viernes, 15 de agosto de 2008

XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

“Ten compasión de mi Señor”
Jesús se acerca a la región de Tiro y Sidón, situada al noroeste de Galilea, región habitada por paganos a los que les llamaban cananeos, pueblo que ya había desaparecido, pero por sus semejanzas en el comportamiento así los denominaban. Una mujer cananea, madre por más detalle, viene hacia el grupo gritando: “Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David”. Y sin perder la respiración informa a Jesús de la razón de sus gritos.En ninguna parte del santo evangelio Jesús trata mal a las mujeres, o les insulta o desprecia, como otros muchos hacían. En este caso, sin embargo, vemos algo que nos puede parecer como un desprecio: Jesús no le respondió nada, y los discípulos que no ven más allá de sus narices, insisten en que la atienda para deshacerse de ella y se sienten avergonzados por toda la atención y alboroto que ella está creando. Jesús, lleno de paciencia como siempre, les informa que su misión, como les había indicado a ellos anteriormente es hacia el pueblo elegido. La mujer, que es madre, insiste y Jesús le da una razón de su actitud: el pan es para los hijos, no para los perrillos (otro nombre para los que no pertenecían al pueblo de Dios). La mujer, madre vuelvo a repetir, podríamos decir que da una lección al mismo Maestro: Sí, tienes razón, pero también los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos. Y aquí Jesús ya no le quedan argumentos ni palabras excepto: ¡Mujer, qué grande es tu fe! Que te suceda lo que pides. Porque los seres humanos tenemos que ver solo las partes negativas de nuestras experiencias, quizás muchos de los que se encontraban con Jesús no estuvieron de acuerdo con que curase a la hija de esta mujer pagana, el objetivo de Jesús no es humillarla como lo dije anteriormente sino recalcar dos objetivos importantes.


El primero, la fe de esa madre ante el sufrimiento de su hija, en la fe de esta mujer cananea se ve una fe y oración profundamente unidas, es decir, de fe suplicante, que sale al encuentro del señor, una fe dinámica orientada a la liberación del prójimo, en este caso su hija, ella se ve movida ante el dolor ajeno; cuando hay alguien que está en necesidad debemos hacer lo que esté de nuestras manos para ayudar en dicha situación. El hambre, la enfermedad, el sufrimiento no lo podemos calificar como católico, protestante, evangélico, latino, africano o asiático. Todo lo dicho puede afectar y lo hace a miembros de toda raza y credo, y lo que cuenta es el/la hermano/a que lo sufre y así lo primero que debemos ver es el ser humano, uno como nosotros, sin mirar a esas otras cosas que nos separan, y verlo y enfocarlo desde la fe. Fe y oración suplicante y agradecida deben de ir unidas a nuestra vida, ya que son ellas expresión de la vida Cristiana, y mutuamente se potencian con el ejercicio personal y comunitario de las mismas.

El Segundo elemento de la liturgia de este domingo es que la salvación es para todos, judíos y no judíos. Las respuestas de Jesús a la mujer cananea parecieran indicar lo contrario. Lo cierto es que Dios eligió al pueblo de Israel para asignarle un papel primordial en la historia de la salvación. Los israelitas serían los primeros en recibir el llamado a la salvación. Pero luego la salvación se extendería a todo pueblo, raza y nación. La elección de Israel no significa, entonces, el rechazo a otros pueblos. La salvacion es para todos, todos estamos llamados a heredar el cielo, esta herencia no se basa en sangre o raza, nacion o cultura, sexo o situacion social, sino que la unica condicion requerida y que no resulta discriminatoria, es la fe en Cristo Salvador. Muchas personas se creen superiores segun ellos por su camino de fe recorrido, o por los años que tienen dentro de la Iglesia, esos no son requisitos fundamentales para heredar el reino de los cielos, lo principal es asimilar en nuestra vida el Evangelio. Alguien me dijo el otro dia, que los hispanos y otras culturas estabamos destruyendo la iglesia norteamericana, mi respuesta es, y quien dice que la Iglesia es de ustedes, o de una sola cultura o raza, o color o nacionalidad, es de todos, porque como dice San Pablo, tenemos, Un solo señor, una sola fe, un solo Dios y Padre…. Ese es el gran reto y compromiso, entrar todos en una misma fe y amor a Dios.

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