, terminando el día rendido a los pies de su Padre, que le consuela y le llena de su infinito amor, de ese amor que al día siguiente nos comunicará a raudales. Si no nos entusiasmamos con el Cristo apóstol, lleno de fuerza, de amor y vigor…¿con quién nos entusiasmaremos?

XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

¿No te importa que nos hundamos?
El evangelio de hoy nos describe el mal momento que vivieron los discípulos, cuando una tempestad los sorprendió en medio del lago. Fácilmente podemos identificarnos con los atemorizados navegantes pues todos nosotros, en algún momento, nos hemos sentido impotentes ante acontecimientos que nos superan. En la descripción que hace el evangelista Marcos, se destacan dos sentimientos, el temor y la duda. Nos dice el texto que “de pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua”. Las fuerzas de la naturaleza nos recuerdan lo débiles y vulnerables que somos. Aunque el hombre de hoy se crea un súper hombre, en los momentos más difíciles siempre es vulnerable y ese temor experimentado va acompañado de una profunda crisis de confianza en Jesús.

Detengámonos a analizar las connotaciones de la duda que conmociona a los discípulos:
· Ellos no cuestionan su poder, pues lo han visto resucitar muertos y hacer caminar a los paralíticos. Se trata de una duda ética: han puesto en duda que a Jesús le importen sus vidas y su seguridad: ·”Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Es una pregunta de reclamo de Amistad ante la impotencia que se experimenta, cuántos de nosotros muchas veces le gritamos a Dios con fuerza Donde estas!! O dónde estabas cuando todo esto paso? O que hago ahora que estoy metido en medio de todo esto?

· Esta recriminación es demoledora pues cuestiona la relación de confianza y compromiso que Jesús estaba construyendo en su ministerio apostólico. Jesús – que se identificaba con el buen pastor que se enfrenta al lobo para proteger al rebaño – tuvo que sentirse muy mal al escuchar semejante comentario. Su proyecto de vida era la solidaridad; su misión era dar la vida como suprema expresión de amor. ¡Y sus amigos interpretan torcidamente su silencio!, los seres humanos siempre interpretamos de otra manera el silencio de Dios, nunca sacamos una enseñanza de sus pruebas, porque creemos que somos más sabios que el mismo Dios. Y hasta nos olvidamos de el y de nuestros mismos hermanos que van en la barca con nosotros

· Uno de los indicadores más expresivos de la calidad humana de alguien es su capacidad de tender la mano en las situaciones críticas. En esos momentos conocemos a los verdaderos amigos. Tenemos que aceptar que este indicador tiene un pésimo desempeño en nuestra sociedad. Ante el drama ajeno simplemente comentamos ¡de malas!, y seguimos nuestro camino.

Este relato de la tempestad, nos invita a reflexionar sobre la fe: ¿qué significa tener fe en Dios? y cual debe de ser nuestra respuesta a los cuestionamientos a esa fe, que Dios va poner a base de pruebas y tempestades, que quizás nos enojen o nos depriman en un momento determinado. Ante esto tenemos que ser verdaderos creyentes.
El verdadero creyente no espera manifestaciones espectaculares de Dios en su vida. La fe adulta establece una relación de confianza con Dios, la cual se va enriqueciendo en la vida diaria de una manera discreta y silenciosa. Se trata de encontrar a Dios en la agenda cotidiana.
· La fe adulta no espera que Dios resuelva los problemas afectivos, económicos o de salud. Hay personas que tienen una comprensión equivocada sobre la forma como Dios actúa en el mundo. Dios nos ayuda a resolver nuestros problemas dándonos el valor para afrontarlos y, mediante la acción del Espíritu Santo, sugiriéndonos posibles caminos de solución. La responsabilidad recae sobre nosotros.
El mensaje central que nos transmite el evangelio de este domingo es la confianza en Dios: “Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: ¡cállate, enmudece! Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: ¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?”

Los discípulos salieron sanos y salvos porque se habían embarcado con Jesús. Si Jesús no hubiera estado con ellos, probablemente la aventura no habría tenido un final feliz. ¡Ahí está el secreto! Embarquémonos con Jesús. Que la joven pareja que se acerca al altar para prometerse amor y fidelidad invite a Jesús a ser su compañero de travesía… Que el profesional que cada día se dirige a su lugar de trabajo haga de Jesucristo el socio con el que consulta sus decisiones y proyectos… Que las personas que se sienten solas escojan a Jesucristo como su confidente con el que comparten sus dudas y preocupaciones…
Si nuestro grito es oración, que fantástico grito de auxilio que será escuchado de forma positiva y engalanadora en nuestra vida, porque la oración calma cualquier tempestad, cualquier duda, cualquier tormento y fracaso que haya, pero si es un grito de desconfianza en la providencia del maestro, y esa desconfianza se vuelve duda y falta de fe tendremos que escuchar las duras palabras que Jesús le dice, ¿Por qué son tan cobardes? ¿Por qué dudan? ¿Aun no tienen fe?.

Con estas duras frases quiere hacernos entrar en razón, los cobardes siempre tienen miedo a las pruebas, y no son capaces de crecer y de dejarse moldear. Los cristianos de hoy estamos llamados a afrontar las tormentas de la vida con valentía y con coraje armados de fe en Jesús que nunca nos abandona, esa llamada a la fe que Jesús nos hace hoy es una llamada a hacernos entrar en razón y a cuestionarnos a nosotros mismos si nuestra fe es solida o simplemente es una fe aparente e interesada, que no está dispuesta a soporta pruebas y dificultades, para solidificarse en Cristo.

La iglesia está cansada de cristianos cobardes y flojos que no son capaces de luchar para vencer las adversidades y dolores que el ser cristiano conlleva, animémonos a vencer nuestras propias tormentas junto con Jesús que esta junto a nosotros en este convulsionado mar de la vida, que a veces parece que nos hunde y nos veces, pero recuerda Cristiano, ¡No estás solo! El está con nosotros en esta barca, solo seguimos su propio proyecto.

· Como los discípulos, también nosotros nos hemos sentido atemorizados y llenos de interrogantes en las tempestades que hemos padecido. No pretendamos viajar solos. Invitemos al buen Dios para que suba a nuestro barco y sea compañero de travesía. Con Él a bordo lograremos llegar al puerto y cumplir nuestra misión.

domingo, 7 de junio de 2009

SE NECESITAN HEROES…

En estos días en que muchos medios de comunicación social se tomado la tarea de desprestigiar el sacerdocio por la caída de un solo hijo de la iglesia que se equivoco, quiero contrarrestar en este blog, ese flagelo en contra del sacerdocio ministerial que es visto por muchos como algo que no tiene sentido y que no se puede vivir de formal fiel y bien llevada. Y lo digo como testigo y como sacerdote.
Quienes somos los sacerdotes, es la gran pregunta del mundo moderno, solo somos hombres especiales tomados de entre los hombres y puestos al servicio de nuestros mismos hermanos, dice la carta a los hebreos, somos elegidos de en medio del pueblo de Dios, no somos ángeles, somos humanos con una consagración divina.
Fuimos llamados de los lugares más sencillos y quizás de donde menos nos podríamos imaginas de ahí nos llamo Dios para ser ministros suyos, no lo hizo por nuestros meritos, creo que ningún sacerdote tiene los meritos necesarios para poder serlo. Sin embargo nos llamo. Por tanto, quisiera hacer un pequeño llamado a que viéramos no solo a nuestros hermanos sacerdotes que han fallado, que su humanidad les traiciono y no seamos jueces, sino que los encomendemos a nuestras oraciones como tal… Pero que así como esos pocos han caído hay muchos que se mantienen al pie del cañón luchando por ser fieles y trabajando incansablemente por el reino de los cielos, trabajando en fidelidad y desinteresadamente en tantas y tantas parroquias de misión, hombres que se han desgastado por la mies, a esos hombres los medios no les hacen caso, a esos que están en las selvas del África, del amazonas, a esos que se encuentran atendiendo los enfermos y débiles, a esos que por aos y años, formaron y enseñaron y forjaron la fe y la humanidad a esos no les prestamos atención, a esos valientes y santos hombres hoy les recuerdo y les admiro.
No deberíamos escandalizarnos por que se nos persigue en estos tiempos, Jesús mismo nos lo dijo, si me persiguen a mí, los perseguirán a ustedes por mi causa, por tanto, hoy pongo un grito a la humanidad, Jóvenes se necesitan Héroes, que se comprometan a decir si a el proyecto de Jesús, Si a su obre, SI al llamado sacerdotal…. TE has puesto a pensar que puedes ser un héroe siguiendo a Jesucristo…. Piénsalo y recuerda que la mies es mucha y los obreros pocos…. Ven y sígueme… dice el maestro. Porque no decir si….

SER SACERDOTE PORQUE NO?

