jueves, 7 de marzo de 2013

EL LEGADO DE BENEDICTO XVI




. Publicado el 15 de febrero de 2013 • En El tiempo Latino •

Escribí este articulo hace unos dias para el periodico "El Tiempo Latino" y no había tenido tiempo de publicarlo en la web. Saludos.

Esta mañana el mundo se sobresaltó con una noticia inesperada, El Papa Benedicto XVI renunció a seguir al frente de la iglesia!, nadie se lo podía creer, pero es la verdad, nuestros corazones están tristes ante tal noticia. La iglesia va a dejar de tener la guía de un hombre que ha vivido 86 años al servicio de Dios y de la humanidad, fue para todos el maestro el hermano y el amigo, un hombre sencillo que dedicó su entera vida a Dios y a pastorear y confirmar en la fe a sus hermanos.  

Al mismo tiempo me regocijo porque la renuncia del Papa nos muestra a un hombre que no se aferra al poder, sino que lo rinde en la medida que reconoce que su misión ante Dios y ante la humanidad, ha sido cumplida.  Benedicto XVI da una gran lección a todos aquellos que tienen poder y que les cuesta trabajo dejarlo. Su decisión marcará para siempre el futuro de los pontífices y de la Iglesia, tanto por el modo de presentar la doctrina como por el modo de gobernar. El ha sido el Papa de lo esencial. Pasará a la historia como un gran predicador que  ha hecho accesibles a todo tipo de personas los contenidos de la Fe. 

Durante estos siete años ha evitado cualquier protagonismo. Quiso que se conozca el mensaje del Evangelio. O sea, que Jesús existió realmente y que era Dios. Por eso, ha dedicado su tiempo libre a la trilogía “Jesús de Nazaret”. De igual manera dedicó  sus enteras energías a la reconciliación: Por ejemplo, reconciliación con las víctimas de abusos, a las que ha visitado en muchos de sus viajes; reconciliación con el Islam; reconciliación con los tradicionalistas lefebvrianos; y reconciliación entre Fe y Razón. 

Los creyentes y los que amamos la iglesia vemos este acontecimiento con tristeza pero con fe, y entendemos que en su humildad nos continúa enseñando a ser cristianos, a aceptar cuando ya no se puede continuar. Es de sabios y hombres de Dios aceptar nuestra debilidad y dejarla en manos de Dios, de arrogantes el aferrarse al poder de manera inmisericorde. Bendito sea Dios por darnos un hombre como Benedicto XVI. 

El padre Alex Díaz es Vicario Parroquial de la parroquia
"Sagrada Familia" de Woodbridge, Virginia.

PRIMERAS CONFESIONES EN LA PARROQUIA "LA SAGRADA FAMILIA"



El sábado pasado 02 de marzo, celebramos en la parroquia “La Sagrada Familia” aquí en Dale City Virginia la celebración del  Sacramento de la Reconciliación para los niños que recibirán la primera comunión en mayo próximo. Esto quiere decir que para ellos fue su primera confesión, su primer encuentro con Jesús a través de la sacramento de la misericordia y del perdón.

Todo inicio a las 11 de la mañana en punto, el Padre Gerry  Creedon nuestro párroco, fue quien presidio el pequeño acto penitencial, aunque para ellos no fue un acto penitencial, sino una pequeña celebración para hacerles ver que no hay que tener miedo, como es sabido por todos, el padre Gerry es un hombre pacífico y tranquilo: “No deben de tener miedo a celebrar este sacramento, que nadie les va a regañar, fueron sus palabras,” ya que muchos pensaban que les iban a llamar la atención por esas pequeñas e inocentes faltas que habían comentado.

Terminado el acto penitencial, llego la hora cero, el momento de saber que pasaría, todos buscaron al sacerdote de su preferencia, con el que más se sentían cómodos para abrir su pequeño corazón. Todos nerviosos, repitiendo las oraciones y los pasos correspondientes para confesarse, lo más interesante es que a la hora de hacerlo todo se les había olvidado.

Para ellos fue un momento emotivo y especial, aunque como he dicho muchos de ellos estaban muy nerviosos pensando en que pasaría en ese momento. Es impresionante ver la inocencia de los niños al momento de hacer su primera confesión, lo sacerdotes tratamos en ese momento de hacerles entender que la confesión no es momento para que se les juzgue por lo que han hecho, sino que es un momento para aprender lo importante que somos delante de Dios. En lo particular me gusta mucho hacerles entender que sus pequeñas faltas son parte de la vida y que tenemos que trabajar para cambiarlas y convertirnos en fieles y santos hijos de Dios, hijos de Dios que de verdad vivamos en su presencia.

Cada vez que confieso a los pequeños, me animo a continuar en el ministerio, su inocencia y su forma de ver la vida, me hacen ver la bondad de Dios y sentir su presencia. Entiendo el porqué Jesús los amaba tanto, porque definitivamente de ellos es el reino de los cielos.
Bendiciones para todos
Su amigo.
P. Alex

viernes, 1 de marzo de 2013

III DOMINGO DE CUARESMA

     Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’ ”.
Lc. 13, 1-9


1- Las pruebas y sufrimientos no son un castigo de Dios.
Muchos de nosotros nos preguntamos continuamente porque existe el mal, y porque hay tanta violencia en nuestra sociedad y en el mundo entero, y nos cuestionamos, donde esta Dios cuando todo esto pasa, o a muchos les asalta la duda, ¿será que Dios no existe?, o que quizás es simplemente una leyenda construida por el mismo ser humano a lo largo de la historia, y que muchos filósofos lo han asegurado y se sienten muy seguros de su afirmación.

Pienso que es normal el hacerse todo ese tipo de cuestionamientos, ya que nuestra humanidad nos asalta cuando vemos tanta violencia, desamor y destrucción y sobre todo cuando estos elementos tocan las puertas de nuestras familias.

Los tiempos de Jesús no eran diferentes a los nuestros, solo que el pueblo judío tenía una mentalidad diferente a la nuestra, y en casi todos ellos estaba clara una cosa: el ser humano malo está destinado a sufrir, y el que es bueno no conoce el sufrimiento material. Pero, tristemente las cosas no coincidían a la hora de ver la realidad, ya que ellos mismos, -judíos- veían que había gente muy buena que sufría y personas que eran del mal corazón o de vida doble e hipócrita que les iba muy bien.  Es ahí donde vienen las interrogantes y las crisis.

