domingo, 21 de febrero de 2010

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

"El Espíritu Santo le iba llevando por el desierto y era tentado." Lc 4,1-13:
Tentación y pecado no es lo mismo. El pecado es cuando caemos en la tentación. Hay personas cristianas que viven angustiadas por el pecado y por su presencia en el mundo. Se olvidan estos hermanos y hermanas que Jesús venció el pecado con su vida y con su Palabra. Nada puede hacer el demonio contra aquel que permanece cerca de Dios.
Hoy vemos como Jesús, hombre exactamente igual que otro, menos en el pecado, sufre los momentos terribles de la prueba. Los antecedentes no son buenos. En el desierto sucumbió Israel a la tentación; se dejó llevar por el demonio y olvidaron a Dios que les había liberado de la esclavitud. Jesús recibe también tentaciones pero no cae en ellas.
Muchas personas se escandalizan del mal que nos rodea casi por todas partes. En la televisión vemos como la estela del mal está cada día presente: violencias de todo tipo, injusticias, falta de amor... Pero quizás esas mismas personas no se escandalizan del mal que hay dentro de nosotros, en los pensamientos, en las costumbres, en las relaciones personales. El Evangelio de hoy nos invita a mirarnos por dentro, a hacer una radiografía espiritual de por dónde vamos.
Cristo es presentado en el texto como el ejemplo de la humanidad probada en su fidelidad a Dios. No seamos ingenuos, todos tenemos tentaciones que hacen su aparición una y otra vez en las mil y una caras que nos ofrecen las situaciones humanas. En el fondo la única tentación es siempre la misma que la de Adán y Eva: ser como Dios, ser autosuficientes, ocupar nosotros el espacio de Dios... Las tentaciones de Jesús son "tentaciones mesiánicas" que intentan lograr un mesianismo sólo material y humano, sin mayor relevancia espiritual, ocultando la voluntad de Dios sobre su vida.

¿Qué es una tentación?
La tentación es siempre un empuje hacia el mal, una invitación a apartarnos del camino de Dios. Cae en la tentación el que es débil en su relación con Dios. Caer en la tentación es cambiar a Dios por lo que el mal nos ofrece.
Comienza el Evangelio recordándonos que Jesús estaba lleno del Espíritu Santo. Con la presencia del Espíritu Santo aunque estemos rodeados de pruebas no sucumbiremos al mal. Volvía del río Jordán donde había sido bautizado. Cuando hemos tenido alguna fuerte experiencia de Dios no nos debe de extrañar que el demonio nos asalte con alguna tentación fuerte.
Jesús en el desierto se había desconectado del ritmo del mundo; al ayunar se había desentendido también del cuerpo. Satanás no puede agarrar fácilmente a quienes han roto sus lazos mundanos y que han roto con la carne.

Las tentaciones de Jesús fueron:
- Tentación a desconfiar del Padre, como si este su hubiese despreocupado de su Hijo. Le propone que convierta las piedras en panes, esto es, pensar que Dios se ha olvidado de ti. Cristo no cedió a la tentación porque: No estaba dispuesto a hacer lo que le pidiera el diablo.

Jesús hacía milagros para ratificar su doctrina y por eso mientras:
- No comenzase a predicar, no iba a realizar milagros.
- No iba a hacer milagros para ayudarse a sí mismo.
Después el diablo le tentó a que le rindiese adoración prometiéndole a cambio "todos los países del mundo". Adorarle significaba que Jesús había de reinar bajo los dictados de Satanás. Con tal de hacerse con el corazón y la adoración del ser humano, el diablo está dispuesto a repartir gloria, poder, honor y riqueza. Jesús también vence esta tentación.
Luego le tienta para confiar presuntuosamente en la protección del Padre. Le pide una prueba más de la protección del Padre, como si no bastase con la voz del cielo y el descenso del Espíritu Santo sobre Él.
El diablo se atreve a citar la propia Escritura. Cristo había citado la Escritura contra Satanás, ahora Satanás cita la Escritura a su favor.
El resultado de este combate espiritual es claro: El demonio había sido desarmado.
Acabadas las tentaciones, el diablo abandonó el terreno. No encontraba ningún otro punto por donde atacar.
Satanás no ha desistido de sus propósitos, se alejo de Él "por algún tiempo", hasta que llegase la hora de asaltarle de nuevo.
Cristo es presentado como el ejemplo de la humanidad en pruebas. Desde Adán hasta cualquiera de nosotros se repite una y otra vez la historia de las tentaciones. La gracia es una, Dios es uno, pero los caminos y las invitaciones para alejarnos de Él son muchos, de ahí que en cada uno de nosotros las tentaciones aparecen con múltiples caras.
Empieza la Cuaresma recordándonos las tentaciones que sufrió Jesús para que, con su ejemplo, podamos animarnos a dejarnos llevar por su mano hacia la voluntad que el Padre tiene para cada uno de nosotros.
Hay que tener cuidado con las tentaciones más pequeñas. Muchas personas están bien preparadas para afrontar los grandes retos, las grandes tentaciones que aparezcan en su vida, pero no están tan preparados para esas pequeñas tentaciones de cada día que, por despiste o por indefensión pueden alejarnos de Dios. Tenemos que vigilar las tentaciones grandes... pero también las pequeñas...
* * *
¿Qué tentaciones están presentes en su vida?
¿Qué haces para no caer en la tentaciones?
¿Sabes cuál es la diferencia entre tentación y pecado?
¿Qué piensas hacer en esta Cuaresma para acercarte más a Dios?
¿Cómo actúa el demonio en tu vida? ¿Y Dios cómo actúa en tu vida diaria?

miércoles, 17 de febrero de 2010

MIERCOLES DE CENIZA INICIO DE LA CUARESMA

Conviertete y cree en el evangelio
Hoy, con la celebración del Miercoles de Ceniza, iniciamos un tiempo fuerte en la Iglesia.
La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo. La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

- “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
- “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"
- “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Origen de la costumbre

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse. En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada. También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno. La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma
En muchos lugares predominan los carnavales el dia martes antes de este dia, veamos las razones. La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.) Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma. Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro o Nuevo Orleans.

El ayuno y la abstinencia

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.
La oración
La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.
Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

- La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.

La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.

