lunes, 7 de noviembre de 2011

EL PROPÓSITO DE DIOS DETRÁS DE LOS PROBLEMAS



La vida es una oportunidad para resolver problemas. Los problemas que enfrentamos nos derrotan o nos desarrollan dependiendo de cómo respondamos a ellos. Solo tenemos dos opciones a escoger:
1. Podemos pretender ignorarlos  2. Reconocerlos, aprender y crecer
 Enfrentar los problemas desde la segunda opción, nos permite ver a los problemas como oportunidades. Desafortunadamente, la mayoría de las personas fallan en ver como Dios desea utilizar esos problemas para bien de nosotros.
Las reacciones apresuradas, el abandono, los resentimientos, son algunas de nuestra respuestas a los problemas que detienen el proceso de crecimiento, en lugar de considerar el beneficio del problema. Cada adversidad la podemos cambiar o transformar de amargura a un beneficio, ¡La elección es nuestra!
En Biblia encontramos la siguiente recomendación: Entonces dijo así el Señor: Si vuelves, yo te restauraré, en mi presencia estarás; si apartas lo precioso de lo vil, serás mi portavoz. Que se vuelvan ellos a ti, pero tú no te vuelvas a ellos (Jeremías 15:19 LBLA).
Dios desea que aprendamos a sacar cosas preciosas, lo mejor de entre lo vil o difícil. Todo proceso de maduración requiere TIEMPO y Dios lo tiene. El tiempo en si mismo no hace madurar a nadie, solo las responsabilidades. Las adversidades nos enseñan mas que los éxitos. Las personas que ven los problemas como oportunidades, es porque han desarrollado las capacidades necesarias y porque han pagado un precio.
Veamos cinco formas en las que Dios usa los problemas en nuestras vidas.
1. Dios usa los problemas para darnos DIRECCIÓN. Algunas ocasiones Dios enciende un fuego debajo de nosotros para que continuemos en movimiento. Los problemas frecuentemente nos apuntan a una nueva dirección y nos motivan a cambiar, nos desafían a aprender nuevas habilidades, nos sacan de nuestra comodidad o “status quo”. Es Dios tratando de llamar nuestra atención.
En ocasiones es una situación dolorosa, para hacernos cambiar nuestro camino, ¿porqué sucede así? simplemente porque Dios nos ama. La Biblia dice: La maldad se cura con golpes y heridas; los golpes hacen sanar la conciencia (Proverbios 20:30 DHH). Cuando reconocemos a Dios en nuestros caminos, nuestro corazón será y estará agradecido. …los que aman a Dios TODAS las cosas ayudan a bien…. (Romanos 8:28 RV60).

2. Dios usa los problemas para INSPECCIONARNOS. Las personas somos como bolsas de Té. Si quieres saber que es lo que hay dentro de ellos, ¡Solo sumérgelos en agua caliente!
Dios quiere tratar con nuestro orgullo, y es bueno que entendamos que él hizo al hombre para su deleite y no a la inversa. ¿Ha probado Dios tu fe con algún problema? ¿Qué es lo que revelan los problemas acerca de nosotros? La Biblia dice: Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia ha de tener su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada (Santiago 1:2-4 LBLA).
Cuando no actuamos con integridad, tarde o temprano se revertirá el engaño. ¿Quién aprende en la teoría? Lo cierto es que nadie, es en las pruebas y a través de las pruebas donde crecemos. Así que recuerda, cada problema y adversidad es una oportunidad para triunfar y ser vencedor.
 3. Dios usa los problemas para CORREGIRNOS. Algunas lecciones solo las aprenderemos a través del dolor y los fracasos. Es como aquel niño que le dicen sus padres que no toque el horno caliente, y este lo hace y sufre las consecuencias de la desobediencia.
Algunas veces aprendemos el valor de algo solo al perderlo, como la salud, el dinero, las relaciones entre otras cosas. Una lección en este punto es aprender a valorar a las personas que pensamos están en nuestra contra. ¿Puedes creer que muchas de éstas personas son un instrumento divino para tu crecimiento? La Biblia dice: Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos. Mejor es para mí la ley de tu boca que millares de piezas de oro y de plata. (Salmo 119:71-72 LBLA).
El hierro con hierro se afila, y un hombre aguza a otro hombre (Proverbios 27:17 LBLA). Esta verdad también aplica a los que estamos casados. Si estás casado, ¿sabias que Dios puso a cada uno de nuestros cónyuges para afilarnos en nuestro carácter? pero lo que hacemos regularmente es huir de los problemas y relaciones pensando que esa es la mejor opción.
Si trabajas, ¿podrías creer que tu jefe es una herramienta de Dios para construir carácter en tu vida? Sin embargo, muchos buscan la independencia simplemente para librase de la autoridad y como consecuencia no bendición ni crecimiento, nos convertimos en unos anarquistas y aún así nos revelamos contra Dios y sus autoridades delegadas.
4. Dios usa los problemas para PROTEGERNOS. Un problema puede ser una bendición para distinguir, reconocer y prevenirnos de problemas mayores. Un ejemplo vivo es la vida de José el hijo de Jacob. Por envidias sus hermanos lo vendieron como esclavo, estuvo en la cárcel, sin embargo el se mantuvo firme creyéndole a Dios. Ya como líder en Egipto pudiendo tomar venganza de sus hermanos el dice: Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener con vida a mucha gente (Génesis 50:20 RV95). Solo Dios puede hacer que las cosas adversas se transformen en bendición.
Cuando salimos de la cubierta de autoridad tenemos que aprender a pagar las consecuencias. ¿Por qué fueron instituidas las leyes? Para tener orden y convivencia. La libertad no consiste en hacer lo que me venga en gana, si ni en hacer lo que es correcto. ¿Qué es lo correcto? Lo que Dios manda. Si no tenemos un punto de referencia ¿como podemos localizar un punto en el espacio? Si no conocemos de Dios, ¿quien es entonces nuestra autoridad? “Y seréis como Dioses” fue la frase que Satanás usó para seducir y hacer tropezar a la primer pareja en el huerto del Edén.
Los problemas nos llaman a estar bajo la cubierta de autoridad.
5. Dios usa los problemas para MADURARNOS. ¿Cómo se alcanza la madurez? Algunos dicen que con el tiempo, bueno con el tiempo solo te haces viejo y mañoso. Otros arguyen que la madurez se alcanza a través del conocimiento, hoy tenemos mucho conocimiento, pero poca moralidad y la baja moralidad produce alta mortalidad.
Sin lugar a duda, lo cierto es que la madurez se alcanza a través de los problemas resueltos con responsabilidad. Nuestro carácter es edificado cuando respondemos correctamente ante las adversidades de la vida. ¿Sabías que Dios está mas interesado en construir carácter en tu vida, que en tu comodidad y confort?
Es en el laboratorio de la pruebas donde descubrimos nuestra verdadera naturaleza y la profundidad de nuestro carácter. La gente puede hablar mucho de si misma pero es en las pruebas cuando se descubre quién está con nosotros y en quién hemos creído.
La relación con Dios y el carácter son las dos cosas que tomaremos y llevaremos a la eternidad. El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia en Roma les dice: Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;  y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza (Romanos 5:3-4 LBLA). 
 Otro resultado del proceso de maduración es el crecimiento espiritual, porque las adversidades son las que van forjando la fortaleza interior de la persona. El punto es: Dios está trabajando en nuestras vidas, aún cuando no le reconozcamos o entendamos, sin embargo es mas fácil y provechoso cuando cooperamos con él. Lee las siguientes citas Bíblicas y toma un tiempo de oración con Dios
 Este articulo fue escrito Por Saul Montes, en el blog http://centrovidafamiliar.wordpress.com

viernes, 4 de noviembre de 2011

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

“Que llega el esposo salid a recibirlo”
(Mt.25, 1-13)
Rev. Alexander Diaz


Es indispensable adquirir aquella sabiduría que nos dispone para el encuentro definitivo con Dios Nuestro Señor. La liturgia de hoy nos prepara de modo mediato para la solemnidad de Cristo Rey del Universo. La primera lectura hace un elogio de la sabiduría y subraya que aquel que la busca la encuentra. No está, por tanto, lejos de nosotros. Si queremos, podemos hallarla.