DOMINGO DE LA SANTISIMA TRINIDAD

El misterio de la Santísima Trinidad es un gran misterio: un solo Dios en tres Personas, misterio grande pues se refiere a la esencia misma de Dios, y grande también por lo imposible de entender y de captar cabalmente, menos aún de explicar, pues es una verdad que sobrepasa infinitamente las capacidades intelectuales del ser humano.
Muchos Teólogos que lo han estudiado han tratado de hacerlo accesible al hombre común. Y han tratado de explicar lo de las Tres Personas y un solo Dios mediante diversos símiles, tratando de ponerlo al alcance de todos. Uno de estos símiles, tal vez el más convincente, es el de comparar a las Tres Divinas Personas con tres velas encendidas, cuyas llamas se unen formando una sola llama. Todas las comparaciones humanas, sin embargo, quedan cortas, como es todo lo humano al referirlo a la infinidad de Dios. El Misterio de la Santísima Trinidad es una verdad que está muy ... muy por encima de nuestras capacidades intelectuales, pues entre nuestra inteligencia y la Sabiduría de Dios existe una distancia ¡infinita¡
Se cuenta que mientras San Agustín se encontraba preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, le pareció estar caminando en la playa frente a un mar inmenso. Vio de repente a un niño que se distraía recogiendo agua del mar con una concha de caracol y tratando de vaciarla en un hoyito que había hecho en la arena. Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito. San Agustín, por supuesto, se dio cuenta de que era imposible que el niño lograra esa absurda pretensión. Entonces le dijo al niño: “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!” Y el Niño le replicó: “Esto no es más imposible de lo que es para ti meter el misterio de la Santísima Trinidad en tu cabeza”. Y con estas palabras el “Niño” desapareció. Así es nuestro intelecto: tan limitado como es el hoyito para contener el agua del mar, sobre todo cuando trata de explicarse verdades infinitas como este misterio. Sin embargo, lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario. Ciertamente, mientras estemos aquí en la tierra, podremos vivir este misterio de una manera oscura ... incompleta. Sin embargo, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es.
Posteriormente el Hijo nos va revelando al Padre y nos va llevando a El. Así nos dice Jesús: “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer” (Mt. 11, 27). Recordemos nuevamente, entonces, que lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y recordemos que aunque aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario de una manera oscura, incompleta, en el Cielo podremos vivirlo a plenitud,
porque veremos a Dios tal cual es.
¿Cómo podemos vivir este misterio desde ya aquí en la tierra? Nos lo explica la Segunda Lectura: “Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios ... y podemos llamar Padre a Dios. Y si somos hijos de Dios también somos herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Rm. 8, 14-17). ¿Nos damos cuenta del privilegio que es poder llamar ¡nada menos que a Dios! “Padre”?
¿Cómo percibir las inspiraciones del Espíritu Santo? ¿Cómo ser dóciles y obedientes a esas inspiraciones? La clave está en la oración -la oración sincera. La oración nos abre al Espíritu Santo. Debemos orar para escuchar al Espíritu Santo. El es como una suave brisa, a la que hay que estar atentos para poderla percibir (cf. 1ª Re 19, 11-13). Debemos orar para permitirle que haga en cada uno de nosotros su obra de santificación. Así podremos vivir desde la tierra este misterio de la unión de nosotros con Dios. Y esa unión de nosotros con Dios no se queda allí, sino que tiene, como consecuencia segura, la unión de nosotros entre sí. Tal vez con esta explicación se nos haga más fácil comprender esa bellísima y conmovedora oración de Jesús durante la Ultima Cena: “Que ellos sean uno, Padre, como Tú y Yo somos uno. Así seré Yo en ellos y Tú en Mí, y alcanzarán la perfección de esta unidad” (Jn. 17, 21-23). ¡Unidos cada uno de nosotros al Dios Trinitario, para así estar unidos entre nosotros por Dios mismo!

domingo, 31 de mayo de 2009

DOMINGO DE PENTECOSTES

Este domingo celebramos la fiesta de Pentecostés conocida también como “fiesta de las semanas” que era una fiesta con sentido agrícola, 50 días después de Pascua, y señalaba el fin de la cosecha. Para nosotros, los cristianos, tiene también, no ya un aspecto agrícola, sino más bien religioso, y eso sí, vemos el fin de algo y el comienzo de una nueva era, de una nueva etapa de la acción de Dios. El ruido, las ráfagas de viento, las lenguas de fuego nos recuerdan teofanías, visiones, manifestaciones extraordinarias de Dios en el Antiguo Testamento.
La liturgia conmemora la venida del Espíritu Santo, como queda relatada en la primera lectura, que es común a los tres ciclos litúrgicos.Esta lectura contiene dos escenas muy señaladas: la primera tiene lugar en una casa, la segunda en la plaza pública. En la primera vemos la transformación de unos individuos y, en la segunda, el resultado de dicha transformación. Podríamos hablar de un antes y un después. Antes de la venida del Espíritu Santo vemos a unos hombres un tanto incrédulos, bastante ignorantes y muy miedosos. Una vez que el Espíritu se posa sobre ellos, podemos ya hablar del valor, sabiduría y coraje que manifiestan. Durante su vida aquí en la tierra, el Espíritu de Dios acompaña a Jesús en su misión. Después de que él asciende a los cielos, el Espíritu está en sus discípulos para que lleven a cabo la misión que les ha comunicado.
La Fiesta de Pentecostés nos hace volver la mirada a la Torre de Babel: las diferentes lenguas separan al hombre, pero cuando el Espíritu está en medio, aunque hay multiplicidad de formas de expresarse, él nos dirige hacia la unión, hacia la fraternidad, hacia el entendimiento entre todos.En la segunda lectura San Pablo nos habla de las obras que proceden de la “carne” y los “frutos” que provienen del Espíritu. El contraste entre unos y otros se puede explicar como la diferencia que hay entre lo que es vida y lo que es muerte. Lo que viene de la carne, destruye; lo que procede del Espíritu da vida. El día de Pentecostés un gran número de personas quedaron transformadas. Todos aquellos que aceptaron al Espíritu sufrieron un cambio de corazón, ¿por qué, entonces, tantos de nosotros que hemos sido bautizados y confirmados, que profesamos ser “templos” de ese mismo Espíritu, no estamos del todo manifestando en nuestro comportamiento esos frutos de caridad, alegría y paz; generosidad, comprensión de los demás, bondad y confianza; mansedumbre y dominio de uno mismo?
También en el evangelio de esta festividad encontramos dos apartados. El primero lo encontramos en 15, 26-27. Esta es la tercera vez que Jesús anuncia el envío del Espíritu, Espíritu que vendrá a dar testimonio de Jesús y que hará que los discípulos también se conviertan en testigos de Jesús.En este eterno juicio-proceso que existe entre el bien y el mal, entre Jesús y los valores del mundo, entre lo que es vida y lo que da muerte: ¿cuál es mi testimonio? ¿qué clase de testimonio doy con mi comportamiento? ¿qué es lo que proclamo con mi modo de ser, pensar y actuar?En la segunda parte del evangelio (16, 12-15) encontramos el quinto anuncio de la venida del Espíritu, Espíritu que guiará a los discípulos hacia toda la verdad, hacia el conocimiento del Cristo total: su persona y su mensaje. El mismo Jesús se había declarado ser “el camino, la verdad y la vida”. El Espíritu hará posible que el discípulo acepte la verdad en su grandiosa y salvífica totalidad.“Envía tu espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra”.

QUIEN ES EL ESPIRITU SANTO

El apóstol San Pablo en su primera carta a los Galatas, nos dice: "Nadie puede decir: ¡Jesús es el Señor! sino por influjo del Espíritu Santo" (1Co 12,3). Muchas veces hemos escuchado hablar de Él; muchas veces quizá también lo hemos mencionado y lo hemos invocado. Piense cuántas veces ha sentido su acción, cuando sin saber cómo, ha soportado y superado situaciones difíciles, ha salido adelante, se ha reconciliado, ha sido capaz de aceptar, perdonar, amar y hasta hacer algo por esa persona que en algún momento de su vida le ha ofendido… Esa fuerza interior que no sabe de dónde sale, es nada menos que la acción del Espíritu Santo en su vida que, desde su bautismo, habita en usted.

El Espíritu Santo ha actuado durante toda la historia de la humanidad pero, es Nuestro Señor Jesucristo quien lo presenta oficialmente: "Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y les dará otro Defensor que permanecerá siempre con ustedes. Este es el Espíritu de Verdad… En adelante el Espíritu Santo Defensor, que el Padre les enviará en mi nombre, les va a enseñar todas las cosas y les va a recordar todas mis palabras. … En verdad, les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Defensor no vendrá a ustedes. Pero si me voy se lo mandaré. Cuando él venga, rebatirá las mentiras del mundo… Tengo muchas cosas más que decirles, pero ustedes no pueden entenderlas ahora.

