
sábado, 3 de julio de 2010
XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

jueves, 24 de junio de 2010
XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Hoy nos encontramos a Jesús camino de Jerusalén. Un camino de encuentros y de desencuentros ante su persona.
Los samaritanos no quisieron recibirle y Santiago y Juan proponen a Jesús el bajar "fuego del cielo" para acabar con ellos; pero Jesús los reprende. Aún hoy muchos cristianos tienen esa misma reacción. Creen que no aceptar la presencia de Dios por parte de muchas personas es motivo más que suficiente para ser exterminados tanto espiritual como materialmente. Menos mal que Dios no es así. Jesús les reprende por su celo destructor más que por su celo evangelizador. Evangelizar es siempre invitar nunca imponer ni muchos menos condenar.
Los grandes retos que nos pone la sociedad actual nos pueden hacer llevar a reaccionar como Santiago y Juan. Un buen método para no llegar a soluciones drásticas y a sufrir interiormente es rezar sinceramente por quienes creemos alejados de Dios. Nuestra oración le vendrá bien al alejado y también a nosotros.
Muchas personas que se enfadan por la actitud indiferente o antirreligiosa de su prójimo, no se dan cuenta de la imperfección que albergan en su propio corazón. El Espíritu de Jesús es el Espíritu del amor, no del rencor, el odio o la violencia. Tenemos que pedir al cielo paz y amor en lugar de violencia y fuego. Cristo vino para acabar con la enemistades no para fomentarlas.
En el camino nos encontramos con tres invitaciones al seguimiento de Jesús. Cada una de estas propuestas representan un aspecto de la condición humana:
- Primer personaje: La excesiva seguridad en uno mismo.
El primero es un hombre que se ofrece a Jesús para "seguirle adondequiera que vaya". La respuesta de Cristo es un tanto desconcertante. Le dice que el Hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza... Ante un proyecto le responde con una realidad. Jesús no tiene grandes medios e invita a sus seguidores a que tomen ejemplo. Podemos pensar que la evangelización necesita grandes derroches económicos o intelectuales o teológicos y eso no es cierto. Los que han transformado y purificado a la Iglesia son los que supieron seguir a Cristo y asumir su realidad. Este primer hombre no ha calculado sus fuerzas y se invita a hacer un seguimiento un tanto a la ligera. El Evangelio no nos dice si al final siguió a Jesús.
La vocación no es una opción que yo hago por mi cuenta y riesgo prescindiendo de cualquier otra referencia. La vocación es siempre una respuesta a una llamada.
- Segundo personaje: El apego a los afectos.
El segundo personaje es llamado por Jesús: "Sígueme". Esa palabra que había movido a otros parece que también le llega, pero pone condiciones:
"Déjame ir primero a enterrar a mi padre." El Maestro no le da el pésame, no le acompaña en el sentimiento; por el contrario, le invita a "dejar que los muertos entierren a sus muertos". ¿Qué significa esto? ¿No son acaso los propios mandamientos quienes nos proponen el respeto a los padres? ¿Cómo Jesús puede decir eso?
Nuestro hombre lo que hace es anteponer una realidad al seguimiento. No es que tengamos que alejarnos de nuestras familias o no quererles. Dios es un Dios de amor. Lo que puede ocurrir es que cuando damos prioridad a nuestras relaciones familiares podemos apartarnos del camino con mucha facilidad. Si la familia se nos vuelve un serio obstáculo para el seguimiento tenemos que seguirles queriendo pero teniendo un claro planteamiento de nuestras prioridades. Si nuestra familia no es creyente podemos caminar con ellos humanamente y quererles de verdad, pero sabemos que no son partícipes del proyecto de Jesús.
La familia a la que Jesús nos invita es aquella donde está nuestra familia carnal pero también nuestra otra familia espiritual. La Iglesia es la familia de Jesús.
- Tercer personaje: El apego al pasado.
Quiere seguirle pero primero quiere despedirse de los suyos.
El que está arando en el camino de la fe tiene que tener puesta la mirada hacia adelante no hacia atrás. Si miramos siempre para nuestro pasado los surcos de la fe y de la evangelización no saldrán rectos. La vida cristiana será siempre o un anhelo para superar el pasado o una lucha constante porque nuestro pasado no se haga presente. Seguir a Jesús es pacificar y asumir con serenidad nuestro pasado. Tenemos que aprender a mirar el pasado sin dolor.
Las respuestas de Cristo son para nuestros personajes una nueva alternativa. Hay otra manera de vivir por encima de nuestros proyectos sobre Jesús. Ser cristianos es abandonar nuestros apegos y escuchar y poner en práctica las propuestas del Maestro.
lunes, 7 de junio de 2010
SOLEMNIDAD, SANTISIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Lc 9, 11b-17:
Hace sólo unas semanas celebramos la Ascensión del Señor y en esa fiesta veíamos como Jesús se va al Padre pero a la vez se queda entre nosotros. El lugar privilegiado donde el Señor Resucitado se ha quedado entre nosotros es precisamente la Eucaristía.
Cuando una persona católica dice que "no es practicante" se refiere a que no participa de la Eucaristía. Dentro de la teología popular se puede distinguir que el vínculo de unión con Jesús lo hacemos los católicos a través del sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo. Uno "no es practicante" porque no lea la Palabra, o porque no ayude a los pobres, o porque no rece... Una persona no es católico practicante porque no participa de Cristo en la Eucaristía.
¿Qué hacemos los católicos en la Misa?
Reconozco mi debilidad por la celebración de la Eucaristía. En cada momento importante de mi vida siempre ha estado la presencia del Cuerpo y Sangre de Cristo. Les tengo que confesar una cosa: desde pequeño me propuse no aprender nunca la Misa de memoria. Claro que sé contestar, y sé invitar a los demás a orar, pero no sé memorizar a la ligera ni las respuestas ni las propuestas de oración. Fue una decisión meditada.
Permítanme los teólogos decir que la Misa no es otra cosa que la vida de Jesús celebrada como encuentro y alimento. Cuando voy a la Eucaristía sigo a Cristo por el camino. Llego y me encuentro -como en el Evangelio de hoy- a otras personas que probablemente no conozco pero que también vinieron a escuchar al Maestro. Se produce en nosotros un cambio al oír hablar del reino de Dios y muchos son curados de sus dolencias interiores. Sigue la celebración y nos encontramos que se nos ha hecho tarde y tenemos un hambre que no podemos disimular. Esta vez no son los panes y los peces los que se reparten, es el propio Jesús quien se da en comida. El pan y los peces lo podían llevar aquellos del Evangelio en sus manos; a Jesús cuando lo recibimos sólo podemos llevarlo en el corazón.
Hay una seguridad y es que los que siguen a Cristo en el camino de la vida son atendidos por Él de un modo especial, pues no permitirá que les falte de nada. Nos es difícil entender cómo los católicos perseguidos de todos los tiempos han encontrado en el Cuerpo y la Sangre de Cristo la fuerza necesaria para que mantenerse y seguir avanzando en la fe. Nosotros en cambio tenemos la posibilidad de ahondar en la Eucaristía y en nuetro cambio.
El que va a la Eucaristía sólo tiene que llevar su vida bien dentro y entrar con ella a la Iglesia; el resto es Jesús quien lo pone.
No estoy diciendo que las celebraciones tienen que ser aburridas pero tampoco tenemos que convertirlas en espectáculos.
El Cuerpo y Sangre de Cristo están muy unidos y relacionados con la caridad. Caridad entendida como compartir con los más débiles y necesitados. Ir al Cuerpo de Jesús es pasar antes por el amor a los demás. Creo que si cada uno de los que vamos a la Iglesia viviéramos esta realidad nuestro mundo sería distinto y nosotros también.
