viernes, 15 de marzo de 2013

V DOMINGO DEL TIEMPO DE CUARESMA


“Tampoco yo te condeno, vete y ya no vuelvas a pecar”.
(Jn.8, 11)


1-     Le presentan a una mujer que había cometido un pecado
 Estamos a las puertas de entrar en una semana muy especial, la tradición de la Iglesia le ha nombrado santa, porque durante este tiempo, la madre Iglesia nos invita a meditar sobre nuestra vocación a la santidad. En este contexto, la liturgia de este domingo es muy profunda, es una llamada a meditar sobre el perdón y el derecho de volver a comenzar en nuestro proceso de conversión, sin tener en cuenta lo que hayamos cometido contra Dios.Las personas tenemos una predilección especial por la justicia; pero no siempre la justicia que creamos se ajusta a los designios de Dios. Y en este contexto de aplicar la justicia, vemos hoy como los legisladores del tiempo de Jesús, tratan de poner la ley por obra cuando es de su conveniencia.

 La escena sucede en el templo. Le presentan a una mujer que había cometido un pecado gravísimo: era una adúltera, no sabemos exactamente si había cometido esta falta muchas veces, si ella era una mujer que se prostituía, no sabemos mucho de ella, lo que si sabemos era que la habían encontrado culpable y había que condenarla lo antes posible. Los fariseos y escribas tenían razón al citar la ley, que a primera vista es violada por ella, pero que se nota que la aplican a su propia conveniencia.

 El libro del Levítico dice: “Si adultera un hombre con la mujer de su prójimo, hombre y mujer adúlteros serán castigados con la muerte” (Lev. 20,10); y el Deuteronomio añade que “... llevarán a los dos a las puertas de la ciudad y los apedrearán hasta matarlos” (Dt.22,24). Estas eran la penas establecidas por la Ley.
 Sorprende que sólo la mujer esté detenida y no se diga nada del hombre, ya que si el adulterio es flagrante, ambos fueron detenidos.  La realidad era que estas penas tan duras previstas por la Ley no se solían aplicar, pero contradecirlas equivalía a ir contra la palabra y la voluntad de Dios.
 El pueblo veía a Jesús con un corazón y unos hechos misericordiosos y por eso lo querían; lo cierto es que la trampa estaba bien montada, porque si Jesús favorecía la lapidación estaría a favor de los fariseos que despedazaban a los pequeños y traicionaría los sencillos a los cuales defiende. Y por el otro lado, el negar la lapidación le convertiría en alguien que está contra la Ley. La trampa parecía perfecta y sin escapatoria, igual se contradecía a sí mismo con un sí que con un no.

 Ella era pecadora, pero el problema que se pretende plantear a Jesús es de mucho más grande de lo que se ve: los escribas y fariseos buscan un pretexto para derrotarle, sorprenderle en una situación sin salida y humillarle como un falso Maestro o rechazarle como un falso Mesías, interesante situación, y me pongo a pensar que esa encrucijada aun la continúan haciendo muchos en la actualidad, ya que, los que dicen saberlo todo en muchas ocasiones utilizan a los pequeños para hacer caer a los que consideran sus enemigos, en este caso su enemigo inmediato era Jesús.

 Es obvia la molestia y desagrado de Jesús y se puede percibir en la actitud que toma, porque en vez de discutir con ellos, como lo haría cualquier abogado, dando explicaciones a diestra y siniestra, lo que hace es trazar signos en la arena, agachado. Es la sabia prudencia y la calma, ante el juicio diabólico y desgarrador de los enemigos. Siempre me he preguntado que escribiría en el suelo con su dedo, pero no he logrado encontrar la respuesta.

2-     “Aquel que se encuentre libre de pecado que arroje la primera piedra

 Le piden que dé su veredicto, como si fuera un juez sentado en el estrado, listo para dictar una amarga y segura sentencia, en contra del que ha caído. Pero Jesús les sorprende cuando plantea una ley superior a la de Moisés en contenido y exigencias, se llama misericordia, ellos quizás no la conocían, porque estaban acostumbrado a vivir vigilantes ante cualquiera que caía para condenarlo, y aplicarle la ley sin ninguna excepción o explicación; me pregunto, cuantos juicios injustos hicieron utilizando este inmisericorde sistema.

 Yo disfruto tanto la actitud de Jesús, porque de una manera tan sencilla y paciente hace tomar conciencia a los acusadores de que el pecado propio les inhabilita para condenar   a muerte a otro ser humano negándole la posibilidad de un futuro diferente; las palabras de Jesús - que concuerdan con su enseñanza en el Sermón de la Montaña: "No condenen para no ser condenados" (Mt,7,1) - contienen una actitud negativa frente a la pena de muerte; y en lo concreto de la situación, fueron una iluminación para esos escribas y fariseos, que los puso en camino de salvación al reconocerse como pecadores y que los hizo renunciar a ejecutar a la pobre mujer. Él, no los les pide que la dejen en paz, que no la condenen, solo indaga en su corazón y en sus conciencias, para que reconozcan que no son diferentes a ella en cuanto a sus actos personales.

 Ellos esperan una respuesta, y me encanta porque Jesús volvió contra ellos mismos el veredicto que formulaban contra la mujer. Ellos pedían un veredicto legal y Jesús les ofrece un veredicto desde sus conciencias.

 Al principio se comportó como si no le diese importancia al asunto; pero va más allá de lo meramente jurídico, va al corazón de los acusadores y allí encuentra las mismas miserias por las que condenaban en aquella mujer. Le insisten nuevamente con más preguntas, pero tan profunda fue la mirada y la reflexión a la cual Jesús les llama, con una sencilla frase : “Aquel que se encuentre libre de pecado que arroje la primera piedra”(Jn.8,7), algunos estudiosos de la Escritura creen que lo que él dijo quizás fue, aquel que no haya adulterado con ella que arroje la primera piedra. Qué fácil es condenar al que ha caído, que fácil es destruirlo y enjuiciarlo. Los cristianos no estamos llamados a ser catalogadores de pecados ni de pecadores, estamos invitados a ser los proclamadores de las misericordias de Dios para con los que se arrepienten.