Pero cuando Él venga, el Espíritu de la Verdad, los introducirá en la verdad total" (San Juan, capítulos 14, 15 y 16). Cuando éramos niños, en el catecismo aprendimos que "el Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad". Es esta la más profunda de las verdades de fe: habiendo un solo Dios, existen en Él Tres Personas distintas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Verdad que Jesucristo nos ha enseñado con claridad en el Evangelio
, él nos presenta al Espíritu Santo diciendo: "El Padre os dará otro Paráclito" (Jn 14,16).

El abogado defensor es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, los salva del peligro de perder la vida y la salvación eterna.
Esto es lo que ha realizado Cristo, y el Espíritu Santo es llamado "otro paráclito" porque continúa haciendo presente la redención con la que Cristo nos ha librado del pecado y de la muerte eterna. El Espíritu Santo viene a guiar la vida de todos los discípulos del Señor, en aquel tiempo y en el nuestro: “Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga Él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros” (Jn 16,12-15).

sábado, 16 de mayo de 2009

El NOS AMO PRIMERO
Jn 15, 9-17

Después de tantos domingos celebrando la pascua, la resurrección del Señor, llegamos a lo central de la vida cristiana: el amor. Hoy las tres lecturas dan vueltas a lo mismo: la cuestión es amar. Ahí es donde se juega nuestro seguimiento, nuestra fe en Dios. Hay una cuestión que no hay que olvidar en esto del amor: es que él nos amó primero. No hay que olvidarlo nunca. Lo nuestro es amor de respuesta, por así decir. No tenemos más que volver los ojos a él para darnos cuenta. Lo nuestro no es más que agradecimiento, acción de gracias. Si se quiere, lo mínimo que puede hacer una persona educada ante el que le tiende la mano en la dificultad.
Dios es el que se ha acercado a nosotros. Se encarnó. Se hizo como nosotros. Se hizo uno de nosotros. Compartió nuestros caminos y nuestro pan y nuestro vino. El pez asado y el sudor del cansancio en el trabajo. El gozo de la fraternidad y el desprecio de los que no quisieron escuchar su palabra cercana, reconciliadora, sanadora, salvadora. Él es nuestra imagen de Dios, nuestra forma de conocer a Dios. Su rostro es el rostro de Dios para nosotros. No hay otro medio ni otro camino.
Es lo que nos dice el Evangelio de este domingo. Es un texto que se abre con una afirmación en la que Jesús da testimonio de lo que ha sido su vida: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo” y que termina con un mandato, el único mandato, la única orden, la regla de las reglas, la que contiene todas y, sin embargo, nos abre a la mayor de las libertades: “Esto os mando: que os améis unos a otros”. No hace falta más.
Ahora podemos echar una mirada a nuestro alrededor. Salir a la calle y contemplarnos a nosotros mismos en nuestras relaciones con los demás, con los familiares y vecinos, con los amigos, con los compañeros de trabajo... Podemos recordar nuestros comentarios sobre los políticos, sobre los personajes que vemos en la televisión. Y mirar si nosotros somos capaces de “amar primero”. Porque ahí está la jugada, la clave de nuestro ser cristiano. Seguir a Jesús no es sólo “amar”. Es algo más. Es “amar primero”. Ahí es donde experimentaremos el gozo y la alegría de ser como Jesús y, por tanto, como Dios.
Así comenzaremos a construir el Reino, ese espacio de fraternidad y gozo y paz que, a veces, sólo algunas veces, somos capaces de experimentar en nuestra vida. En ese esfuerzo estaremos contribuyendo a que este mundo sea mejor (no se trata de pensar en el otro mundo sino en este, aquí y ahora). E iremos haciendo realidad el sueño de Dios para nosotros, el sueño que nuestro Creador soñó para sus creaturas y que se frustró en el Calvario y que, a trancas y barrancas, Dios logró sacar adelante resucitando a Jesús de entre los muertos.

viernes, 15 de mayo de 2009

EL PODER VICTORIOSO DEL SANTO ROSARIO

Hasta ahora se ha considerado como la mejor definición del Rosario, la que dio el Sumo Pontífice San Pío V en su "Bula" de 1569: "El Rosario o salterio de la Sma. Virgen, es un modo piadosísimo de oración, al alcance de todos, que consiste en ir repitiendo el saludo que el ángel le dio a María; interponiendo un Padrenuestro entre cada diez Avemarías y tratando de ir meditando mientras tanto en la Vida de Nuestro Señor".
El Rosario constaba de 15 Padrenuestros y 150 Avemarías, en recuerdo de los 150 Salmos. Ahora son 20 Padrenuestros y 200 Avemarías, al incluir los misterios de la luz. La palabra Rosario significa "Corona de Rosas". Nuestra Señora ha revelado a varias personas que cada vez que dicen el Ave María le estan dando a Ella una hermosa rosa y que cada Rosario completo le hace una corona de rosas. La rosa es la reina de las flores, y así el Rosario es la rosa de todas las devociones, y por ello la mas importante de todas.


El Rosario esta compuesto de dos elementos: oración mental y oración verbal. En el Santo Rosario la oración mental no es otra cosa que la meditación sobre los principales misterios o hechos de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre. Estos veinte misterios se han dividido en cuatro grupos: Gozosos, Luminosos, Dolorosos y Gloriosos. La oración verbal consiste en recitar quince decenas (Rosario completo) o cinco decenas del Ave María, cada decena encabezada por un Padre Nuestro, mientras meditamos sobre los misterios del Rosario. La Santa Iglesia recibió el Rosario en su forma actual en el año 1214 de una forma milagrosa: cuando Nuestra Señora se apareciera a Santo Domingo y se lo entregara como un arma poderosa para la conversión de los herejes y otros pecadores de esos tiempos. Desde entonces su devoción se propagó rapidamente alrededor del mundo con increíbles y milagrosos resultados. Entre las varias formas y modos de honrar a la Madre de Dios, optando por las que son mejores en si mismas y mas agradables a Ella, es el rezo del Santo Rosario la que ocupa el lugar preminente. Vale la pena recordar que entre las variadas apariciones de la Santisma Virgen, siempre Ella ha insistido en el Rezo del Rosario. Es asi como, por ejemplo, el 13 de Mayo de 1917 en un pueblo de Portugal llamado Cova de Iria, la Santisima Virgen insiste con vehemencia el rezo del Rosario a los tres pastorcitos, en una de sus muchas apariciones a estos tres videntes.
Siendo un sacramental, el Santo Rosario contiene los principales misterios de nuestra religion Catolica, que nutre y sostiene la fe, eleva la mente hasta las verdadades divinamente reveladas, nos invita a la conquista de la eterna patria, acrecienta la piedad de los fieles, promueve las virtudes y las robustece. El Rosario es alto en dignidad y eficacia, podria decirse que es la oracion mas facil para los sencillos y humildes de corazon, es la oracion mas especial que dirigimos a nuestra Madre para que interceda por nosotros ante el trono de Dios. El Santo Rosario prolonga la vida liturgica de la Iglesia pero no la sustituye, al contrario enriquece y da vigor a la misma liturgia. Es por ello, que el Santo Rosario se enmarca como una plegaria dentro de la religiosidad popular que contiene un gran tesoro de volares que responde con sabiduria cristiana a los grandes interrogantes de la existencia.
El pueblo latinoamericano es profundamente Mariano, reconoce con una gran sabiduría popular católica, que llegamos a Jesús Salvador a través de Maria Santísima su Madre y desde los mismos tiempos del descubrimiento y de la conquista de América, se genero una gran devoción por la Virgen Maria; en Ella, nuestros pueblos siempre han mirado el rostro maternal de quien nos trajo la salvación y con la primera manifestación explicita de la Reina del Cielo en tierra americana, con rostro y figura de mujer mestiza, en México, se acrecentó aun mayor el amor y la devoción a ella en todos los países hispano parlantes, reconociéndola como nuestra propia Madre, llena de amor, de misericordia y de piedad para con sus hijos. Sentimiento que va en relación directa con el origen mismo de la Maternidad Divina: Maria es Madre de Dios Redentor es también verdaderamente la Madre de todos los miembros de Cristo, porque Ella colaboro con su amor a que nacieran en la Iglesia, los creyentes, miembros de aquella cabeza que es Cristo.
El paso del tiempo, las costumbres modernas, y la innovación de formas de oración, no pueden dejar a un lado el rezo del Santa Rosario. De hecho, los Santos Padres y los Santos han tenido una profunda devoción a este sacramental, nosotros como católicos y como amantes de la Reina del Cielo hemos de ser fervientes devotos del Rosario. Es digno de recordar que la familia que reza unida permanece unida, Que la recitación piadosa y consciente del Santo Rosario nos traiga la paz al alma y nos una mas estrechamente a Maria para vivir auténticamente nuestro cristianismo