Esta sabiduría no consiste propiamente en un grande cúmulo de datos científicos, sino es más bien una sabiduría basada en Dios. Es un conocimiento profundo y experiencial de Dios y de su amor; un conocimiento claro de sí mismo y de los hombres, mis hermanos. El evangelio también nos habla de la sabiduría y de la prudencia de las vírgenes bien preparadas para la llegada del esposo. Se compara el Reino de los cielos a un banquete nupcial, y se subraya la necesidad de estar preparados porque no sabemos con exactitud la hora de la llegada del esposo.

Las vírgenes son sabias porque han sabido prepararse adecuadamente, llevando consigo una buena cantidad de aceite que mantenga encendida su lámpara. Las otras vírgenes son insensatas porque se lanzaron improvisadamente por los caminos de la vida; no advirtieron que el esposo podía tardar; no se dieron cuenta que el tiempo podía hacer mella sobre sus ilusiones y esperanzas, y así, advirtieron con espanto que cuando ya se oye la voz del esposo, no hay aceite en su alcuza. No están preparadas para emprender la procesión final que conduce a la casa del esposo.

Era una tradición judía acompañar a los novios desde la casa de los padres de la esposa hasta el hogar del esposo. Se organizaba una procesión festiva con lámparas y cantos. Era, pues, necesario que las vírgenes o doncellas tuvieran su lámpara encendida para acompañar debidamente al esposo que llegaba. Se trata de una actitud de vigilancia, una disposición del ánimo y del espíritu para salir al encuentro del Señor que está por llegar. El objetivo es mantener la lámpara encendida; mantener la confesión de la fe en Jesucristo nuestro salvador; mantener el gozo de la esperanza; mantener el ardor de la caridad hasta el último instante de nuestra vida. Por el contrario, ser insensato significa “ir al encuentro de los últimos acontecimientos de la vida, sin estar convenientemente preparado”, dejando morir en el corazón el amor primero.

Cuál es, se pregunta uno, este aceite que mantendrá mi lámpara encendida para la venida de Cristo? Y la respuesta no puede ser otra sino el amor. El amor ardiente y generoso que mantiene el alma vuelta hacia Dios y hacia sus hermanos los hombres. El amor que es donación de sí mismo. El amor que consiste en descubrir en cada hermano la imagen misma de Cristo. Es el amor que triunfa sobre el pecado, el egoísmo y la soberbia. Es el amor que es la “más grande de todas las virtudes”. Si deseas estar preparado para la venida del Señor, dispón tu alma para amar, para “permanecer en el amor” (cf. Jn 15,,9), porque al “atardecer de la vida te juzgarán sobre el amor”. En efecto, nos dice la Escritura que quien no ama, permanece en la muerte (cf. Jn 3,14).

La parábola también nos indica que esta sabia preparación para la llegada del esposo es un asunto personal. Cada uno debe prepararse, porque cuando llegue el esposo no será posible intercambiar las alcuzas o pasar el aceite de una a otra. Cada uno es responsable de sí mismo y deberá ir preparando su alma para el encuentro definitivo con Dios. Veamos que no es poca la responsabilidad que tenemos en las manos.

Hemos sido creados por Dios por amor y nos dirigimos incesantemente hacia Él. Sería insensato vivir como si Dios no existiese, como si nuestra vida no fuera pasando minuto a minuto, como si después de la muerte no estuviese el banquete celestial y la posesión eterna de Dios. Veamos que una de las tentaciones más fuertes del hombre moderno, y también del cristiano, es la de reducir sus esperanzas únicamente a aquello que es terreno y mundano.

Un hombre sin horizonte de eternidad. ¡Como si la eternidad no existiese y no estuviese cada momento más cerca de nosotros! Avivemos nuestro espíritu, dejemos toda somnolencia o pereza; mantengamos firme la confesión de la fe porque ¡el esposo está por llegar! Se retrasa, pero llegará. Revisemos nuestras alcuzas, revisemos nuestras almas y si no hay aceite, y si no hay amor, no sigamos adelante, pongamos manos a la obra, porque al atardecer me juzgarán del amor.

jueves, 3 de noviembre de 2011

¿ERES UN AGUILA O UN PATO RUIDOSO? TU DECIDES...



Uno de mis amigos me envió esta reflexión a mi pagina de facebook, me pareció interesante porque fue una de las cosas que mi abuelo me decía siempre, debes de ser águila, el no decía pato, sino gallina, pero entiendo que ambos animales son torpes, el pato vuela, pero no puede estar en silencia, la gallina nunca pasa de lo mismo, pero para que te digo algo si puedes tu mismo sacar tus conclusiones de esta historia, espero te guste.



Rodrigo estaba haciendo fila para poder ir al aeropuerto. Cuando un taxista se acercó, lo primero que notó fue que el taxi estaba limpio y brillante. El chofer bien vestido con una camisa blanca, corbata negra y pantalones negros muy bien planchados, el taxista salio del auto dio la vuelta y le abrió la puerta trasera del taxi.  
Le alcanzo un cartón plastificado y le dijo: yo soy Willy, su chofer. Mientras pongo su maleta en el portaequipaje me gustaría que lea mi Misión.  
Después de sentarse, Rodrigo leyó la tarjeta: Misión de Willy: “Hacer llegar a mis clientes a su destino final de la manera mas rápida, segura y económica posible brindándole un ambiente amigable”

Rodrigo quedo impactado. Especialmente cuando se dio cuenta que el interior del taxi estaba igual que el exterior, ¡¡limpio sin una mancha!!  

Mientras se acomodaba detrás del volante Willy le dijo, “Le gustaría un café?  
Tengo unos termos con café regular y descafeinado”. Rodrigo bromeando le dijo:
“No, preferiría un refresco” Willy sonrío y dijo: “No hay problema tengo un hielera con refresco de Cola regular y dietética, agua y jugo de naranja”. Casi tartamudeando Rodrigo le dijo: “Tomare la Cola dietética”

Pasándole su bebida, Willy le dijo, “Si desea usted algo para leer, tengo el Reforma, Esto, Novedades  y Selecciones…”

Al comenzar el viaje, Willy le paso a Rodrigo otro cartón plastificado, “Estas son las estaciones de radio que tengo y la lista de canciones que tocan, si quiere escuchar la radio”  

Y como si esto no fuera demasiado, Willy le dijo que tenia el aire acondicionado prendido y preguntó si la temperatura estaba bien para él. Luego le avisó cual seria la mejor ruta a su destino a esta hora del día. También le hizo conocer que estaría contento de conversar con él o, si prefería lo dejaría solo en sus meditaciones. ...    