3-     Yo tampoco te condeno; vete y no vuelvas a pecar

 No hay que caer en la trampa de pensar que utilizando la sola comprensión de las ciencias humanas llegaremos a entender la profundidad real del pecado, ni la actitud del pecador. El pecado es otra dimensión que sólo desde la fe, el amor y la misericordia se puede sanar, y a través de estos elementos indicar al pecador el camino del encuentro con Jesús.

 Pero, dejando atrás a los acusadores, pienso que el centro de la escena no está plasmando en la disputa con los acusadores, sino la actitud de Jesús frente a la mujer. Ahora que están solos, “porque al oír la frase de Jesús, se iban retirando uno por uno, nos dice el evangelio, comenzando por los más viejos”(Jn.8,9). Jesús la mira, y la ve asombrada de su liberación, pero no por eso menos consciente de su culpa y llena de vergüenza. Y entonces le dice esas extraordinarias y simples palabras: "Yo tampoco te condeno; vete y no vuelvas a pecar"(Jn.8, 11).

 Me imagino el rostro que puso la mujer al oír esa frase de libertad, aunque con eso Jesús no está alabando el pecado de ella, solo le está pidiendo que vea lo que sigue, que mire hacia adelante, que tenga claro que tiene una nueva oportunidad para ser mejor. Vete y desde ahora no peques más. El dio sentencia de condenación contra el pecado, no contra la mujer.

La deja irse, pero le recuerda la gravedad de su pecado, y que si no lucha puede volver a caer. Sólo puede marchar en paz quien acudió arrepentido. La mujer adultera acudió forzada y utilizada por un grupo de hombres con la conciencia deformada. Jesús aprovecha la maldad de aquellos hombres, para intentar que vuelva a la vida recta una persona pecadora. Dios saca de los males bienes, y de los grandes males, grandes bienes. La adúltera tiene la oportunidad de aprovechar sus errores y los de sus perseguidores en una conversión fruto de un encuentro con Jesús de lo más sorprendente.

 Jesús le dice que las puertas del futuro están abiertas para ella, que el pecado pasado no la encierra en una prisión sin salida. En este episodio se encarna lo más novedoso y específico de la manera en que Jesús comprende el proceso de conversión. Jesús se acerca al pecador ofreciéndole aquí y ahora la comunión con Dios, la entrada en el ámbito del Dios de amor que otorga gratuitamente vida y perdón. El perdón de los pecados que Jesús ofrece y regala provoca la conversión; ésta es la secuela del perdón, no su condición previa. Jesús está seguro de que ese perdón puede tocar al hombre en lo más íntimo y moverlo así a la conversión.

En otros términos, para Jesús la conversión tiene más que ver con el futuro que con el pasado. Y San Pablo nos dice que este entrar en el futuro que nos abre Dios no termina nunca y que siempre tenemos que estar olvidando el pasado y lanzándonos hacia delante, conscientes de que ninguna experiencia que hayamos tenido cansa a ese Cristo que nos hizo sentir una vez el amor perdonador de Dios. Amén

viernes, 8 de marzo de 2013

IV DOMINGO DEL TIEMPO DE CUARESMA


Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos.
(Lc.15, 20)




1-     Despreciamos el amor y nos alejamos de la casa de nuestro padre.

Esta parábola es sumamente rica de significado. Constituye la médula de la espiritualidad cristiana y de nuestra vida en Cristo; considera al hombre en el momento mismo en que se aleja de Dios, olvidándole, para seguir su propio camino hacia la tierra del desamparo,  donde de forma errónea espera encontrar la plenitud y vida en abundancia.

Que ingenuos somos al pensar que encontraremos la felicidad fuera de nuestra casa, fuera del calor que dan los brazos del Padre que nos alimenta y nos consuela cuando estamos tristes y abandonados. Cuando estamos con el Padre nos volvemos arrogantes, exigiendo lo que no nos pertenece y cobrando lo que no nos hemos ganado, pero ahí está el verdadero padre, que entiende nuestra ignorancia y nos permite hacer uso de la libertad, para que entendamos que fuera de sus brazos y de su techo, no encontraremos más que soledad, hambre, tristeza, pobreza y dolor.

La parábola describe, pues, el progreso -lento al principio, pero triunfante al final- que le hace regresar, con el corazón quebrantado y libremente abandonado, a la casa de su padre. El texto que se nos presenta hoy es un manual completo para entender el camino de conversión de todo ser humano, y cuando hablo de esto me refiero, a que en muchas ocasiones sin que, ni para que, pensamos que hay algo mejor, y abandonamos nuestra casa para largarnos a lo desconocido, haciendo uso de nuestra propia arrogancia vacía y desmesurada, despreciando el amor que nos lo da todo, un amor que alimenta y abriga nuestra vida personal, y que no se puede encontrar en nada que no sea Dios.

Usualmente este trozo evangélico se aplica a aquellos que se han alejado de la fe, que se han alejado de la iglesia. O lo que es más  aún, aplicarlo a los que llevan una vida de pecado público y a causa de eso no son felices. Es fácil aplicarlo a ellos, porque no necesita mucha explicación, la parábola en si lo dice todo.
Ahora bien, que pasa con nosotros, los que seguimos perseverando en la fe, que venimos a la iglesia continuamente y que practicamos con frecuencia; será que no va con nosotros?. Pienso que la aplicación es incluso más dura y dolorosa, porque muchos dentro del camino de fe piensan que lo tienen todo y que nunca se han alejado. En primer lugar, no debemos de olvidar que todos somos pecadores, y que cada vez que lo hacemos, retrocedemos en nuestro camino de conversión. La conversión continua es el regreso a la casa del Padre, y todos estamos en camino a esa casa, en otras palabras, todos imitamos a este muchacho que deja todo, por nada.

1-     Dios es un Padre, que espera con ansias a sus hijos alejados.