 Nos cuenta el evangelio de hoy, que se acercan a Jesús unas personas para contarle sobre un episodio de violencia, una masacre en particular, ordenada por Poncio Pilato contra un cierto número de Galileos - hay que aclarar que este episodio, no se encuentra descrito en ninguna otra parte de la Sagrada Escritura,- no se sabe con exactitud lo que sucedió, ni porque lo hicieron, me imagino que quizás fue porque se rebelaron contra la opresión del imperio romano y como escarmiento, los ejecutaron públicamente; lo que sí sabemos es que, el hecho que hayan mezclado su sangre con la sangre de los sacrificios paganos, fue un desprecio y una humillación pública, tanto al pueblo en general como a sus costumbres religiosas judías y eso creó en ellos un sentimiento de dolor e indignación.

Jesús no contesta a sus interrogantes con comentarios, nocivos o con chismorreos, no les comienza a dar la razón ante el doloroso suceso, lo toma con tranquilidad como suele tomar todo, y les contesta simplemente con otro suceso similar, un accidente: la caída de la torre de Siloé donde murieron dieciocho personas, cuando esta les cayó encima, quiere explicarles con esto, que no deben de mal interpretar todo lo que sucede en el entorno, les quiere dar a entender que los sufrimientos, y las dificultades no son un castigo de Dios contra los pecadores; les quiere dar a entender que para Él no existe relación directa entre pecado y calamidades materiales.

Tristemente en nuestro entorno, aunque no somos judíos, caemos en la trampa de culpar a Dios por todo lo que sucede, o de creer que es un castigo por lo que quizás hayamos cometido, a todo se le tiene que tildar de castigo, sean: accidentes, calamidades naturales, enfermedades e incluso hasta la misma muerte es vista como castigo. Jesús no quiere que hagamos una relación entre estos dos elementos.

 2-     Frente al juicio, Jesús prefiere la misericordia.
Los que traían la noticia le habían comentado un accidente con los Galileos, - hay que tener presente que los Galileos eran considerados gente despreciable, y ser galileo era sinónimo de ser un bandido o malhechor - quizás ellos, quieren hacer ver que esas personas se merecían ese castigo, por sus acciones y por ser de una región despreciable; pero Jesús hace una llamada a no juzgar a los demás, ni tampoco a alegrarse por el mal ajeno, o por la caída de aquel que quizás hizo algún daño. Les explica que todos tenemos errores y cometemos continuas faltas contra Dios, el es claro en decirles “ Piensan que aquellos galileos murieron así por ser mas pecadores que los demás... o a los que les cayó encima la torre de Siloé eran más culpables que los que vivían en Jerusalén? (Lc.13, 3).

Nadie tiene el derecho de juzgar a los otros, nadie. Es interesante que cuando alguien comete un error, nos volvemos lobos que le desgarramos y le juzgamos, y le condenamos, le echamos fuera de nuestras vidas y dejamos de ser amigos de esta persona. No nos damos cuenta que quizás el día de mañana seamos nosotros los que cometamos un error quizás más grave, y que cause más dolor. Frente al dolor o la caída de los demás, no usemos el juicio, es mejor la misericordia.  Frente al juicio del prójimo, Jesús aprovecha para hacer una llamada al arrepentimiento y a la conversión y advierte sobre graves consecuencias que trae consigo la penitencia.

 Hay cristianos en la época actual que creen que la vida está ya escrita o está marcada por el destino, o por cómo estaban las estrellas cuando nacieron, o por su signo zodiacal. Los cristianos verdaderos no creemos en que nuestra vida esta prediseñada desde antes de nacer, porque no somos peones en un tablero de ajedrez con el cual Dios juega y se divierte, Dios nos ha creado libres y a puesto delante de nosotros el bien y el mal, y somos libres de optar por lo que queramos (Dt. 30).

Lo que sucede con nosotros los seres humanos es que nos creemos autosuficientes y creemos saberlo todo, y cuando tomamos los caminos equivocados o las decisiones erradas, buscamos a quien echarle la culpa, y nos convertimos en víctimas de nosotros mismos y de nuestras propias decisiones. La libertad es un enfrentarse con uno mismo, y en esa lucha interna, si Dios no está en nuestros planes, es seguro que perderemos esa lucha y nos auto condenaremos y no podremos entender lo que pasa en nuestro entorno.
Cuando muramos y estemos ante Dios, El no nos preguntará que decidieron los astros y las estrellas, por ti; nos preguntará a nosotros mismos, a nuestro corazón, y desde la libertad que nos dio, que camino decidimos tomar y si optamos por el verdadero nos premiará con la vida eterna, de lo contrario, lo perderemos todo por tomar libremente decisiones equivocadas.

 3-     A dar frutos es que Dios nos llama continuamente.

Ante el asombro y las interrogantes de los discípulos que le seguían, Jesús no le da tantas vueltas al asunto, sino que simplemente les pone un ejemplo para que reflexionen, les habla de la higuera, esta parábola está dirigida a Israel principalmente, pero también es un llamado a despertar, a todos cuantos tienen en su mano los medios de la gracia y no responden a ella, que no son capaces de ver todas las oportunidades que Dios les ofrece continuamente.

El Padre Mario Santana Bueno, un sacerdote español, explica de forma muy sencilla pero clara los significados de esta parábola y hace una comparación entre lo que es la viña y lo que somos nosotros:

El dueño había plantado la higuera en un terreno bueno y donde se esperaba que iba a dar buenos frutos, ya que estaba recibiendo buenos cuidados y tenía la mejor tierra, mas no se le podía dar. Nosotros somos por la vinculación a la fe y a la Iglesia, higueras plantadas en la mejor viña de Dios y ese Dios del amor nos proporciona el mejor de los cuidados.

 El dueño de la higuera vino a buscar frutos, fue él directamente en persona, no quiso enviar a sus trabajadores, quizás porque él la cuidaba personalmente. Dios hace lo mismo con nosotros, él mismo viene a nuestra vida en busca de frutos, pero no los encuentra, lo único que encuentra son higueras que se quejan y piden mas y mas.

No encontró ningún fruto. Es lógico que el dueño se encuentre molesto, o quizás no molesto quizás decepcionado, porque no está dando fruto, y aparte de eso, está utilizando la tierra en vano, es por ello que manda a cortarla. Hay que tener presente que en el momento de nuestra muerte se nos corta el recorrido por esta tierra, y los frutos que no produzcamos en vida no germinaran en muerte. Si el evangelio no transforma hoy nuestra vida no podremos dar los frutos necesarios.

El que cuida la vida intercede por ella, es Cristo es el gran intercesor, el primero, pero pienso que siguiendo el gran ejemplo de Cristo cada creyente debe de interceder por los demás. Puede ser que pienses que has hecho poco por los demás en el camino de tu vida, que has dado pocos frutos, pero nunca sabrás lo que hizo tu oración por el otro ante Dios. El que estaba en pecado no oyó de ti ni juicios ni reproches, sólo Dios escuchó la oración llena de amor que hiciste por quien no sabía hacerla por sí mismo.