Termina el Evangelio diciendo que la gente comió hasta quedar satisfecha y hasta llenaron doce canastas con los trozos sobrantes. Todavía no termino de entender como hay personas que salen de la Eucaristía con el mismo hambre con el que entraron ¿Qué estará fallando en ellas?
viernes, 28 de mayo de 2010
SOLEMNIDAD DE LA SANTISIMA TRINIDAD

( Jn. 16,12)
Todas nuestras celebraciones religiosas comienzan en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Comenzamos siempre reuniéndonos en el nombre de Dios.
El mundo de hoy no acepta con mucho agrado los misterios. Piensan nuestros contemporáneos que todo se debe explicar y todo debe tener su formulación precisa, por eso es incómodo hablar del Misterio de la Santísima Trinidad a los no creyentes de hoy. Pero es urgente rescatar la presencia de Dios Uno y Trino en la vida de cada ser humano.
¿Por qué los cristianos aceptamos el Misterio?
Nosotros sabemos que las realidades en las que nos movemos son bastantes superiores a nuestras propias capacidades. ¿Acaso para los seres humanos de hoy no es superior a ellos la Justicia, la Libertad, el Bien, la Tolerancia...? y sin embargo creen en su presencia y de su necesidad en el mundo. Algo parecido nos sucede con Dios.
¿Cómo hablar de la Trinidad al no creyente y al creyente?
Hoy como ayer los seres humanos somos iguales que aquellos apóstoles a los cuales toda explicación sería demasiado (v.12). Tenemos que convivir con el Misterio y dejar que sea Dios quien nos lo vaya explicando. El fallo de muchos no creyentes es pensar que son ellos los que tienen que aceptar a Dios y el Misterio de su intimidad. Si razono, si me convencen los argumentos acepto a Dios y su mundo... Nada más lejos de la realidad. El creer en Dios y aceptarlo en nuestra vida es siempre un regalo que Él nos hace. Me conoces porque te muestro Quién Soy. Sólo puedes conocer de mí lo que te regalo, lo que te ofrezco, lo que te propongo, y te quiero tanto que me he dado a conocer totalmente a ti.
Todavía los apóstoles no son capaces de aprender otras cosas más profundas sobre la fe. Jesús se hace cargo de nuestra debilidad, pero les promete que pronto les enviará ayuda suficiente.
El Espíritu Santo nos guiará en la verdad. La verdad de la que nos habla no es la verdad filosófica, ni del sentido de las cosas. Nos está hablando de la verdad sobre lo que necesitamos para seguirle, para mantenernos en Él y vivir en Él.
La Trinidad es una verdad revelada por el mismo Dios que se nos ha dado a conocer. Es la respuesta de Dios al "No es bueno que el hombre esté solo..." del Génesis. La soledad material es dura pero la espiritual lo es mucho más, no en vano encontramos en nuestras sociedades de hoy personas realmente solas rodeadas de millones de seres humanos.
Dios se nos muestra en la plenitud en la Trinidad.
Para un cristiano hablar de Dios Trino es relativamente fácil. Los creyentes para descubrir a Dios plenamente tenemos que hacernos tres preguntas básicas:
- ¿Quién me creó?
Me pregunto sobre el origen no sólo material de mi vida sino también de la realidad no material que se hace presente desde el primer momento de mi existencia. Dios Padre me creó a su imagen y semejanza.
- ¿Quién me redimió?
La creación de Dios se truncó en un momento de la Humanidad. La creación se volvió contra el creador, trató de prescindir de Él. La distancia que creó fue tal que se rompieron los caminos para llegar a la armonía primera del ser humano con su creador y consigo mismo. Separándose de su creador se alejó de sí mismo. Fue Jesús quien arregló los caminos y nos enseñó que Él era el único Camino para llegar al Padre.
- ¿Quién alienta mi fe y continúa en mí la obra buena iniciada por el Padre y el Hijo?
Creación y redención necesitan una actualización permanente. Yo tengo que dejarme crear y redimir cada día de mi vida. Creación y redención tienen que ser en mí algo vital y continuo; pero mi debilidad necesita ser constantemente ayudada. El Espíritu Santo viene en ayuda de mi debilidad. Con sus dones potencia la creación y la redención que hay en mí y lo hace cada día, en cada momento.
Soy frágil, lo sé. La buena obra que Dios ha comenzado en mí la puedo romper por descuido, por maldad o por indiferencia. Puedo ignorar el sacrificio amoroso que Jesús hizo por mí, pero si acepto al Espíritu Santo en mi vida iré de nuevo recomponiendo la obra de Dios que soy yo y que rompí con mis pesadumbres y alejamientos de Él. Miraré la cruz y entenderé el porqué se vació la tumba del Maestro. La Trinidad son tres momentos de un solo Dios.
La Trinidad es la oportunidad más grande de cambiar que se le ofrece a un ser humano, quien la acepte será recreado, salvado y alentado en el camino de fe. No nos equivocamos en llamarla "Santa" porque aceptar a Dios plenamente nos hace santos.
domingo, 23 de mayo de 2010
SOLEMNIDAD DE PENTECOSTES
Jn 20, 19-23
Hoy celebramos en toda la Iglesia la gran Solemnidad de Pentecostés, el día en que Jesús nuestro Salvador envía desde el cielo la fuerza que durante toda su vida pública nos prometió. Nos da su gracia a través de la tercera persona de la Santísima Trinidad.
El Espíritu Santo dicen algunos que es "gran olvidado" aunque nuestra vida de fe esté llena de términos y expresiones "espirituales". Pero el Espíritu de Dios no se esconde, es más, actúa en muchos lugares tanto dentro como fuera de la Iglesia.
Al comienzo de la Biblia (Gén 1,1-2) ya aparece su presencia y en el último libro, en el Apocalipsis, (Ap 22,17) lo volvemos a encontrar. Dios en el comienzo y en el final de la Palabra. En el resto de los libros bíblicos vamos descubriendo su presencia de mil maneras distintas. Sus auxilios nunca abandonaron al ser humano en su caminar hacia Dios.
Ya sabemos quién es el Espíritu Santo; vamos a preguntarnos ahora cómo actúa, qué hace en el momento presente.
El ser humano por sí mismo no puede lograr muchas cosas espirituales. Necesita que sea Dios mismo quien le muestra el camino por donde hay que llegar a la tierra del Espíritu; pero el aprendizaje que Dios nos hace no se realiza de una manera abstracta, anónima o del todo invisible. El Señor sabe establecer los márgenes donde tenemos que movernos para irle descubriendo. Cada persona es distinta y es por ello que la presencia espiritual en cada uno tiene, además de lo básico y fundamental de toda vida cristiana, una serie de ayudas y regalos por parte del Espíritu. De ahí que no todas las personas tengamos ni los mismos carismas ni las mismas cualidades para desempeñar nuestra misión de cristianos. Dios me ha creado individual y personal; soy "alguien" para mi Padre del cielo. Jesús dio su vida por mí para salvarme y me ha con-resucitado en Él. El Espíritu Santo toma esta realidad de ser "alguien con-resucitado en Dios" y viene en nuestro auxilio dándonos las ayudas y claves espirituales para que podamos tener una vida digna de tal título. No nos deja solos pero nos deja en libertad.
¿Qué hace el Espíritu Santo en mi vida?
Esta es una pregunta muy importante que hay que responder una y otra vez a todas las personas, pero de una manera especial a los que se incorporan a la fe o a los que flaquean en ella.
Dios no se desentiende de su creación. La Humanidad, a pesar de todo lo que vemos cada día, no está abandonada por Dios que actúa mediante su Espíritu. Veamos algunas de las acciones que fortalecen la vida del cristiano y de todo ser humano que permanece abierto a su acción:
· El Espíritu Santo me hace encontrar cada día con Dios amor y con el amor de Dios.