La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar. El sacrificio Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

Conclusión
Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección. Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás. Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.

domingo, 14 de febrero de 2010

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

"Dichosos los pobres; ¡ay de ustedes los ricos!" Lc 6, 17.20-26
Las bienaventuranzas tienen también otro nombre y es el de felicidad. Felicidad y bienaventuranza es lo mismo. La felicidad que Jesús nos ofrece no es sólo para esta vida sino que trasciende mucho más allá la realidad material de nuestra existencia.
Los seres humanos estamos llamados a la felicidad en nuestra vida y en nuestro futuro después de la muerte. Cada persona, incluso los que se desvían del camino, intenta ser feliz a su manera, a su forma, buceando por las profundidades de su vida. El infeliz es aquel que ha buscado ser bienaventurado por caminos equivocados, con métodos erróneos y con fines muy concretos. Los que piensan que el sexo, el poder, el dinero y otras tantas cosas aportan la felicidad, bien pronto descubren que estas parcelas de la vida humana son sólo eso, parcelas que no responden a la plena integridad de su vida.
Jesús propone a sus discípulos una opción que no se divide en parcelas. No propone ser feliz con el dinero, ni con el poder ni con el sexo, ni con nada material en concreto. El Maestro nos enseña el camino de la felicidad desde un ser y saber qué es lo que realmente llena el corazón de las personas.
Hay gente que llena su vida de cosas pero su corazón está muy, pero que muy vacío. Un corazón vacío produce ecos terribles en la vida de las personas: ecos de miedo, de sin sentido, de insensatez y de inseguridad. Los ecos tienen forma de pesadillas, cargos de conciencia, dolor por el pasado, cobardía...
¿Cómo es el camino de la felicidad que Jesús nos propone? ¿Qué elementos tiene que existir en la vida de las personas que seguimos al Señor para disfrutar de lo que nos propone?
La primera condición para lograr la felicidad es tener oídos para Dios. Escuchar desde el corazón lo que Dios nos pide y desea para nosotros. Nuestro creador no quiere que la tristeza, ni el pesimismo, ni la amargura estén continuamente presentes en nuestra vida, de ahí que nos ofrece caminos concretos para llegar a la felicidad plena.
Hay gente que se conforma con felicidades descafeinadas, con felicidades de urgencia, con felicidades paliativas... pero lo que Jesús nos ofrece es otra cosa...
Las actitudes que Jesús nos propone nos hacen ver dos condiciones, dos mundos, dos maneras de vivir. Depende de la elección que hagamos se hará realidad las promesas de Jesús.
- "Felices los pobres porque el reino de Dios les pertenece." No se refiere a los pobres sociológicos sino aquellos que tienen su confianza puesta sólo en el Señor. Todo lo que necesito para ser feliz está dentro de mi absoluta confianza en Dios; no necesito más. Quienes son capaces de dejar espacio para Dios y que no existan obstáculos materiales en sus adentros, recibirán el reino de Dios. Bien sabe Jesús que las cosas y las personas nos pueden robar el corazón aunque sólo sea para alcanzar breves conatos de felicidad...
- "Felices los que tienen hambre, porque quedarán satisfechos..." El alimento es una de las primerísimas necesidades del ser humano. Antes de hablar de la felicidad tenemos que procurarnos el alimento, no sólo el material sino el que interiormente nos sustenta. No es casualidad que Jesús se quedara entre nosotros como alimento. ¿Qué alimenta tu vida para seguir adelante?
- "Felices los que ahora lloran, porque después reirán." Los llantos de ahora como consecuencia de las incomprensiones, de los desaires, de tantos y tantos obstáculos que nos aperecen en nuestra vida y que nos hacen sufrir, son sólo una preparación para los gozos futuros. Es como si todos los llantos y tristezas los dejáramos definitivamente aquí, en este "valle de lágrimas" que es la vida.
- "Felices ustedes cuando la gente les odie, les expulsen, les insulten... por causa del Hijo del hombre..." El camino del Señor está salpicado de contratiempos, por eso hay muchas personas que abandonan el seguimiento del Maestro. No han entendido que tenemos que vivir rodeados de esas situaciones para que la fuerza de Dios realmente venza esas realidades humanas. Es bien bonito sufrir por hacer el bien, aunque los demás no lo entiendan ni valoren. Es lo mismo que le pasó a Jesús...
A las bienaventuranzas siguen otros tantos ayes o maldiciones contra los pecadores que prosperan, aunque el mundo les envidie...
- ¡Ay de ustedes los ricos! Porque se darán cuenta que las cosas que tienen no les sirve para ser felices y todo el trabajo por tener y por poner su confianza en las cosas no les ha servido de nada.
- ¡Ay de ustedes los que ahora están satisfechos! Llenos de ustedes mismos, pero sin Cristo, sin esperanza y sin Dios.
- ¡Ay de ustedes los que ríen ahora! Los que siempre están dispuestos a reír con la risa del necio.
- ¡Ay de ustedes cuando todos les alaben! Los que creyendo seguir a Cristo han preferido complacer el oído de los hombres, antes que anunciar el reino de Dios.
En definitiva, la historia del Evangelio de hoy es la de los que aparentemente sin tener nada poseen todo y de los que creyendo poseerlo todo no tienen nada...
Cada uno de nosotros debe de revisar con frecuencia su vida, preguntándonos si nuestro corazón está lleno de cosas en lugar de quien único puede de verdad llenarlo, de Dios.
* * *
¿Qué es para ti la felicidad?
¿Qué relación existe entre la palabra "salvación" y "felicidad"?
¿Cuáles son las seguridades reales de tu vida?
¿Qué tenemos que hacer para que Dios se haga más presente en nuestra vida diaria y en nuestra vida interior?
¿Cómo podemos llenar nuestro corazón de Dios? ¿Qué tenemos que hacer?

domingo, 7 de febrero de 2010

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Y dejandolo todo le siguieron...Lc 5, 1-11