sábado, 9 de mayo de 2009

FELIZ DIA DE LAS MADRES

NUESTRAS MADRES UN REGALO DIVINO
Recuerdo hace algún tiempo cuando era estudiante en mis primeros años, que el mes de mayo era esperado con muchas ansias y alegría, y era por muchas razones, es el mes de las flores, el mes de las frutas, entre otros, pero una de ellas que era la más importante, era, por que en este mes se celebra el día de la madre, no se hoy, pero en esa época lo celebrábamos con que dedicación y esmero, nuestros profesores nos hacían ensayar números artísticos, y preparar poemas, canciones y organizar esa fiesta, repartir las invitaciones impresas en la dirección en aquel antiguo aparato que se giraba con la mano, luego coloreábamos el dibujo, que el profesor o profesora de estética, había dibujado con sus propias manos con mucha dedicación en la invitación, (que por cierto aun conservo una de recuerdo) para llevarla a nuestras mamás con mucha emoción y alegría; qué tiempos aquellos, verdad. Y es que, no es para menos, celebrarle a esas mujeres tan maravillosas que nos ha dado parte de su vida, que nos han regalado la maternidad en una DONACIÓN de sí mismas: en el servicio desinteresado, y la preocupación constante por nuestra vida y nuestra salud, la entrega personal, abnegada y amorosa, que cada día en nuestras vidas.Creo que son el ángel, que Dios nos regalo para plasmar su amor puro y desinteresado en nuestras vidas, y le dio un nombre muy especial, le llamamos MAMA, y es que las dotó con un corazón grande y una capacidad de perdonar y aceptarnos ilimitada, y una sabiduría innata que es única en ellas. Ellas son las únicas capaces de querernos por lo que somos no por lo que tenemos.Admirablemente es el único ser en la tierra que es capaz de arrancar su corazón por sus hijos, son mujeres de Fe, de esperanza y caridad, son mujeres de sacrificio profundo y continuo, son mujeres desinteresadas y dispuestas a darlo todo para conseguir nuestra felicidad, son un ejemplo de ese amor puro y sublime de Dios. Es por ello que como hijos debemos de estar siempre agradecidos con Dios por darnos una madre como la que tenemos, y vivir siempre agradecidos con ellas por su incansable amor y dedicación a nuestro cuidado, y esto desde que nos empezamos a formar en su vientre, y desde allí nos comenzaron a alimentar con su misma vida, con su misma alma, con su mismo amor. Todos tenemos parte de sus vidas en nuestra vida, todos tenemos parte de su ser en nuestro ser, todos tenemos su sangre y su amor en nuestras vidas, porque ellas son vicarias de Dios para transmitirnos la vida. No entiendo y nunca lo he entendido, como pueden haber hijos e hijas que no sean capaces de ser agradecidos con su madre, que las tratan mal, que las insultan, que las desprecian, que se avergüenzan de ellas por su sencillez y humildad, porque tienen esas manos curtidas y rotas por el trabajo, porque el paso de los años les ha dejado una huella infranqueable en sus rostros, en sus ojos y en su cabellos; y todo porque, por ser madres, por esforzarse para que tuviéramos lo que tenemos y para que fuéramos lo que somos, trabajaron y se esforzaron para conseguir nuestro alimento, y nuestro desarrollo y ahora tienen una mirada cansada y fatigada, pero llena de esperanza, de fe y de calidez que solo ellas pueden dar. No las ignores, no las trates mal, no las desprecies, ni las veas con recelo, recuerda que antes de tener todo lo que tienes, Dios te la regalo a ella, sintámonos orgullosos de ellas, porque ellas se sienten orgullos de nosotros, aun así hallamos cometido lo errores que hayamos cometido.Hace algunos meses aquí en la parroquia, se presento una persona y con lagrimas en los ojos, diciéndome que no hallaba como hacer porque tenía un cargo de conciencia, le pregunte porque, me contesto- porque mi madre acaba de fallecer y en vida la trate muy mal, se fue y no le pude decir lo mucho que la quería, y por mis caprichos y ambiciones le hice pasar momentos amargos, y difíciles, nunca le ayude porque creí que así me iba a aceptar mis errores y equivocaciones y la deje morir sola- y por ello quiero, me dijo, que le celebre un acto funeral de lo más elegante que pueda, y quiero enterrarla en el cementerio más caro y costoso de Arlington, con una tumba de granito y mármol… no dije nada, solo guarde silencio, pero me quede pensando, que ignorantes y necios somos los hijos con nuestra madre, creemos que somos más sabios que ellas, solo porque quizás fuimos a la universidad, o tenemos alguna que otra comodidad, cuando ellas quizás no saben leer ni escribir, y nos aconsejan o corrigen, y las vemos como desfasadas y equivocadas porque no aceptan que estemos en el error, muchos las tratan mal y hasta las explotan, y al final cuando se van, cuando Dios las reclama para sí, nos quedamos solos y con cargos de conciencia, haciendo gastos absurdos que ya no llenan nada, quieren tranquilizar su conciencia, con lapidas caras y espectáculos de dolor, cuando en vida no fueron capaces de agradecer lo mucho que les dieron. En vida hermano, en vida, ahora que la tienes con tigo, hazle sentir que la quieres, ayúdale en todo lo que este a tu alcance, sácala a pasear, dile que la quieres, regálale algo, dale ese beso que nunca le has dado, dile que te sientes orgulloso de ella, y hazla sentirse orgullosa de ti. En lo particular, yo cada día le agradezco a Dios por la madre que me dio, y me siento orgulloso de tenerla, porque soy lo que soy porque ella siempre ha estado ahí con migo, sus consejos y enseñanzas son siempre la mano de Dios en mi vida. Madres, gracias por ser como son Dios las bendiga siempre y perdónenos que nosotros como hijos a veces no valoramos su amor y su sacrificio. FELIZ DIA DE LAS MADRES, mis oraciones las ofreceré por ustedes en este día. Que Dios las bendiga.

QUINTO DOMINGO DE PASCUA

UNA VIDA FECUNDA
Jn. 15, 1-8
El texto evangélico de este domingo nos ofrece la imagen de la vid y los sarmientos. Jesucristo, la vid verdadera, y nosotros los sarmientos destinados a dar mucho fruto. Es la imagen de una vida fecunda que proviene de la unión con Jesucristo, y que es participación en la fecundidad del Servidor Resucitado. Una de las necesidades básicas del ser humano -a nivel sicológico- es la de saberse útil, de experimentar que “sirve para algo”, sin importar aún mucho para qué. Sentirnos útiles y sabernos eficaces nos conecta con el delicado aspecto de nuestra autoestima y la necesidad de ser valorados por otros. Se trata, pues, de algo bien importante y delicado en el ser humano. La necesidad de ser eficaces toca todos los ámbitos de la vida, también nuestra vida de fe y nuestro caminar como Iglesia. El texto evangélico de hoy viene a decirnos que Dios quiere que su viña produzca los frutos que Él espera, y nos señala dos condiciones para tal fecundidad: someterse a la “poda”, que es ser purificado por la Palabra (cf. Jn 15, 2 - 3), y permanecer unidos a Jesucristo como los sarmientos a la vid (cf. Jn 15, 4 - 5). Tal como la viña necesita cada año ser podada y desinfectada, así la Palabra de Dios viene constantemente a purificarnos de todo cuanto nos impide una vida fecunda. Someter nuestra vida personal y eclesial a la acción purificadora de la Palabra -frente a las búsquedas de eficacias mundanas- es el inicio de toda fecundidad: “ustedes están limpios gracias a la Palabra que les he anunciado” (Jn 15, 3). Si tal es el inicio de la fecundidad de la viña de Dios, permanecer unidos a Jesucristo es la condición indispensable. No se trata de una simple cercanía, de una evocación histórica o sentimental, de una unión retórica o de una mera pertenencia externa, formal en todo lo “institucional”. Se trata de -dice Jesucristo- de “permanecer en mí” (Jn 15, 4ss), en una íntima comunión de vida y misión. Es aquel “permanecer” que San Pablo expresará repetidamente como “vida en Cristo” -algunos estudiosos han contado hasta 164 veces que Pablo utiliza, en modos diversos, esta expresión-, de manera que en esta unión el cristiano pueda llegar a decir, en palabras de Pablo, “ya no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mí” (Gál 2, 20).Es un hondo paso de fe personal y eclesial entrar en la convicción que sin esta unión a Jesucristo nada podemos hacer, porque siempre experimentamos la tentación de “otras eficacias”: del poder mundano, de los medios económicos, de las influencias de los poderosos, del prestigio, del peso cultural, etc... Nada de eso puede ocupar el lugar de una “vida en Cristo”, sin la cual nos condenamos a la esterilidad según el Evangelio. La acción del Espíritu viene en nuestro auxilio, y siempre purifica a la Iglesia y a cada creyente que se somete a la Palabra. Permanecer en Jesucristo será siempre permanecer en la eficacia según Dios, la eficacia del camino del Siervo; ésta es una gracia a acoger siempre de nuevo en la respuesta de nuestra libertad.
Ser discípulo de Jesucristo es vivir como miembro vivo de la Iglesia; no es posible permanecer en Jesucristo si no es en la unión de todos los sarmientos a la vid. Permanecer en Jesucristo es permanecer en la Iglesia -la viña de Dios llamada a ser fecunda- en una comunión de vida, misión y destino.
El fruto de la unión a Jesucristo es la caridad, y sus variadas expresiones de los frutos del Espíritu (cf. Gál 5, 22). El fruto por excelencia es siempre la presencia de Jesucristo en nuestro mundo; Él es el fruto del Espíritu que se manifiesta al mundo con nuestra libre colaboración. En nuestra cultura actual, marcada -entre otras cosas- por una compulsiva búsqueda de “eficacias”, es importante que no olvidemos nunca que la persona más eficaz de toda la historia es la Virgen María -sí, tal cual-, pues es la que se somete totalmente a la Palabra (“hágase en mí según tu Palabra” Lc 1, 38) y es la que por su libre colaboración trae al mundo el fruto bendito, Jesucristo: “bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”.