· Ordena mi vida desde el amor. Mis anhelos, mis deseos, mis fracasos y mis éxitos, mis relaciones con los demás y con Dios cuando Él actúa adquieren un nuevo sentido en mi existencia.
· Fortalece mi debilidad humana y espiritual en la oración, la meditación, el estudio, el trabajo y toda la vida diaria.
· Da vida a mi vida. Hay aún muchos restos de muerte en mi vida que necesitan ser transformados y recuperar el talante divino.
· Me enseña a buscar bien a Dios y me conduce a un encuentro profundo conmigo mismo y con los demás.
· Me enseña a preparar mi corazón, purificando la voluntad de afectos extraños, el entendimiento o la razón de preocupaciones, la memoria de ocupaciones inútiles o embarazosas y alguna vez también de las necesarias.
· Me hace comprender que el amor de Dios no es algo del pasado y me da pistas más que suficientes para actualizar el amor de siempre tal como la Trinidad quiere.
Los cristianos debemos estar una y otra vez revisando nuestra vida a la luz del Espíritu Santo. No debemos de caer en un afán de autosuficiencia prescindiendo de las acciones de Dios en nuestra vida; Dios es el único que puede saciarnos de vida, gozo y plenitud.
viernes, 14 de mayo de 2010
SOLEMNIDAD DE LA ASCENSION DEL SEÑOR

Hoy celebramos la Ascensión del Señor y no es extraño que algún alejado se pregunte sobre el motivo de esta fiesta. Quizá sea para complicar aún más todo el proceso del creer... ¡Lo bueno que hubiese sido que Jesús después de su resurrección se quedara para siempre visible entre nosotros! ¡Seguro que nos hubiese simplificado más las cosas! Este interrogante del alejado queda lo suficientemente explicado por la fe del creyente.
La Ascensión de Jesús no es una ascensión local, o sea, no es pasar de un espacio a otro. Es una intensificación de la presencia del Señor en nuestra realidad sabiendo que no nos abandona ni después de resucitado.
Hoy la Palabra nos hace como un sencillo resumen de los grandes misterios de nuestra fe. Nos enuncia que el Mesías tenía que morir, que resucitaría al tercer día y que en su nombre hay que anunciar a todas las naciones que se conviertan a Dios. Nunca en tan pocas líneas se dijo tanto. Muerte y resurrección consiguieron el perdón de los pecados.
Jesús nombra "testigos" a sus amigos. La evangelización auténtica no es otra cosa que escuchar y ver a los testigos de Jesús, aquellos que pueden palpar hoy su presencia viva y vivificante en sus vidas. En nuestras parroquias hay muchos agentes de pastoral, pero necesitamos más testigos.
Nuestras organizaciones pueden funcionar más o menos bien, pero sólo los testigos son capaces de interrogar con su vida a los demás para, desde ahí, acercarlos más a Dios. Los teóricos sobre Dios nunca han evangelizado.
El Resucitado asciende desde el Monte de los Olivos (Hech 1,12), cercano a Betania. Allí estaba el huerto donde comenzó su agonía y comenzaron sus padecimientos. Nunca debemos de olvidarnos que el camino de la resurrección siempre pasa por los padecimientos y la muerte previa.
Los discípulos no le vieron salir del sepulcro porque la resurrección podía probarse mediante la evidencia de contemplarlo vivo después de su muerte, pero tuvieron la experiencia de verlo ascender a los cielos. Se marchó bendiciéndolos. No se marchó enfadado por las traiciones y sus miedos sino con amor y dejándoles su bendición. "Mientras los bendecía se apartó de ellos y fue llevado al cielo". Comenzó a bendecirles estando todavía en la tierra, y así continuó bendiciéndoles hasta su entrada en el cielo. Dios nunca pone fin a sus bendiciones sobre nosotros.
En la escena no aparecen ni carros ni caballos de fuego, como los que se llevaron a Elías. Jesús conoce bien el camino del cielo.
Los discípulos después de adorarle se volvieron a Jerusalén muy contentos porque sabían que Jesús resucitado les abría el camino para la eternidad. Mirar la ascensión así es encontrarnos con Dios de manera cercana: Él está conmigo en el camino de la vida para mostrarme cuál es el sendero que me lleva definitivamente y por toda la eternidad a estar en su presencia. Me deja ver su muerte, me hace que experimente su resurrección y me enseña mi último punto de llegada: el cielo. Esto es lo que supone la Ascensión, esto es lo que celebramos hoy.
¿Dónde está Dios entonces, en el cielo o en la tierra? preguntará nuestro amigo alejado. La respuesta es bien sencilla: en el cielo y dentro de cada uno de nosotros. Es lo mismo que ocurre en la Misa: mientras la hostia está fuera de nosotros, le vemos, le adoramos; cuando la recibimos y comulgamos no la vemos más, ha desaparecido, se ha hecho parte de nosotros para estar ahora dentro de nosotros. Dios no está en los sucesos materiales que suceden en el mundo sino en el corazón de las personas que lo provocan.
La presencia de Dios está hoy en los acontecimientos, la Palabra, los sacramentos, en la Iglesia, en la comunidad, en los más pobres y débiles, en sus discípulos... Son numerosas sus presencias que él no creyente no percibe igual que no percibe el amor quien no lo siente. La Ascensión no es la ausencia de Dios sino la presencia intensificada de Dios en nuestra vida diaria.
Todos los cristianos, seamos sacerdotes, religiosos o seglares, estamos llamados a ser testigos de la resurrección y ascensión de Jesús. Ser testigo es en este caso hablar con la vida de quien dio la vida y subió al cielo quedándose entre nosotros. ¡Ten los ojos bien abiertos porque en cualquier momento te puedes encontrar con Él por la calle y en tus adentros
viernes, 7 de mayo de 2010
SEXTO DOMINGO DE PASCUA
En el texto de hoy Jesús nos deja como regalo la paz, pero no una armonía en un mundo donde la guerra y los conflictos no estén presentes. Por desgracia las violencias humanas están aún presentes en nuestra debilitada humanidad. Lo que Jesús nos deja es la paz consigo mismo que no provoca ni guerras interiores ni exteriores.
Muchas personas están en guerra interna contra sí mismos y por ello su forma de relacionarse con los demás y con la realidad externa, siempre es al ataque, a la defensiva. El Señor nos deja nuestra vida pacificada en su amor, nos da amor con paz y paz con amor.
Amar a Jesús es hacer caso a sus Palabras e intentar llevarlas a la vida diaria. Oímos con mucha frecuencia la Palabra pero el reto está en hacerla vida en nuestra vida. No es fácil vivirla porque tiene que partir del corazón humano en dirección hacia Dios y hacia los demás. Muchas veces nuestro corazón está lleno de tristezas, amarguras, miedos, traumas... de todo menos de amor con paz y de paz con amor...
El Espíritu Santo será enviado para enseñarnos todas las cosas y recordarnos todo lo que nos ha dicho Jesús. Nos enseñará interiormente las cosas que pertenecen al Salvador. Nos abre el camino interior para el encuentro con Dios. No les enseñará nuevas lecciones —ya está todo dicho en Jesús— , ni añadirá nada al Evangelio, sino que les traerá a la memoria las enseñanzas vivas que Cristo había impartido y les iluminará los ojos del entendimiento y del corazón.
Me gusta mucho una de las misiones del Espíritu. Dice el Maestro que "nos recordará todo lo que les he dicho". La palabra "re-cordar", como decía Ortega y Gasset, significa "volver a pasar las cosas por el corazón." Las enseñanzas de Jesús las tenemos que volver a recordar una y otra vez desde esta perspectiva que va desde el oído hasta el corazón.