Hoy estamos con Jesús a la orilla del lago. Allí no hay ni inciensos ni flores ni ese ambiente de recogimiento que tenemos en nuestras Iglesias. Sólo hay una muchedumbre que rodea a Jesús apretujándolo. Se subió a una barca y comenzó a predicar.
Nosotros tenemos una vivencia de la fe muy distante de aquella en la que Jesús se movió. El paso de los años y la experiencia de siglos nos ha llevado a meternos en nuestras Iglesias y en muchas ocasiones a base de "¡¡aleluyas!!" queremos que el mundo se evangelice. Hay cristianos que se quejan con dolor y con pena de que la gente no va a la Iglesia y cuando van, están pensando en lo que tienen que hacer cuando salgan; las tareas les ocupa tanto el corazón y la mente que no dejan espacio para Dios y la Palabra que les cambia. Hay que decirle a la gente que entre a nuestras Iglesias con su vida; que no dejen su vida en la puerta del templo. Tenemos que cuidar que le fe y la vida vayan siempre por el mismo camino. Si una persona tiene una fe que camina por un lado y la vida por otra, nunca podrá recibir el mensaje porque nunca sabrás si estás hablando a su vida o a su fe. En cambio, cuando fe y vida van juntas en la vida de una persona, hablar a una es escuchar la otra... Dedicamos mucho tiempo a nuestras Iglesias pero no debemos de olvidar que tenemos que salir al encuentro de los otros que no vienen. Tenemos que salir a los caminos, a los mercados, a la orilla del lago...
La pedagogía espiritual de Jesús fue muy clara. Él no se quedaba esperando que la gente se acercara a Él; aunque el Evangelio nos cuente muchas y profundas experiencias de lo que lograron los que se acercaron al Señor. El púlpito de Jesús fue la propia vida de la gente con sus miserias y grandezas. Cuando Jesús hablaba conectaba de tal manera con el corazón de la gente que aquel mensaje se convertía en respuesta interior a las preguntas de su corazón. Las Palabras de Jesús podían irritar, calmar, orientar, pero nunca dejaban a nadie indiferente. Las palabras de muchos cristianos de hoy pueden que estén llenas de sabiduría teológica, de piedad epidérmica y de acciones de aparente conversión cuando no de exigencia moral, pero nada de esto conecta con los oyentes. Sólo un corazón con madurez espiritual puede hacer madurar la espiritualidad de otros. Hablar sobre Dios no es suficiente, hay que hablar desde Dios para que nuestros oyentes sean capaces de percibir el mensaje.
En la orilla del lago había mucha gente que apretujaba a Jesús; querían escucharlo porque su Palabra estaba cargada de esperanza y de promesas de salvación. La palabra de muchos predicadores de hoy es de tristeza y de amargura. Hay muchos cristianos que hoy viven instalados en lo que yo llamo "la pastoral de la queja". Todo el día quejándose de todo lo quejable y, cuando terminan de quejarse, vuelven de nuevo a plantear la queja como forma de evangelización. El Señor aceptó la realidad de las personas y de las cosas y desde ahí supo transformarlas. ¡Cuánta energía pierden muchos cristianos derrochando en quejas por todo y de todos, cuando en realidad la deberían emplear en crecer en el Señor! Ya saben: es más fácil quejarse que convertirse...
Jesús se sienta en la barca de Simón y empieza a predicar. Cuando termina le dice a Pedro que eche las redes lago adentro. Pedro ,experimentado pescador, duda de la pericia profesional del Maestro, pero acepta la propuesta de Jesús. Algo parecido nos pasa a los demás seres humanos para con el Señor. Es como si nuestra experiencia anterior nos dejara ya inmunes a cualquier invitación de Dios. Los verdaderos predicadores del Evangelio tienen que seguir echando las redes una y otra vez, aun cuando parezca que no recogen nada. Evangelizar es escribir una historia invisible en el corazón de un ser humano visible. Pedro no veía los peces, sólo hizo caso de la Palabra...
Continúa el Evangelio diciendo que cuando lo hicieron, recogieron tal cantidad de peces que las redes se rompían. La fe no es algo estático. La fe es siempre un hacer. La fe cuando se estanca se muere. Una fe que no produce frutos de Dios es más que estéril, es simplemente un engaño. Cuando echamos las redes tras la Palabra de Dios, estamos asegurando la rapidez y la abundancia de la captura.
Jesús utiliza dos imágenes para ilustrar el deber de sus seguidores: la de los pescadores y la de los pastores. En ambas profesiones queda reflejada lo que debe ser la misión del evangelizador. En la Iglesia todos debemos ser pastores y ovejas, pescadores y peces. En la vida hay muchas personas que pasan por los momentos de tormentas y dificultades, para ellos nuestra misión será la de pescadores. Pero también nosotros pasamos por momentos duros en los que necesitamos la cercanía humana y espiritual de los demás. Por desgracia algunos quieren ser más pescadores y pastores que peces y ovejas, a tanto llega su soberbia. La conversión siempre nos invitará a mantenernos en estas dos realidades de ayudar y ser ayudados en el camino hacia Dios.
Termina el Evangelio reconociéndose Pedro un pecador. Cuando una persona percibe la mano de Dios en su vida no le queda más remedio que ver la grandeza del creador y experimentar la propia pequeñez humana. Jesús le dice que no tenga miedo. Desde ahora vas a pescar hombres. La pesca de personas para Dios es mucho más difícil que la pesca de peces y sin embargo Jesús le invita a que no tenga miedo. Buena enseñanza para todos los que tenemos alguna responsabilidad pastoral. Tener una acción evangelizadora sin miedo es señal de que Jesús navega con nosotros en la nave de la Iglesia, y, lo que es mucho más importante: que nosotros también navegamos con Él.
* * *
¿Te quejas mucho de los demás cristianos, de su forma de ver, entender y vivir la fe? ¿Por qué?
De todo el tiempo que llevas quejándote ¿Has sacado algo de provecho espiritual?
¿Tu vida de cada día está unida a la fe? ¿En qué lo notas?
¿Te desesperas porque no ves los frutos de tu trabajo pastoral? ¿Qué hacer?
¿A qué cosas de tu vida tienes todavía que perderle el miedo? ¿Cómo lo puedes hacer?

viernes, 29 de enero de 2010

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

"Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos." (Lc. 4,21-30)

La Palabra de hoy comienza con admiración y termina con persecución y, entremedias, reina la cercanía familiar y la falta de reconocimiento a los que tenemos más cerca.
Todos hablaban bien de Jesús porque habían oído de su predicación y de sus milagros. Ahora el Maestro se encontraba en su tierra, en su sinagoga, rodeado de vecinos y conocidos. Si en tierras lejanas hizo milagros y demostraba su origen sobrenatural ¡qué haría en su tierra y con su gente!
Estaban admirados de la belleza de sus palabras. Hay personas que tienen el don de la palabra. Cuando hablan son capaces de llegar al corazón del oyente y esa palabra se vuelve pregunta interna que demanda una respuesta. Jesús poseía una Palabra como nadie jamás ha podido pronunciar. Es la Palabra definitiva de Dios a todos los seres humanos, de ahí que sus palabras no pasaran inadvertidas y crearan un estado de encuentro espiritual con su interlocutor.