A mí me gusta mucho hacer uso de mi imaginación, y me imagino que ese padre, quizás anciano, todos los días esperaba el regreso de su hijo, tenía la confianza que su hijo volvería. A él, no le importaba lo que se había perdido materialmente hablando, a él, le interesaba su hijo.
Me pregunto por qué no fue él en busca de su hijo, porque no dejó su casa para encontrarse con el muchacho y persuadirle que volviera, o quizás con justa razón, obligarlo a que volviera a donde pertenecía, su propia casa; pero la respuesta es sencilla y lógica, el viejo padre, respeta la libertad de su hijo, y no lo obliga, porque el viejo sabe cuánto lo ama, y el muchacho rebelde, también lo sabe. Y es que el amor autentico, es siempre un camino de regreso, solo el amor puede hacer cambiar a un ser humano, es el único camino para encontrarse con uno mismo. El amor echa fuera el miedo y el desprecio, rompe cualquier atadura y destruye cualquier barrera.

Su padre es un hombre misericordioso. Es la actitud misericordiosa del padre la que constituye el centro de atención de todo el relato. Lo que realmente sobresale es el inmenso amor del padre que perdona sin medida los desvaríos de su hijo pequeño. No cabe duda de que, en la figura del padre, Jesús ha querido reflejar a Dios mismo. No es menos cierto que en la actitud de ese padre amoroso podemos ver reflejada nuestra propia experiencia, porque cuando queremos de verdad a alguien somos capaces de perdonar sus errores y sus ofensas.

Muchas personas se acercan a nosotros buscando el abrazo de Dios a través de nuestro perdón y de nuestra misericordia, y en muchos de los casos, nos cerramos a amar de verdad a estos hermanos nuestros que desean regresar, les cerramos el camino de regreso.

Tenemos que tener claro que los creyentes siempre tenemos un camino abierto a la casa de Dios nuestro padre y estamos llamados también a ayudar a otros a que encuentren el camino de regreso. En algunas ocasiones nos apartamos de ese camino, quizás porque nos distraemos o por el cansancio que este implica, pero siempre tenemos que tener la disposición a regresar a los brazos misericordiosos de nuestro padre.

La pregunta es: ¿quién no ha experimentado la paternidad de Dios?, y la verdad que creo que todos de una u otra manera lo hemos sentido y nos hemos dado cuenta de que es él quien va trazando ese camino, que aunque todos somos muy diferentes, porque nuestros caminos de ida y regreso cambian, siempre nos une algo, y ese algo es que, al final de ese camino, estará un padre esperándonos con los brazos abiertos, y lo más importante que podemos regresar cuando queramos y a la hora que queramos, - que como bien lo dice mi madre - ya conoce el camino de regreso. El hijo prodigo no había olvidado este camino, y sabia que lo devolvía a su padre, por eso regresa con seguridad y alegría.

2-     Desperdiciamos y derrochamos los bienes de Dios.

 El muchacho desperdicia todos los bienes que quizás a su padre le costó con tantos sacrificios obtener, consume prácticamente la mitad de la hacienda de su padre en gastos inútiles, sin medida y sin razón. Y es natural que si lo vemos desde la perspectiva humana nos cause algún malestar porque diremos inmediatamente, que injusto fue este hijo al no respetar ni valorar lo que su padre tenía.

Pero nosotros los bautizados no somos muy diferentes con respecto a esto, tenemos todos los recursos disponibles para ser felices, y sin embargo los desperdiciamos, los derrochamos y no los valoramos. Derrochamos sin ningún dolor ni vergüenza los caminos que conducen a Dios y a la felicidad plena. Ejemplos concretos son, la fe, los sacramentos, la iglesia misma, el magisterio, la formación, y tantos otros bienes espirituales que enriquecen nuestra vida, y sin embargo no estamos conformes.

Aquí en los Estados Unidos, siempre me ha impactado la inconformidad de muchos, con respecto a casi todo, pero de manera particular en la vida sacramental, no están conformes con su sacerdote o diácono, o con su parroquia, o con la forma en que se celebra la misa; y por ello viven errantes sin sentar cabeza, siguiendo lo que les convienen, según ellos, sin darse cuenta de lo afortunados que son al tener diaria y semanalmente la Santa Eucaristía, cuando en muchos otros lugares del mundo, se conforman con una Eucaristía al mes, o quizás al año; eso me entristece, porque no sabemos valorar lo que el buen Dios nos da.
Y eso es precisamente lo que le sucede al hermano mayor, el está insatisfecho con lo que tiene, porque por lo que se puede ver a través de las palabras del papá, él lo tenía todo, era casi el dueño de todo y no tenía que pedir ningún permiso para hacer y deshacer, sin embargo la envidia y los celos lo corroen y hacen que actúe de manera egoísta, queriendo parecer la víctima del acontecimiento.

A  los cristianos de hoy en día nos pasa algo similar, hemos creado algo que se llama, la pastoral de las quejas, porque protestamos y nos quejamos por todo, con esto no estoy diciendo que no tenemos que dar nuestra opinión o una sugerencia, no me refiero a eso; a lo que me refiero es que a veces las quejas no tienen sentido y parecen más niñerías y caprichos que criticas con sentido de superación.

Debemos de aprender a darnos cuenta que la iglesia es nuestra casa, y como tal debemos de disfrutarla y seguir con alegría y entusiasmo el mensaje que el Padre nos dirige de manera cordial y desinteresada, acogiendo con alegría al que regresa con las manos vacías, aunque sepamos con certeza que cuando se fue malgastó lo que quizás era nuestro. 

Qué tristeza me da, cuando veo a cristianos que se creen con derecho a despreciar a aquellos que regresan o que se integran por primera vez, es como si la adhesión de nuevo al Padre tuviera que ser también sumisión y rendimiento hacia ellos. La lógica cristiana nos dice que debemos mostrar un corazón acogedor y alegre, y hacer sentir al que llega que siempre es bienvenido a la casa de Dios Padre.

Los cristianos debemos de vivir nuestra fe de manera humilde y no vivir engreídos como si todo lo que tenemos nos pertenece, somos lo que somos y tenemos lo que tenemos no por nuestros méritos, sino por la bondad y misericordia de nuestro padre Dios. Tenemos que aprender de la actitud del padre, que espera y no se fija en lo que se perdió, hay que fijarse en lo que se tiene ahora, que es lo más importante, y es, un hijo que ha vuelto a la vida, sano y salvo.

