jueves, 10 de noviembre de 2011
TRIGESIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
lunes, 7 de noviembre de 2011
EL PROPÓSITO DE DIOS DETRÁS DE LOS PROBLEMAS
viernes, 4 de noviembre de 2011
DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO
jueves, 3 de noviembre de 2011
¿ERES UN AGUILA O UN PATO RUIDOSO? TU DECIDES...
Interesante la historia, verdad, ahora tu decides que quieres ser, adelante, camina o vuela, pero no seas pato ni gallina, se un aguila.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Celebración de los Fieles difuntos
jueves, 27 de octubre de 2011
TRIGESIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
viernes, 21 de octubre de 2011
DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO
La Iglesia celebra hoy el Día Mundial de las Misiones. Quisiera invitar a todos para que profundicemos en el significado de esta convocatoria que se nos hace. Este día se busca que todos nosotros tomemos conciencia de la tarea que nos fue confiada en el bautismo, a través de nuestros papás y padrinos, y que ratificamos al recibir el sacramento de la confirmación: ser testigos y anunciadores de la buena noticia de Jesús, manifestando una solidaridad activa con aquellas mujeres y hombres que anuncian el mensaje de salvación a los que no conocen a Dios, o que lo conocieron pero después se olvidaron de él.
viernes, 14 de octubre de 2011
Vigesimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario
viernes, 7 de octubre de 2011

A todos nos gusta participar de las fiestas de una boda, porque se celebra el amor entre dos personas que están enamoradas y a través de esa fiesta manifiestan su compromiso ante Dios y ante la comunidad, por ello que se invitan a todos los más cercanos, los familiares y amigos. Hoy este domingo vigésimo octavo del tiempo ordinario, nos presenta una fiesta de bodas, pero no es una fiesta común y corriente es un "Banquete de Bodas" preparado por Dios nuestro Señor para todos los seres humanos al final de los tiempos. Es el amor entre el Dios de la vida y el género humano, del cual Dios es el principal enamorado.
Se trata de nuestra salvación, de nuestra felicidad eterna con Él para siempre en la Jerusalén Celestial, cuando Dios “enjugará toda lágrima y ya no existirá ni muerte, ni duelo, ni gemidos, ni penas" (Ap. 21, 4) y viviremos en completa y perfecta felicidad para siempre.
Es la celebración de la Boda del Hijo de Dios con la humanidad. Y a esa fiesta estamos invitados todos. Pero en la descripción que hace San Mateo, vemos cómo algunos responden a la invitación del Señor y otros no, porque tuvieron algo más importante que hacer: “El Reino de los Cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir... Uno se fue a su campo, otro a su negocio..." (Mt. 22, 1-14).
Me pregunto a mi mismo ¡cuántas veces no hacemos nosotros lo mismo! Dios nos llama y en vez de atender su invitación, le damos la espalda. Buscamos mil pretextos para no estar con él, siempre hay excusas para ignorar esta fantástica invitación, le damos importancia a lo que no tiene importancia, nos hacemos los desentendidos y los importantes con sus cosas.
San Lucas, al relatar esta Fiesta Celestial, es mas especifico y mas detallado al relatar lo que sucedió cuando los principales invitados no aceptaron estar en esta boda, nos dice que invitó luego a los pobres, los inválidos, los cojos y los ciegos (Lc. 14, 22) .
Estos son todos aquéllos que el mundo considera insuficientes: los pobres de corazón, que saben que no tienen nada si no tienen a Dios; los inválidos -inválidos espirituales- que saben que no pueden valerse sin la ayuda de Dios; los cojos que saben que necesitan las muletas que sólo Dios puede ofrecerles; los ciegos que saben que necesitan la luz de Dios para poder ver.
Los sabios según la sabiduría de este mundo, los orgullosos, los presuntuosos, los apegados a las cosas del mundo y a los bienes materiales corren el riesgo de ser invitados y de no asistir, por no darse cuenta de que la invitación del Señor es infinitamente más importante que cualquier negocio, cualquier preocupación material, cualquier apego terreno. Y corren el riesgo, también, de no estar vestidos adecuadamente y de ser echados fuera. No estar bien vestidos significa no tener suficiente preparación espiritual para poder ser aceptado en la Fiesta de la Salvación, el traje de bodas del cual habla el evangelio, es la sinceridad y la verdad con la que debemos de vivir constantemente.
La invitación al Banquete Celestial es para todos, pero muchos no aceptan... y algunos no están debidamente preparados. De allí la sentencia de Jesús al terminar esta parábola: "Muchos son los llamados y pocos los escogidos".
Recuerda estas invitado a un banquete de Bodas, acepta la invitación porque será una fiesta eterna en la cual serás el principal invitado, Jesús invita, ponte el traje de la verdad y la autenticidad.