Sus vecinos y conocidos no se conforman con la palabra; sabían que la mayor parte de los milagros de Jesús eran curaciones, así que podían exigir que curase también a los enfermos que había entre ellos. No se habían dado cuenta que las curaciones tenían por último objetivo sanar la incredulidad de los corazones. Pedían sanar el cuerpo pero no el corazón. Esperaban que después de las palabras siguieran obras milagrosas, pruebas más que reales de su divinidad. Su ciudad era tan digna como cualquier otra para que en ella hiciese milagros. Pero ellos se preguntaban: "¿No es éste el hijo de José?".
Normalmente valoramos poco a nuestros familiares y conocidos y esto sucede porque les conocemos incluso en sus intimidades, en sus momentos bajos y en sus errores.
Si preguntamos a las demás qué buenas personas conocen, puede ocurrir que siempre nos hablen de individuos de fuera de su ambiente familiar y de su círculo de conocidos. La familiaridad muchas veces engendra desprecio y tendemos a tener en poco a las personas con quienes estamos acostumbrados a conversar.
Jesús no hizo milagros delante de sus ciudadanos a causa de los prejuicios que ellos tenían. El Evangelio nos cita los casos de los milagros de los profetas Elías y Eliseo que se dieron porque en aquellos individuos los profetas encontraron fe, que los profetas no habían encontrado en sus conciudadanos. Después empieza la oposición y la persecución de Jesús. Tan cerca está para los cristianos la admiración de la persecución que no debemos dejarnos confundir por una o por otra; ambas siempre estarán a nuestro lado tal y como le pasó a Jesús.

Los oyentes se enfadan cuando oyen que Dios había mostrado su favor a los gentiles (a los que no eran de raza judía).
Ellos eran judíos, el pueblo elegido, la raza escogida. Las palabras de Jesús les sonaron más que un insulto. Hay veces que sólo nos gustan las palabras que nos halagan el oído, pero les impedimos que lleguen a nuestro interior, a lo más profundo de nuestro corazón.
Jesús les provocó con sus palabras y por eso intentaron matarlo. La Palabra que engendra vida se convirtió para aquellas personas duras de corazón, en palabras que engendran intenciones de muerte.
El misionero o profeta será siempre objeto de críticas desde dentro y desde fuera; siempre estará en una postura incómoda ya que al denunciar la opresión, la injusticia y el egoísmo se enfrentará irremediablemente incluso con los de dentro de su propia familia y comunidad. Tenemos que estar siempre preparados no sólo para el domingo de ramos sino también para el viernes santo de nuestras vidas apostólicas...

Este es un buen día para cuestionarnos sobre el Evangelio que tenemos que llevar a los cercanos: a nuestras familias, a nuestros amigos y compañeros de trabajo, a nuestros vecinos. Sería bueno preguntarnos cuántas personas de nuestro círculo más cercano han encontrado a Cristo gracias a nuestra palabra, a nuestro testimonio, a nuestra oración. Muchas veces los evangelizadores estamos tan inmersos en llevar el Mensaje a los demás que nos olvidamos de llevarlo a los que tenemos más cerca. Cuando Jesús lo hizo ya vemos el resultado...
Puede que más difícil que llevar el Evangelio a los lejanos sea el entregarlo a los más cercanos...

* * *
Tu familia, tu comunidad, tus amigos ¿Viven en un ambiente de fe en Jesús?
- ¿Qué haces para que se acerquen a Jesús los más cercanos a ti?
- ¿Sabes qué hacer para que el Evangelio vaya calando entre los que mejor conoces?
- ¿Te afectan, te desaniman, te desalientan... las frecuentes opiniones contrarias a Dios, a la Iglesia, a la fe...? ¿Por qué? ¿Por qué esas opiniones te afectan tanto...?
- ¿Te cuesta predicar el Evangelio a tu familia y conocidos? ¿Por qué?

sábado, 23 de enero de 2010

TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTA SOBRE MI.... (Lc 1,1-4; 4,14-21)

El Evangelio de san Lucas comienza con un prólogo dirigido a un tal Teófilo. No sabemos quién es este personaje. Los entendidos afirman que se puede referir no a una persona concreta sino al simbolismo del nombre. "Teófilo" significa literalmente "amado de Dios"; es por tanto un Evangelio escrito para los amigos de Dios.
San Lucas intenta hacer un relato ordenado de la vida de Jesús. Dice que ha investigado, que ha recopilado información, que ha profundizado en la verdad de las cosas y de los acontecimientos. En nuestra vida diaria nos hemos acostumbrado a pasar por los temas de una manera bastante superficial. A la mayoría de las personas les cuesta profundizar en lo que vive. Lucas intenta meterse en profundidad en la vida de Jesús, en lo que hizo, en quien fue, en su repercusión para la vida de las personas.
Hay un dato que no se nos puede pasar de largo. Dice el versículo dos "que los que fueron testigos presenciales desde el principio, recibieron el encargo de anunciar el mensaje." Intentar anunciar el mensaje de Jesús sin ser testigo es poco menos que imposible. Hay muchos predicadores cuyo mensaje no llega porque se están predicando a si mismo; su mensaje no busca la gloria de Dios ni la salvación de las personas, sólo busca el aplauso de los más fáciles. Pero nos surge una cuestión muy seria: ¿Cómo ser testigo presencial de los acontecimientos de Cristo? Pues viviendo en el Señor.
Para el no creyente Jesús es una figura del pasado; fue una buena persona que introdujo en la humanidad un mensaje que dignifica nuestra pobre condición, pero poco más. Para el creyente su eje, su centro, es la resurrección. Con Jesús resucitado su presencia no se queda en la historia sino que se actualiza cada día en el mundo, en mi mente, en mi corazón, en mi vida...
El no creyente tiene mucho de lo que dudar, vive en el mundo de lo opinable. El creyente vive en el espacio de las certezas.
¿Cómo vivieron todo esto los paisanos de Jesús?
Se dice que "nadie es profeta en su tierra" ¿Le ocurrió a Jesús lo mismo?
El Señor regresa a Galilea lleno del poder del Espíritu Santo; entre los suyos tenía buena fama e iba predicando por las distintas sinagogas de cada lugar.
Llega hasta Nazaret, el pueblo donde se había criado. Venía con la reputación ganada en otros lugares. El sábado se fue a la sinagoga y se puso a predicar. Con frecuencia vemos a Jesús predicando en otras sinagogas, pero nunca leyendo, excepto en esta de Nazaret, de la que por tantos años había sido miembro. Llega por tanto a su comunidad de toda la vida.
El texto que lee describe su persona. Tiene los siguientes rasgos:

- El Espíritu de Dios está sobre Él.
Nadie puede obrar las cosa de Dios si Dios no está en él. ¿Por qué en muchos casos nuestra vida no es plenamente coherente con el Evangelio? Porque hay aspectos de nuestro yo que todavía no están convertidos. Puede ser que nuestra mente anhele a Dios y nuestra voluntad quiera estar en Él, pero sucede que nuestros deseos carnales y nuestra psicología no estén todavía impregnadas del Espíritu Santo. Dura tarea tenemos en facilitar que nuestra alma, mente, corazón y vida sean de verdad de Dios. Muchas personas sinceras en su fe caen en determinados aspectos personales, porque son lugares interiores a los cuales no ha llegado todavía la conversión real y plena a Cristo. A los que se inician en la fe esto les desconcierta y atormenta. Dejar que el Espíritu vaya inundando nuestro ser es la tarea de nuestra vida.