“Dime Willy, -le pregunto asombrado Rodrigo- siempre has atendido a tus clientes así?”  

Willy sonrió a través del espejo retrovisor. “No, no siempre. De hecho solamente los dos últimos dos años. Mis primero cinco años manejando los gaste la mayor parte del tiempo quejándome igual que el resto de los taxistas. Un día escuche en la radio acerca del Dr. Dyer un “Gurú” del desarrollo personal.  El acababa de escribir un libro llamado “Tú lo obtendrás cuando creas en ello”. Dyer decía que si tu te levantas en la mañana esperando tener un mal día, seguro que lo
tendrás, muy rara vez no se te cumplirá. El decía: Deja de quejarte. Se diferente de tu competencia. No seas un pato. Se un águila. Los patos solo hacen ruido y se quejan, las águilas se elevan por encima del grupo”.

“Esto me llego aquí, en medio de los ojos”, dijo Willy. “Dr. Dyer estaba realmente hablando de mi. Yo estaba todo el tiempo haciendo ruido y quejándome, entonces decidí cambiar mi actitud y ser un águila. Mire alrededor a los otros taxis y sus chóferes… los taxis estaban sucios, los chóferes no eran amigables y los clientes no estaban contentos. Entonces decidí hacer algunos cambios. Uno a la vez. Cuando mis clientes respondieron bien, hice más cambios”.  

“Se nota que los cambios te han pagado”, le dijo Rodrigo.  
“Si, seguro que si”, le dijo Willy. “Mi primer año de águila duplique mis ingresos con respecto al año anterior. Este año posiblemente lo cuadruplique.
Usted tuvo suerte de tomar mi taxi hoy. Usualmente ya no estoy en la parada de taxis. Mis clientes hacen reservación a través de mi celular o dejan mensajes en mi contestador. Si yo no puedo servirlos consigo un amigo taxista águila confiable para que haga el servicio”.

Willy era fenomenal. Estaba haciendo el servicio de una limusina en un taxi normal.

Posiblemente haya contado esta historia a mas de cincuenta taxistas, y solamente dos tomaron la idea y la desarrollaron. Cuando voy a sus ciudades, los llamo a ellos. El resto de los taxistas hacen bulla como los patos y me cuentan todas las razones por las que no pueden hacer nada de lo que les sugería.  

Willy el taxista, tomo una diferente alternativa:  

El decidió dejar de hacer ruido y quejarse como los patos y volar por encima del grupo como las águilas.  

No importa si trabajas en una oficina, en mantenimiento, eres maestro, Un servidor publico,"político", ejecutivo, empleado o profesionista, ¿Cómo te comportas? ¿Te dedicas a hacer ruido y a quejarte? ¿Te estás elevando por encima de los otros?

Interesante la historia, verdad, ahora tu decides que quieres ser, adelante, camina o vuela, pero no seas pato ni gallina, se un aguila. 

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Celebración de los Fieles difuntos



La tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.
Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación. Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios. 

A estas oraciones se les llama sufragios. El mejor sufragio es ofrecer la Santa Misa por los difuntos.

Debido a las numerosas actividades de la vida diaria, las personas muchas veces no tienen tiempo ni de atender a los que viven con ellos, y es muy fácil que se olviden de lo provechoso que puede ser la oración por los fieles difuntos. Debido a esto, la Iglesia ha querido instituir un día, el 2 de noviembre, que se dedique especialmente a la oración por aquellas almas que han dejado la tierra y aún no llegan al cielo.

La Iglesia recomienda la oración en favor de los difuntos y también las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia para ayudarlos a hacer más corto el periodo de purificación y puedan llegar a ver a Dios. "No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos".

Nuestra oración por los muertos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión a nuestro favor. Los que ya están en el cielo interceden por los que están en la tierra para que tengan la gracia de ser fieles a Dios y alcanzar la vida eterna. 

Para aumentar las ventajas de esta fiesta litúrgica, la Iglesia ha establecido que si nos confesamos, comulgamos y rezamos el Credo por las intenciones del Papa entre el 1 y el 8 de noviembre, “podemos ayudarles obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados”. (CEC 1479)

jueves, 27 de octubre de 2011

TRIGESIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

“El que se humilla será enaltecido, y el que se enaltece será humillado”
(Mt. 23,1-12)
Rev. Alexander Diaz

Las lecturas de hoy, en particular el texto del profeta Malaquías y el evangelio de San Mateo, nos ofrecen, como tema de reflexión, el liderazgo.  Esta temática es desarrollada en negativo y en positivo, es decir, se nos muestra el lado oscuro del liderazgo, cuando éste es ejercido contra los intereses de las personas y las comunidades; y también se nos muestra el lado luminoso de éste, cuando se asume como un servicio.

El texto de Mateo tiene dos partes: La primera parte es una crítica a los escribas y fariseos; en contraste con el comportamiento de ellos, Jesús enseña a sus discípulos lo que no deben ser. La segunda parte ofrece el perfil ideal de los seguidores de Jesús y de las comunidades formadas por éstos.

Jesús empieza por echarles en cara su incoherencia: “No hacen lo que dicen”. Sus piadosos discursos sobre la ley y los profetas eran desmentidos por sus actos. El discurso religioso iba por un lado y la vida iba por otro lado; exhortaban al cumplimiento de los mandamientos y demás obligaciones, pero ellos no respetaban nada de eso (engañaban, eran arbitrarios en  la aplicación de la justicia, etc.) En el evangelio de San Mateo encontramos varios pasajes en los cuales se insiste en la importancia de actuar  de manera consecuente; lo que importa son las acciones y no tanto los discursos.

Jesús también les critica a los escribas y fariseos su doble moral: “Cargan fardos insoportables sobre los hombros de la gente y no mueven un dedo para ayudar”. Con frecuencia encontramos personas que son jueces implacables de los demás y que son absolutamente indulgentes y “manguianchos” con su conducta personal.

El tercer pecado que Jesús denuncia es la hipocresía, pues ellos llevaban sobre la cabeza y en los brazos todos los símbolos religiosos (los judíos tenían prohibido utilizar medallas como lo hacemos nosotros; en lugar de  esto se amarraban pequeños textos de la Biblia para que los demás vieran que ellos eran piadosos y practicantes...) A pesar de todas esas manifestaciones externas, su corazón estaba muy lejos de los valores del espíritu. Sólo les interesaban las apariencias.
El cuarto pecado que denuncia Jesús en los líderes religiosos y sociales de Israel es el afán de protagonismo. Les fascinaba ocupar los primeros puestos y que la gente les rindiera pleitesía.  A través de estas cuatro críticas implacables queda claro que se trata de un liderazgo equivocado, que ha perdido su razón de ser que no es otra cosa que el bien común.
La función de los dirigentes -su servicio- consiste en ayudar a los hermanos (y dejarse ayudar por ellos) en el seguimiento del Señor. El «sabio» cristiano no funda escuela, exactamente hablando; sirve a los hermanos para imitar a Cristo y para conseguir la vida eterna. El «maestro» cristiano es discípulo del Señor, como lo somos todos. El servicio lo distingue no en cuanto maestro, sino en cuanto sirviente. Salirse de esta línea es caer más o menos en los vicios que condena Jesús. Nadie es autor de la salvación. Somos humildes siervos: So­mos siervos inútiles; hacemos lo que teníamos que hacer. Dirijamos la aten­ción a los responsables del culto y de la enseñanza.