El intercesor pide una nueva oportunidad, esa es la llamada a la misericordia. Muchas veces hacemos todo lo contrario, en lugar de ser hermanos de nuestros hermanos nos hacemos jueces de ellos. Cuando lo más justo sería ayudarlo y sacarlo adelante para que dé frutos. Pienso que cada uno de nosotros deberíamos de ser al mismo tiempo higuera y cuidador, porque todos necesitamos de todos, el día que logremos entender esto, el mundo habrá verdaderamente entendido el proyecto de amor de nuestro Dios. Amén.

Tomado del libro – REFLEXIONES PARA ENCONTRARSE CON JESUS, Homilías de Cuaresma y Pascua del Padre Alexander Díaz 
Autor de este blog. 

domingo, 13 de enero de 2013

SOLEMNIDAD DEL BAUTISTMO DEL SEÑOR



 “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”
(Lc.2,22)



Termina el Tiempo de la Navidad

Hoy la Iglesia celebra la Fiesta del Bautismo del Señor. El tiempo litúrgico de Navidad termina con esta fiesta, que ocupa el primer domingo después de la Epifanía. La fiesta de hoy completa en cierta forma la del 6 de enero, porque vuelve a contemplar el mismo misterio desde otra perspectiva.

En la Epifanía celebramos la manifestación de Dios a los magos que representaban las culturas de la tierra, representaban a los pueblos paganos que no conocían al verdadero Dios, y hoy celebramos la manifestación de Dios cuando proclama a Jesús como su Hijo amado. Como Jesús, todos los cristianos son llamados por Dios y consagrados por Él para evangelizar y colaborar en la construcción del Reino. Así el Reino llega a todos y con la colaboración de todos.

La fiesta del Bautismo del Señor que celebramos este domingo es como la conclusión y el resumen de cuánto hemos celebrado durante este tiempo de Navidad. Nos hemos reunido durante este tiempo muchas veces para escuchar la Palabra de Dios y celebrar la Eucaristía, y hemos contemplado, paso a paso, el gran misterio de Dios que se hace hombre en medio de nosotros, para vivir totalmente nuestra vida y llevarnos a todos hacia él.

Hoy, al presentarse en el Jordán para ser bautizado por Juan, vemos a Jesús dispuesto ya a iniciar el anuncio de lo que le ha traído al mundo: la salvación de Dios, la buena noticia del Evangelio. Hoy, aquel niño que en Belén era ya la manifestación de Dios, se presenta ante su pueblo para realizar lo que escuchábamos en la segunda lectura: que con la fuerza del Espíritu Santo, “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”. (Hch.10,38)

El niño de Belén, aquel niño que era como los demás niños, es ahora un hombre como los demás hombres. Su vida nos mostrará, paso a paso, el andar de Dios entre nosotros, para ser lo que la profecía que escuchábamos en la primera lectura nos anunciaba: “alianza de un pueblo, luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas”.(Is.42,7)

El bautismo en el Jordán abre el inicio de la vida pública de Jesús.

La escena del bautismo de Jesús tiene, en Lucas, una visión especial. El clima es la expectación reinante sobre si Juan es el Mesías o no. Es el mismo Bautista quien aclara que “viene el que puede más que yo” y que éste “bautizará con Espíritu Santo”(Lc.2,16). Jesús se pone en la numerosa fila de los que desean bautizarse. Parece uno más. No teme el meterse entre los pecadores. Ha venido para estar entre ellos y salvarlos. Fijémonos en un detalle: Jesús se bautiza y, mientras está orando, se abre el cielo, baja el Espíritu y resuena la voz del Padre celestial. Este proclama distintamente: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.(Lc.2,22)

Nosotros adoramos al Hijo de Dios. Profesamos la fe: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”. Queremos vivir identificados con el Hijo y ser, a la vez, hijos en el Hijo. Nos admira como los hechos revelatorios suceden mientras Cristo está en oración. He aquí un elemento importante en Lucas. Hará fijar muchas veces la mirada del discípulo en el Jesús orante.

El bautismo de Cristo en el Jordán ofrece perspectivas al bautismo de los cristianos. El prefacio de la misa lo remarca. El ritual del bautismo se referirá a él de este modo: “Oh Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo”. Estas palabras son pronunciadas también en la bendición del agua en la Vigilia Pascual. Tenemos, pues, aquí iluminado nuestro bautismo: fue un renacer del agua y del Espíritu. Una buena oportunidad para agradecer la gracia del bautismo. Y para sentir la dicha de estar bautizados. Ciertamente, nuestros padres nos transmitieron lo mejor que ellos tenían. Sabemos que ha sido esta la herencia más pródiga. Una entrada en la vida, en la verdadera dimensión que se abre a la trascendencia.

- Porque se bautizó Jesús? Es la pregunta que muchos debaten hoy día

El bautismo que recibió Jesús de manos de Juan el Bautista es completamente diferente al que recibimos nosotros hoy día. Nuestro bautismo fue instituido por Cristo. Es un sacramento o señal e instrumento de la gracia de Dios por el cual la persona que lo recibe se hace partícipe de la comunidad del bien de las siguientes maneras: Coparticipando de la resurrección de Jesús (Rom 6,1-14), Haciéndose hijo de Dios, heredero del cielo y miembro activo de la Iglesia de Jesús: Ga 3, 26-29 1 Cor 12, 12ss.

El bautismo de Jesús no era un sacramento, sino una señal penitencial. Juan lo administraba a aquella persona que cambiara de vida y procurara seguir su predicación penitencial. Juan exigía la conversión, el cambio de vida, como condición para recibir su bautismo. El bautismo de Juan se llama “bautismo de penitencia para el perdón de los pecados” (Mc 1,4 Lc 3,3). Sin embargo, no es un bautismo suficiente para alcanzar la salvación de Dios como lo es el bautismo instituido por Jesús. El bautismo de Juan tampoco comunica la participación en la vida del Espíritu Santo. Tal diferencia aparece clara, tanto en los evangelios como en los Hechos de los Apóstoles, con la oposición de los términos “agua” y “Espíritu Santo” que usan cuando se refieren al bautismo de Juan y al instituido por Jesús.

El bautismo de Juan es bautismo de agua solamente. El bautismo instituido por Jesús es un bautismo del Espíritu Santo (Mc 1,8). A veces, el bautismo de Jesús es llamado también bautismo “de fuego”: “Yo les bautizo en agua para la conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no soy digno de desatarle las sandalias. El les bautizará en Espíritu Santo y fuego.” (Mt 3,11 Mc 1,8 Lc 3,16 Jn 1,33 Hech 1,5 Hech 11,16) Jesús no necesitaba ser bautizado por Juan, porque no tenía que cambiar de vida. 