- Lleva la buena noticia a los pobres
Jesús y cada cristiano está llamado a predicar la buena noticia a los pobres, a los que son conscientes de su indigencia interior para encontrar por sí mismo el camino de la vida.

-Liberta a los presos.
Prisionero es aquel que vive esclavo o atrapado por algo o por alguien, o por algo y por alguien a la vez... Tenemos que estar alertas sobre nuestras esclavitudes. Puede ser la esclavitud del poder, del dinero, del sexo, del prestigio, del desaliento, de la falta de confianza en sí mismo, de la duda... Cada ser humano tiene una cárcel dentro de sí donde mete determinados aspectos de su vida. Jesús viene a abrir esas puertas. Viene a enfrentarnos contra nosotros mismos. Donde creemos que las cosas no tienen remedio, Él las soluciona.

- Da vista a los ciegos.
El que yo no pueda ver determinadas cosas no significa que estas no existan. Hay realidades que están ahí pero no las puedo captar a simple vista. Ni las células ni los átomos los puedo detectar a simple vista; necesito algún instrumento válido que me descodifique la realidad. Algo parecido sucede con la fe. Tener fe es ver la vida y los acontecimientos con distintos ojos; con otra mirada de ver y de mirar a las personas y los sucesos de la vida.

- Pone en libertad a los oprimidos.
Estar oprimido es encontrarse presionado por alguna cosa. ¡Cuántas personas son presionadas por su pasado, por su presente o por su futuro! Jesús viene para que esas personas se liberen de sí mismos para que desde esa libertad puedan vivir para Dios y para los demás.
- Anuncia el año favorable del Señor.
En el texto Jesús se está refiriendo al año jubilar que se celebraba cada cincuenta años. El júbilo que trae el Mesías es que Dios está dispuesto a reconciliarnos en Él; a hacer las paces con los seres humanos. Si el primer pecado rompió la comunicación fluida entre Dios y los seres humanos, con Jesús esa relación vuelve a quedar perfectamente reparada.
Jesús vino por tanto a traernos la buena nueva, la libertad, la vista, la reconciliación con Dios. Toda la vida del cristiano estará siempre marcada por estos elementos.
Escuchar, ver, ser libre, sentirnos reconciliados tanto con Dios como personalmente y con los demás, siempre tienen que estar presentes en la vida de todo creyente en Jesús. El mensaje es claro y bueno; ahora me toca a mí ser capaz de encontrarlo y de vivirlo.

sábado, 26 de diciembre de 2009

DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA

La Navidad es fiesta de familia y es por eso que la Iglesia nos ofrece este Evangelio, que es una invitación a la reflexión sobre nuestras propias familias.
Para nosotros los católicos, la familia es la base y la estructura de la sociedad. No es extraño ver que en las últimas encuestas realizadas el primer valor de los entrevistados era la familia, la unidad familiar, que acoge, protege, ayuda y socorre en los momentos difíciles de la vida.
Quien vive sin comunidad familiar se pierde mucho de sí mismo porque es en ese ámbito donde primero comenzamos a ser persona, a descubrir lo que es en verdad la vida, y el profundo valor que nos ofrece el encuentro con la fe.
En la narración que hoy nos ofrece la Palabra es el hijo quien acerca, más si cabe, a los padres a Dios. Cuando los niños son bautizados y educados en la fe es la labor de los padres quien actúa en ellos para acercarlos al Padre. En Jesús las cosas cambian. Es el niño quien hace entender a sus padres que está en las cosas de su "Padre".
Si ampliamos el círculo de nuestra familia vemos como hay en nuestras familias y gente cercana, parientes y amigos que saben poco o nada del Señor. Les confieso que esto me urge y me cuestiona. Yo que tantas veces he predicado para los demás no sé si he puesto el mismo entusiasmo evangélico en hablar de Dios a mi familia. Puede ser por una cierta vergüenza el plantear a mis primos que Cristo les ama; o bien puede ser porque siento que no me van a tomar en serio. Pero siempre tengo el consuelo de saber que cuando necesiten a Dios su proceso tendrá que pasar por la cercanía familiar que siempre les ofrezco.
¿Cómo relacionarnos con nuestros parientes que no creen en el Señor?
Pues con el mismo amor que el Señor les tiene. Ser cristiano es tener un corazón tan grande que te quepa en el mismo espacio, el que conoce a Dios y el que no le conoce, sin reproches, sin contraprestaciones, sin chantajes espirituales. Ten siempre en cuenta que muy cerca de ti, en tu familia, en tu ambiente de vecindad o trabajo siempre existirán personas que no se han dejado tocar por el Señor, pero que en numerosas ocasiones están más cerca de lo que creen, sólo hace falta el calor del amor de Dios y esperar, sobre todo esperar...
La Sagrada Familia tiene que ser modelo de inspiración para todas las familias humanas. Me temo que esto no siempre se vive así. Nos encontramos familias donde los padres son "amigos" de sus hijos; en otras ocasiones la familia funciona como repúblicas autónomas del "yo"... ¿Qué falta en nuestras familias de hoy? Más cariño, más amor, más Dios...
Hace unos años se decía que la institución familiar estaba dando sus últimos respiros, que pronto surgiría otra institución que respondiese mejor a las perso
nas de hoy. Se decía aquello de que "para qué casarse... acaso por firmar un papel nos vamos a querer más..." hoy, son precisamente los que decían eso los que demandan papeles al Estado... En el fondo lo que ocurrió con aquel "amor libre" que se preconizaba fue que se esclavizaron más a sus dudas y temores.
La familia es un "nosotros" en lugar de un "yo". Cuando la unidad familiar deja espacio para que cada uno de sus miembros sea él mismo, es cuando crece la persona. Si el "nosotros" no nos deja ser uno mismo, algo falla, algo anda mal.
La fe es siempre un "nosotros" que nunca cierra el corazón ni a los demás ni a Dios...
Cuando se hace la pregunta "¿A quién quieres más, a tu hijo o a Dios?" puede que te encuentres como traicionando a uno si eliges al otro. Nada más lejos de la realidad: queriendo a tu hijo estás amando profundamente a Dios, porque "donde hay amor allí está Dios..."
El ejemplo de la Sagrada Familia es una profunda invitación a reflexionar y a profundizar en nuestras relaciones con Dios y con los demás.
* * *
¿Cómo es tu relación con tu familia?
Define a tu familia en tres palabras
¿Qué le falta y qué le sobra a tu familia?
¿Tratas de evangelizar a tu familia? ¿Qué dificultades encuentras?
¿Cómo actúa Dios en la familia?

