domingo, 14 de febrero de 2010

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

"Dichosos los pobres; ¡ay de ustedes los ricos!" Lc 6, 17.20-26
Las bienaventuranzas tienen también otro nombre y es el de felicidad. Felicidad y bienaventuranza es lo mismo. La felicidad que Jesús nos ofrece no es sólo para esta vida sino que trasciende mucho más allá la realidad material de nuestra existencia.
Los seres humanos estamos llamados a la felicidad en nuestra vida y en nuestro futuro después de la muerte. Cada persona, incluso los que se desvían del camino, intenta ser feliz a su manera, a su forma, buceando por las profundidades de su vida. El infeliz es aquel que ha buscado ser bienaventurado por caminos equivocados, con métodos erróneos y con fines muy concretos. Los que piensan que el sexo, el poder, el dinero y otras tantas cosas aportan la felicidad, bien pronto descubren que estas parcelas de la vida humana son sólo eso, parcelas que no responden a la plena integridad de su vida.
Jesús propone a sus discípulos una opción que no se divide en parcelas. No propone ser feliz con el dinero, ni con el poder ni con el sexo, ni con nada material en concreto. El Maestro nos enseña el camino de la felicidad desde un ser y saber qué es lo que realmente llena el corazón de las personas.
Hay gente que llena su vida de cosas pero su corazón está muy, pero que muy vacío. Un corazón vacío produce ecos terribles en la vida de las personas: ecos de miedo, de sin sentido, de insensatez y de inseguridad. Los ecos tienen forma de pesadillas, cargos de conciencia, dolor por el pasado, cobardía...
¿Cómo es el camino de la felicidad que Jesús nos propone? ¿Qué elementos tiene que existir en la vida de las personas que seguimos al Señor para disfrutar de lo que nos propone?
La primera condición para lograr la felicidad es tener oídos para Dios. Escuchar desde el corazón lo que Dios nos pide y desea para nosotros. Nuestro creador no quiere que la tristeza, ni el pesimismo, ni la amargura estén continuamente presentes en nuestra vida, de ahí que nos ofrece caminos concretos para llegar a la felicidad plena.
Hay gente que se conforma con felicidades descafeinadas, con felicidades de urgencia, con felicidades paliativas... pero lo que Jesús nos ofrece es otra cosa...
Las actitudes que Jesús nos propone nos hacen ver dos condiciones, dos mundos, dos maneras de vivir. Depende de la elección que hagamos se hará realidad las promesas de Jesús.
- "Felices los pobres porque el reino de Dios les pertenece." No se refiere a los pobres sociológicos sino aquellos que tienen su confianza puesta sólo en el Señor. Todo lo que necesito para ser feliz está dentro de mi absoluta confianza en Dios; no necesito más. Quienes son capaces de dejar espacio para Dios y que no existan obstáculos materiales en sus adentros, recibirán el reino de Dios. Bien sabe Jesús que las cosas y las personas nos pueden robar el corazón aunque sólo sea para alcanzar breves conatos de felicidad...
- "Felices los que tienen hambre, porque quedarán satisfechos..." El alimento es una de las primerísimas necesidades del ser humano. Antes de hablar de la felicidad tenemos que procurarnos el alimento, no sólo el material sino el que interiormente nos sustenta. No es casualidad que Jesús se quedara entre nosotros como alimento. ¿Qué alimenta tu vida para seguir adelante?
- "Felices los que ahora lloran, porque después reirán." Los llantos de ahora como consecuencia de las incomprensiones, de los desaires, de tantos y tantos obstáculos que nos aperecen en nuestra vida y que nos hacen sufrir, son sólo una preparación para los gozos futuros. Es como si todos los llantos y tristezas los dejáramos definitivamente aquí, en este "valle de lágrimas" que es la vida.
- "Felices ustedes cuando la gente les odie, les expulsen, les insulten... por causa del Hijo del hombre..." El camino del Señor está salpicado de contratiempos, por eso hay muchas personas que abandonan el seguimiento del Maestro. No han entendido que tenemos que vivir rodeados de esas situaciones para que la fuerza de Dios realmente venza esas realidades humanas. Es bien bonito sufrir por hacer el bien, aunque los demás no lo entiendan ni valoren. Es lo mismo que le pasó a Jesús...
A las bienaventuranzas siguen otros tantos ayes o maldiciones contra los pecadores que prosperan, aunque el mundo les envidie...
- ¡Ay de ustedes los ricos! Porque se darán cuenta que las cosas que tienen no les sirve para ser felices y todo el trabajo por tener y por poner su confianza en las cosas no les ha servido de nada.
- ¡Ay de ustedes los que ahora están satisfechos! Llenos de ustedes mismos, pero sin Cristo, sin esperanza y sin Dios.
- ¡Ay de ustedes los que ríen ahora! Los que siempre están dispuestos a reír con la risa del necio.
- ¡Ay de ustedes cuando todos les alaben! Los que creyendo seguir a Cristo han preferido complacer el oído de los hombres, antes que anunciar el reino de Dios.
En definitiva, la historia del Evangelio de hoy es la de los que aparentemente sin tener nada poseen todo y de los que creyendo poseerlo todo no tienen nada...
Cada uno de nosotros debe de revisar con frecuencia su vida, preguntándonos si nuestro corazón está lleno de cosas en lugar de quien único puede de verdad llenarlo, de Dios.
* * *
¿Qué es para ti la felicidad?
¿Qué relación existe entre la palabra "salvación" y "felicidad"?
¿Cuáles son las seguridades reales de tu vida?
¿Qué tenemos que hacer para que Dios se haga más presente en nuestra vida diaria y en nuestra vida interior?
¿Cómo podemos llenar nuestro corazón de Dios? ¿Qué tenemos que hacer?

1 comentario:

Gilberto dijo...

cuales cantos puedo cantar en el tiempo de pentecostes ??