Pero se somete al bautismo de Juan porque de hecho, iba a comenzar “una nueva vida”: su ministerio público, la predicación del reino de Dios. Jesús siguió la costumbre que tenían muchos judíos de la época. Dice la Palabra que Jesús se hizo semejante a todos los hombres en todo (Flp 2,7). Por esto Juan, quien sabía quién era Jesús, rehusaba bautizarlo (Mt 3,14). Jesús cuando fue a que Juan lo bautizara lo que hizo fue un acto de humildad “¿Tu vienes a mi? Soy yo quien necesita ser bautizado por ti...(Mt: 3,15)

Hay personas que dicen que como Jesús se bautizó de adulto, es mejor bautizar sólo a los adultos. Esto no es verdad. El bautismo que confiere la Iglesia es distinto. Son cosas muy diferentes. El bautismo de la Iglesia es un sacramento, el otro no.

- Significado del Bautismo de Jesús, según el Papa Benedicto XVI

El Papa Benedicto XVI en su primer libro sobre Jesús de Nazaret nos explica de forma muy clara y sencilla el significado del bautismo de Nuestro Señor; el Papa afirma: “ El bautismo de Juan incluye la confesión: el reconocimiento de los pecados. 

El judaísmo de aquellos tiempos conocía confesiones genéricas y formales, pero también el reconocimiento personal de los pecados, en el que se habían de enumerar las diversas acciones pecaminosas.16 Se trata realmente de superar la existencia pecaminosa llevada hasta entonces, de empezar una vida nueva, diferente.

Esto se simboliza en las diversas fases del bautismo. Por un la do, en la inmersión se simboliza la muerte y hace pensar en el diluvio que destruye y aniquila. En el pensamiento antiguo el océano se veía como amenaza continua del cosmos, de la tierra. En la inmersión, también el rio podía representar este simbolismo. Pero al ser el agua que fluye, es sobre todo símbolo de vida: los grandes ríos son los dispensadores de vida. 

Se trata de una purificación, de una liberación de la suciedad del pasado que pesa sobre la vida y la adultera, y un nuevo comienzo, es decir, de muerte y resurrección, de reiniciar la vida desde el principio y de un modo nuevo.
Se podría decir que se trata de un renacer. Todo esto se desarrollara expresamente en la teología bautismal cristiana, pero esta ya incoado en la inmersión en le Jordán y en el salir después de las aguas.

Toda Judea y Jerusalén acudían para bautizarse, como acabamos de escuchar. Pero hay algo nuevo “por entonces llegó Jesús de Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán” (Mc.1, 9) Hasta entonces no se había hablado de peregrinos venidos de Galilea; todo parecía restringirse al territorio Judío. Pero lo realmente nuevo no es que Jesús venga de otra zona geográfica, de lejos, por así decirlo. Lo realmente nuevo es que El, quiere ser bautizado, que se mescla entre la multitud gris de pecadores que esperan a la orilla del Jordán. El bautismo comportaba la confesión de las culpas. 

Era realmente un reconocimiento de los pecados y el propósito de poner fin a una vida anterior malgastada para recibir una nueva. ¿Podía hacerlo Jesús? ¿Cómo podía reconocer sus pecados? ¿Cómo podía desprenderse de su vida anterior para entrar en otra vida nueva?... No es fácil llegar a descifrar el sentido de este enigma.

Puesto que el bautismo comporta un reconocimiento de la culpa y una petición de perdón para poder empezar de nuevo, este sí a la plena voluntad de Dios encierra también, en un mundo marcado por el pecado, una expresión de solidaridad con los hombres, que se han hecho culpables, pero que tienden a la justicia. Solo a partir de la cruz y la resurrección se aclara todo el significado de este acontecimiento. Jesús había cargado con la culpa de toda la humanidad; entro con ella en el Jordán. Inicia su vida pública tomando el puesto de los pecadores. 

La inicia con la anticipación de la cruz. El significado pleno del bautismo de Jesús que comporta cumplir toda justicia se manifiesta solo en la cruz: el bautismo es la aceptación de la muerte por los pecados de la humanidad, y la voz del cielo “Este es mi Hijo amado” (Mc.3,17) es una referencia anticipada de la resurrección.

Solo a partir de aquí se puede entender el bautismo cristiano. La anticipación de la muerte en la cruz que tiene lugar en el bautismo de Jesús, y la anticipación de la resurrección anunciada por la voz del cielo se hacen ahora realidad. Así el bautismo con agua de Juan recibe pleno significado del bautismo de vida y de muerte de Jesús. Aceptar la invitación al bautismo significa ahora trasladarse al lugar del bautismo de Jesús y, así, recibir su identificación con El 

sábado, 5 de enero de 2013

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANIA DEL SEÑOR



“Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra” (Mt .2, 11) 

Que es la fiesta de la Epifanía y que significa
Epifanía quiere decir manifestación. En la solemnidad de hoy, la Iglesia conmemora la primera manifestación del Hijo de Dios hecho Hombre al mundo pagano, - cuando se habla de mundo pagano se refiere a todos aquellos pueblos y personas que no eran judíos, hay que tener presente, Jesús nace en el seno de una familia judía, nace en el seno del pueblo de Israel el pueblo escogido por Dios, y por ende, todos aquellos que no pertenecían al pueblo de Israel, eral llamados paganos, porque no creían ni adoraban al verdadero Dios, sino que creían en muchos dioses creados por ellos mismos; esta manifestación que tuvo lugar con la adoración de los Magos, en quienes estaban representados las razas y culturas de la tierra.

Los magos del relato evangélico son una representación de todos estos pueblos -en esto resulta muy acertada la intuición popular, que atribuye a cada uno de los magos una raza diferente- que han oído el anuncio del evangelio y que se disponen a destruir para siempre las barreras de separación. De este modo la Epifanía se convierte en la fiesta de la universalidad de la salvación y, por tanto, de la catolicidad de la Iglesia. Universalidad y catolicidad que en modo alguno significa uniformidad, sino que respeta y promueve las ricas diferencias de raza, lengua y cultura.

La tradición representa a estos tres magos o como muchos le llaman reyes, aunque en realidad eran astrólogos, que se dedicaban a leer las constelaciones de las estrellas, los representa con diferentes colores de piel, un blanco, un negro y un mestizo, muchos se preguntan cuáles son los nombres en sí, yo creo que eso no es importante, sino lo que representan, la tradición nos dice que Melchor, Baltasar y Gaspar. La fiesta proclama el alcance universal de la misión de Cristo, que viene al mundo para cumplir las promesas hechas a Israel y llevar a cabo la salvación de todos los hombres.