 Es por ello que debemos de cuestionarnos a nosotros mismos en ¿Cómo cumplimos la obligación de educadores en la fe, de servidores de la palabra de Dios?  Debemos de tener claro que somos servidores de su palabra y de su plan de salva­ción, no de nuestras ocurrencias personales.  La conducta de Pablo sigue siendo ejemplar: como una madre que sólo mira el bien de sus hijos, sin ser gravoso a nadie. El título madre es aquí sinónimo de sierva solícita de los que ama. En esta dirección cabe cualquier título.

¿Buscamos el renombre, los honores? ¿Nos dedicamos a mil cosas margi­nales? ¿Practicamos suficientemente la piedad, la unión con Dios de quien tenemos que hablar y a quien tenemos que predicar? ¿Profesamos verdadero amor a los fieles? ¿Escandalizamos más que edificamos? ¿Amontonamos preceptos insustanciales, olvidando lo más sagrado? Aquél, pues, que se disponga a servir a los hermanos, trate de adquirir una verdadera actitud de siervo dentro de la comunidad de hermanos. No somos más que los súbdi­tos, somos menores que ellos, dedicados en Cristo a realizar la salvación.

El que se humilla será enaltecido, y el que se enaltece será humillado. Cristo - se humilló hasta la muerte… por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre sobre todo nombre. Cristo Siervo ha sido constituido Señor. El camino es válido -es único- para todos: dirigentes y fieles. Nada de pretensiones ni aspiraciones tontas. El sencillo, el humilde, el «niño» y «siervo», tendrá acogida ante el Señor. Amén.




viernes, 21 de octubre de 2011

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
(Mt. 22,34-40)
Rev. Alexander Díaz


La Iglesia celebra hoy el Día Mundial de las Misiones. Quisiera invitar a todos para que profundicemos en el significado de esta convocatoria que se nos hace. Este día se busca que todos nosotros tomemos conciencia de la tarea que nos fue confiada en el bautismo, a través de nuestros papás y padrinos, y que ratificamos al recibir el sacramento de la confirmación: ser testigos y anunciadores de la buena noticia de Jesús, manifestando una solidaridad activa con aquellas mujeres y hombres que anuncian el mensaje de salvación a los que no conocen a Dios, o que lo conocieron pero después se olvidaron de él.

En este Día Mundial de las Misiones tomemos conciencia de nuestras responsabilidades como testigos del evangelio en nuestro entorno familiar, laboral y ciudadano; expresemos nuestra solidaridad con la obra misionera en todo el mundo aportando una limosna generosa que irá en su totalidad a las misioneras y misioneros que propagan la buena noticia de Jesús en condiciones difíciles.

Las lecturas de este domingo nos hablan del amor... del amor en sus dos dimensiones: amar a Dios y amar al prójimo. En estos dos mandamientos se encierra la voluntad de Dios revelada en la Sagrada Escritura. Nuestra relación con Dios va en sentido vertical y nuestra relación con el prójimo va en sentido horizontal, como formando una cruz, en la cual uno y otro eje son indispensables. No puede separarse uno del otro.

El amor a Dios no se basa en la admiración, en el reconocimiento de su majestad... El amor a Dios es una respuesta: Amo a Dios porque me siento querido por Él. Ahí está la raíz del "mandamiento", y la esencia de la Buena Noticia. En el fondo, la Buena Noticia no es más que esto: "Dios te quiere, como te quiere tu madre, pero en infinito".

Esto es una experiencia interior, no un conocimiento intelectual. La conversión no es un arrepentimiento, un cambio de ideas, una decisión tomada por cálculo. La conversión es la consecuencia de un profundo sentimiento: sentirse querido por Dios cambia la vida, cambia el corazón. Ese cambio es la conversión.

Sentirse querido por Dios no por merecerlo sino por necesitarlo. Dios no me quiere porque soy bueno, justo, santo... Dios me quiere, sin más, como las madres quieren a sus hijos, no porque son listos o guapos. Les quieren antes de nacer, sin conocerlos. Así me quiere Dios. Y ni siquiera mis pecados pueden cambiar a Dios. El amor de mi Madre es mucho más fuerte que mis pecados. Dios es Amor, esa es su Esencia. Éste es el corazón de la Buena Noticia de Jesús. Y nuestra fe se basa en creerle.

Dios-amor es la esencia del mundo. Lo contrario del amor es la muerte total. Amar o morir. Amor o destrucción. La esencia del ser humano es la capacidad de construirse amando. El error es intentar hacer sociedad humana sobre otros cimientos: violencia, poder, justicia. La justicia no es más que un sustituto jurídico o una consecuencia del amor. La justicia sola tampoco es humana. Nadie puede vivir de la justicia, porque en la esencia del ser humano está amasado el pecado, el error. Y la justicia no cura, no cambia al ser humano por dentro. La verdadera justicia está en dar a cada uno lo que le corresponde. El papa Benedicto afirmaba al respecto: “La característica de la civilización cristiana es la Caridad: el Amor de Dios que se traduce en amor al prójimo el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables” (Benedicto XVI, 19-10-2008).

El Señor nos manda a “amar al prójimo como a nosotros mismos”. Y ¿qué es amarse a uno mismo? Amarse a uno mismo es buscar el propio bien y la propia complacencia. Y ésa fue la medida mínima que Dios nos puso para amar a los demás.

La clave está en que no hay diferencia entre el amor que me tengo a mí y el que tengo a los demás. Esto se da entre hermanos, en la familia. Entre hermanos y en la familia usamos mejor la primera persona del plural que la primera persona del singular. Esto caracteriza a un matrimonio que se quiere de veras. Que rara vez dice "yo", sino "nosotros".

Esto es lo que diferencia a los cristianos. Saber quién es Dios, saber quién es el hombre, vivir para el bien de los demás. Saber y sentir que eso es la mejor manera de vivir para el propio bien. Es el egoísmo correcto, buscar mi mayor bien y descubrirlo en servir... y olvidarme de que busco mi bien. Es decir, realizarse en el amor, no en el odio, no en el triunfo sobre alguien... Y recordemos que todas las parábolas del Evangelio van en esta dirección. El Hijo pródigo, el Buen samaritano... Eso es entrar en el Reino.

Por eso, la proclamación unitaria de nuestra fe es: "Hemos descubierto (Jesús nos ha descubierto) el secreto de todo, el secreto de Dios y del mundo: el amor es el que mueve todo para bien. Aceptar ese Dios, ese hombre, ese modo de vivir; eso es el Reino.