miércoles, 23 de diciembre de 2009

!!!! HOY ES NAVIDAD !!!!

Hoy nos ha nacido el Rey de Reyes en un Portal pobre de Belen....

Cada año celebramos la fiesta de la navidad, una época de alegría regocijo y hermandad, aunque no podemos descartar que para muchos es solo una fiesta comercial donde lo que importan son los regalos caros y la algarabía de comidas y fiestas vacías, que hasta cierto punto no tienen sentido.
Porque digo esto, lo digo porque el único centro y fin de la Navidad, es Jesús que viene para encontrarse con nosotros, para mostrarnos con su vida el significado tan grande de ser hijo de Dios. Una navidad sin Jesús, no es navidad. Siempre me ha impactado la forma sorprendente en que Dios hace humano a su hijo, creo que nunca nos lo hemos imaginado seriamente, imagínate:
Nace en una cueva con animales, muchos lo llaman un portal, pero en realidad no llegaba ni a eso, era un establo en una cueva de un pueblo insignificante y pobre, se llamaba Belén, donde no había ni vino, ni champaña, ni una mesa servida con majares, ni buenos vestidos y buena música ese día, solo eran pastores pobres que cuidaban ovejas quizá ajenas, con rostros curtidos y mal olientes por la fatiga del trabajo del día, es ahí donde nace, de una mujer sencilla y humildemente pobre, casada con un artesano que hacia mil trabajos para ganarse su pan, pero con una fe de hierro. Es ahí donde nace el hijo del Creador, el Rey de Reyes, la verdad hecha hombre, fue tan pobre que no eligió nacer teniendo, sino entre animales, y cuando murió lo sepultaron en un sepulcro prestado.
El nace esta noche en un pesebre, y es “porque no había lugar para ellos en la posada” (Lc 2,7), y porque además quiso ubicarse en el grado más bajo de la escala humana. Lo hizo para que nadie se sienta excluido, ni siquiera el hombre más desdichado, y para que todos tengan abierto el camino de la salvación. A todos, como a los pastores, se les anuncia, “Hoy os ha nacido un Salvador”. Es por ello que El gran desafío de la Navidad es acoger por la fe al Niño Dios que nace.
El Niño acostado en la pobreza de un pesebre: es la señal de Dios. El Dios que actúa siempre con sencillez. Pasan los siglos y los milenios, pero queda la señal, y vale también para nosotros, hombres y mujeres de este siglo. Es señal de esperanza para toda la familia humana: señal de paz para cuantos sufren a causa de todo tipo de conflictos, de violencia, de guerras. Señal de misericordia y compasión para los pobres y los oprimidos. Señal de liberación hecha de reconciliación para quien se encuentra esclavo del pecado viviendo en la ruptura y para el que vive inmigrante en el destierro y en la soledad. Señal de amor y de consuelo para quien se siente solo y abandonado. Señal pequeña y frágil, humilde y silenciosa, pero llena de la fuerza de Dios, que por amor se hizo hombre.

Hermanos, hoy nace el Salvador: “Hoy nace aquella vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una eternidad dichosa” (San León Magno).
Que en Navidad se renueve nuestra esperanza, porque el pecado, la muerte, la enfermedad, la pobreza, el sufrimiento, no tienen la última palabra. La última palabra la tiene el Señor Jesús, el Reconciliador, el único Salvador del Mundo, ayer, hoy y siempre.
Por eso, “que nadie se considere excluido de esta alegría, pues el motivo de este gozo es común para todos. Nuestro Señor, en efecto vencedor del pecado y de la muerte, como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido a salvarnos a TODOS. Alégrese, pues, el justo, porque se acerca la recompensa; regocíjese el pecador, porque se le brinda el perdón; anímese el pagano, porque es llamado a la vida” (San León Magno).
En Navidad, nos abrimos a la esperanza contemplando la gloria divina oculta en la pobreza de un Niño envuelto en pañales por su Madre y acostado en un humilde pesebre. Aceptar esta paradoja, la paradoja de Navidad, es descubrir la Verdad que nos hace libres y el Amor que colma y transforma la vida.
Les deseo a todos de una muy Feliz Navidad y de un Año Nuevo lleno de las bendiciones del Señor.

JESUS NACE PARA DARNOS LA VIDA...

Estamos a punto de celebrar un hecho de trascendencia en la vida de la humanidad : Hace dos mil años nació un niño. Cuando celebramos nuestro propio cumpleaños, recordamos que nos estamos haciendo mas viejos. Cada año se añade una velita mas al bizcocho. Pero en Navidad no celebramos el que Jesús sea muy viejo. Nos alegramos porque Dios ha entrado en nuestra vida como un niño recién nacido, en los comienzos de la vida.
La imagen corriente de Dios es la de un hombre anciano, con pelo blanco. Pero en Navidad nos acordamos del ser eternamente juvenil de Dios. Como cantamos en la aclamación antes del Evangelio : « Un niño nos ha nacido . Un hijo se nos ha dado, Dios el Irreprimible » . Dios es joven de una manera irreprimible . San Agustín escribió una vez que somos nosotros los que nos hacemos viejos, pero consiste en que nosotros también estamos invitados a participar en el ser juvenil de Dios. Come dice el Evangelio de hoy : « A cuantos realmente le recibieron El les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios ». Navidad es la fiesta de nuestro rejuvenecimiento.
¿Que quiere decir esto ? No significa que debamos hacernos infantiles. A veces hay personas que abrazan la religión come una huida del estado de madurez, de adultos. Algunos cristianos dan la impresión que no necesitan pensar por su propia cuenta o afrontar con personalidad los dilemas morales, ya que la Iglesia nos dice lo que debemos hacer.. « Papá siempre sabe mejor… » Pero esta actitud no traduce lo que es un verdadero hijo de Dios. Es sencillamente una "inmadurez" ». Nuestra propia sociedad muchas veces busca una forma distinta de rejuvenecimiento, al negarse a encarar los signos de nuestra edad. La cirugía plástica puede disimular las arrugas de nuestra cara. Podemos rebuscar un ser juvenil artificial y terrible porque tenemos miedo de morirnos. Pero esto tampoco constituye un rejuvenecimiento auténtico.
Ser un hijo de Dios significa estar abierto a las posibilidades infinitas de futuro. El mundo de un niño no es algo acabado o congelado. El o ella pueden llegar a ser cualquier cosa: político, periodista, montañero, marinero, o incluso un religoso o un personaje que cambie la historia.