La fiesta de Epifanía nació en los primeros siglos del Cristianismo En el evangelio de hoy, se relata que llegaron estos magos a Jerusalén; tal vez pensaban que aquel era el término de su viaje, pero allí, en la gran ciudad, no encuentran al recién nacido rey de los judíos. Quizá, -parece humanamente lo más lógico si se trata de buscar a un rey,- fueron directamente al palacio de Herodes; pero los caminos de los hombres no son, frecuentemente, los caminos de Dios. Indagan, ponen los medios a su alcance: ¿Dónde está?, preguntan. Y Dios, cuando de verdad se lo quiere encontrar, sale al paso, nos señala la ruta, incluso a través de los medios que podrían parecer menos aptos.

- La manifestación de Dios elude toda espectacularidad.
Tradicionalmente son tres las manifestaciones que celebra la Epifanía: la adoración de los magos, el bautismo de Jesús, el milagro de Caná, como podemos ver en la antífona del cántico de María correspondiente a las segundas vísperas de la solemnidad: “Celebramos un día santificado por tres milagros: hoy la estrella condujo a los magos, hoy el agua se convirtió en vino, hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, aleluya”. (Actualmente, sin que la Epifanía deje de conmemorar los tres aspectos, el bautismo es especialmente recordado el domingo siguiente, con el cual concluye el tiempo litúrgico de la Navidad y las bodas de Caná en el evangelio de II domingo del Tiempo Ordinario correspondiente al ciclo C y que se lee seguido del Domingo del Bautismo del Señor ).

Si nos fijamos bien en ello, las tres manifestaciones tienen un cariz común: son apariciones de Dios no en poder y en gloria, sino en humildad y ausencia de espectacularidad. Jesús se presenta a los magos, que traen presentes espléndidos, como un niño impotente y débil, en un pesebre pobre y sin ningún rasgo de importancia, los magos lo buscaron en un palacio y no estaba ahí, la estrella los guio a una cueva con animales y gente sin poder intelectual ni material, solo unos simples pastores.

Su segunda manifestación es también muy sencilla y deja a todos estupefactos por la forma en que se da a conocer al pueblo de Israel, El Hijo de Dios se coloca en la cola de los pecadores, que se someten al bautismo de penitencia, Juan mismo se niega a hacerlo, porque tampoco entiende lo que está a punto de suceder, pero El, le pide con todo el amor del mundo que lo haga, para cumplir con lo mandado por su Padre. Que raras y hasta cierto punto sin sentido la forma en que nuestro Dios se nos da a conocer.

De igual forma Jesús obra su primer milagro en el marco de una fiesta popular y familiar, manifiesta su poder como Dios en una boda, sencilla y simple, con personas que quizás no tenían los suficientes recursos económicos para costear el vino suficiente, es ahí donde entra, la madre y hace que su hijo manifieste su poder y no deje que los novios queden ridiculizados por la falta del preciado vino, Ellos quizás amigos cercanos e íntimos de la Familia de Nazaret, son solo instrumentos de esta Epifanía divina de Jesús .

No hay nada, en ninguna de estas manifestaciones, que evoque pujanza, riqueza o dominio. Son manifestaciones de un Dios bien extraño. Es que a Dios no le ha dado miedo el escándalo de los puritanos, de aquellos que lo habrían hecho de un modo bien diferente. Si es que Dios debía manifestarse, la mentalidad meramente natural y humana habría preparado un modo bien abierto e irrebatible. Pero los pensamientos de Dios no son los pensamientos de los hombres. Este estilo epifánico de Dios tiene una repercusión bien clara en el campo eclesial, puesto que la Iglesia continúa en el mundo la manifestación de Dios entre los hombres. También ella corre el peligro de caer en la tentación de la espectacularidad, pero los cristianos debemos comprender que tanto más manifestaremos la verdadera presencia de Dios cuanto menos nos presentemos al mundo con voluntad de poder y dominio y más bajo los velos humildes del servicio y el amor.

- La estrella de Belén guía a los magos a la verdad plena que es Cristo
Jesús es la Verdad que ha venido al mundo. No se trata de aquellas verdades que el hombre puede encontrar en el mundo tras largas y complicadas investigaciones, sino de la Verdad que estaba junto al Padre y que en un momento histórico hizo su entrada en el mundo, ofreciéndose a todos los hombres. No es la lámpara que encendemos para iluminar nuestro sendero, sino la luz que ha amanecido para todos, descubriéndonos el camino e invitándonos a la marcha.

El Verbo de Dios se ha hecho hombre y no sólo existe ahí, en el mundo, sino que existe para nosotros, nos sale al encuentro como luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Por eso, a todos, sin distinción de ninguna clase, nos es dado el correr al encuentro de la Verdad, que nos invita, nos alienta y nos va desbrozando el camino. Todos los esfuerzos de los hombres a través de los siglos, todos nuestros propios esfuerzos por salir de las sombras de la duda, encuentran hoy su justificación y su culminación.

La aparición de la Verdad en el mundo despierta el interés de los hombres, porque no se trata de una verdad teórica, no es una frase verdadera, ni siquiera un simple hecho verificable. Es mucho más: es Cristo, la Verdad encarnada. Y una tal verdad, “Dios con nosotros”, compromete nuestra vida, nos saca de quicio, nos invita a caminar tras de ella, a salir de nuestro aburguesamiento, a despojarnos de nuestra comodidad, a renunciar a “nuestras verdades”. Por eso, no todos los hombres responden de la misma manera. San Mateo nos refiere el caso de los Magos.

Ellos buscan la Verdad, han visto su luz, se han dejado iluminar por ella y se ponen en camino. Atraviesan las soledades del desierto y los desiertos del politiqueo e inquietud de la ciudad.

- El miedo a la verdad, hace al ser humano querer destruir esa verdad
Siguen su camino, a pesar de que muchos se quedan tranquilamente en casa, incluso aquéllos que teóricamente sabían del acontecimiento. Su camino les llevó hasta la Verdad y llenos de gozo se rindieron ante ella y la adoraron, pero Mateo refiere también la actitud de Herodes. Aquel usurpador del trono de David tiene miedo de la verdad, tiene miedo de perder su posición, su nivel de vida, su rango real. Por eso se conmueve y con él toda Jerusalén. Pero como tiene miedo de la verdad, decide aplastarla, recurriendo incluso a la injusticia del asesinato en masa de los inocentes.

Herodes y los Magos tipifican dos actitudes contrarias ante la Verdad: la de aquéllos que la aman y la buscan sinceramente, poniendo en juego toda la vida, y la de aquéllos que la temen y recurren a todas las astucias, hasta la injusticia, para liquidar la verdad del mundo. Nosotros, los cristianos, nos ufanamos de poseer la verdad, como si fuéramos los propietarios en exclusiva de la luz, como si fuéramos ya la luz. Pero la luz, la Verdad, es Cristo. Nosotros somos sólo testigos de la luz, de la verdad.