viernes, 8 de mayo de 2009

PADRE ALBERTO, ¡¡LEVANTATE!! HAY MUCHO POR HACER

Como es sabido por todos en estos días hemos estados observado con desilusión y anonadamiento la tan lamentable noticia de nuestro querido Padre Alberto, digo nuestro porque es un hombre que supo ganarse el corazón de tantos y tantas cristianos católicos y no católicos en América Latina y el mundo entero, ha sido un hombre que se gano la fama por su inteligencia y entusiasmo, y ardua capacidad periodística en los medios católicos del área de Miami y a través de ahí a todo el mundo. Grandes preguntas han surgido en la mente de todos y grandes debates a despertado la noticia, muchos a favor muchos en contra, y muchos escandalizados por los ataques en contra de nuestra iglesia y de nuestra fe, pienso que lo peor que podríamos hacer es juzgar al Padre Alberto de forma despiadada e inmisericorde, ni mucho menos echarle piedras, – con esto no quiero decir que alabo el hecho de que le hayan tomado fotos a la orilla de la playa con una mujer, ni que este correcto que haya tenido una amante, por el simple hecho de que es sacerdote – lo que quiero decir es que comprendamos que es un ser humano como todos, y que los seres humanos nos equivocamos y caemos, y cometemos errores, o es que los que se están desviviendo en criticas en contra de él nunca han cometido faltas ni pecados, todos estamos propensos a cometer errores y quizás más grandes que este que ha salido a la luz pública. Es muy triste que cuando uno de nosotros cae, y comete un error los mismos laicos son los que se nos echan encima con criticas desgarradoras y condenas como si no tuviéramos derecho a equivocarnos, creo y pienso que los feligreses, los laicos deberían de entendernos como humanos que somos y ayudarnos a ser mejores sacerdotes con su amistad, su cariño y oración de manera sublime y desinteresada. Hago un llamado a todos aquellos a que tomemos estos momentos con calma, con tranquilidad, solo es un momento difícil por el que estamos pasando, no pequemos mas poniéndonos como jueces y como fiscales en contra del Padre, en vez de hacer juicios, el mismo apóstol Santiago lo dice en su carta “quien eres tú para juzgar al prójimo?”(Sant. 4,12) mejor pidamos para que el sepa tomar una decisión acertada para su vida.
En cuanto a el, si pudiera decírselo personalmente – le diría, “ no tengas miedo, es de humanos caer, pero de cristianos levantarse, eres un hermano sacerdote y como hermano no te juzgo, te perdono y te entiendo, el demonio es astuto y sabe donde atacar y cuando, no permitas que los medios que te subieron a ese pedestal, te destruyan, no estás solo, cuestas con nuestras oraciones y nuestro apoyo moral, eres también un hijo de Dios, y como tal, tienes derecho a una segunda oportunidad, y a buscar tu felicidad. Alberto levántate no te quedes ahí estancado, en tu error, hay mucho por recorrer, los hombres se equivocan, pero los hombres sabios se levantan y rectifican sus errores, levántate que tienes un pueblo que pastorear, y amigos a quien ayudar… Estas en mis oraciones. Y todos también oramos para que sepas abrir tu mente y tomar una sabia decisión.

viernes, 1 de mayo de 2009

CUARTO DOMINGO DE PASCUA


“Yo soy el buen Pastor”
Jn 10, 11-18

Comenzamos la cuarta semana de Pascua y este domingo es conocido como el “domingo del Buen Pastor”.. Este es un domingo cuyas lecturas siempre me inquietan. Jesús en el evangelio (Jn. 10, 11-18) se nos presenta como “el Buen Pastor”.
El “pastor bueno” conoce sus ovejas y da la vida por ellas. Así lo hizo el “Buen Pastor” y, a eso mismo estamos llamados todos los que tenemos pastoreo a nuestro cuidado.
El cuidado del rebaño que se basa en la construcción de paredes y el uso de candados, el pastoreo por decreto y prohibición no es lo que Cristo nos dice, aunque en ocasiones esas cosas sean útiles e incluso necesarias, pero no hay nada mejor que el conocimiento personal de quienes se te han confiado (feligreses, estudiantes, hijos, ciudadanos) y la entrega de uno mismo a ellos, por su bien, por su protección contra el enemigo, por su salvación.
La imagen que Jesús nos presenta hoy es una representación exacta de un pastor, quien en aquella estaba en la peor parte de la sociedad, casi nunca tan limpia como la imagen muestra, probablemente muy agotada diariamente de su trabajo y con un pago muy bajo. Era una vida dura, un trabajo duro, porque el pastor tuvo que estar atento todo al tiempo, a sus ovejas, raramente quitando sus ojos de ellas. Cristo, es nuestro Buen Pastor. Y es claro en decirlo “Soy el Buen Pastor. El pastor que da su vida por sus ovejas.” No podemos dejar de ver que Él se refiere a su propia muerte y resurrección. “Yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla.” Jesús, da su propia vida colgado en la cruz, murió por nosotros y resucito al tercer día para abrir las puertas al cielo; para que podamos tener una parte en su familia divina. En el Buen Pastor vemos a la Víctima pascual que ha dado Su vida y la ha recobrado de nuevo. ¿Si Cristo es nuestro Pastor, pues que, significa ser las ovejas? ¿Cuál es el significado de nuestra existencia y identidad – quiénes somos y porque estamos acá - estamos envueltos en Cristo? La misión de Cristo algo universal, por virtud de su sacrificio en la cruz, nos abraza a nosotros. Su invitación, como el que se guarda en nuestras almas, personal e intimado. “Él llama a cada una por su nombre y las hace salir.” En el día de nuestro bautismo nos sellaron con la marca del Pastor quien nos ha reclamado por eternidad.


Cuando Él nos llama a venir cerca de Él, Él ve la marca y sabe en un instante que somos Suyos, exactamente como el pastor reconoce la línea pintada por la espalda de las ovejas. Este carácter dado a nosotros y que nos marca como hijos de Dios es para nosotros la razón para nuestra existencia. Lo es la señal para que podamos conocer a Jesucristo personalmente; tener unas relaciones personales con Él y estar con Él por toda la eternidad. Porque Él nos ha reclamado y tenemos una vida, por ninguno merito de nosotros, que no tendrá fin.
En este domingo del “Buen Pastor” tenemos que orar para que haya verdaderos “pastores buenos”, sin olvidar que también se necesitan “ovejas buenas” que buscan, que tratan de formar “un rebaño ideal”, ovejas que ayudan a sus pastores a un examen de conciencia y que, al mismo tiempo, reconocen toda esa gran labor que sus pastores hacen, incluso, en momentos difíciles, esa labor de cuidar un rebaño muy diverso, de reír con los que ríen y llorar con los que lloran, de orar con los que oran y de rezar por los que no lo hacen, de celebrar un bautismo y de acompañar al enfermo, de dar la bienvenida a los jóvenes y no negar el abrazo al que sufre y necesita, se pastor para ese que se encuentra desprotegido. Recordemos que: El “pastor bueno” conoce a sus ovejas y da la vida por ellas.

JORNADA MUDIAL DE ORACION POR LAS VOCACIONES

Hoy segundo Domingo de Pascua, la Iglesia nos propone la jornada mundial de oración por las vocaciones, y es por ello que nos unimos para pedir al dueño de la mies que nos envíe más obreros a su mies. La solemnidad de la Pascua nos da la oportunidad de renovar nuestra fe en Jesucristo Resucitado, que con su muerte nos da ejemplo de una entrega total, y con su victoria alienta nuestra esperanza divina.
Esta noble tarea de anunciar al mundo, la victoria del Resucitado, es posible si cada fiel es consciente y asume su compromiso bautismal y aumenta el número de hombres y mujeres que escuchen el llamado especial que Jesús les hace a consagrar su vida, de manera total, al servicio del Evangelio. Con ocasión de la Jornada Mundial de oración por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, que se celebra hoy 3 de mayo de 2009, Cuarto Domingo de Pascua, me el Santo Padre invita a todo el pueblo de Dios a reflexionar sobre el tema: La confianza en la iniciativa de Dios y la respuesta humana. Resuena constantemente en la Iglesia la exhortación de Jesús a sus discípulos: «Rogad al dueño de la mies, que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 38). ¡Rogad! La apremiante invitación del Señor subraya cómo la oración por las vocaciones ha de ser ininterrumpida y confiada. De hecho, la comunidad cristiana, sólo si efectivamente está animada por la oración, puede «tener mayor fe y esperanza en la iniciativa divina» (Exhort. ap. postsinodal Sacramentum caritatis, 26).