El hijo regresó, no para pedir una fiesta, regresó herido y avergonzado, sucio, con la dignidad rota y destruida, sin deseos de pedir nada; solo un poco de comida y un empleo digno, sin embargo el padre, lo recibe con dignidad, con amor y sin reparar en que estaba  sucio y harapiento, con un fétido olor a pudrición, no hace más que abrazarlo y besarlo y llorar con él, porque ahora su corazón está en paz, su familia está completa y reunida nuevamente. Tenemos que lograr que esta maravillosa parábola del "Hijo pródigo" y del "Padre Misericordioso" sea también la del "Hermano alegre” pero sobretodo que nos sepamos identificar con uno de estos tres personajes, aunque estoy más que seguro, que de los tres, todos tenemos un poco. Amén.



VATICANO, 08 Mar. 13 / 11:40 am (ACI/EWTN Noticias).- La Sala de Prensa anunció, a través de un comunicado, que el Cónclave para la elección del nuevo Papa empezará este martes 12 de marzo.

El comunicado señala que "el Colegio de cardenales ha decidido en la octava Congregación General que ha tenido lugar esta tarde desde las 17 a las 19 horas que el Cónclave para la elección del nuevo pontífice se abrirá el martes 12 de marzo de 2013".

Ese día, indica el texto, "por la mañana se celebrará en la basílica de San Pedro la Santa Misa "Pro eligendo Romano Pontífice". Por la tarde del mismo día se entrará en el Cónclave".

COMUNICADO DE LA OFICINA DE LA PRENSA DE LA SANTA SEDE

El Colegio de cardenales ha decidido en la octava Congregación General que ha tenido lugar esta tarde desde las 17 a las 19 horas que el Cónclave para la elección del nuevo pontífice se abrirá el martes 12 de marzo de 2013. 

Por la mañana se celebrará en la basílica de San Pedro la Santa Misa “Pro eligendo Romano Pontífice”. Por la tarde del mismo día se entrará en el Cónclave.
(RC-RV)

Día internacional de la Mujer:


750 mil religiosas sirven a los más vulnerables en todo el mundo

Día de la Mujer: 750 mil religiosas sirven a los más vulnerables en todo el mundo

MADRID, 08 Mar. 13 / 09:43 am (ACI/Europa Press).- Un total de 750 mil religiosas pertenecientes a 2 mil congregaciones agrupadas en la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), atienden cada día en todo el mundo a los colectivos más vulnerables –niños y adultos, huérfanos, enfermos y moribundos, mujeres–, según datos de la fundación pontificia Ayuda a laIglesia Necesitada (AIN).
En sus asambleas, según apunta AIN, las religiosas abordan, entre otros temas, las consecuencias de la injusticia, el hambre y la guerra, el efecto delSIDA, el comercio con personas y muchos otros retos que afrontan a diario.
Por ello, con motivo del Día Internacional de la Mujer que se celebra este viernes, AIN quiere hacer un homenaje a estas mujeres que “para muchos, son el rostro de la Iglesia Católica” y cuyo trabajo tiene “un valor incalculable, pues a menudo también prestan un servicio desinteresado en lugares a los que nadie acude y que no reciben ayuda de ningún tipo”.
“Viven tras gruesos muros de conventos o en chabolas de uralita y dirigen residencias de ancianos en barrios burgueses o dispensarios en suburbios miserables; dedican toda su vida a la oración y a la ayuda a los más pobres de entre los pobres”, señala AIN, al tiempo que añade que aunque algunos pocos se “mofan” de ellas, son valoradas por la mayoría.
En este sentido, la fundación recuerda a una de las religiosas más conocidas del mundo, Madre Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz en 1979 que, aunque “provocó reacciones encontradas, no se inmutó ante ninguna de estas reacciones, pues su vida era para ella, en primer lugar, un camino de seguimiento a Cristo, siempre desde el servicio al prójimo”.
Para AIN, sin su labor, el mundo sería “más pobre” y, por ello, lleva décadas apoyándola, financiando y desarrollado proyectos en las comunidades de Brasil, Congo, Kazajstán y Líbano.
Concretamente, AIN destaca la labor de las Hermanas del Buen Pastor –que cuentan en todo el mundo con 5.000 religiosas– con los refugiados sirios en Líbano. En Jdeideh (Líbano), entre 2011 y 2012 acogieron a 15.000 enfermos, entre ellos, a unos 11.000 refugiados originarios de Iraq (800 enfermos y 220 necesitados de ayuda psicológica o psiquiátrica).
Mientras, en República Democrática del Congo, las Hijas de la Resurrección –en la actualidad, más de 200– se ocupan desde 1966 de personas marginadas por una sociedad cada vez más desgarrada por guerras entre bandos enfrentados.
Precisamente, el Padre Werenfried van Straaten, fundador de Ayuda a la Iglesia Necesitada, fue cofundador de esta orden.
Además, en Kazajstán, las Carmelitas viven recogidas, de forma contemplativa, lo que significa que dedican su tiempo ante todo a la oración, aunque también a atender a mujeres musulmanas en el dispensario o a trabajar en el huerto.
El Obispo de Karaganda, Monseñor Janusz Kaleta, está convencido de que seguirá habiendo nuevas vocaciones.
Otro ejemplo de religiosas “imprescindibles” es el de las 800 que trabajan en las favelas de San Salvador de Bahía (Brasil).
Según explica AIN, esta ciudad crece a una velocidad vertiginosa, pues mucha gente emigra de las pobres zonas circundantes en busca de una vida mejor, aunque luego acaben en barrios de chabolas. Allí es donde trabajan estas religiosas con las familias, con los enfermos y en las escuelas.

jueves, 7 de marzo de 2013

EL LEGADO DE BENEDICTO XVI




. Publicado el 15 de febrero de 2013 • En El tiempo Latino •

Escribí este articulo hace unos dias para el periodico "El Tiempo Latino" y no había tenido tiempo de publicarlo en la web. Saludos.