El Señor anunciaba su marcha y entregaba su paz como herencia. ¡¡Cuántos cristianos de hoy hay miedosos y con falta de paz interior!! Hay hermanos y hermanas a los que la vida les abruma y entristece, les quita la paz interior y viven angustiados. Buena señal será recordar estas palabras: "Te dejo mi paz". En medio de las tormentas de la vida recordar esta frase una y otra vez nos llevará a preguntarnos sobre nuestra confianza en Dios.
La palabra hebrea "Shalom" (paz) es etimológicamente un concepto que va más allá de la mera ausencia de guerra. "Shalom" significa "estar entero, completo, seguro". En definitiva lo que Jesús nos ha dejado no es sólo la paz interior sino que desea que tengamos todos los elementos espirituales y materiales —de ahí la necesidad de cumplir su Palabra— para conseguir y mantenernos en esa paz. Cada cristiano tendrá la misión de mantener la paz durante toda su vida y transmitir esa paz que viene de Dios a los demás.
miércoles, 21 de abril de 2010
PROBLEMAS ¿Y QUIEN NO LOS TIENE?
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De alguna manera nuestras vidas están marcadas por continuas luchas y batall
as que debemos de ganar, y proponernos superar, en algunas de esas luchas diarias no siempre saldremos triunfantes, en algunas perderemos, y quizás nos frustremos, pero tenemos que tener claro, debemos de perder mil batallas, pero nunca la guerra, porque la guerra principal es la de ser santos, como Jesús nos lo ha dicho en su Evangelio. Alguien ha dicho: “en este mundo no hay lugar para la tristeza, porque lo triste es tener que vivir”.En verdad la vida es una lucha, una lucha diaria, y cuando en este combate perdemos alguna pelea, aparecen o que nosotros llamamos: problemas. ¿Y quién no tiene problemas? No hay ningún ser vivo sobre esta tierra que en algún momento de su existencia, no haya padecido, tenga que padecer o este padeciendo algún problema, “nadie escapa a la experiencia del sufrimiento”. Y cuando esto sucede, una de las reacciones naturales en la vida del cristiano es pensar que hasta Dios se ha olvidado de él; eso fue lo que le sucedió a Marta y a María, amigas de Jesús, cuando su hermano Lázaro murió (Jn 11), pero ellas no sabían lo que Jesús tenía planeado hacer.
Ninguno de nosotros está solo en esta vida y mucho menos cuando el sufrimiento y el dolor llegan. Nos aclara el evangelio: “¿Acaso una madre olvida a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entraña? Pues aunque esas llegaran a olvidarse, yo no te olvido” (Is 49, 15). Ese cuido y esa solidaridad de parte de Dios, es lo que lleva a decir a San Pablo: “¿Acaso hay alguien que sufra, sin que yo sufra con él?” Dios está presente en nuestra vida y no nos deja solos ante el dolor de nuestras cruces, por ende te animo a que agarres de él, cuando sientas que todo se te viene abajo, que te agarres de su mano cuando sientas que hay ciertas cosas que hacen que tu vida pierda sentido. Animo, es Cristo quien te ayuda a vivir en los momentos más difíciles de tu vida.
En cierta ocasión le pedía a alguien que orara, y ayudara a otra persona que pasaba por momentos difíciles, y esta me contesto, con que no puedo con mis problemas y quiere que ayude a otros… me pareció un tanto egoísta la respuesta, porque siempre creemos, pensé.., que nuestros problemas son los más grandes del mundo, sin darnos cuenta de que hay otros que tienen un dolor mas grande, o una perdida mas grande. Todos los cristianos es importante que oremos, especialmente “para que cuantos atraviesan por momentos de dificultad interior y de prueba, encontremos en Cristo la luz, y la ayuda que los lleven a descubrir la verdadera felicidad”. No siempre es fácil confiar en Dios cuando nos vemos envueltos en una dificultad, si así fuera, entonces, nadie dudara del amor de Dios cuando esta llega.
Hermanos, nosotros no seriamos buenos cristianos si ignoráramos los problemas de quienes nos rodean, y de aquellos que están lejos de nosotros. Hay gente que se pregunta: ¿Pero, por qué me sucede esto a mí? ¿No podría ser la vida sin dolor: sin enfermedad, sin violencias, sin desgracias, sin temores? ¿Por qué hay dolor, sufrimiento, en mi vida? pero, por más que nos interroguemos a nosotros mismos, “no se entiende qué es el dolor razonando sino creyendo.
A medida que el hombre toma su cruz, uniéndose espiritualmente a la cruz de Cristo, se revela ante él el sentido salvífico del sufrimiento. El hombre no descubre este sentido a nivel humano, sino a nivel del sufrimiento de Cristo. Pero al mismo tiempo, de este nivel de Cristo aquel sentido salvífico del sufrimiento desciende al nivel humano y se hace en cierto modo, su respuesta personal. Entonces el hombre encuentra en su sufrimiento la paz interior e incluso la alegría espiritual (J. Pablo II). Gente que sufre por diversos problemas existirán siempre en este mundo, y a nosotros no se nos pide que le arreglemos los problemas a nadie sino, únicamente que seamos solidarios con quienes más sufren, que no veamos con indiferencia los problemas de los demás.
Muchas veces somos tan egoístas que no hacemos más que pensar en nosotros mismos, no hacemos más que pensar en nuestros propios problemas, olvidándonos que a nuestro alrededor existe mucha gente a la que le toca vivir situaciones verdaderamente dolorosas. En estos tiempos difíciles le recomiendo que busque hacer todo lo que esté a su alcance por quienes sufren. Atrevámonos a confiar en CRISTO Y A ORAR POR NUESTROS HERMANOS.
miércoles, 14 de abril de 2010
TERCER DOMINGO DE PASCUA
¿No han pescado nada toda la noche?Jn 21,1-19
El Evangelio de hoy nos narra la tercera aparición de Jesús después de resucitado. Esta vez se aparece a siete de sus discípulos junto al lago de Tiberiades. En las dos anteriores apariciones el Señor se aparece en domingo, en esta ocasión lo hace cualquier día de la semana, les visita cuando están ocupados en sus quehaceres diarios, en el trabajo.
Jesús llega cuando está empezando el día; está en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Él. En otra ocasión, mientras los discípulos eran zarandeados por una tormenta, fue Jesús quien se acercó a ellos andando sobre las aguas. En el peligro, es el Maestro quien se acerca a nosotros de muchas maneras, pero muchas veces el miedo a las circunstancias de la vida no nos deja ver al que se acerca a nuestro lado para ayudarnos. Esta vez son ellos los que terminada la jornada se acercan a la orilla de Dios.
La vida del cristiano estará siempre marcada por las tormentas y por la orilla de Dios. Toda nuestra vida terrena estará entre las veces que Dios se acerca a nuestras tormentas y por las veces que nosotros tenemos que hacer el camino a la inversa.
No habían pescado nada. Llegaron a Jesús necesitados y vacíos. Les manda echar las redes a la derecha y les dice que esta vez sí que pescarían. El que obedece a Cristo nunca se va con las manos vacías. La pesca fue abundantísima.
Jesús les dice que traigan algunos peces de los que acaban de pescar. Los cristianos debemos de presentar ante Cristo a los que hemos acercado a Él.
¿Por qué 153 peces? Es la gran pregunta.
Se han dado varias respuestas:
- era el número de las especies de peces conocidos en aquel entonces.
- era el número de provincias del Imperio o de las tribus o naciones conocidas.
En 2 Cron 2,17 hay una posible alusión simbólica de la entrada en la fe, en la Iglesia, de los alejados.
Después de la comida empiezan las tres preguntas a Pedro. Si tres veces negó ahora por tres veces se le pregunta si ama a quien traicionó. Las tres respuestas fueron afirmativas. Quien le dio la espalda ahora le mira cara a cara con amor. Pedro hizo lo que tenemos que hacer nosotros tantas y tantas veces en la vida.