Amen
viernes, 30 de septiembre de 2011
(Mt.21,33-43)

Nos encontramos celebrando el domingo vigesimoséptimo del tiempo ordinario, Jesús continua explicándonos el reino de Dios a través de parábolas, y a través de ellas quiere que lleguemos al conocimiento de la verdad.
La parábola de este domingo es conocida como de los viñadores homicidas, el Señor resume la historia de la salvación. Compara a Israel con una viña escogida, provista de una cerca, de su lagar, con su torre de vigilancia algo elevada, donde se coloca el guardián encargado de protegerla. Dios no ha escatimado nada para cultivar y embellecer su viña. Nos a dado todos los recursos, para que podamos trabajar y desarrollarla al máximo.
Cada uno de los elementos con los cuales a dispuesto esta viña tiene su propia significación: los servidores, enviados por el Señor, son los profetas, que a lo largo de la historia se han encargado de anunciar la buena noticia, de que el pueblo mejore y se vuelva mas consiente de las gracias que Dios ha provisto la viña y denunciar al pueblo su poco agradecimiento y su visión ante estas gracias dadas por Dios.
El hijo es Jesús, muerto fuera de las murallas de Jerusalén, si nos damos cuenta fue crucificado en el Golgota, fuera de la gran ciudad, condenado con desprecio y con odio por los viñadores que son los judíos infieles: los escribas y fariseos, quienes se sentían como dueños del templo y de la religión de aquel tiempo olvidando, que tenían sus cargos por obra y gracia del Dios creador y señor de todo.
El otro Pueblo al que se confiará la viña son los paganos, pueblos no judíos, que eran vistos con desprecio por las autoridades de aquel tiempo y que fueron al final de cuentas los que verdaderamente escucharon y practicaron y escucharon las enseñanzas de Jesús al final de todo. La ausencia del dueño da a entender que Dios confió realmente Israel a sus jefes. De allí surge la responsabilidad de estos jefes y la exigencia del dueño a rendir cuentas, para lo que envía a sus siervos a percibir los frutos de la viña.
El segundo envío de los siervos a reclamar lo que debían a su dueño, y que corre la misma suerte del primero, es una alusión a los malos tratos infringidos a los profetas de Dios por los reyes y los sacerdotes de Israel. San Mateo también nos dice en otro pasaje del Evangelio que: “los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos”. Finalmente les envió a su propio Hijo, pensando que a Él sí lo respetarían.
La maligna intención de los viñadores de asesinar al hijo heredero, para quedarse ellos con la herencia, es el desatino con que los jefes de la sinagoga, enceguecidos por la ambición, esperan quedar como dueños indiscutibles de Israel al matar a Cristo.
Para nosotros, los cristianos de todos los tiempos, está parábola es una exhortación a la fidelidad a Cristo, para no reincidir en el delito de aquellos judíos de la parábola. Debemos tener conciencia de los dones de Dios y de la premura del tiempo. Este domingo nos invita a hacer una reflexión sobre el tiempo y sobre los dones que Dios nos ha concedido en la vida.
A veces advertimos que el tiempo de nuestra vida va pasando y, cuando queremos contabilizar los frutos que hemos dado para el bien del mundo, de la Iglesia y de las almas, nos encontramos con resultados muy pobres y raquíticos.
¿Qué ha pasado? ¿Hemos aprovechado con inteligencia y voluntad los talentos recibidos? ¿O hemos vivido como una viña distraída sin darse cuenta que su misión era producir uvas dulces? ¿O hemos vivido como los viñadores que pensaron más en sí mismos que en el amor del dueño de la viña?
El tiempo sigue pasando, pero mientras hay vida, hay esperanza de conversión, de transformación. ¡Cuántas son las personas que al encontrarse con Madre Teresa y ser llevadas a su casa en Calcuta, descubrieron en aquellos pobres moribundos que ellos podían y tenían que hacer algo con sus vidas. No esperemos a mañana para hacer este descubrimiento. Veamos que Dios espera mucho de nosotros. Somos su viña, su viña preferida, y Él se alegra y es glorificado cuando producimos mucho fruto.
Los frutos están en relación con la docilidad a la acción de Dios. Ahora bien, para dar fruto es preciso ser dócil al plan de Dios. Cada uno tiene su propia vocación y ha sido colocado en un lugar preciso de la Iglesia. Cada uno, pues, tiene una misión personal e intransferible.
No la podemos desempeñar de cualquier modo o según nuestros caprichos. El éxito de la fecundidad espiritual radica en la obediencia al Plan de Dios, como lo vemos en la vida de los santos. El secreto radica en la identificación con Cristo obediente que sufre y ofrece su vida en rescate por la salvación de los hombres.
La fecundidad espiritual pasa siempre por la cruz y el dolor. Quien quiera ser fecundo huyendo de esta ley de salvación, se equivoca, y un día quedará amargamente desilusionado. “Sin efusión de sangre no hay redención”.