Todos los hombres de buena voluntad caminan a la luz de esta Verdad única que es Cristo. pero mientras muchos -cristianos anónimos- recorren su camino sin reparar en la luz que les alumbra, nosotros -los cristianos- caminamos y sabemos que esa luz es Cristo. El es la Verdad abierta para todos los hombres.
Nosotros lo sabemos y somos testigos, tenemos que ser testigos de que la Verdad, la única, está ya con nosotros. Llenos de regocijo, vamos a dar gracias a Dios.

domingo, 30 de diciembre de 2012

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA



“A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que le oían, quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: -Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”.
(Lc.2,46-48) 

La Sagrada Familia fue una familia normal.
Cada año la Iglesia nos invita a meditar sobre el misterio que encierra la Familia, presentándonos como modelo imprescindible a la Sagrada Familia de Nazaret, una familia sencilla, normal, común y corriente como cualquier otra familia de hoy día. Una mujer sencilla y humilde, casada con un carpintero, que según lo que muchos afirman más que un carpintero era un “hacelotodo”, en otras palabras un hombre que se ganaba la vida trabajando de forma honrada en cualquier tarea artesanal.
Muchas veces creemos que la Sagrada Familia era diferente, por tener el privilegio de tener en su seno al hijo de Dios, mas sin embargo ese Dios amoroso quiso que su hijo creciera de forma normal rodeado de las atenciones, cuidados y cariños que solo una familia puede ofrecer. Una familia de inmigrantes y perseguidos por la injusticia del régimen de aquel tiempo, que sufrió el hambre y la soledad, que vivió las preocupaciones de la falta de trabajo, de los quebrantos de salud, y la opresión de las deudas que han sido las eternas compañeras de cualquier familia normal.
- María la madre y esposa.
Cuando veo a María como madre sencilla, como una campesina humilde, puedo ver a mi propia madre, con las manos rotas y curtidas por el peso del trabajo, con el rostro estremecido por el cansancio y la preocupación, pero con una eterna sonrisa de confianza en ese Dios de la vida que siempre es fiel a sus promesas, una mujer optimista y trabajadora, valiente y decidida, con una dignidad integra capaz de educar a un hijo que solo ella sabe quién es en realidad.
Con una sabiduría que no se consigue en ninguna universidad de prestigio ni se paga con todos los tesoros del mundo porque solo se consigue confiando en Dios. Nuestras Santas Madres biológicas al igual que ella, mi Madre del Cielo se volvieron sabias confiando y haciendo la voluntad de Dios, y guardando el sufrimiento de esta confianza en el silencio de su corazón. Como lo dice el evangelio de hoy “conservaba todo esto en su corazón. ”(Lc.2,51).
-José el esposo y padre prudente.
Y que podemos decir del Padre, de José, del hombre sencillo casado con una mujer que a los ojos de la humanidad no honrada ni fiel, porque a los cuchicheos de la gente, el hijo que ambos tenían era producto de una relación extramarital, y fruto de ello quizás llego a ser la burla de los irónicos de aquel tiempo, pero esto no le amedrento para poner su confianza en el Dios todo poderoso. San José un gran hombre, un padre y un gran maestro para Jesús, de quien se habla poco o casi nada en los evangelios, pero de quien se tiene gran estima y admiración, por su prudencia y por su confianza.
A él Dios le confió los primeros misterios de la Salvación, a él se le confió el cuidado de un recién nacido perseguido y odiado por muchos, fue testigo de los milagros de la noche del nacimiento de aquel niño en una cueva en Belén. Siempre para estas épocas me imagino la angustia y desesperación que este hombre vivió al ver a su mujer sufrir los dolores del parto, y sentirse impotente al no poder darle la ayuda necesaria para aliviar este sufrimiento. Pienso que a su mente vinieron preguntas profundas hacia Dios, hacia el plan que este tenía, pero pienso que también que estas interrogantes fueron selladas con la confianza y el abandono en el proyecto que Dios le había confiado.
El, es el un ejemplo vivo de esposo, de padre, de maestro y de un amigo en el círculo familiar, un padre normal, con un trabajo normal, un campesino como cualquier otro, con ilusiones y proyectos como ninguno. Que bendición tener un padre como este, que se abandona en las manos de Dios, que es cabeza indiscutible de una familia, que se preocupa pero que también la disfruta a cabalidad.
- El Sí de la Sagrada Familia, un Sí mutuo.
De San José podemos decir -según el evangelio- que se asemeja extremadamente a la Virgen María. Esta dijo sí a Dios e hizo posible la Encarnación, prestando al Hijo de Dios su corazón y su seno para que éste pusiera su tienda entre nosotros. San José dijo también dijo sí a Dios y le dio al Hijo de Dios una estirpe, una patria, una familia, una casa, un lenguaje, una autoridad, para que Dios habitara entre los hombres como un hombre más. En una palabra, José contribuyó a que continuara la Encarnación.
La verdadera misión de José, como la de María, fue presentar la obra de la salvación, Jesús, al mundo. Cuando se apercibe de su misión, José responde generosamente. Tiene el carisma de visiones angélicas; es decir, está atento a la llamada de Dios y está presto a cumplir su voluntad. Por eso no abandona a María cuando advierte que va a tener un hijo, y por eso también toma al Niño con su madre y huye a Egipto para burlar las iras de Herodes. No destaca su presencia en el evangelio, pero su figura ilumina la historia de Jesús.
No sé lo que significará para tu vida la figura de José. Lo que sí es cierto es que si fuéramos como él, llenaríamos de luz nuestro camino y el camino de los demás.
“La santidad de José consiste en la heroicidad del monótono quehacer diario. Sin llamar la atención, cumplió el programa de quien es “justo” con Dios mediante el fiel cumplimiento de las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad; y con el prójimo por medio de su apertura constante al servicio de los demás. Como se construye la casa ladrillo a ladrillo, el edificio de la santidad se va realizando minuto a minuto, haciendo lo que Dios quiere. “San José es la prueba de que, para ser bueno y auténtico seguidor de Cristo, no es necesario hacer “grandes cosas”, sino practicar las virtudes humanas, sencillas, pero verdaderas y auténticas” (Pablo VI)
La Familia un invento de Dios para la construcción de reino.
Las dos primeras lecturas en la solemnidad de la Sagrada Familia, que hoy celebramos, son todos los años las mismas, y son una expresión clara y clásica del ideal de vida familiar tanto en el judaísmo como en el cristianismo, ambos presentados claramente en la primera y segunda lectura; y aunque ambos pasajes fueron escritos en diferentes tiempos y épocas es impresionante la coincidencia clara que estos presentan.
En ambos textos se subraya que la familia como comunidad de padres e hijos tiene una dignidad característica y un papel irremplazable, sobre todo para que los hijos puedan ir absorbiendo el sentido profundo y religioso de la comunión humana y familiar como elemento capital de toda existencia cristiana. En otras palabras, la vida familiar es la raíz de la dimensión comunitaria de la vida cristiana, por cuanto inicia y fomenta una forma de existencia caracterizada por un tipo de relación gratuita, no sólo funcional.
Desgraciadamente tanto en la vida simplemente humana como también en la vida cristiana, la dimensión “comunión” tiende – sobre todo por el uso de la televisión – a convertirse en una dimensión puramente “funcional” y despersonalizada. Y creo que en las familias cristianas tendría que generarse un examen de la calidad de la vida familiar y especialmente del nivel de las relaciones personales entre los miembros de la familia. Esa calidad se puede medir fundamentalmente a partir de dos dimensiones: una de “libertad” no rígidamente reglamentada, y – en forma especial – otra de “apertura”: una apertura al mundo real y al futuro y, para los cristianos, una apertura al pueblo de Dios (es decir a la comunidad eclesial cristiana) que sepa conjugar el amor y una objetividad sana y realista.
El Evangelio de hoy nos quiere subrayar que la valoración de la familia no debe llevar a desconocer lo individualmente personal. La familia es para sus miembros, y no al revés. Cada persona tiene rasgos, cualidades, inclinaciones y gustos diferentes. Y es un deber del resto de la familia – y principalmente de los padres – respetar e incluso fomentar lo que cada miembro tiene de peculiar.
Y aunque es normal que los padres se sientan asombrados, y hasta reticentes o desconcertados frente a opciones o actitudes de sus hijos, que les pueden resultar inicialmente incomprensibles, ellos tienen que saber – como la Virgen – conservar en el corazón esas actitudes y opciones. Los hijos, por su parte, deben saber “dar tiempo al tiempo” y buscar la convivencia pacífica con sus padres, sabiendo que esto constituye el mejor camino para que ellos puedan comprender y aceptar la vocación peculiar que cada uno de ellos manifieste tener.
No quiero terminar estas palabras sin insistir en que la calidad de vida familiar requiere un verdadero “cultivo” cuidadoso y de la contribución consciente y constante de parte de todos aquellos que la forman. ¿No valdría la pena, sobre la calidad de la propia vida familiar, tener una conversación en que participen todos los miembros de la familia?.