En nuestra vida diaria y a pesar de las traiciones del pecado cuando nos acercamos al Señor la pregunta es siempre la misma: "¿Me amas?" En el fondo, superar el pecado es siempre una opción del amor que le debemos a Dios. Porque amo a Dios no me quiero separar de Él. Porque amo a Dios veo a los demás como hermanos. Porque amo a Dios, Él mismo me pregunta cada día.. ¿Me amas más que a estos?
sábado, 27 de marzo de 2010
DOMINGO DE RAMOS EN LA PASION DEL SEÑOR
"Un Rey coronado de espinas y golpeado por el peso de la humanidad"La entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, que precisamente hoy recordamos, fue un impresionante recibimiento, pues la población lo aclamó como el Mesías, el esperado por tanto tiempo por el pueblo de Israel. Esta aclamación de Jesús por la mayoría del pueblo fue ciertamente provocada por el apoteósico milagro realizado pocos días antes: el haber vuelto a la vida a un muerto ya sepultado y en franco proceso de deterioro.
Hoy, Domingo de Ramos, además de recibir las palmas benditas, la Liturgia nos introduce en los detalles de la Pasión de Cristo.
La Pasión de Cristo no ha perdido ni perderá nunca actualidad. Cada uno de los personajes que aparecen en ella se hacen las mismas preguntas de las personas de todos los tiempos. ¿Qué significado tiene dar la vida por los demás? ¿Por qué existe el dolor y el sufrimiento? ¿Qué sentido tiene el sufrir?
¿Qué respuesta nos da la Pasión de Jesús?
Cada ser humano tiene en su vida sus cruces y su cruz. Las cruces normalmente las ponen los demás: el carácter y los traumas del otro; la mala relación con alguien determinado; el día a día lleno de sufrimiento por las incompresiones de los demás; la dificultad en las relaciones humanas...
La cruz, en cambio, siempre es nuestra, está en nuestro interior; casi les diría que vinimos con ella, es nuestra "cruz original". Nuestra cruz es lo que no podemos cambiar fácilmente y que tanto nos entristece y nos duele. En uno será el carácter, en otros el profundo sentimiento de soledad, en muchos la pérdida de la paz interior...
Jesús vino para darnos respuestas a las cruces y a la cruz. Para ello supo unir en sí mismo las cruces de los demás y su propia cruz. No era nada cómodo morir de esa manera cuando la vida te podía ofrecer otros horizontes. ¿Te has preguntado alguna vez por qué Jesús no murió plácidamente en una cama? ¿Qué misterio se encierra en la cruz?
Para superar las cruces, Jesús nos deja el perdón a los demás. Él perdona a todos desde lo alto de la cruz y fue un perdón dirigido a la humanidad entera. No fue solamente a aquellos que le proferían dolor e insultos sino a todos los que me infligen sufrimientos hoy, en este día.
En la misma cruz perdona también al buen ladrón que se arrepiente. Ambas escenas son de la misma obra de la humanidad: el perdón al que peca para que su pecado no vaya a más y no haga y se haga más daño y el perdón al que se arrepiente. Arrepentirse significa reconocer que Dios es más que yo y que viendo mi error le dejo que entre a mi vida para que la transforme.
¿Qué actitud tomó Jesús ante este terrible sufrimiento?
Cuando tengas un dolor, sea moral, sea físico, entra en pleno contacto con Dios y ya verás como no preguntarás el por qué, ni verás el sufrimiento como un fracaso. Descubrirás que ya no es el sufrimiento quien te domina sino es Jesús quien ha tomado las riendas de ese caballo desbocado que se llama dolor.
Jesús murió por mí para que yo entendiera quién soy yo y quién es Él. Supo salvarme sin aniquilarme sino dándome vida. No destruyó mi pasado de pecado sino que lo transformó en presente resucitado.
Hay muchas personas que tienen pendiente la difícil asignatura del dolor y el sufrimiento. Los cristianos no somos partidarios de la eutanasia pero tampoco somos masoquistas. Nuestra actitud va a la frase de Jesús: "Padre, si quieres, líbrame de esta copa de amargura; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.".
Aceptar la voluntad que Dios tiene sobre mí es encontrar un significado al dolor diario. Puede ser que tú que lees esto hoy estés en la cruz en sus diferentes formas. Yo también lo he estado varias veces. Mi palabra quiere ahora en este comienzo de la semana santa ser para ti.
Deja que tu vida mire a la cruz de Cristo. Pide al Señor en la oración no comprender el sufrimiento sino entender su cruz. Vive intensamente cada momento de esta gran aventura de la Pasión para que encuentres en tu vida no meras explicaciones sino el profundo significado espiritual que tiene.
Tenemos que ir a la cruz de Cristo no para entender sino para contemplar. El sufrimiento es un misterio que sólo desde la voluntad y la cercanía de Dios tiene sentido. Te deseo que esta semana santa sea en tu vida la primera semana de cambio en dirección hacia Jesús resucitado.
Les quiero mucho
Padre Alex
SIGNIFICADO DE LA SEMANA SANTA
Ha terminado la cuaresma, el tiempo de conversión interior y de penitencia, ha llegado el momento de conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Después de la entrada triunfal en Jerusalén, ahora nos toca asistir a la institución de la Eucaristía, orar junto al Señor en el Huerto de los Olivos y acompañarle por el doloroso camino que termina en la Cruz.Durante la semana santa, las narraciones de la pasión renuevan los acontecimientos de aquellos días; los hechos dolorosos podrían mover nuestros sentimientos y hacernos olvidar que lo más importante es buscar aumentar nuestra fe y devoción en el Hijo de Dios.
La Liturgia dedica especial atención a esta semana, a la que también se le ha denominado “Semana Mayor” o “Semana Grande”, por la importancia que tiene para los cristianos el celebrar el misterio de la Redención de Cristo, quien por su infinita misericordia y amor al hombre, decide libremente tomar nuestro lugar y recibir el castigo merecido por nuestros pecados.
Para esta celebración, la Iglesia invita a todos los fieles al recogimiento interior, haciendo un alto en las labores cotidianas para contemplar detenidamente el misterio pascual, no con una actitud pasiva, sino con el corazón dispuesto a volver a Dios, con el ánimo de lograr un verdadero dolor de nuestros pecados y un sincero propósito de enmienda para corresponder a todas las gracias obtenidas por Jesucristo.
Para los cristianos la semana santa no es el recuerdo de un hecho histórico cualquiera, es la contemplación del amor de Dios que permite el sacrificio de su Hijo, el dolor de ver a Jesús crucificado, la esperanza de ver a Cristo que vuelve a la vida y el júbilo de su Resurrección.
En los inicios de la cristiandad ya se acostumbraba la visita de los santos lugares. Ante la imposibilidad que tiene la mayoría de los fieles para hacer esta peregrinación, cobra mayor importancia la participación en la liturgia para aumentar la esperanza de salvación en Cristo resucitado.
La Resurrección del Señor nos abre las puertas a la vida eterna, su triunfo sobre la muerte es la victoria definitiva sobre el pecados. Este hecho hace del domingo de Resurrección la celebración más importante de todo el año litúrgico.
Aún con la asistencia a las celebraciones podemos quedarnos en lo anecdótico, sin nada que nos motive a ser más congruentes con nuestra fe. Esta unidad de vida requiere la imitación del maestro, buscar parecernos más a Él.
Para nosotros no existen cosas extraordinarias, calumnias, disgustos, problemas familiares, dificultades económicas y todos los contratiempos que se nos presentan, servirán para identificarnos con el sufrimiento del Señor en la pasión, sin olvidar el perdón, la paciencia, la comprensión y la generosidad para con nuestros semejantes.
La muerte de Cristo nos invita a morir también, no físicamente, sino a luchar por alejar de nuestra alma la sensualidad, el egoísmo, la soberbia, la avaricia... la muerte del pecado para estar debidamente dispuestos a la vida de la gracia.