Esta mañana el mundo se sobresaltó con una noticia inesperada, El Papa Benedicto XVI renunció a seguir al frente de la iglesia!, nadie se lo podía creer, pero es la verdad, nuestros corazones están tristes ante tal noticia. La iglesia va a dejar de tener la guía de un hombre que ha vivido 86 años al servicio de Dios y de la humanidad, fue para todos el maestro el hermano y el amigo, un hombre sencillo que dedicó su entera vida a Dios y a pastorear y confirmar en la fe a sus hermanos.  

Al mismo tiempo me regocijo porque la renuncia del Papa nos muestra a un hombre que no se aferra al poder, sino que lo rinde en la medida que reconoce que su misión ante Dios y ante la humanidad, ha sido cumplida.  Benedicto XVI da una gran lección a todos aquellos que tienen poder y que les cuesta trabajo dejarlo. Su decisión marcará para siempre el futuro de los pontífices y de la Iglesia, tanto por el modo de presentar la doctrina como por el modo de gobernar. El ha sido el Papa de lo esencial. Pasará a la historia como un gran predicador que  ha hecho accesibles a todo tipo de personas los contenidos de la Fe. 

Durante estos siete años ha evitado cualquier protagonismo. Quiso que se conozca el mensaje del Evangelio. O sea, que Jesús existió realmente y que era Dios. Por eso, ha dedicado su tiempo libre a la trilogía “Jesús de Nazaret”. De igual manera dedicó  sus enteras energías a la reconciliación: Por ejemplo, reconciliación con las víctimas de abusos, a las que ha visitado en muchos de sus viajes; reconciliación con el Islam; reconciliación con los tradicionalistas lefebvrianos; y reconciliación entre Fe y Razón. 

Los creyentes y los que amamos la iglesia vemos este acontecimiento con tristeza pero con fe, y entendemos que en su humildad nos continúa enseñando a ser cristianos, a aceptar cuando ya no se puede continuar. Es de sabios y hombres de Dios aceptar nuestra debilidad y dejarla en manos de Dios, de arrogantes el aferrarse al poder de manera inmisericorde. Bendito sea Dios por darnos un hombre como Benedicto XVI. 

El padre Alex Díaz es Vicario Parroquial de la parroquia
"Sagrada Familia" de Woodbridge, Virginia.

PRIMERAS CONFESIONES EN LA PARROQUIA "LA SAGRADA FAMILIA"



El sábado pasado 02 de marzo, celebramos en la parroquia “La Sagrada Familia” aquí en Dale City Virginia la celebración del  Sacramento de la Reconciliación para los niños que recibirán la primera comunión en mayo próximo. Esto quiere decir que para ellos fue su primera confesión, su primer encuentro con Jesús a través de la sacramento de la misericordia y del perdón.

Todo inicio a las 11 de la mañana en punto, el Padre Gerry  Creedon nuestro párroco, fue quien presidio el pequeño acto penitencial, aunque para ellos no fue un acto penitencial, sino una pequeña celebración para hacerles ver que no hay que tener miedo, como es sabido por todos, el padre Gerry es un hombre pacífico y tranquilo: “No deben de tener miedo a celebrar este sacramento, que nadie les va a regañar, fueron sus palabras,” ya que muchos pensaban que les iban a llamar la atención por esas pequeñas e inocentes faltas que habían comentado.

Terminado el acto penitencial, llego la hora cero, el momento de saber que pasaría, todos buscaron al sacerdote de su preferencia, con el que más se sentían cómodos para abrir su pequeño corazón. Todos nerviosos, repitiendo las oraciones y los pasos correspondientes para confesarse, lo más interesante es que a la hora de hacerlo todo se les había olvidado.

Para ellos fue un momento emotivo y especial, aunque como he dicho muchos de ellos estaban muy nerviosos pensando en que pasaría en ese momento. Es impresionante ver la inocencia de los niños al momento de hacer su primera confesión, lo sacerdotes tratamos en ese momento de hacerles entender que la confesión no es momento para que se les juzgue por lo que han hecho, sino que es un momento para aprender lo importante que somos delante de Dios. En lo particular me gusta mucho hacerles entender que sus pequeñas faltas son parte de la vida y que tenemos que trabajar para cambiarlas y convertirnos en fieles y santos hijos de Dios, hijos de Dios que de verdad vivamos en su presencia.

Cada vez que confieso a los pequeños, me animo a continuar en el ministerio, su inocencia y su forma de ver la vida, me hacen ver la bondad de Dios y sentir su presencia. Entiendo el porqué Jesús los amaba tanto, porque definitivamente de ellos es el reino de los cielos.
Bendiciones para todos
Su amigo.
P. Alex

viernes, 1 de marzo de 2013

III DOMINGO DE CUARESMA

     Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’ ”.
Lc. 13, 1-9


1- Las pruebas y sufrimientos no son un castigo de Dios.
Muchos de nosotros nos preguntamos continuamente porque existe el mal, y porque hay tanta violencia en nuestra sociedad y en el mundo entero, y nos cuestionamos, donde esta Dios cuando todo esto pasa, o a muchos les asalta la duda, ¿será que Dios no existe?, o que quizás es simplemente una leyenda construida por el mismo ser humano a lo largo de la historia, y que muchos filósofos lo han asegurado y se sienten muy seguros de su afirmación.

Pienso que es normal el hacerse todo ese tipo de cuestionamientos, ya que nuestra humanidad nos asalta cuando vemos tanta violencia, desamor y destrucción y sobre todo cuando estos elementos tocan las puertas de nuestras familias.

Los tiempos de Jesús no eran diferentes a los nuestros, solo que el pueblo judío tenía una mentalidad diferente a la nuestra, y en casi todos ellos estaba clara una cosa: el ser humano malo está destinado a sufrir, y el que es bueno no conoce el sufrimiento material. Pero, tristemente las cosas no coincidían a la hora de ver la realidad, ya que ellos mismos, -judíos- veían que había gente muy buena que sufría y personas que eran del mal corazón o de vida doble e hipócrita que les iba muy bien.  Es ahí donde vienen las interrogantes y las crisis.