La vocación al sacerdocio y a la vida consagrada constituye un especial don divino, que se sitúa en el amplio proyecto de amor y de salvación que Dios tiene para cada hombre y la humanidad entera. El apóstol Pablo, al que recordamos especialmente durante este Año Paulino en el segundo milenio de su nacimiento, escribiendo a los efesios afirma: «Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, nos ha bendecido en la persona de Cristo, con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor» (Ef 1, 3-4). En la llamada universal a la santidad destaca la peculiar iniciativa de Dios, escogiendo a algunos para que sigan más de cerca a su Hijo Jesucristo, y sean sus ministros y testigos privilegiados. El divino Maestro llamó personalmente a los Apóstoles «para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios» (Mc 3,14-15); ellos, a su vez, se asociaron con otros discípulos, fieles colaboradores en el ministerio misionero.
Y así, respondiendo a la llamada del Señor y dóciles a la acción del Espíritu Santo, una multitud innumerable de presbíteros y de personas consagradas, a lo largo de los siglos, se ha entregado completamente en la Iglesia al servicio del Evangelio. Damos gracias al Señor porque también hoy sigue llamando a obreros para su viña. Aunque es verdad que en algunas regiones de la tierra se registra una escasez preocupante de presbíteros, y que dificultades y obstáculos acompañan el camino de la Iglesia, nos sostiene la certeza inquebrantable de que el Señor, que libremente escoge e invita a su seguimiento a personas de todas las culturas y de todas las edades, según los designios inescrutables de su amor misericordioso, la guía firmemente por los senderos del tiempo hacia el cumplimiento definitivo del Reino.
Oremos ardiente y constantemente por el incremento de vocaciones sacerdotales y religiosas que tanta falta nos hacen en la iglesia. La iglesia de hoy tiene de sed, de sacerdotes comprometidos en la labor de pastorear a su pueblo, por tanto, tengamos presente en quien hemos puesto nuestra confianza. Oh Jesús danos sacerdotes según tu corazón así sea

viernes, 24 de abril de 2009

TERCER DOMINGO DE PASCUA

"La paz sea con ustedes"
Lc. 24, 35-48
El evangelio de este domingo vuelve a situarnos en el cenáculo donde los
doce aun están reunidos, me imagino que aun con miedo, a lo que les pueda sobrevenir, me parece interesante la actuación de los doce, sus miedos, sus temores y sus dudas, porque me hace sentir seguro de que no fueron súper hombres como muchos piensan, fueron hombres normales com
o todos nosotros que les costó aceptar el milagro de la resurrección y que sin la gracia y la fuerza del Espíritu Santo no lo hubieran logrado.
El acontecimiento que vemos hoy, es un acontecimiento actual, porque cada domingo nos reunimos todos para celebrar y compartir, y Jesús, al igual que en el evangelio de hoy se hace presente en medio de nosotros en el sacramento de la Eucaristía.
Jesús se presenta a sus discípulos: Él les muestra su cuerpo, y los invita a observarlo de cerca, e incluso tocarlo, así como él hizo con Santo Tomás. Jesús quiere que los testigos de su resurrección estén completamente consientes de ésta asombrosa realidad: la vida eterna - la cual es Cr
isto mismo - no solo pertenece al alma inmaterial y espiritual, si no también, al mismo tiempo, al cuerpo humano, este elemento de la persona humana a través del cual entramos en comunicación con los demás.
Era tanta la alegría de los once y de todos los que con ellos estaban que el evangelio nos aclara diciendo:" Y como no acababan de creerlo por su gran alegría y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?» Ellos, entonces, le ofrecieron un pedazo de pescado asado y una porción de miel; lo tomó y lo comió delante ellos. "
Este episodio, en el cual el Señor resucitado come en compañía de sus discípulos, hace su intención aún mas manifiesta. De hecho, Jesús resucitado no tiene ninguna necesidad de comida: su cuerpo vivirá por siempre, sin temor de que en su vida le falte algo en lo absoluto. Por consiguiente, si Jesús quería comer pescado asado ante sus discípulos, solo era para darles un signo, el de la realidad corporal de la vida que, ahora y siempre, es la de Él. Jesús quería que sus Apóstoles sean auténticos testigos de esta realidad, la cual ha sido proclamada muchas veces en las Escrituras y la cual es ahora completamente vivida por Él, ¡el Maestro y Señor del universo entero!
Muchos hasta el dia de hoy miran con incredulidad y escepticismo la resurrección de Jesus y la de todos los que creemos en el también, y es porque no han entendido a plenitud lo que significa vivir, una vida resucitada, una vida en la verdad, una vida llevada con alegría a pesar de las tristezas de la cruz, una vida con sentido de resurrección, cuando los seres humanos nos dedicamos a vivir la vida solo por vivirla perdemos el sentido principal de nuestra vida, que es en realidad llevar una vida en Cristo. Nuestros cuerpos no son malos, son solo frágiles y nuestros miedos nos recuerdan que debemos de tomarnos de la mano del resucitado y alimentarnos de vida divina, manifestada en su cuerpo y en su sangre, pero al hombre de hoy se le ha olvidado que tiene mucho que aprender sobre su vida sobrenatural, y sobre su vida futura, y por ello se a dedicado a vivir una vida sin sentido, e infeliz, llamando felicidad a lo que no lo es, aprendamos a nosotros a disfrutar nuestra vida, partiendo de la resurrección de Jesus.
Conocer a Jesus resucitado, vivo para siempre, supone también una reorientación radical de nuestra vida en la que el tiempo, cada dia de nuestra vida debe de ser vivido y entendido a profundidad. Nunca es tarde para reorientar nuestra vida, y nuestro deseo de ser mejores ciudadanos en el mundo. Vivamos una vida de resurrección, invitando al mundo a vivir en paz y arminia como el saludo que Jesus dirige a sus discípulos cuando se aparece en medio de ellos. La paz este con ustedes. Luego " Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los profetas y en los salmos referente a mí.» Entonces les abrió la mente para que entendieran las Escrituras.
Los cuerpos resucit
arán, ellos son llamados para vivir eternamente, y nosotros por ser participes de su vida inmortal también estamos llamados a vivir ¡participando en la vida divina en Cristo! El Señor Jesús es el primero en experimentarlo en su persona entera, él es el que logró de lleno todo lo que las Santas Escrituras habían proclamado con respecto a la resurrección del cuerpo. Así, después de haber mostrado su cuerpo a sus discípulos, Cristo, justo antes de su Ascensión en el Cielo, explicó en detalle el significado de las sagradas escrituras que hablan de la glorificación del cuerpo en la vida eterna. Él quien estaba a punto de entrar a la Gloria del Cielo, con ambos su cuerpo y su alma, quería vivir esta única y eterna experiencia con sus Apóstoles, por medio de las Santas Escrituras. Esta es una lección para nosotros: tratemos de leer y de meditar sobre la Santa Escritura para encontrar en ella un anticipo para el Cielo, intentemos de abrir la Puerta del Cielo creyendo profundamente en la realidad de la resurrección del cuerpo. Particularmente hoy, ahora, durante esta celebración Eucarística dominical, después de haber leído y escuchado el evangelio de este día, pidámosle a la Santísima Virgen María que nosotros podamos recibir el Cuerpo de su Hijo con una gran fe, una esperanza santa, y una caridad sincera. ¡Que este Domingo sea el de Nuestra Resurrección en Cristo!