Resucitar en Cristo es volver de las tinieblas del pecado para vivir en la gracia divina. Ahí está el sacramento de la penitencia, el camino para revivir y reconciliarnos con Dios. Es la dignidad de hijos de Dios que Cristo alcanzó con la Resurrección.
Así, mediante la contemplación del misterio pascual y el concretar propósitos para vivir como verdaderos cristianos, la pasión, muerte y resurrección adquieren un sentido nuevo, profundo y trascendente, que nos llevará en un futuro a gozar de la presencia de Cristo resucitado por toda la eternidad.
miércoles, 24 de marzo de 2010
HOY SE CUMPLEN XXX AÑOS DE TU MUERTE
Amar y defender a los pobres fue su sentencia a Muerte

Tenía los labios inquietos de la verdad. Labios que se abrían para animar al desalentado, al triste, al oprimido y desechado por los grandes, y labios que se abrían para reprender al descarriado, consolar al desesperado. Labios de un sacerdote bañados diariamente con la sangre de Cristo, de quien vivió y murió enamorado, sembradores de la palabra de Dios. Era de mediana estatura, inclinaba el hombro derecho cuando ofrecía su mano a otro. E inclinaba el hombro no por complejo de inferioridad, sino como consecuencia de la infección que tuvo en él tras el accidente que sufrió de joven.
Era el hombrecito de la sotana de la sotana negra y de sotana blanca. Ese hombrecito que acariciaba frecuentemente la cruz que llevaba en su pecho, como para dar a entender que lo importante era la cruz y que su personalidad pasaba a segundo plano. Ese hombrecito bueno de manos generosas. Ese hombrecito del dedo que apunta con su gesto la fuerza de la palabra que pronunciaba su boca, ese era Monseñor al que muchos odiaron y aun siguen odiando desgraciadamente, al que hasta el día de hoy le tienen un tanto de recelo porque en su miedo y recelo esconden su temor a ser denunciados por la corrupción en que viven.
viernes, 19 de marzo de 2010
QUINTO DOMINGO DE CUARESMA
Donde estan los que te acusan?Las personas tenemos una predilección especial por la justicia; pero no siempre la justicia que creamos los hombres se ajusta a los designios de Dios. En nombre de la justicia hemos cometido a lo largo de la Historia toda clase atropellos e injusticias. Nosotros los católicos venimos de una Iglesia que fue injustamente perseguida y que a su vez injustamente persiguió a otros. ¿Cómo romper la espiral de la justicia que se vuelve injusta? ¿Cómo tener la certeza de no equivocarnos cuando queremos impartir justicia? Veamos cómo logró Jesús equilibrar la justicia con la misericordia.
La escena sucede en el templo. Nosotros también acostumbramos a llevar al templo nuestros pecados y los de los demás.
Era una mujer que había cometido un pecado gravísimo: era una adúltera. Los acusados del crimen de adulterio habían de ser condenados a muerte tal y como lo prescribía la ley judía. Los fariseos aparecen aquí extremadamente celosos contra el pecado, cuando en realidad ellos mismos no estaban libres del mismo pecado u otros del que acusaban a la mujer.
Muchas veces encontramos entre los cristianos actitudes parecidas. Los que son indulgentes con sus propios pecados muchas veces son muy severos con los pecados de los demás. Esta pobre mujer no tiene excusa, no puede alegar que es mentira fue "sorprendida en el acto mismo de adulterio" (ver 4).
En la ley mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Y la arrastran hasta los pies del maestro y le piden que dé su veredicto. Jesús trae una nueva ley. No se trata de cumplir mecánicamente lo que hay que hacer, sino ir poco a poco teniendo un corazón limpio y una mirada limpia de la que salga todo el amor y bondad de la que se es capaz.
Tener un corazón limpio es la mejor manera de entender las exigencias del Evangelio y saber aplicar las normas con una recta justicia. Lo fariseos están en toda la razón de acusar condenar a la mujer, pero su objetivo es perverso y con doble sentido si Jesús perdonaba a la mujer le acusarían de contradecir la ley de Moisés y fomentar el pecado, cosa indigna en quien profesaba la rectitud y la pureza de un profeta.
¿Cómo solucionó Jesús este laberinto donde se confunde ley con misericordia?
Al principio se comportó como si no le diese importancia al asunto. Es la única vez que la el evangelio menciona a Jesús escribiendo. El Maestro nombrado juez por aquellos da un salto espiritual y va más allá de lo meramente jurídico, va al corazón de los acusadores y allí encuentra las mismas miserias que condenaban en aquella mujer.
Le insisten nuevamente con más preguntas. Esperan una respuesta. Jesús volvió contra ellos mismos el veredicto que formulaban contra la mujer. Ellos pedían un veredicto legal y Jesús les ofrece un veredicto desde sus conciencias.
Les dijo que el que no tenga pecado que tire la primera piedra. No les está hablando de los pecados que habían cometido en el pasado, les está preguntando por sus pecados de hoy, es un cuestionamiento de sus propias vidas, como estaría el gremio que uno a uno se fueron.
La mujer se quedó a solas con Jesús. Ella no trata de culpar a los otros ni disculparse con elaborados razonamientos. Sólo se quedó esperando el veredicto que los otros demandaban. El Señor no le dijo "Vete y haz lo que quieras", sino que le urgió: "Vete y no peques más". Ya saben ustedes que en el camino de nuestra vida material el encuentro con Jesús no es definitivo; una y otra vez estaremos escuchando esa frase de "Vete y no peques más..." hasta llegar al encuentro definitivo donde la frase de Dios será otra: "Vengan benditos de mi Padre..."
No es suficiente reconocer el pecado; hay que cambiar el pecado por vida nueva. Una persona puede tener muchos pecados, pero los cristianos, incluso en esas situaciones que nos sumergen en el lodazal del pecado, tenemos que decirnos una y otra vez: "no estoy orgulloso de mis pecados... me avergüenzo de ellos..." Este ejercicio lo hago con frecuencia en mi vida. No quiero estar orgulloso de mis pecados, sólo quiero estar orgulloso de lo que Cristo con su sangre hace cada día por mí.
Hay personas que creen que nunca van a superar sus pecados y miserias humanas. A estas personas hay que recordarles que es necesario ese encuentro, ese silencio meditativo, ese saber estar cerca de Jesús para sentirse perdonado por Él y ese perdón nos llevará siempre a un cambio real de vida. No hay cambio si no hay encuentro con Él, aunque sea que por motivo de un pecado nos hayamos acercado al encuentro con su misericordia... y recuerda que cuando hay arrepentimiento sincero el siempre pronuncia estas palabras: “Vete y no peques mas…” siempre nos da una oportunidad.
Que Dios te bendiga
jueves, 11 de marzo de 2010
Donde yo voy no pueden ir ustedes...Jn.14
El ultimo dia de Monseñor Romero. Fuente: OSCAR A. ROMERO Biografia.
Autor: Jesus Delgado.
Amaneció el lunes 24 de marzo. Como de costumbre, Monseñor Romero acudía muy temprano ala capilla del hospitalito para rezar sus oraciones matutinas del breviario y para su meditación personal.
Cuando las hermanas llegaban a la capilla, Monseñor ya estaba en oración ante el santísimo sacramento. Luego se unía a la comunidad de hermanas para el rezo de laudes, la oración matutina de la Iglesia. Después celebraban la santa misa, con su acostumbrada pequeña reflexión sobre el evangelio del día, seguidamente venia el desayuno, en donde charlaba y bromeaba con las hermanas.
Aquella maña la charla fue prolongación de la alegría de la noche anterior.
De vez en cuando esa charla fraterna se venia interrumpida por algún visitante que venia a desayunar con él para hablar sobre asuntos de pastoral u otro.