 Nos cuenta el evangelio de hoy, que se acercan a Jesús unas personas para contarle sobre un episodio de violencia, una masacre en particular, ordenada por Poncio Pilato contra un cierto número de Galileos - hay que aclarar que este episodio, no se encuentra descrito en ninguna otra parte de la Sagrada Escritura,- no se sabe con exactitud lo que sucedió, ni porque lo hicieron, me imagino que quizás fue porque se rebelaron contra la opresión del imperio romano y como escarmiento, los ejecutaron públicamente; lo que sí sabemos es que, el hecho que hayan mezclado su sangre con la sangre de los sacrificios paganos, fue un desprecio y una humillación pública, tanto al pueblo en general como a sus costumbres religiosas judías y eso creó en ellos un sentimiento de dolor e indignación.

Jesús no contesta a sus interrogantes con comentarios, nocivos o con chismorreos, no les comienza a dar la razón ante el doloroso suceso, lo toma con tranquilidad como suele tomar todo, y les contesta simplemente con otro suceso similar, un accidente: la caída de la torre de Siloé donde murieron dieciocho personas, cuando esta les cayó encima, quiere explicarles con esto, que no deben de mal interpretar todo lo que sucede en el entorno, les quiere dar a entender que los sufrimientos, y las dificultades no son un castigo de Dios contra los pecadores; les quiere dar a entender que para Él no existe relación directa entre pecado y calamidades materiales.

Tristemente en nuestro entorno, aunque no somos judíos, caemos en la trampa de culpar a Dios por todo lo que sucede, o de creer que es un castigo por lo que quizás hayamos cometido, a todo se le tiene que tildar de castigo, sean: accidentes, calamidades naturales, enfermedades e incluso hasta la misma muerte es vista como castigo. Jesús no quiere que hagamos una relación entre estos dos elementos.

 2-     Frente al juicio, Jesús prefiere la misericordia.
Los que traían la noticia le habían comentado un accidente con los Galileos, - hay que tener presente que los Galileos eran considerados gente despreciable, y ser galileo era sinónimo de ser un bandido o malhechor - quizás ellos, quieren hacer ver que esas personas se merecían ese castigo, por sus acciones y por ser de una región despreciable; pero Jesús hace una llamada a no juzgar a los demás, ni tampoco a alegrarse por el mal ajeno, o por la caída de aquel que quizás hizo algún daño. Les explica que todos tenemos errores y cometemos continuas faltas contra Dios, el es claro en decirles “ Piensan que aquellos galileos murieron así por ser mas pecadores que los demás... o a los que les cayó encima la torre de Siloé eran más culpables que los que vivían en Jerusalén? (Lc.13, 3).

Nadie tiene el derecho de juzgar a los otros, nadie. Es interesante que cuando alguien comete un error, nos volvemos lobos que le desgarramos y le juzgamos, y le condenamos, le echamos fuera de nuestras vidas y dejamos de ser amigos de esta persona. No nos damos cuenta que quizás el día de mañana seamos nosotros los que cometamos un error quizás más grave, y que cause más dolor. Frente al dolor o la caída de los demás, no usemos el juicio, es mejor la misericordia.  Frente al juicio del prójimo, Jesús aprovecha para hacer una llamada al arrepentimiento y a la conversión y advierte sobre graves consecuencias que trae consigo la penitencia.

 Hay cristianos en la época actual que creen que la vida está ya escrita o está marcada por el destino, o por cómo estaban las estrellas cuando nacieron, o por su signo zodiacal. Los cristianos verdaderos no creemos en que nuestra vida esta prediseñada desde antes de nacer, porque no somos peones en un tablero de ajedrez con el cual Dios juega y se divierte, Dios nos ha creado libres y a puesto delante de nosotros el bien y el mal, y somos libres de optar por lo que queramos (Dt. 30).

Lo que sucede con nosotros los seres humanos es que nos creemos autosuficientes y creemos saberlo todo, y cuando tomamos los caminos equivocados o las decisiones erradas, buscamos a quien echarle la culpa, y nos convertimos en víctimas de nosotros mismos y de nuestras propias decisiones. La libertad es un enfrentarse con uno mismo, y en esa lucha interna, si Dios no está en nuestros planes, es seguro que perderemos esa lucha y nos auto condenaremos y no podremos entender lo que pasa en nuestro entorno.
Cuando muramos y estemos ante Dios, El no nos preguntará que decidieron los astros y las estrellas, por ti; nos preguntará a nosotros mismos, a nuestro corazón, y desde la libertad que nos dio, que camino decidimos tomar y si optamos por el verdadero nos premiará con la vida eterna, de lo contrario, lo perderemos todo por tomar libremente decisiones equivocadas.

 3-     A dar frutos es que Dios nos llama continuamente.

Ante el asombro y las interrogantes de los discípulos que le seguían, Jesús no le da tantas vueltas al asunto, sino que simplemente les pone un ejemplo para que reflexionen, les habla de la higuera, esta parábola está dirigida a Israel principalmente, pero también es un llamado a despertar, a todos cuantos tienen en su mano los medios de la gracia y no responden a ella, que no son capaces de ver todas las oportunidades que Dios les ofrece continuamente.

El Padre Mario Santana Bueno, un sacerdote español, explica de forma muy sencilla pero clara los significados de esta parábola y hace una comparación entre lo que es la viña y lo que somos nosotros:

El dueño había plantado la higuera en un terreno bueno y donde se esperaba que iba a dar buenos frutos, ya que estaba recibiendo buenos cuidados y tenía la mejor tierra, mas no se le podía dar. Nosotros somos por la vinculación a la fe y a la Iglesia, higueras plantadas en la mejor viña de Dios y ese Dios del amor nos proporciona el mejor de los cuidados.

 El dueño de la higuera vino a buscar frutos, fue él directamente en persona, no quiso enviar a sus trabajadores, quizás porque él la cuidaba personalmente. Dios hace lo mismo con nosotros, él mismo viene a nuestra vida en busca de frutos, pero no los encuentra, lo único que encuentra son higueras que se quejan y piden mas y mas.