MARIA MADRE DEL RESUCITADO

Para muchas y muchos la celebración de la resurrección nos alegra tanto que hasta cierto punto dejamos de lado a un personaje de gran importancia en este acontecimiento. María, nuestra madre, nos alegramos tanto de ver a su hijo vivo en medio de nosotros que descuidamos que Ella también es parte de esa gloriosa resurrección. Ella como cualquier otra madre fue la única – me atrevo a decir - que creyó plenamente en que su hijo vencería a la muerte, y como santa humilde que es también guardo todo esto en su corazón a pesar del sufrimiento que embargo su ser de Madre
A los apóstoles les había costado mucho aceptar la muerte del Maestro. Pedro le dirá a Jesús, cuando les anuncia su pasión: “Señor, eso a ti no puede sucederte”. Por eso, cuando llegaron los azotes y la muerte violenta del Señor, los apóstoles se dispersaron y se quedaron muy tristes porque no se habían cumplido sus expectativas. No habían entendido que la muerte era el camino para la resurrección ni habían comprendido aquellas palabras que el Maestro les había dirigido a ellos y que hoy nos dirige a todos nosotros: “El que quiera ser discípulo mío, tome su cruz y sígame”. Cuando Jesucristo se les aparece después de su resurrección, les muestra las heridas de los clavos y come con ellos, se les caerá la venda de los ojos y entenderán todas las Escrituras. Inmediatamente, animados por el Espíritu, saldrán hasta los confines de la tierra, proclamando la resurrección del Señor y anunciando su salvación.
En medio de estos acontecimientos, como no podía ser de otra forma, aparece María, la madre de Jesús y la madre la Iglesia. Ella, junto al discípulo amado, con el corazón traspasado de dolor, se mantiene firme al lado de su Hijo. A lo largo de su vida ora, calla y responde a Dios con el “hágase” de la confianza. En contraposición a la fe débil de los apóstoles, María tiene una fe madura y probada. Desde el momento de la anunciación había dado un “Sí” definitivo e incondicional a Dios y por eso espera y confía que el Padre no abandonará para siempre a su Hijo bajo el poder de la muerte. Junto a la cruz su fe y el “Sí” a Dios alcanzan la más alta expresión. Con esa misma fe acoge el último encargo de Jesús, realizado desde la cruz. Debía cuidar de Juan, el discípulo amado, y de todos los que creyesen en su Hijo hasta el final de los tiempos. Desde entonces, todos los cristianos encontramos en Ella el signo luminoso de la esperanza y la vivencia plena del misterio pascual. Con entrañas de Madre, María comienza a cumplir la misión confiada acompañando y orando con los apóstoles el día de Pentecostés. Luego, como nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, seguirá presente en los primeros pasos de la comunidad cristiana. En comunión con los primeros cristianos, se reúne para la oración en común y para la fracción del pan. Asunta al cielo, María continúa intercediendo ante su Hijo por todos los miembros de la Iglesia hasta que lleguen a la patria celestial. San Clemente de Alejandría dice que “María llama hacia sí a sus pequeños y los alimenta con esa leche santa que es la palabra destinada a los niños recién nacidos”. A nosotros, como a los apóstoles, nos cuesta asumir la cruz, nos resistimos a cargar con la incomprensión, con el desprecio, con las críticas de nuestros hermanos. En cuanto aparecen las dificultades en el camino de la vida, brota en nosotros la resistencia y la rebeldía. En ocasiones, podemos experimentar también la tentación de rechazar a Dios porque nuestra fe es aún débil. Pero no tengamos miedo. Pidamos ayuda a la Madre y recibámosla en nuestra casa, como cosa propia, al igual que hizo el discípulo amado. No nos asustemos por nuestra debilidad y por nuestras pocas fuerzas para llevar la cruz. La Santísima Virgen vela por nosotros, nos protege con amor de Madre y nos muestra a su Hijo glorioso para que Él sostenga nuestra esperanza y fortalezca nuestra fe.

viernes, 17 de abril de 2009

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

“No seas incrédulo sino creyente”
Jn 20, 19-31
Cada año leemos lo mismo precisamente porque nos acerca el misterio de este domingo. Primero remarca que el domingo proviene del Señor. El primer domingo de Pascua es el día de la manifestación del Resucitado, primero a las mujeres, después a los discípulos. La primera preocupación del Señor es reunir a los discípulos después del escándalo de la cruz. El segundo domingo, el primer día de la semana, esto es, hoy, el Resucitado vuelve a reunir a los discípulos para confirmarlos en la fe.
El Evangelio de este Domingo 2º de Pascua, Fiesta de la Divina Misericordia, nos relata lo que sucedió cuando Tomás, uno de los doce se encontraba ausente. Y conocemos la historia. Tomás no creyó. Le faltaba ¡tanta! fe que tuvo la audacia de exigir -para poder creer- meter su dedo en los orificios que dejaron los clavos en las manos del Señor y la mano en la llaga de su costado.

Dichosos los que crean sin haber visto le dice Jesús a Tomas. El apóstol Tomas, muestra su humanidad, y hasta cierto punto su ignorancia, y esto para ejemplo de todos y cada uno de nosotros. No diremos que es fácil creer, porque nuestra humanidad exige mucho mas a lo sobre natural, pero para creer es simplemente ver las maravillas perfectas que Dios nos ha dado, basta con ver un perfecto amanecer, la sinceridad y amor de un niño, la perfección de la naturaleza, la formación de un nuevo ser humano, nosotros mismos somos un gran milagro… y aun pedimos mas, pero no nos basta eso, tenemos que ver, meter nuestros dedos en las heridas de los clavos… Creer es buscar y encontrar al Señor, nuestro Dios, en la asamblea de los que creen que Jesús es el Mesías, de los que encuentran en los sacramentos la vida que ha brotado de la cruz. No hemos conocido a Jesús según la carne, no buscamos visiones o hechos extraordinarios donde apoyar nuestra fe. La felicidad que nos salva ahora es la presencia vivificante del Señor resucitado que se muestra en cada uno de nosotros, en nuestros hijos, en los que nos aman, en nuestra alegría del resucitado, a pesar de las cruces que tengamos. NO seamos como Tomas, solo creamos en que Jesús vive, y vive para que todo el que crea en el resucite, y tu y yo tenemos que creer con el corazón abierto para resucitar.

Lo primero que muchos en el mundo actual tienen o tenemos que resucitar es nuestra fe, al mundo moderno le fata creer y confiar en Dios, le falta aceptar su amor y voluntad continuamente, porque muchos ni siquiera se han preguntado que es en realidad la fe. Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “La Fe es una gracia de Dios y es también un acto humano”. La Fe es una virtud sobrenatural infundida por Dios en nosotros. Pero para creer también es indispensable nuestra respuesta a la gracia divina; es decir, también se requiere un acto de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad, por el que aceptamos creer, a veces se nos torna un tanto difícil, que los mismos apóstoles cuando estaban con el le dijeron “Auméntanos la fe” me gusta esa sinceridad de parte de ellos, aumenta nuestro deseo de creer en ti, es una corta oración que todos deberíamos de recitar continuamente, porque que el demonio nos ataca desarticulando lo mas preciado nuestra fe y nuestro deseo de estar con Dios, y sus misterios, la respuesta de Jesús es sencilla, si tuvieran un poquito de fe, al porte de un grano de mostaza, harían lo que quisieran, en otras palabras, lo que se necesitamos es poner algo de nosotros para acrecentar mas mi fe y mi deseo de volverme un hombre o una mujer mas entregada en la voluntad de Dios, pero debemos de trabajar para alimentar nuestra fe y nuestra esperanza en las bondades y misericordias de Dios.
Yo me pregunto, como es que vamos a acrecentar nuestra fe y nuestro deseo de estar con Dios si no le ponemos importancia a su obra. El domingo pasado le pregunte a un amigo, Como estuvo la vigilia pascual en tu parroquia, el me vio, medio extraño y un tanto ofendido y me dijo: “no fui, y le dije porque, su respuesta fue, “Eso es demasiado largo, imagínate estar dos horas y media sentado, mejor me fui a dormir… no tuve palabras para responder porque ciertamente sentí lastima por el, porque lo sintió mas como una ofensa y un reclamo que otra cosa. Yo dije, Menos mal que dice que es un buen católico… si este es un buen católico como serán los malos…
Hermanos y hermanas, acrecentemos nuestra fe, en el resucitado y en su obra en nuestra vida personal, Por eso decimos: “Hágase Tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo” cada vez que rezamos el Padre Nuestro, la oración que el mismo Jesucristo nos enseñó. No se trata, pues, de que sea mi voluntad la que se cumpla, ni mi deseo, ni mi proyecto, ni mi plan. Se trata de buscar la Voluntad de Dios, para irla cumpliendo y para ir siguiendo los planes de Dios para mi existencia. En esto consiste la verdadera Fe y la confianza en Dios.
Finalmente quiero hacer una corta reflexión a cerca de nuestra misión como bautizados. En la Historia de la Salvación, quien recibe un don es porque se le confía una misión. No puede haber un don en vano. La donación del Espíritu por parte del Resucitado incluye la misión, como sucede también al final de los tres evangelios: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo". Los discípulos son enviados a continuar la misión del Hijo de Dios, muerto y resucitado, misión que éste recibió del Padre. El Espíritu hará efectiva esta misión para destruir el reino del pecado y de la muerte, desvaneciendo el pecado, haciendo una creación nueva, en la que resida la "paz" eternamente, la "paz" que es un don mesiánico por excelencia y que el Resucitado comunica también hoy, de entrada, a sus discípulos.
Nosotros, todos los creyentes, presididos por los sucesores de los apóstoles, continuamos esta misión. De acuerdo con todo esto pedimos, en esta octava de Pascua, que "la fuerza del sacramento pascual persevere siempre en nosotros"
Hermanos y hermanas, alegremos nuestros corazones y anunciemos al mundo que Jesús esta vivo y nosotros somos testigos, digámosle al mundo que Jesús resucito y Yo con resucite con el.