domingo, 23 de diciembre de 2012

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO


¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!. ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? (Lc. 1,42)   

    

Una visita inesperada pero llena de la Gracia del Espíritu.

Estamos a punto de celebrar la Navidad, y en torno a la preparación para celebrarla hoy la Iglesia  nos da una última oportunidad para prepararnos a vivir este santo acontecimiento. En la liturgia de este domingo el evangelio nos presenta la visita de la Virgen María a su prima Santa Isabel. Ahora es la Madre la protagonista, quien con un ejemplo vivo de fe nos invita a prepararnos y a acompañarle en su camino a dar a luz a su hijo.

La palabra de hoy nos recuerda el momento que María se encuentra con Isabel. Es el encuentro entre dos madres y es también una visita que beneficia a ambas, porque ambas comparten las maravillas y dones que Dios ha hecho en ellas; que interesante es cuando compartimos lo que Dios hace en nosotros y los milagros que obra en el silencio, y más lindo aun cuando se reconocen con fe y alegría, como lo hace nuestra madre, hablando con su anciana prima que aun no podía creer esa obra maravillosa de Dios.

Nos cuenta el evangelio que María se dirigió “de prisa” a la casa de Zacarías; cuando leo este párrafo me imagino a la virgen, corriendo a toda prisa en busca de su prima, con una alegría desbordante.
Y es que la fe siempre demanda urgencia, no es un estancamiento ni un acontecimiento privado, es un encuentro entre Dios y nosotros, entre dos seres que precisan compartir las experiencias producidas por este divino encuentro.

Nos cuenta el evangelio que “desde que Isabel oyó aquel saludo de María, en ella se produjeron dos grandes y maravillosos acontecimientos: el primero “la criatura salto de gozo en su vientre” (Lc.1, 41) y el segundo fue que “Isabel quedó llena del Espíritu Santo” (Lc.1, 42),  y es lógico que estos sentimientos espirituales se hayan producido, teniendo en cuenta que era la primera vez que el Hijo de Dios, se encontraba con el que prepararía su camino, y el habría espacio entre el pueblo escogido. Que perfecto es Dios y como va preparando todo tan perfecto.

Todo encuentro espiritual debe provocar algo parecido a lo que hoy le sucede a estas dos mujeres, debe de provocarnos un movimiento interior que nos lleve a un encuentro con la realidad que haya en nosotros, debe de provocarnos una autentica acogida y recepción del Espíritu Santo, que nos haga glorificar a Dios de manera sorpréndete.

-          La fe intachable de la Madre en la obra de Dios

La fe y la confianza de la virgen María es un acontecimiento que debe de llevarnos a medir nuestro grado de fe. Dios le confía una tarea enorme, siento ella una sencilla y humilde muchacha de pueblo, sin ninguna preparación académica y sin ningún peso social o económico, pero millonaria en la fe, y en el amor y fidelidad a Dios, una mujer que vivía su fe a plenitud. 

En nuestro caso, nosotros también tenemos fe, quizás no como la de nuestra Madre, pero sí que la tenemos, pero estamos a expensas de vivir una fe rutinaria, y apagada que no se conmueve con nada, ni tampoco se motiva por lo que nos pueda suceder en nuestra vida, ni por los encuentros con el Señor, ejemplo concreto es nuestra participación en la eucaristía que en muchas ocasiones y para muchos, es solo un compromiso semanal, y se hace sin ninguna emoción. Basta ver la indiferencia que se tiene cuando se está frente al Santísimo Sacramento, a veces ni cuenta nos damos que estamos frente a Jesús vivo.

Debemos tener cuidado para que la fe sea siempre un encuentro vibrante, que cada semana esa fe nos mueva a ir a encontrarnos con él en la eucaristía; para que lo que llevamos de entre se haga sensible a lo que sucede a nuestro alrededor. Isabel acepta la presencia interior que hay en María y es capaz de vibrar de emoción. Ojala los que están a nuestro alrededor se maravillaran por nuestra vida interior, por esa presencia viva de Jesús en el interior de nuestra alma y se motivaran como lo hizo Isabel. 