Pero en la mañana del lunes 24 de marzo no hubo interrupción alguna.
Monseñor Romero había amanecido con su sotana blanca.
Las hermanas sabían que cuando vestía esa sotana era señal de que iba a descansar al mar.
Por eso le preguntaron : "Monseñor y ahora, adonde?...Y monseñor con la confianza del hermano que bromea con sus hermanas, les respondió: "Metidas".
Y las hermanas reaccionaron también en son de guasa: "A saber a dónde va...y... no lo quiere decir...", "A saber qué se tiene por ahí..." "Llèvenos monseñor...",decía una con tono suplicante y en son de tomarle el pelo.
"A donde yo voy ustedes no pueden ir", respondió monseñor. Pero por qué?" respondió una hermana. "Adonde va?" "Ah!" ustedes todo lo quieren saber... Qué mujeres!", respondió monseñor, tomando un bocado.
Aquella mañana monseñor quería ir al mar con un grupo de sacerdotes para descasar un poco y dedicar algún tiempo a la lectura y al estudio del documento papal sobre la vida y la identidad sacerdotal, orientando especialmente el problema del sentido del celibato, documento que se había publicado recientemente.
Antes de salir para el mar después del desayuno monseñor se dirigió al arzobispado para consultar la agenda de actividades que allí había y saludar personalmente a sus vicarios y cancilleres, como era su costumbre.
Se encontró con un buen grupo de sacerdotes. A todos les saludó y les estrechó la mano, intercambiando palabras con cada uno. Mas de uno le felicitó por su valiente homilía del domingo anterior. Otros comentaban entre sí, en voz baja, los riesgos que había corrido con aquellas palabras, instando a las bases del ejército a obedecer a Dios antes que a sus jefes cuando estos les ordenaban matar. No pondrá en peligro su vida?
Sin duda se multiplicaban las amenazas sobre la cabeza de monseñor Romero. Aquella misma mañana, una persona llegó hasta las oficinas de los militares encargados de la difusión de las partes oficiales del ejército (COPREFA) para recibir una parte oficial sobre el incidente de la invasión de los predios de la UCA por parte de la policía nacional. Un oficial le dijo con tono airado: "Y dìgales a esos padres de la UCA que lo que monseñor dijo ayer en la homilía es un delito!" Advertencia? Amenaza? Señal fatídica?...
Parecía que quienes se interesaban en liquidar al arzobispo hubieran encontrado un pretexto para poner en marcha un reloj cuyas agujas separarían a las 6,26 p.m. Aquellas palabras de Romero fueron interpretadas por algunos como un llamamiento peligrosísimo a las bases de ejército para que se sublevaran contra sus superiores y crear así el caos en las filas del ejército.
Su explicación era solo una: si el arzobispo se había atrevido a pronunciar semejante homilía, no es porque pretendiera evitar a la conversión, sino porque también él era un "subversivo" declarado que estaba preparando la llegada del comunismo al país.
Al llegar al mar, el terreno en que pretendían pasar la mañana estaba cerrado. El encargado no estaba, pero era propiedad de personas muy conocidas de monseñor y se decidieron a entrar al terreno por una pequeña abertura que dejaba el tapial.
Dentro del terreno tampoco había nadie, y tuvieron que sentarse en el suelo para estudiar el documento, que lo hicieron prácticamente durante el resto de la mañana. Luego fueron a dar un vistazo al mar, y al mediodía eligieron la sombra de unos cocoteros para tomar los alimentos. Todo se hizo con la sencillez que caracteriza a monseñor. Bromearon.
El gozaba muchísimo con las peripecias y anécdotas que había vivido uno de los sacerdotes con ocasión de las ocupaciones de la catedral por parte de las organizaciones populares.
Un poco antes de las tres de la tarde monseñor decidió regresar a San Salvador porque tenia que celebrar una misa. Se levanto la sesión y regresaron nuevamente a San Salvador. Monseñor con un grupo de sacerdotes en un auto, que le dejó en el hospitalito de la Divina Providencia. Allí le esperaba ya una persona con quien tenía que hablar. Se bañó en un minutos y se dispuso a proseguir las tareas pendientes. Recibió a la antedicha persona, con quien se entretuvo breves instantes. Veinte minutos después fue a ver su médico para que le examinara los oídos, que últimamente le venían molestando. Media hora duraría aquella visita, y de allí salió hacia Santa Tecla. Eran las cuatro y treinta de la tarde.
Al llegar a Santa Tecla se dirigió a la casa de los jesuitas, en donde vivía su confesor, con quien pidió hablar. Al verlo y saludarlo, le dijo: " Vengo, Padre, porque quiero estar limpio delante de Dios", e hizo una confesión detenida. Los que le vieron aquella tarde en Santa Tecla notaron su serenidad de siempre, con su característica timidez; quizá un poco más taciturno, se le ofreció un vaso de limonada. Monseñor Romero dijo: " No tengo tiempo, pero eso no me lo pierdo". Efectivamente a monseñor le gustaba mucho la limonada. Se tomo el vaso de limonada a pequeños sorbos hablando siempre con su confesor y con las personas que estaban en el corredor.
Hacia las cinco y media de la tarde ya estaba de regreso en el hospitalito. Le esperaba otra persona para hablar sobre asuntos pastorales. Monseñor la atendió. Hacia las seis de la tarde ya estaba en el altar del señor. La misa había empezado... Todos los asistentes se conocen, menos uno. A las seis y veinticinco, en el momento del ofertorio, suena el disparo que le quita la vida. Como a su señor.
Doce años antes, Monseñor Romero, meditando sobre la muerte durante un retiro espiritual, había escrito estas palabras, tomadas del libro del Apocalipsis: "Y cenaré con él" (Ap 3,20). Eran las seis y veinticinco... Monseñor acostumbraba a cenar a las seis y media de la tarde... Murió. Vivió. Cenó con él.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Monseñor Romero: un hombre según el corazón de Dios
Mons. Rafael UrrutiaEl Cardenal Roger Etchegaray, al final de la Introducción al libro Oscar Romero: Un obispo entre guerra fría y revolución, editado por el Dr. Roberto Morozzo della Rocca, historiador de la Comunidad de San Egidio, en Roma, afirma: "Resumir la vida de Romero con eslóganes puede ser sugestivo, puede favorecer la militancia por un ideal, pero no lo entrega a la historia como merece. Reduce su estatura. Hace efímera su memoria. Este hombre tímido e introvertido, nacido no para ser líder, se encontró impulsado por las circunstancias a convertirse en la voz libre y autorizada de un pueblo que sufría. Después de haber dedicado toda su vida al servicio de Dios, Romero vino a ser un profeta de justicia y de paz. Sus homilías, transmitidas por la radio, eran seguidas por todo el país, por amigos y adversarios. Porque Romero decía la verdad... porque era una voz humana, religiosa, fraterna, para decirlo mejor.
"Romero era apacible, le horrorizaba la violencia en un país marcado por la violencia. Quería diálogo, soluciones razonables y civiles a la crisis del pueblo. Sus enemigos, partidarios de perspectivas violentas, no soportaban sus afirmaciones de la doctrina social de la Iglesia, no aceptaban sus llamadas a la piedad y la justicia. Por fin lo asesinaron en el ambiente de una auténtica persecución contra la iglesia, culpable, según algunos, de haber suscitado una conciencia sindical entre los campesinos. Fue asesinado por haber denunciado la violencia procedente de cualquiera de las partes. Lo mataron en una sociedad que se precipitaba confusamente en la guerra civil, porque durante mucho tiempo se había eludido el reclamo por la justicia y al final, tanto una parte como la otra, sólo veían la solución de las armas. La Iglesia no hace política, pero tampoco puede mostrarse indiferente a lo que acontece en el mundo. De por sí Romero no sentía ninguna vocación a la política, pero consideró que era su deber hablar alto y fuerte a favor de la paz, de la justicia, de la reconciliación. No se comprometió con ningún partido político, aunque buscaba afanosamente soluciones políticas cuando el país se precipitaba hacia la guerra civil... procurando siempre atenerse en todo al magisterio de la Iglesia..." (cfr. o. c. pp. 5-9).