Amar al prójimo como a uno mismo significa seguir este otro consejo de Jesús:“Traten a los demás como quieren que ellos les traten a ustedes” (Lc. 6, 31). Nos amamos tanto a nosotros mismos que esa fue la medida mínima que puso el Señor para nuestro amor a los demás ... porque también nos dio una medida máxima que El nos mostró con su ejemplo: “Ámense unos a otros como Yo los he amado” (Jn. 15, 12). Y El nos amó mucho más que a sí mismo, dando su vida por nosotros. Amén.

viernes, 14 de octubre de 2011

Vigesimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario

“Den al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios…”

(Mt.22,15-21)
Rev. Alexander Diaz



Nos encontramos celebrando el vigésimo noveno domingo del tiempo ordinario, este domingo el evangelio nos presenta una disputa bastante fuerte entre Jesús y los fariseos que intentan ponerle una trampa para hacerlo caer. Le estaban planteando una espinosa cuestión sobre la relación entre religión y estado, entre lo secular y lo espiritual.

No hay duda que el maligno se las ingenia para tocar incluso al mismo hijo de Dios, esta pregunta después de más de dos mil años aun sigue siendo un duro blanco de prueba.

Me parece interesante la forma que inician la trampa, con adulación y vanagloriándolo como si Jesús fuera alguien que le gusten los halagos y las pompas. “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie…” (Mt.22, 16).

Todo mundo sabía quién era Jesús, y los pobres y los pequeños lo seguían porque lo escuchaban y lo seguían con una convicción plena, no por adularle.

Quiero tomarme el tiempo para explicar que significa o que es un adulador. Hay quienes dicen que la palabra adular está emparentada con adulterar, con un toque diabólico, porque acaricia y seduce a la persona, hasta alterar su ego, hasta el punto de dejarse manipular fácilmente y después conseguir lo que se quiera.

El general mexicano, Álvaro Obregón decía, “No temas a los enemigos que te atacan, témele a los que te adulan”. Los fariseos querían seducir a Jesús para hacerlo caer, y ganar ellos la razón y que la gente que no estaba conforme con los impuestos se volviera enemiga de Jesús hasta destruirlo, solo que no contaron con que Jesús podía leer las intenciones diabólicas en sus mentes y corazones.

La pregunta que le hicieron fue sencilla, pero peligrosa.“Es licito pagar impuestos al cesar o no? (Mt.22, 16) Si decía que si, todo mundo le odiaría y le trataría de destruir y el caería en contradicción, por no apoyar a los pobres que a duras penas pagaban estos impuestos, si decía que no entonces ellos aprovecharían para destruirlo porque lo denunciarían con las autoridades civiles por incitar al pueblo a no pagar el impuesto.

Al igual que la pregunta fue sencilla así también la respuesta de Jesús es sencilla “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22,18) Con esta hábil respuesta, deja el Señor claramente establecido que el respeto y el tributo no sólo se le debe a la autoridad civil, sino que principalmente debemos darle a Dios lo que es de Él y a El corresponde.

Como consecuencia de esto, la Iglesia tiene su campo propio de acción independiente y por encima de toda autoridad política. Por otro lado, la autoridad política tiene su campo propio de acción, relacionado con el orden público y el bien de todos los gobernados. Sabemos, además, que el buen gobernante será aquél que cumple con los designios de Dios buscando el bien de todos los gobernados.

Es bueno hacer notar también que toda autoridad temporal viene de Dios o es permitida por Dios. Recordemos lo que Jesús, más tarde, le dijo a Pilato, el gobernador romano, en el momento del juicio que éste le hizo: “Tú no tendrías ningún poder sobre Mí, si no lo hubieras recibido de lo Alto” (Jn. 18, 11).

Con todo esto Jesús quiere dar a entender el poder de Dios sobre cualquier orden o ley terrenal, Nada escapa, entonces, a los designios divinos, bien sea porque Dios lo causa o bien porque lo permite.

En conclusión, lo que está tratando el Evangelio de hoy no es la mera obligación de pagar o no pagar impuestos, al poder civil, su contenido es mucho más profundo, es el hecho de reconocer de forma profunda quien es el que tiene el poder sobre nuestras vidas.

Con los medios de comunicación es muy fácil endiosar a personas, todos hemos visto a masas fanatizar a un líder político, un futbolista o un cantante de turno. A cada uno de ellos hay que pagarles el impuesto no económico pero si de darles tú tiempo y tú completa atención. Es el impuesto de la admiración cuando no hay nada que admirarles, el impuesto de la identificación cuando existe muy poco que admirarle un tipo de personas que más bien se convierten en una mala influencia para la sociedad.

De esta manera se va creando un sistema de pago, de intereses y de esclavitudes que solo cuando las personas se dan cuenta es cuando se pueden liberar de ellas. Ante estas esclavitudes es Jesús, nos advierte que el ser humano está llamado a ir mas allá de las cosas, de los impuestos y no importa del tipo que sean estos, de los liderazgos temporales pues nada de ello llena ni sacia nuestras vidas.

Jesús nos propone otra respuesta desconcertante: el ser humano deber reconocer a Dios como único señor, pues es en el ser humano donde Dios ha dejado su imagen. Para el ser humano Dios deber ser su señor.

viernes, 7 de octubre de 2011

“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reces cebadas, todo está listo. Vengan a mi boda

(Mt.22, 1-14)

Rev. Alexander Diaz



A todos nos gusta participar de las fiestas de una boda, porque se celebra el amor entre dos personas que están enamoradas y a través de esa fiesta manifiestan su compromiso ante Dios y ante la comunidad, por ello que se invitan a todos los más cercanos, los familiares y amigos. Hoy este domingo vigésimo octavo del tiempo ordinario, nos presenta una fiesta de bodas, pero no es una fiesta común y corriente es un "Banquete de Bodas" preparado por Dios nuestro Señor para todos los seres humanos al final de los tiempos. Es el amor entre el Dios de la vida y el género humano, del cual Dios es el principal enamorado.


Se trata de nuestra salvación, de nuestra felicidad eterna con Él para siempre en la Jerusalén Celestial, cuando Dios “enjugará toda lágrima y ya no existirá ni muerte, ni duelo, ni gemidos, ni penas" (Ap. 21, 4) y viviremos en completa y perfecta felicidad para siempre.


Es la celebración de la Boda del Hijo de Dios con la humanidad. Y a esa fiesta estamos invitados todos. Pero en la descripción que hace San Mateo, vemos cómo algunos responden a la invitación del Señor y otros no, porque tuvieron algo más importante que hacer: “El Reino de los Cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir... Uno se fue a su campo, otro a su negocio..." (Mt. 22, 1-14).


Me pregunto a mi mismo ¡cuántas veces no hacemos nosotros lo mismo! Dios nos llama y en vez de atender su invitación, le damos la espalda. Buscamos mil pretextos para no estar con él, siempre hay excusas para ignorar esta fantástica invitación, le damos importancia a lo que no tiene importancia, nos hacemos los desentendidos y los importantes con sus cosas.

Dios nos ofrece la oportunidad de ir a su Fiesta y de tener la felicidad para siempre, y... ¿cómo respondemos? Si nos revisamos bien, podemos darnos cuenta de la importancia que le damos a las cosas de este mundo, y de cómo postergamos o rechazamos las cosas eternas, al no aceptar las invitaciones del Señor.