miércoles, 15 de abril de 2009

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA DIA DE LA DIVINA MISERICORDIA

Señor ten misericordia de nosotros y del mundo entero!!!
Cuando Dios quiere revelar un mensaje a la humanidad, no busca a los más importantes y sabios, sino que se revela a través de los más sencillos y humildes, que saben ser dóciles a sus inspiraciones y gracias. Este es el caso del mensaje de la Divina Misericordia dado a la Santa Hna. María Faustina Kowalska, religiosa polaca, instrumento elegido y probado por el Señor. Santa Faustina (como es conocida en el mundo entero) pertenecía a la Congregación de Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, conocidas como las "Hermanas Magdalenas" que se dedican a la educación de jóvenes de bajos recursos. Vemos como el Señor empieza a poner las piezas de su "rompecabezas de gracia", en un orden perfecto.
El revela Su Misericordia a una religiosa de la comunidad dedicada a Su Misericordia. Santa Faustina estuvo en varias casas de su Orden, siempre realizando trabajos muy sencillos y desapercibidos, tales como la cocina, el jardín, la limpieza del convento o atendiendo la puerta. Precisamente es a esta hermana menos notoria a la que el Señor escoge para dar al mundo entero el gran mensaje de su Misericordia que a tantas almas ha tocado y transformado al propagarse por el mundo entero en momentos tan críticos para la humanidad.
El 22 de febrero de 1931, santa Faustina recibió la primera revelación de la Misericordia de Dios, ella lo anota así en su diario: "En la noche cuando estaba en mi celda, vi al Señor Jesús vestido de blanco. Una mano estaba levantada en ademán de bendecir y, con la otra mano, se tocaba el vestido, que aparecía un poco abierto en el pecho, brillaban dos rayos largos: uno era rojo y, el otro blanco. Yo me quedé en silencio contemplando al Señor. Mi alma estaba llena de miedo pero también rebosante de felicidad. Después de un rato, Jesús me dijo:
Pinta una imagen Mía, según la visión que ves, con la Inscripción : "¡Jesús, yo confío en Ti!." Yo deseo que esta Imagen sea venerada, primero en tu capilla y después en el mundo entero. Yo prometo que el alma que honrare esta imagen, no perecerá. También le prometo victoria sobre sus enemigos aquí en la tierra, pero especialmente a la hora de su muerte. Yo el Señor la defenderé como a Mi propia Gloria.

Cuando contó esto en confesión, el padre le dijo que seguramente Jesús deseaba pintar esta imagen en su corazón pero ella sentía que Jesús le decía "Mi Imagen ya está en tu corazón. Yo deseo que se establezca una fiesta de la Misericordia y que esta imagen sea venerada por todo el mundo. Esta fiesta será el primer domingo después de Pascua. Deseo que los sacerdotes proclamen esta gran misericordia Mía a los pecadores."Por orden de su confesor Santa Faustina le preguntó al Señor el significado de los rayos que aparecen en la imagen emanando del corazón y el Señor le respondió:"Los dos rayos significan Sangre y Agua- el rayo pálido representa el Agua que justifica a las almas; el rayo rojo simboliza la Sangre, que es la vida de las almas-. Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando mi corazón agonizado fué abierto por una lanza en la Cruz... Bienaventurado aquel que se refugie en ellos, porque la justa mano de Dios no le seguirá hasta allí".

La Verdadera Devoción de la Divina Misericordia
Durante el retiro de octubre de 1936, Jesús le dio a Santa Faustina indicaciones explícitas sobre lo que constituye la verdadera devoción de la Divina Misericordia:
Hija mía si es que Yo reclamo a la gente, a través tuyo la devoción de Mi Misericordia, debes ser tú la primera en distinguirte en esta confianza en Mi Misericordia. Yo exijo de ti actos de misericordia, que deben realizarse por amor a Mí. Tú debes mostrar misericordia a tu prójimo siempre y en todas partes. No debes acobardarte ante esto o tratar de excusarte o de dispensarte de esto. Te estoy dando tres medios de ejercitar misericordia con tu prójimo: el primero por obra, el segundo de palabra, y el tercero por la oración. En estos tres grados está contenida la totalidad de la misericordia y es una prueba de tu amor por Mí. Por estos medios una alma glorifica y da tributo a Mi Misericordia. Si bien, el Primer Domingo de Pascua, es la Fiesta de la Misericordia, también deben haber otro actos de misericordia, y pido la adoración a Mi Misericordia en la Celebración Solemne de esta festividad y la veneración de esta imagen por medio de la cual yo concederé muchas gracias a las almas. Todo esto como un recordatorio de la urgencia de Mi misericordia, porque aún la fe más fuerte, sin obras no tienen valor".(742)
Las palabras con que Jesús habló a Santa Faustina al comienzo del retiro empezaron a tener efecto. En la Fiesta de Cristo Rey, celebrada el 25 de octubre de 1936, la hermana escribió en su diario: "Durante la Santa Misa, estuve tan envuelta en el fuego interior del amor de Dios y el deseo de salvar almas que no sé como expresarlo. Sentía que estaba en llamas. Yo lucharé contra el mal, con el arma de la misericordia. Me quema el deseo de salvar almas. Me cruzaría todo el largo y el ancho de la tierra y llegaría hasta el último confín, para salvar almas por medio de la oración y sacrificio, deseo que todas las almas glorifiquen la misericordia de Dios"(745).
Santa Faustina comprendió que debía hacerse una víctima pura de amor, reconociendo el camino marcado por las pisadas de Jesús, el camino del sufrimiento, de ser ridiculizada, perseguida y humillada, todo esto debía ser su vida, aceptada por amor a Jesús y a las almas con la única esperanza de que Jesús sería siempre su consuelo y compañero.

La Hora de la Gran Misericordia: Las tres de la tarde
El 10 de octubre de 1937, Santa Faustina recibió instrucciones del Señor concerniente a otro elemento principal de la devoción a la Divina Misericordia; esto es, La Hora de Gran Misericordia:

A las tres de la tarde en punto, implora Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y, aunque sea por un breve momento, sumérgete en Mi pasión, particularmente en Mi abandono al momento de la agonía. Esta es la hora de la gran misericordia para todo el mundo. Yo te permitiré entrar en Mi dolor mortal. En esta hora, Yo no rehusaré nada al alma que Me pida algo en virtud de Mi pasión. (1320)

Después de haber visto brevemente como el Señor manifestó a Santa Faustina el deseo de su Corazón de que se arraigara en los corazones la devoción a su Divina Misericordia, nos podremos preguntar ¿Por qué? ¿Por qué el Señor en pleno siglo XX, se aparece a esta religiosa y con insistencia le pide que se establezca esta devoción?.
Si pensamos un poco, no es una devoción nueva, ha estado siempre en la Iglesia desde que el Corazón de Dios existe, pero de una forma nueva el Señor presenta su Misericordia, fluyendo y derramándose en forma de dos rayos que no tienen otro fin más que el de la conversión y arrepentimiento del pecado. Aquí está el propósito del Señor.
El Señor, contemplando como la humanidad en el siglo mas avanzado tecnológicamente, se ha alejado de El, y ha caído en las garras del pecado y de la oscuridad, quiso dar a los hombres el remedio para salir de la fosa en la que se ha adentrado.
Jesús se le reveló a Santa Faustina cuando estaba en pleno apogeo la Segunda Guerra Mundial, y muchas almas recibieron gracias de conversión y de fortaleza al venerar la imagen de Jesús Misericordioso, que se propagó rápidamente en toda Polonia, y luego en toda Europa y el mundo.
El hombre necesita a Dios, y Dios en su Amor, sale a su encuentro derramando los rayos de Misericordia, que tanto le costaron, porque el precio fue que su Corazón fuese Traspasado.El hombre de hoy necesita escuchar que hay esperanza; que Dios en su Misericordia quiere que todos se salven pero la única condición es el cambio de corazón; el reconocer los pecados y con profundo arrepentimiento volver a Dios y alejarse del mal.
"La Humanidad no tendrá paz, hasta que torne con confianza a Mi Misericordia"La Paz es fruto de la amistad con Dios, los hombres de hoy no tienen paz porque han tornado su corazón lejos de Dios. El Señor le dijo a Santa Faustina que solo tendría paz la humanidad cuando se tornase a su Misericordia; porque solo habrá paz en el corazón del hombre hasta que se arrepienta y vuelva a restablecer su amistad con Dios su Señor.
Oremos todos por la conversión de los pecadores, por nuestra propia conversión y la de todos los que viven en pecado mortal. Atraigamos a todos a la "fuente de la Misericordia" el Corazón de Jesús, y sumerjámosles en él, para que sean liberados y sanados del pecado que les separa del Señor y la gracia de Dios se restituya en toda la humanidad.