Como bien manifiesta el Dr. Morozzo della Rocca: "la acusación más frecuente dirigida a Romero arzobispo por sus adversarios era la de hacer política. Pero Romero cree que la Iglesia debe ser la guía moral de la sociedad y, por tanto, debe inspirar también la política, en el sentido de la ética y de la justicia, pero no quiere que la Iglesia haga política de partidos. En sus intervenciones públicas Romero denuncia los atentados contra la vida y los derechos humanos y pide atención a los derechos de los más pobres, que en El Salvador constituyen auténticas masas de personas. Para esto se basa en el patrimonio doctrinal católico: magisterio pontificio, doctrina social, documentos del Vaticano II y, como corolario de los documentos conciliares, los textos de Medellín y Puebla, como se deduce del hábeas de sus textos y discursos. En todo caso, Romero, se preocupaba siempre de evitar, en su actividad pastoral, que la política prevaleciera sobre lo religioso". (cfr. o. c. pp. 29-30).Mons. Romero no se sentía un héroe, nosotros lo sabíamos, en varias ocasiones nos había manifestado el miedo de morir, pero estaba convencido de que debía cumplir con sus deberes de cristiano y de obispo. En sus últimos ejercicios espirituales, intuyendo que había llegado la hora escribió:
"Siento miedo a la violencia en mi persona. Se me ha advertido de serias amenazas precisamente para esta semana. Temo por la debilidad de mi carne, pero pido al Señor que me dé serenidad y perseverancia... "Mi otro temor es acerca de los riesgos de mi vida, me cuesta aceptar una muerte violenta que en estas circunstancias es muy posible. Incluso el Nuncio Apostólico de Costa Rica me avisó de peligros inminentes para esta semana. El padre (Azcue, un Jesuita, su director espiritual) me dio ánimo diciéndome que mi disposición debe ser dar mi vida por Dios, cualquiera que sea el fin de mi vida. Las circunstancias desconocidas se vivirán con la gracia de Dios. Jesucristo asistió a los mártires y, si es necesario, lo sentiré muy cerca al entregarle mi último suspiro. Pero más valioso que el momento de morir es entregarle toda la vida y vivir para El... Así consiento mi consagración al Corazón de Jesús, que fue siempre fuente de inspiración y alegría cristiana de mi vida y acepto con fe en El mi muerte, por más difícil que sea, ni quiero darle una intención como lo quisiera por la paz de mi país y por el florecimiento de nuestra Iglesia, porque el corazón de Cristo sabrá darle el destino que quiera... Me basta, para estar feliz y confiado, saber con seguridad que en El está mi vida y mi muerte. Y a pesar de mis pecados, en El he puesto mi confianza y no quedaré confundido y otros proseguirán con más sabiduría y santidad los trabajos de la Iglesia y de la Patria".
domingo, 21 de febrero de 2010
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
"El Espíritu Santo le iba llevando por el desierto y era tentado." Lc 4,1-13:Hoy vemos como Jesús, hombre exactamente igual que otro, menos en el pecado, sufre los momentos terribles de la prueba. Los antecedentes no son buenos. En el desierto sucumbió Israel a la tentación; se dejó llevar por el demonio y olvidaron a Dios que les había liberado de la esclavitud. Jesús recibe también tentaciones pero no cae en ellas.
Muchas personas se escandalizan del mal que nos rodea casi por todas partes. En la televisión vemos como la estela del mal está cada día presente: violencias de todo tipo, injusticias, falta de amor... Pero quizás esas mismas personas no se escandalizan del mal que hay dentro de nosotros, en los pensamientos, en las costumbres, en las relaciones personales. El Evangelio de hoy nos invita a mirarnos por dentro, a hacer una radiografía espiritual de por dónde vamos.
Cristo es presentado en el texto como el ejemplo de la humanidad probada en su fidelidad a Dios. No seamos ingenuos, todos tenemos tentaciones que hacen su aparición una y otra vez en las mil y una caras que nos ofrecen las situaciones humanas. En el fondo la única tentación es siempre la misma que la de Adán y Eva: ser como Dios, ser autosuficientes, ocupar nosotros el espacio de Dios... Las tentaciones de Jesús son "tentaciones mesiánicas" que intentan lograr un mesianismo sólo material y humano, sin mayor relevancia espiritual, ocultando la voluntad de Dios sobre su vida.
La tentación es siempre un empuje hacia el mal, una invitación a apartarnos del camino de Dios. Cae en la tentación el que es débil en su relación con Dios. Caer en la tentación es cambiar a Dios por lo que el mal nos ofrece.
Comienza el Evangelio recordándonos que Jesús estaba lleno del Espíritu Santo. Con la presencia del Espíritu Santo aunque estemos rodeados de pruebas no sucumbiremos al mal. Volvía del río Jordán donde había sido bautizado. Cuando hemos tenido alguna fuerte experiencia de Dios no nos debe de extrañar que el demonio nos asalte con alguna tentación fuerte.
Jesús en el desierto se había desconectado del ritmo del mundo; al ayunar se había desentendido también del cuerpo. Satanás no puede agarrar fácilmente a quienes han roto sus lazos mundanos y que han roto con la carne.
- Tentación a desconfiar del Padre, como si este su hubiese despreocupado de su Hijo. Le propone que convierta las piedras en panes, esto es, pensar que Dios se ha olvidado de ti. Cristo no cedió a la tentación porque: No estaba dispuesto a hacer lo que le pidiera el diablo.
- No comenzase a predicar, no iba a realizar milagros.
- No iba a hacer milagros para ayudarse a sí mismo.
Acabadas las tentaciones, el diablo abandonó el terreno. No encontraba ningún otro punto por donde atacar.
Satanás no ha desistido de sus propósitos, se alejo de Él "por algún tiempo", hasta que llegase la hora de asaltarle de nuevo.
Cristo es presentado como el ejemplo de la humanidad en pruebas. Desde Adán hasta cualquiera de nosotros se repite una y otra vez la historia de las tentaciones. La gracia es una, Dios es uno, pero los caminos y las invitaciones para alejarnos de Él son muchos, de ahí que en cada uno de nosotros las tentaciones aparecen con múltiples caras.
Empieza la Cuaresma recordándonos las tentaciones que sufrió Jesús para que, con su ejemplo, podamos animarnos a dejarnos llevar por su mano hacia la voluntad que el Padre tiene para cada uno de nosotros.
Hay que tener cuidado con las tentaciones más pequeñas. Muchas personas están bien preparadas para afrontar los grandes retos, las grandes tentaciones que aparezcan en su vida, pero no están tan preparados para esas pequeñas tentaciones de cada día que, por despiste o por indefensión pueden alejarnos de Dios. Tenemos que vigilar las tentaciones grandes... pero también las pequeñas...
* * *
¿Qué tentaciones están presentes en su vida?
¿Qué haces para no caer en la tentaciones?
¿Sabes cuál es la diferencia entre tentación y pecado?
¿Qué piensas hacer en esta Cuaresma para acercarte más a Dios?
¿Cómo actúa el demonio en tu vida? ¿Y Dios cómo actúa en tu vida diaria?
miércoles, 17 de febrero de 2010
MIERCOLES DE CENIZA INICIO DE LA CUARESMA
Conviertete y cree en el evangelio - “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"
- “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.
El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.
- La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.
La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar. El sacrificio Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”
Conclusión