¿Será que los hombres y mujeres de hoy estamos tan hundidos en los negocios terrenos que consideramos que es tiempo perdido pensar en Dios y en la vida eterna? Y ¿qué nos dice el Evangelio sobre los que no acepten la invitación al Banquete Celestial? Es muy claro: otros serán invitados en lugar de los que no asistan. El hombre de hoy a perdido la ilusión por el reino de los cielos, ya no sueña con ser santo, ya no piensa en estar con Dios para toda la eternidad, ya no quiere aventurarse en conquistar el cielo, porque le parece una utopía, un sueño algo que no existe y que fue inventando por nosotros mismos. Por tanto preferimos la felicidad pasajera, dinero, poder, placer, es más seguro, que esperar a participar de la felicidad eterna en el cielo.
San Lucas, al relatar esta Fiesta Celestial, es mas especifico y mas detallado al relatar lo que sucedió cuando los principales invitados no aceptaron estar en esta boda, nos dice que invitó luego a los pobres, los inválidos, los cojos y los ciegos (Lc. 14, 22) .


Estos son todos aquéllos que el mundo considera insuficientes: los pobres de corazón, que saben que no tienen nada si no tienen a Dios; los inválidos -inválidos espirituales- que saben que no pueden valerse sin la ayuda de Dios; los cojos que saben que necesitan las muletas que sólo Dios puede ofrecerles; los ciegos que saben que necesitan la luz de Dios para poder ver.


Los sabios según la sabiduría de este mundo, los orgullosos, los presuntuosos, los apegados a las cosas del mundo y a los bienes materiales corren el riesgo de ser invitados y de no asistir, por no darse cuenta de que la invitación del Señor es infinitamente más importante que cualquier negocio, cualquier preocupación material, cualquier apego terreno. Y corren el riesgo, también, de no estar vestidos adecuadamente y de ser echados fuera. No estar bien vestidos significa no tener suficiente preparación espiritual para poder ser aceptado en la Fiesta de la Salvación, el traje de bodas del cual habla el evangelio, es la sinceridad y la verdad con la que debemos de vivir constantemente.


La invitación al Banquete Celestial es para todos, pero muchos no aceptan... y algunos no están debidamente preparados. De allí la sentencia de Jesús al terminar esta parábola: "Muchos son los llamados y pocos los escogidos".


Recuerda estas invitado a un banquete de Bodas, acepta la invitación porque será una fiesta eterna en la cual serás el principal invitado, Jesús invita, ponte el traje de la verdad y la autenticidad.
Amen

viernes, 30 de septiembre de 2011

“Les será quitado a ustedes el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca frutos”
(Mt.21,33-43)

Rev. Alexander Diaz




Nos encontramos celebrando el domingo vigesimoséptimo del tiempo ordinario, Jesús continua explicándonos el reino de Dios a través de parábolas, y a través de ellas quiere que lleguemos al conocimiento de la verdad.

La parábola de este domingo es conocida como de los viñadores homicidas, el Señor resume la historia de la salvación. Compara a Israel con una viña escogida, provista de una cerca, de su lagar, con su torre de vigilancia algo elevada, donde se coloca el guardián encargado de protegerla. Dios no ha escatimado nada para cultivar y embellecer su viña. Nos a dado todos los recursos, para que podamos trabajar y desarrollarla al máximo.

Cada uno de los elementos con los cuales a dispuesto esta viña tiene su propia significación: los servidores, enviados por el Señor, son los profetas, que a lo largo de la historia se han encargado de anunciar la buena noticia, de que el pueblo mejore y se vuelva mas consiente de las gracias que Dios ha provisto la viña y denunciar al pueblo su poco agradecimiento y su visión ante estas gracias dadas por Dios.

El hijo es Jesús, muerto fuera de las murallas de Jerusalén, si nos damos cuenta fue crucificado en el Golgota, fuera de la gran ciudad, condenado con desprecio y con odio por los viñadores que son los judíos infieles: los escribas y fariseos, quienes se sentían como dueños del templo y de la religión de aquel tiempo olvidando, que tenían sus cargos por obra y gracia del Dios creador y señor de todo.

El otro Pueblo al que se confiará la viña son los paganos, pueblos no judíos, que eran vistos con desprecio por las autoridades de aquel tiempo y que fueron al final de cuentas los que verdaderamente escucharon y practicaron y escucharon las enseñanzas de Jesús al final de todo. La ausencia del dueño da a entender que Dios confió realmente Israel a sus jefes. De allí surge la responsabilidad de estos jefes y la exigencia del dueño a rendir cuentas, para lo que envía a sus siervos a percibir los frutos de la viña.

El segundo envío de los siervos a reclamar lo que debían a su dueño, y que corre la misma suerte del primero, es una alusión a los malos tratos infringidos a los profetas de Dios por los reyes y los sacerdotes de Israel. San Mateo también nos dice en otro pasaje del Evangelio que: “los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos”. Finalmente les envió a su propio Hijo, pensando que a Él sí lo respetarían.
La maligna intención de los viñadores de asesinar al hijo heredero, para quedarse ellos con la herencia, es el desatino con que los jefes de la sinagoga, enceguecidos por la ambición, esperan quedar como dueños indiscutibles de Israel al matar a Cristo.

Para nosotros, los cristianos de todos los tiempos, está parábola es una exhortación a la fidelidad a Cristo, para no reincidir en el delito de aquellos judíos de la parábola. Debemos tener conciencia de los dones de Dios y de la premura del tiempo. Este domingo nos invita a hacer una reflexión sobre el tiempo y sobre los dones que Dios nos ha concedido en la vida.
A veces advertimos que el tiempo de nuestra vida va pasando y, cuando queremos contabilizar los frutos que hemos dado para el bien del mundo, de la Iglesia y de las almas, nos encontramos con resultados muy pobres y raquíticos.

¿Qué ha pasado? ¿Hemos aprovechado con inteligencia y voluntad los talentos recibidos? ¿O hemos vivido como una viña distraída sin darse cuenta que su misión era producir uvas dulces? ¿O hemos vivido como los viñadores que pensaron más en sí mismos que en el amor del dueño de la viña?

El tiempo sigue pasando, pero mientras hay vida, hay esperanza de conversión, de transformación. ¡Cuántas son las personas que al encontrarse con Madre Teresa y ser llevadas a su casa en Calcuta, descubrieron en aquellos pobres moribundos que ellos podían y tenían que hacer algo con sus vidas. No esperemos a mañana para hacer este descubrimiento. Veamos que Dios espera mucho de nosotros. Somos su viña, su viña preferida, y Él se alegra y es glorificado cuando producimos mucho fruto.

Los frutos están en relación con la docilidad a la acción de Dios. Ahora bien, para dar fruto es preciso ser dócil al plan de Dios. Cada uno tiene su propia vocación y ha sido colocado en un lugar preciso de la Iglesia. Cada uno, pues, tiene una misión personal e intransferible.

No la podemos desempeñar de cualquier modo o según nuestros caprichos. El éxito de la fecundidad espiritual radica en la obediencia al Plan de Dios, como lo vemos en la vida de los santos. El secreto radica en la identificación con Cristo obediente que sufre y ofrece su vida en rescate por la salvación de los hombres.