No encontró ningún fruto. Es lógico que el dueño se encuentre molesto, o quizás no molesto quizás decepcionado, porque no está dando fruto, y aparte de eso, está utilizando la tierra en vano, es por ello que manda a cortarla. Hay que tener presente que en el momento de nuestra muerte se nos corta el recorrido por esta tierra, y los frutos que no produzcamos en vida no germinaran en muerte. Si el evangelio no transforma hoy nuestra vida no podremos dar los frutos necesarios.

El que cuida la vida intercede por ella, es Cristo es el gran intercesor, el primero, pero pienso que siguiendo el gran ejemplo de Cristo cada creyente debe de interceder por los demás. Puede ser que pienses que has hecho poco por los demás en el camino de tu vida, que has dado pocos frutos, pero nunca sabrás lo que hizo tu oración por el otro ante Dios. El que estaba en pecado no oyó de ti ni juicios ni reproches, sólo Dios escuchó la oración llena de amor que hiciste por quien no sabía hacerla por sí mismo.

El intercesor pide una nueva oportunidad, esa es la llamada a la misericordia. Muchas veces hacemos todo lo contrario, en lugar de ser hermanos de nuestros hermanos nos hacemos jueces de ellos. Cuando lo más justo sería ayudarlo y sacarlo adelante para que dé frutos. Pienso que cada uno de nosotros deberíamos de ser al mismo tiempo higuera y cuidador, porque todos necesitamos de todos, el día que logremos entender esto, el mundo habrá verdaderamente entendido el proyecto de amor de nuestro Dios. Amén.

Tomado del libro – REFLEXIONES PARA ENCONTRARSE CON JESUS, Homilías de Cuaresma y Pascua del Padre Alexander Díaz 
Autor de este blog. 

domingo, 13 de enero de 2013

SOLEMNIDAD DEL BAUTISTMO DEL SEÑOR



 “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”
(Lc.2,22)



Termina el Tiempo de la Navidad

Hoy la Iglesia celebra la Fiesta del Bautismo del Señor. El tiempo litúrgico de Navidad termina con esta fiesta, que ocupa el primer domingo después de la Epifanía. La fiesta de hoy completa en cierta forma la del 6 de enero, porque vuelve a contemplar el mismo misterio desde otra perspectiva.

En la Epifanía celebramos la manifestación de Dios a los magos que representaban las culturas de la tierra, representaban a los pueblos paganos que no conocían al verdadero Dios, y hoy celebramos la manifestación de Dios cuando proclama a Jesús como su Hijo amado. Como Jesús, todos los cristianos son llamados por Dios y consagrados por Él para evangelizar y colaborar en la construcción del Reino. Así el Reino llega a todos y con la colaboración de todos.

La fiesta del Bautismo del Señor que celebramos este domingo es como la conclusión y el resumen de cuánto hemos celebrado durante este tiempo de Navidad. Nos hemos reunido durante este tiempo muchas veces para escuchar la Palabra de Dios y celebrar la Eucaristía, y hemos contemplado, paso a paso, el gran misterio de Dios que se hace hombre en medio de nosotros, para vivir totalmente nuestra vida y llevarnos a todos hacia él.

Hoy, al presentarse en el Jordán para ser bautizado por Juan, vemos a Jesús dispuesto ya a iniciar el anuncio de lo que le ha traído al mundo: la salvación de Dios, la buena noticia del Evangelio. Hoy, aquel niño que en Belén era ya la manifestación de Dios, se presenta ante su pueblo para realizar lo que escuchábamos en la segunda lectura: que con la fuerza del Espíritu Santo, “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”. (Hch.10,38)

El niño de Belén, aquel niño que era como los demás niños, es ahora un hombre como los demás hombres. Su vida nos mostrará, paso a paso, el andar de Dios entre nosotros, para ser lo que la profecía que escuchábamos en la primera lectura nos anunciaba: “alianza de un pueblo, luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas”.(Is.42,7)

El bautismo en el Jordán abre el inicio de la vida pública de Jesús.

La escena del bautismo de Jesús tiene, en Lucas, una visión especial. El clima es la expectación reinante sobre si Juan es el Mesías o no. Es el mismo Bautista quien aclara que “viene el que puede más que yo” y que éste “bautizará con Espíritu Santo”(Lc.2,16). Jesús se pone en la numerosa fila de los que desean bautizarse. Parece uno más. No teme el meterse entre los pecadores. Ha venido para estar entre ellos y salvarlos. Fijémonos en un detalle: Jesús se bautiza y, mientras está orando, se abre el cielo, baja el Espíritu y resuena la voz del Padre celestial. Este proclama distintamente: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.(Lc.2,22)

Nosotros adoramos al Hijo de Dios. Profesamos la fe: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”. Queremos vivir identificados con el Hijo y ser, a la vez, hijos en el Hijo. Nos admira como los hechos revelatorios suceden mientras Cristo está en oración. He aquí un elemento importante en Lucas. Hará fijar muchas veces la mirada del discípulo en el Jesús orante.

El bautismo de Cristo en el Jordán ofrece perspectivas al bautismo de los cristianos. El prefacio de la misa lo remarca. El ritual del bautismo se referirá a él de este modo: “Oh Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo”. Estas palabras son pronunciadas también en la bendición del agua en la Vigilia Pascual. Tenemos, pues, aquí iluminado nuestro bautismo: fue un renacer del agua y del Espíritu. Una buena oportunidad para agradecer la gracia del bautismo. Y para sentir la dicha de estar bautizados. Ciertamente, nuestros padres nos transmitieron lo mejor que ellos tenían. Sabemos que ha sido esta la herencia más pródiga. Una entrada en la vida, en la verdadera dimensión que se abre a la trascendencia.

- Porque se bautizó Jesús? Es la pregunta que muchos debaten hoy día

El bautismo que recibió Jesús de manos de Juan el Bautista es completamente diferente al que recibimos nosotros hoy día. Nuestro bautismo fue instituido por Cristo. Es un sacramento o señal e instrumento de la gracia de Dios por el cual la persona que lo recibe se hace partícipe de la comunidad del bien de las siguientes maneras: Coparticipando de la resurrección de Jesús (Rom 6,1-14), Haciéndose hijo de Dios, heredero del cielo y miembro activo de la Iglesia de Jesús: Ga 3, 26-29 1 Cor 12, 12ss.