O al revés, que seamos nosotros los que nos exaltemos por la presencia interna que los que están a nuestro alrededor nos presentan, con su testimonio de vida. Si eso fuera así, la evangelización no sería algo tan duro y difícil porque seriamos capaces de reconocer la presencia viva de Dios en los demás y eso nos bastaría para seguirle y glorificarle, como lo vemos en la escena evangélica de este domingo de adviento.

Esto debe de ser una buena y grande enseñanza para todos los nos dedicamos a la tarea pastoral, ya que en muchas ocasiones buscamos que se nos reconozca de manera palpable la tarea que hacemos, olvidándonos que es un deber mostrar a los otros el rostro de Cristo que llevamos en nuestro interior.
Las personas en las cuales el Espíritu de Dios ha hecho su morada están siempre inclinadas a pensar con sencillez sobre sí mismas y sobre los favores y beneficios que Dios les concede. La persona que recibe así la presencia del Espíritu puede estimular a otros en su camino de fe, esto fue lo que sucedió en este encuentro.

-          Bendita tu María que has creído

El encuentro de la Virgen María con Isabel hace presente un momento muy importante, en la expresión: "Bendita la que ha creído que se cumplirán todas las cosas que fueron anunciadas de parte de Dios", se nos está queriendo manifestar que Isabel ve y reconoce en María a aquella que es bendita porque sin ninguna reserva se ha abierto a los designios de Dios y ha acogido con humilde obediencia la voluntad del Padre para su vida.

El Papa Benedicto XVI nos dice: «… el Adviento es el tiempo de la presencia y de la espera de lo eterno. Precisamente por esta razón es, en especial, el tiempo de la alegría, de una alegría interiorizada, que ningún sufrimiento puede cancelar. La alegría por el hecho de que Dios se ha hecho niño.
Esta alegría, invisiblemente presente en nosotros, nos alienta a caminar confiados. Modelo y sostén de este íntimo gozo es la Virgen María, por medio de la cual nos ha sido donado el Niño Jesús. Ella, fiel discípula de su Hijo, nos concede la gracia de vivir este tiempo litúrgico vigilantes y activos en la espera…» (Benedicto XVI, Homilía en las Primeras Vísperas del Domingo I de Adviento, 2009).

Cada uno de nosotros está llamado a ser bienaventurado como la Virgen María y esto en la medida en que nos abramos a los designios del Padre, y  podamos acoger a Cristo en nuestra vida. La liturgia de este domingo es una invitación a que podamos reconocernos en estas dos mujeres, por un lado la anciana estéril y por otro la joven virgen, en quienes se contempla la intervención de Dios.

Y esto es lo que manifiestan Isabel y María en el evangelio, cuando expresan un cántico de gratitud a Dios, porque ambas son testigos en sus propias vidas de la realización de las promesas de Dios y de su cumplimiento. Por ello cómo no esperar con alegría el nacimiento del Salvador, tal como nos lo dice el Papa Benedicto XVI: «…A pocos días ya de la fiesta de Navidad, se nos invita a dirigir la mirada al misterio inefable que María llevó durante nueve meses en su seno virginal: el misterio de Dios que se hace hombre. Este es el primer eje de la redención.

El segundo es la muerte y resurrección de Jesús, y estos dos ejes inseparables manifiestan un único plan divino: salvar a la humanidad y su historia asumiéndolas hasta el fondo al hacerse plenamente cargo de todo el mal que las oprime…» (Benedicto XVI, Ángelus 21 de diciembre de 2008).

lunes, 17 de diciembre de 2012

www.padrealex.com: DONDE ESTABA DIOS CUANDO ESTA MASACRE SUCEDIO

www.padrealex.com: DONDE ESTABA DIOS CUANDO ESTA MASACRE SUCEDIO: Nuevamente hemos sido asaltados por la violencia y la muerte, por el látigo de la masacre perpetrada por un muchacho que sin justifica...

DONDE ESTABA DIOS CUANDO ESTA MASACRE SUCEDIO



Nuevamente hemos sido asaltados por la violencia y la muerte, por el látigo de la masacre perpetrada por un muchacho que sin justificación arrebató la vida de 28 personas inocentes que lo único que hacían era buscar la educación de los niños y luego se suicidó. Ante esta tan dura situación vienen a nuestros sentimientos cuestionamientos y culpabilidades buscando respuestas del porqué pasan estas cosas, pienso que no es el momento adecuado para buscar culpables o desencadenar lazos de odio por lo sucedido.

A todos nos ha dolido en el alma ver la forma en que todos ellos perdieron la vida, pero frente a todo esto la única explicación que encuentro, es que todo esto es fruto de la pérdida de valores y de Dios en nuestras vidas; hemos alejado de nuestros jóvenes el valor primordial por Dios. Alguien apareció en un noticiero preguntándose ¿Dónde estaba Dios cuando esto sucedió? Y cuestionando su presencia, me puse a pensar, que solo lo buscamos y nos acordamos de él cuando estamos con el corazón roto, pero lo hemos sacado de nuestras escuelas, de nuestros programas de estudio, es prohibido mencionar a Dios en los edificios de gobierno o sitios públicos; en los centros educativos es permitido hablar de cualquier cosa menos de Dios, del evangelio o de los valore cristianos que hacen al ser humano crecer interiormente y ver la vida desde otra perspectiva.

La razón es sencilla, no se quiere confundir a los jóvenes y niños con respecto a sus creencias religiosas, no se les puede obligar a creer para no causarles traumas. Irónico verdad. La respuesta está saliendo a la luz públicamente y de forma desgarradora, este tipo de incidentes son parte de la problemática existente, estamos educando a muchos de nuestros hijos en un ambiente de pobreza de valores, espirituales y morales. Es fácil culpar al muchacho que hizo todo esto, y con esto no lo defiendo, pero pienso que la culpa más grande la tienen aquellos que estaban a cargo de su educación, porque quizás fueron irresponsables en forjarlo y en enseñarle el verdadero camino. ¿Dónde consiguió las armas? ¿Quién le enseñó a usarlas? Saque usted mismo las conclusiones.

Nuestros hijos están creciendo en un ambiente de violencia, porque nosotros mismos lo hemos permitido y todavía nos preguntamos qué pasa, y porque sucede esto. Invito a los padres de familia a meditar sobre su responsabilidad educadora, de cuánto tiempo dedican a sus hijos, de que tanto respeto les tienen cuando les permiten comprar juegos de violencia, de muerte, de destrucción. Que tristeza me da saber que este país los juegos de video violentos son vendidos públicamente y sin ningún control. Oremos para que un día entendamos que este mundo sin Dios, va a la quiebra, que este mundo sin valores se autodestruirá lentamente. Que todos estos niños y maestros que murieron este fin de semana, descansen en paz, y que ojala su muerte no sea en vano. Que incluyamos a Dios en nuestro curriculum de estudios.