La fecundidad espiritual pasa siempre por la cruz y el dolor. Quien quiera ser fecundo huyendo de esta ley de salvación, se equivoca, y un día quedará amargamente desilusionado. “Sin efusión de sangre no hay redención”.

viernes, 23 de septiembre de 2011

VIGESIMO SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

“En verdad se los digo: en el camino del reino de los cielos, los publicanos y las prostitutas andan mejor que ustedes”


(Mt.21,28-32)
Rev. Alexander Díaz


La liturgia de este domingo toca en lo profundo de nuestro corazón a todos y cada uno de nosotros en nuestro compromiso y obediencia en la vivencia del evangelio. Siempre me ha llamado la atención ver que por las parroquias pasan millares de personas de todas las edades, buscando un sinfín de servicios religiosos, sacramentos, fiestas de difuntos, misas de acción de gracias por milagros recibidos, y estos elementos me parecen fantásticos porque me hacen sentir que mi iglesia está viva y vibrante… pero me llama la atención que nadie quiere comprometerse, mas bien, da la impresión que huyen al compromiso, dan un sí a la fe, pero a medias.

Un sí creo pero no me pidas mas; siento que se quiere profesar una fe con los labios pero no con el compromiso de vida y de perseverancia incondicional. Esto viene a ser como el segundo muchacho del evangelio que dijo, “voy a trabajar” pero no fue, se quedo acomodado simple y sencillamente endulzando el oído a su padre pero no fue sincero en el actuar, es importante la escucha y la respuesta afirmativa del evangelio, con un compromiso de vida bien llevado, que traspase los limites de nuestro entorno político y social donde el compromiso se torne vivo y radiante y que la respuesta se plasme en acciones claras y concretas de justica y paz.

Siento que Jesús en la parábola de este domingo quiere dar un sentido de bien claro: lo importante no es hablar, sino hacerlo en acciones, el primer muchacho se negó a ir de entrada, fue sincero pero recapacito y fue a hacerlo más tarde con amor, el otro solo dio una respuesta por cumplimiento. Las acciones son importantes, las acciones son más convincentes cuando se hacen con amor y esmero, acuñadas con la fe solidaria del amor evangélico.

La parábola de Jesús pone al descubierto la falta de compromiso de sus interlocutores – escribas y fariseos – en la lucha por la construcción del reino y de un mundo más justo, decían seguir el mandato del Señor, pero no se comprometían con sinceridad, lo hacían a su conveniencia. Nos muestra además como los que eran considerados pecadores por ese cuerpo religioso eran, en realidad los únicos atentos a la llamada del reino.

La conversión no es un asunto de solemnes proclamas o prolongados ejercicios piadosos, sino más bien una llamada a la fraternidad porque todos somos hijos de Dios con una misión concreta que cumplir responsable y comprometidamente.

Las palabras de Jesús herían la sensibilidad de aquellos que estaban envueltos en el desarrollo cultual y religioso de aquel tiempo, que se consideraban auténticos seguidores de Dios e inigualables hombres de fe, porque colocaban delante de ellos el testimonio de aquellas personas que eran consideradas una lacra social: prostitutas y publicanos, en el mundo actual serian aquellos que según muchos no tienen una moral recta.

Los publicanos y prostitutas eran despreciados por todos porque ejercían según ellos una labor pecaminosa publica y eran una vergüenza, por ello nadie se atrevía a hablarles ni a tener ningún contacto físico, al menos en público. Me encanta Jesús porque ridiculiza todas esas valoraciones lazadas con desprecio a estos pobres de corazón por su moral mal llevada. Pero ciertamente Jesús no ve esa moral, más bien ve la hipocresía de ellos que viven en el templo pero no han entrado, su corazón esta mas frio que un pedazo de hielo, y más duro que una roca.

En los publicanos y en las prostitutas Jesús veía su humillación, un corazón mas abierto a Dios y a su perdón, menos orgulloso, y ve prepotencia en los corazones de los escribas y fariseos y sobretodo un orgullo arrogante, y nada de misericordia y comprensión para con estos pobres y marginados de la sociedad. Al final de la vida lo que importa será lo que hicimos con estos pequeños pobres y marginados.

La misericordia y el compromiso sano y santo son importantes para heredar el reino de los cielos. Si estas involucrado viva mente en tu parroquia, lee y aplica con atención y diligencia este evangelio a tu vida y busca tu propia identificación con él. Amen

viernes, 16 de septiembre de 2011

VIGESIMO QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

“Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primero”

(Mt.20,1-16)



Cada domingo la palabra a encontrarnos a nosotros mismos y encontrar la tan preciada gracia de Dios en nuestras vidas, a ver su amor y su misericordia, su gratitud y su generosidad por todos y cada uno. Las lecturas de este domingo como todos los anteriores son impresionantes, porque plasman con una claridad rica la bondad de Dios. La lectura del profeta Isaías presenta a Dios regalando un perdón total y gratuito. El perdón que Dios da al que hace lo posible por vivir de acuerdo con la exigencia de la fe es un acto de una misericordia que tiene comparación entre los seres humanos.

Dios nos da la oportunidad de buscarle y encontrarle, es claro al hacer esta llamada, “Buscan al Señor mientras le encuentran”(Is. 55,6). Muchas personas se preguntan y hasta yo mismo en muchas ocasiones me pregunto, donde esta Dios, donde está su presencia y al mismo tiempo caigo en la cuenta que El, está más cerca de lo que yo mismo pienso. El se pone en nuestro camino para que le encontremos y para que sigamos sus pasos, pero nos volvemos ciegos por nuestros propios complejos y caprichos.

Todas las oportunidades que El nos da tienen justo valor y debemos de aprovecharlas, solo aquel que las aprovecha llegara a triunfar plenamente en la vida. Por el contrario, si no las aprovechamos estamos autocondenandonos a fracasar y quedarnos siempre atrás, en la frustración y en la cobardía de la vida absurda y sin sentido. Por tanto, esta llamada de buscar al señor es un grito de alerta a despertar, a abrir los ojos, a sentir a Dios cerca, tan cerca que si nos percatamos bien, su mirada de amor penetra vivamente en nuestro corazón.

Es por ello que en el evangelio de este Domingo, Jesús nos propone el ejemplo de un hombre rico que va en busca de aquellos que no tienen nada que hacer y pierden su tiempo, porque según ellos nadie les quiere contratar.

Dios sale una y otra vez en nuestra búsqueda a contrartarnos para trabajar en su viña, a cualquier hora de nuestra vida, esta siempre ahí para darnos una oportunidad de ocuparnos en la salvación de nuestra vida. Nadie podrá decir que no sirve para nada, ni de nunca haber sido llamado a trabajar en la tarea de extender este reino de vida.

Me llama la atención en esta parábola, la generosidad de Dios para hacer el llamado, a unos les llama en la mañana, a otros al medio día y a otros ya bien entrada la tarde. La lógica humana y hasta cierto punto justa según nuestros ojos, debería de ser que cada uno recibiera lo justo según el tiempo trabajado, sin embargo Dios piensa diferente a nosotros, de hecho nos lo dice en la primera lectura “Mis pensamientos no son tus pensamientos, y tus caminos no son mis caminos…” (Is. 55,8), cuesta aceptarlo y entenderlo.