El bautismo de Jesús no era un sacramento, sino una señal penitencial. Juan lo administraba a aquella persona que cambiara de vida y procurara seguir su predicación penitencial. Juan exigía la conversión, el cambio de vida, como condición para recibir su bautismo. El bautismo de Juan se llama “bautismo de penitencia para el perdón de los pecados” (Mc 1,4 Lc 3,3). Sin embargo, no es un bautismo suficiente para alcanzar la salvación de Dios como lo es el bautismo instituido por Jesús. El bautismo de Juan tampoco comunica la participación en la vida del Espíritu Santo. Tal diferencia aparece clara, tanto en los evangelios como en los Hechos de los Apóstoles, con la oposición de los términos “agua” y “Espíritu Santo” que usan cuando se refieren al bautismo de Juan y al instituido por Jesús.

El bautismo de Juan es bautismo de agua solamente. El bautismo instituido por Jesús es un bautismo del Espíritu Santo (Mc 1,8). A veces, el bautismo de Jesús es llamado también bautismo “de fuego”: “Yo les bautizo en agua para la conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no soy digno de desatarle las sandalias. El les bautizará en Espíritu Santo y fuego.” (Mt 3,11 Mc 1,8 Lc 3,16 Jn 1,33 Hech 1,5 Hech 11,16) Jesús no necesitaba ser bautizado por Juan, porque no tenía que cambiar de vida. 

Pero se somete al bautismo de Juan porque de hecho, iba a comenzar “una nueva vida”: su ministerio público, la predicación del reino de Dios. Jesús siguió la costumbre que tenían muchos judíos de la época. Dice la Palabra que Jesús se hizo semejante a todos los hombres en todo (Flp 2,7). Por esto Juan, quien sabía quién era Jesús, rehusaba bautizarlo (Mt 3,14). Jesús cuando fue a que Juan lo bautizara lo que hizo fue un acto de humildad “¿Tu vienes a mi? Soy yo quien necesita ser bautizado por ti...(Mt: 3,15)

Hay personas que dicen que como Jesús se bautizó de adulto, es mejor bautizar sólo a los adultos. Esto no es verdad. El bautismo que confiere la Iglesia es distinto. Son cosas muy diferentes. El bautismo de la Iglesia es un sacramento, el otro no.

- Significado del Bautismo de Jesús, según el Papa Benedicto XVI

El Papa Benedicto XVI en su primer libro sobre Jesús de Nazaret nos explica de forma muy clara y sencilla el significado del bautismo de Nuestro Señor; el Papa afirma: “ El bautismo de Juan incluye la confesión: el reconocimiento de los pecados. 

El judaísmo de aquellos tiempos conocía confesiones genéricas y formales, pero también el reconocimiento personal de los pecados, en el que se habían de enumerar las diversas acciones pecaminosas.16 Se trata realmente de superar la existencia pecaminosa llevada hasta entonces, de empezar una vida nueva, diferente.

Esto se simboliza en las diversas fases del bautismo. Por un la do, en la inmersión se simboliza la muerte y hace pensar en el diluvio que destruye y aniquila. En el pensamiento antiguo el océano se veía como amenaza continua del cosmos, de la tierra. En la inmersión, también el rio podía representar este simbolismo. Pero al ser el agua que fluye, es sobre todo símbolo de vida: los grandes ríos son los dispensadores de vida. 

Se trata de una purificación, de una liberación de la suciedad del pasado que pesa sobre la vida y la adultera, y un nuevo comienzo, es decir, de muerte y resurrección, de reiniciar la vida desde el principio y de un modo nuevo.
Se podría decir que se trata de un renacer. Todo esto se desarrollara expresamente en la teología bautismal cristiana, pero esta ya incoado en la inmersión en le Jordán y en el salir después de las aguas.

Toda Judea y Jerusalén acudían para bautizarse, como acabamos de escuchar. Pero hay algo nuevo “por entonces llegó Jesús de Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán” (Mc.1, 9) Hasta entonces no se había hablado de peregrinos venidos de Galilea; todo parecía restringirse al territorio Judío. Pero lo realmente nuevo no es que Jesús venga de otra zona geográfica, de lejos, por así decirlo. Lo realmente nuevo es que El, quiere ser bautizado, que se mescla entre la multitud gris de pecadores que esperan a la orilla del Jordán. El bautismo comportaba la confesión de las culpas. 

Era realmente un reconocimiento de los pecados y el propósito de poner fin a una vida anterior malgastada para recibir una nueva. ¿Podía hacerlo Jesús? ¿Cómo podía reconocer sus pecados? ¿Cómo podía desprenderse de su vida anterior para entrar en otra vida nueva?... No es fácil llegar a descifrar el sentido de este enigma.

Puesto que el bautismo comporta un reconocimiento de la culpa y una petición de perdón para poder empezar de nuevo, este sí a la plena voluntad de Dios encierra también, en un mundo marcado por el pecado, una expresión de solidaridad con los hombres, que se han hecho culpables, pero que tienden a la justicia. Solo a partir de la cruz y la resurrección se aclara todo el significado de este acontecimiento. Jesús había cargado con la culpa de toda la humanidad; entro con ella en el Jordán. Inicia su vida pública tomando el puesto de los pecadores. 

La inicia con la anticipación de la cruz. El significado pleno del bautismo de Jesús que comporta cumplir toda justicia se manifiesta solo en la cruz: el bautismo es la aceptación de la muerte por los pecados de la humanidad, y la voz del cielo “Este es mi Hijo amado” (Mc.3,17) es una referencia anticipada de la resurrección.

Solo a partir de aquí se puede entender el bautismo cristiano. La anticipación de la muerte en la cruz que tiene lugar en el bautismo de Jesús, y la anticipación de la resurrección anunciada por la voz del cielo se hacen ahora realidad. Así el bautismo con agua de Juan recibe pleno significado del bautismo de vida y de muerte de Jesús. Aceptar la invitación al bautismo significa ahora trasladarse al lugar del bautismo de Jesús y, así, recibir su identificación con El