¿Por qué esto? Jesucristo, quien es el dueño de la siembra y quien cuenta la parábola, no nos explica el por qué de esta aparente “injusticia”. Por ello, para analizar y comprender el mensaje escondido en este relato, debemos darnos cuenta, primeramente, de que el Señor no está pretendiendo darnos una lección de sociología sobre la moral del salario. La parábola tampoco es para estimular a los flojos a que no trabajen o a los tibios a que dejen la conversión para última hora.Más bien nos indica que Dios puede llamar a cualquier hora: a primera hora del día, o a la última, o al mediodía... o cuando sea, y que debemos estar siempre listos para responder en el momento que seamos llamados -sea la hora que fuere- sin titubear, sin buscar excusas y sin retrasar la respuesta. Y el salario es el mismo porque Jesús nos está hablando de la salvación eterna, que es para todo el que quiera estar en la viña del Señor.

Jesús quiere también hacernos una advertencia contra la envidia, ese pecado en el deseo de querer que lo bueno de los demás no sea para ellos sino para nosotros, ese deseo diabólico que hace que nos sintamos enojados y molestos por el bien que los otros reciben. Cuantas personas destruyen a sus semejantes por el enojo y rencor desmedido por la envidia, o porque los otros son promovidos por la bondad de sus superiores o por las cualidades que este tiene para el desarrollo integral y personal. El Señor advierte a los trabajadores envidiosos que reclaman: “¿Vas a tenerme rencor porque Yo soy bueno?”

Dios no admite envidia o rivalidad entre sus hijos, pues desea que nos gocemos del bien de los demás como si fuera nuestro propio bien. De no ser así, estamos pecando de envidia, ese pecado escondido, bastante más frecuente de lo que creemos. Si acaso hemos sido fieles al Señor desde la primera hora, debemos alegrarnos por los de las últimas horas. Alegrarnos, porque son almas que recibirán la salvación. Y alegrarnos también porque los tempraneros han tenido la oportunidad de servir al Señor toda la vida o casi toda la vida.

La frase final también es controversial, pero hay que notar que la repite el Señor con bastante insistencia en el Evangelio y referida a diferentes situaciones: “Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”. (Mt. 19,30)

¿Qué significado tiene esta sentencia del Señor? Lo primero a tener en cuenta es que no dice que los últimos son los únicos que van a llegar y que los primeros no llegarán.
Simplemente invierte el orden de llegada. Así que el más importante significado es que todos -primeros y últimos- van a llegar. Significa que Dios ofrece la salvación a todos: recibe a los pecadores o incrédulos convertidos en la madurez de sus vidas, pero a la vez mantiene con sus gracias a aquéllos que desde su niñez o su juventud han vivido unidos a Él.

La paga final que nos dice el Evangelio de hoy nos hace caer en la cuenta que no es la cantidad de servicio lo que cuenta, sino el amor con el que se hace. Todo lo que Dios nos da por su gracia, sin nosotros merecerlo. Lo que da no es paga, sino regalo; no es un salario, es una gracia santificante, que debe de animarnos a ser más fieles y mas santos.

El cristiano no debe de ir buscando un salario sino que debe de trabajar en la alegría de servir a Dios y a sus semejantes. No hay para el trabajo evangelizador que pensar en términos de compensaciones. Todos tenemos que aprender de la bondad de Dios. Trabajar por el evangelio es un honor. Es un honor sentirse llamado a participar en la aventura de acercarse a los demás a la presencia de Dios, aunque esto represente soportar el peso del día. Don’t be afraid t olive under God’s presence.

Amen.

jueves, 8 de septiembre de 2011

VIGESIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

“Señor, cuantas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano?"


(Mt.18, 21-35)

Por. Rev. Alexander Díaz

El evangelio de este domingo, es retador y hasta cierto punto duro para aplicar en nuestras vidas, porque nos toca una de las partes que son más difíciles de entender, ya que el perdón no es fácil, porque es cerrar una herida sin pedir explicaciones. El perdón es uno de los inventos descabellados por Dios, que cuesta entenderlo y más aceptarlo y aplicarlo.

A Pedro le resultaba difícil entenderlo y para sentirse aliviado va con el maestro a preguntar, para salir de esa confusión, le dice: “Señor, cuantas veces tengo que perdonar las ofensas de mi hermano?, hasta siente veces?, Jesus le contesto: No te digo hasta siente, sino hasta setenta veces siete… (Mt.18,21-22)

Es decir, siempre. Será necesario un cambio interior grande para realizar este perdón. Primero para entenderlo. Luego, para aplicarlo en circunstancias donde es natural que surja el odio y la venganza. Después, hay que pedir fuerza para vivirlo por encima de sentimientos contrarios.

Amar a quién nos ama es algo común y muy fácil de aplicar, es hacer el bien a quien nos hace el bien. Todos los seres humanos lo hacen, más o menos. Pero el seguidor de Cristo debe vivir un amor superior. Debe amar también cuando le ofenden y le persiguen. Debe perdonar, elemento que no es fácil porque nuestra fragilidad humana se niega a aceptarlo.

Cuando Pedro habla de siete veces, está cogiendo el número de la perfección espiritual. Jesús le contesta hasta setenta veces siete; lo que quiere decir es que hay que perdonar siempre que el ofensor esté en disposición de ser perdonado.

Jesús nos habla de forma explícita, nos dice que no hay que llevar cuenta de las veces que hemos perdonado, no tiene sentido guardar cuentas de las ofensas que hemos recibido, que ganamos con eso? Lo que ganamos es amagar mas nuestra vida y hundirnos más en la miseria del odio y la desesperación.

Si Dios llevase cuenta de nuestras ofensas, estaríamos perdidos, porque lo ofendemos continua y desmedidamente. Por tanto debemos de olvidar y borrar de nuestra memoria las veces que hemos perdonado y las veces que nos han ultrajado.

Decía la Madre Teresa que “El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma y la tendrá el que te ofendió”


Perdonar de corazón es uno de los grandes retos de los hombres. Perdonar como somos perdonados. Sólo el que se da cuenta de lo que es el pecado como ofensa a Dios, un auténtico misterio de iniquidad, puede percibir la grandeza de un Dios que perdona y aprender ese difícil y divino modo de amar.

“Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, rezamos cada día, quizá muchas veces. El Señor espera esta generosidad que nos asemeja al mismo Dios. Porque si vosotros perdonáis a otro sus faltas, también os perdonará vuestro Padre celestial.

Esta disposición forma parte de una norma frecuentemente afirmada por el Señor a lo largo del Evangelio: Absolved y seréis absueltos. Dad y se os dará... La medida que uséis con otros, ésa se usará con vosotros. Jesús nos anima a adquirir el habito del perdón tal y como Dios hace con nosotros. El señor vino a darle corazón al perdón humano, desde ahí, desde el corazón es desde donde debemos entender esta parábola que hoy escuchamos.

  • Para perdonar debemos de tener en cuenta algunos elementosonar con misericordia a los que nos han ofendido.

  • Perdonarnos a nosotros mismos.

  • Somos reflejos del perdón de Dios para nuestros hermanos y para nosotros mismos.

Para el perdón cristiano es muy importante tener conciencia de sentirse perdonados por Dios, ya que el perdón adquiere sentido cuando se ve con los ojos de Dios y desde su dimensión divina, sin ella, se vuelve una simple farsa o un sinsentido.

Solo quien perdona a su prójimo puede esperar perdón de Dios, es lo que Jesús nos ha dicho en el evangelio de este domingo, ya que cada pecado que comentemos contra El, es una falta grande. En resumen, debemos perdonar de corazón. Dios mira el corazón; es ahí donde se fragua el pecado, es también en donde debe fraguarse el perdón. Amen