Hace cuarenta años Martín Lutero King dio su discurso famoso « Tengo un sueño ».
Es un sueño de libertad, « cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos puedan estrecharse la mano y cantar juntos con las palabras de la vieja canción espiritual : ¡Libres por fin !, ¡libres por fin !, Gracias a Dios Todopoderoso, ¡somos libres por fin ! ». Cuarenta años más tarde el muro de Berlín ha sido derrumbado, el Imperio Soviético ya no existe, el « apartheid » en África del Sur se ha hecho pedazos, pero tenemos menos sueños para el futuro. Somos la generación del «aquí y ahora».
Europa se está haciendo vieja. Literalmente estamos envejeciéndonos, puesto que el número de niños que nacen en nuestro viejo Continente va bajando. España e Italia tienen algunos de los índices de natalidad más bajos en el mundo. Pero también nos estamos envejeciendo en nuestro corazón, al perder nuestra capacidad de soñar un mundo nuevo. ¡Que el niño Jesús nos rejuvenezca con sueños refrescantes! ¿Qué sueños tienes tu ?

La Navidad nos rejuvenece si damos la bienvenida no solamente al niño Jesús, sino a todos los niños. Los niños siempre nos sacan de quicio. Ellos harán ruido cuando queremos dormir. Nos plantean cuestiones a las que no podemos contestar.
Nos plantean ante el hecho que no podemos gastar tanto dinero por nosotros mismos.
Ellos cambian nuestra manera de ser. Pero ellos son también la promesa de Dios para el futuro. Debemos permitir que nuestros hijos sean realmente jóvenes y no « pequeños adultos ». No debemos convertirlos en consumidores que tengan que vestirse con ropa que lleva alguna marca famosa. Que no los consideramos como un mercado del que nos podemos aprovechar. Y ante todo, que no los tratemos como objetos sexuales y dejemos que se abuse de ellos. La prostitución infantil está creciendo en el mundo entero.
Frente a esta situación, hay que dejar que los niños sean niños…
El niño Jesús llega a nosotros en los niños de otras personas, los niños de extranjeros e inmigrantes, niños que pertenecen a otras religiones o a ninguna.
Démosles la bienvenida también a ellos. Ellos abren para nosotros un futuro que es más amplio de lo que podemos imaginarnos. Nos ayudarán a derrumbar las murallas de hostilidad que dieron muerte a Jesús antes del tiempo de envejecerse.
Finalmente, soñemos con un futuro para los que parecen no tener futuro alguno, los pobres que duermen en nuestras calles, los que se sienten desesperados

domingo, 20 de diciembre de 2009

IV DOMINGO DE ADVIENTO

“Bendita tu entre todas las Mujeres…”
Lc. 1,39-45

En el tiempo de adviento se nos presentan dos grandes personajes que nos introducen con sus vidas y acciones en la Navidad. Estas dos eminentes figuras son Juan el Bautista y María. Podemos decir que el tiempo del nacimiento de Jesús es la síntesis de las dos vidas, de las dos actitudes espirituales, de los dos ejemplos de Fe. Estos dos grandes modelos de fe son tenidos en gran respeto y veneración por parte de la Iglesia, no en vano en la Iglesia Católica sólo celebramos tres nacimientos: el de Jesús, el 25 de diciembre; el de María el 8 de septiembre; y el de Juan el Bautista, el 24 de junio. El resto de los santos los celebramos el día de su muerte. Las actitudes interiores que debemos de tener para vivir en profundidad la Navidad, fueron las que se dieron en estas dos grandes personas anunciadoras de la venida del Señor. La Palabra de hoy nos recuerda el momento que María se encuentra con Isabel. Es el encuentro entre dos madres y es también una visita que beneficia a ambas. Dice el Evangelio que María de dirigió "deprisa" a la casa de Zacarías. La fe siempre demanda una cierta urgencia. La fe no es estancamiento sino encuentro. "la criatura se movió en su vientre" quedó llena del Espíritu Santo”.
Todo encuentro espiritual verdadero debe provocar algo parecido: un movimiento interno que nos lleve a un encuentro con la realidad que hay en nosotros y una auténtica acogida del Espíritu Santo.
Podemos vivir una fe rutinaria que no se conmueve ni mueve por las cosas que nos suceden, ni por los encuentros con el Señor. Debemos de tener cuidado para que la fe sea siempre un encuentro vibrante para que lo que llevamos dentro se haga sensible a lo que sucede a nuestro alrededor. Isabel capta la presencia interior que hay en María y es capaz de vibrar.
¿Somos nosotros capaces de vibrar ante las personas que nos ofrecen la presencia amorosa de Cristo? ¿O nos hemos acostumbrados a mirar al Señor con la indiferencia y la lejanía con la que vemos las demás situaciones de la vida?. Isabel no envidió ni tuvo celos de la Virgen María, supo acoger su grandeza con humildad y realismo.
Las personas en las cuales el Espíritu de Dios ha hecho su morada están siempre inclinadas a pensar con sencillez sobre sí mismas y sobre los favores y beneficios que Dios le concede. La persona que recibe así la presencia del Espíritu puede estimular a otros en su camino de fe, esto fue lo que sucedió en este enc
uentro.
Termina la lectura de hoy proclamando dichosa a María por creer en lo que Dios le había prometido. La vida del cristiano siempre estará surcada por las promesas de Dios; en nuestra mano estará aceptarla con alegría y plenitud. En el fondo nuestra vida cristiana queda vacía cuando faltan la alegría y la esperanza.
María fue dichosa porque sin pedir nada a cambio, supo esperar en las promesas que Dios le había hecho. Acogió su maternidad como una tarea pastoral a la que destinó todos sus esfuerzos y todos sus horizontes. No se guardó nada para sí. La Historia nos enseña que quien se entrega totalmente a Dios, sin guardarse nada para sí mismo, recibe la plenitud de la gracia y en esa persona se realiza a la perfección todas las promesas que el Señor estableció.
Ante las interrogantes y el gran mensaje de este ultimo domingo de Adviento quisiera que nos hicieramos las siguientes cuestionantes:

¿Cuáles son las promesas que el Señor te ha hecho en tu vida?
¿Cómo acoges a las personas que han sido especialmente escogidas por el Espíritu Santo? ¿con celos? ¿con envidias...?
¿Qué representa la Virgen en tu vida?
¿Cómo puede una persona acoger los dones y la presencia del Espíritu?
¿Cómo has vivido este adviento? ¿Qué te ha aportado?

miércoles, 9 de diciembre de 2009

SAN JUAN DIEGO CUAUHTITLAN

Cada 9 de Diciembre la iglesia celebra la fiesta de uno de los santos mas humildes San Juan Diego, el afortunado indigena al cual la virgen Maria le revelo el secreto de su amor en el Cerro del Tepeyac hace mas 500 años.
Juan Diego, que en 1990 Juan Pablo II lo llamó «el confidente de la dulce Señora del Tepeyac» (L'Osservatore Romano, 7-8 maggio 1990, p. 5) según una tradición bien documentada nació en 1474 en Cuauhtitlán, entonces reino de Texcoco, perteneciente a la etnia de los chichimecas. Se llamaba Cuauhtlatoatzin, que en su lengua materna significaba «Águila que habla», o «El que habla con un águila». Ya adulto y padre de familia, atraído por la doctrina de los PP. Franciscanos llegados a México en 1524, recibió el bautismo junto con su esposa María Lucía. Celebrado el matrimonio cristiano, vivió castamente hasta la muerte de su esposa, fallecida en 1529. Hombre de fe, fue coherente con sus obligaciones bautismales, nutriendo regularmente su unión con Dios mediante la eucaristía y el estudio del catecismo. El 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía a pie a Tlatelolco, en un lugar denominado Tepeyac, tuvo una aparición de María Santísima, que se le presentó como «la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios». La Virgen le encargó que en su nombre pidiese al Obispo capitalino el franciscano Juan de Zumárraga, la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición. Y como el Obispo no aceptase la idea, la Virgen le pidió que insistiese.

Al día siguiente, domingo, Juan Diego volvió a encontrar al Prelado, quien lo examinó en la doctrina cristiana y le pidió pruebas objetivas en confirmación del prodigio. El 12 de diciembre, martes, mientras el Beato se dirigía de nuevo a la Ciudad, la Virgen se le volvió a presentar y le consoló, invitándole a subir hasta la cima de la colina de Tepeyac para recoger flores y traérselas a ella. No obstante la fría estación invernal y la aridez del lugar, Juan Diego encontró unas flores muy hermosas. Una vez recogidas las colocó en su «tilma» y se las llevó a la Virgen, que le mandó presentarlas al Sr. Obispo como prueba de veracidad. Una vez ante el obispo el Beato abrió su «tilma» y dejó caer las flores, mientras en el tejido apareció, inexplicablemente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, que desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la Iglesia en México.


El santo, movido por una tierna y profunda devoción a la Madre de Dios, dejó los suyos, la casa, los bienes y su tierra y, con el permiso del Obispo, pasó a vivir en una pobre casa junto al templo de la «Señora del Cielo». Su preocupación era la limpieza de la capilla y la acogida de los peregrinos que visitaban el pequeño oratorio, hoy transformado en este grandioso templo, símbolo elocuente de la devoción mariana de los mexicanos a la Virgen de Guadalupe. En espíritu de pobreza y de vida humilde Juan Diego recorrió el camino de la santidad, dedicando mucho de su tiempo a la oración, a la contemplación y a la penitencia. Dócil a la autoridad eclesiástica, tres veces por semana recibía la Santísima Eucaristía. En la homilía que Vuestra Santidad pronunció el 6 de mayo de 1990 en este Santuario, indicó cómo «las noticias que de él nos han llegado elogian sus virtudes cristianas: su fe simple [...], su confianza en Dios y en la Virgen; su caridad, su coherencia moral, su desprendimiento y su pobreza evangélica. Llevando una vida de eremita, aquí cerca de Tepeyac, fue ejemplo de humildad» (.Juan Diego, laico fiel a la gracia divina, gozó de tan alta estima entre sus contemporáneos que éstos acostumbraban decir a sus hijos: «Que Dios os haga como Juan Diego».
Circundado de una sólida fama de santidad, murió en 1548.
Su memoria, siempre unida al hecho de la aparición de la Virgen de Guadalupe, ha atravesado los siglos, alcanzando la entera América, Europa y Asia. En abril de 1990, en una solemne ceremonia en la Basílica de Guadalupe en México, el Santo Padre Juan Pablo II le declaró Beato. El 6 de mayo sucesivo, en esta Basílica, el Papa presidió la solemne celebración en honor de Juan Diego, decorado con el título de Beato.
Precisamente en aquellos días, en esta misma arquidiócesis de Ciudad de México, tuvo lugar un milagro por intercesión de Juan Diego. Con él se abrió la puerta que ha conducido a la actual celebración, que el pueblo mexicano y toda la Iglesia viven en la alegría y la gratitud al Señor y a María por haber puesto en nuestro camino a Juan Diego, que según las palabras del Papa, «representa todos los indígenas que reconocieron el evangelio de Jesús». San Juan Diego es un don extraordinario no sólo para la Iglesia en México, sino para todo el Pueblo de Dios. Juan Pablo II proclamó públicamente la santidad de Juan Diego en una Solemne Misa de Canonización en la Basílica de la Virgen de la Guadalupe en México el 31 de julio, 2002. Su fiesta la fijó el mismo Santo Padre el 9 de diciembre porque ése "fue el día en que vió el Paraíso"

lunes, 7 de diciembre de 2009

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCION DE MARIA

Cada 8 de diciembre, la Iglesia celebra el dogma de fe que nos revela que, por la gracia de Dios, la Virgen María fue preservada del pecado desde el momento de su concepción, es decir desde el instante en que María comenzó la vida humana.

El 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus, el Papa Pío IX proclamó este dogma:
"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." (Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)
María es la "llena de gracia", del griego "kecharitomene" que significa una particular abundancia de gracia, es un estado sobrenatural en el que el alma está unida con el mismo Dios. María como la Mujer esperada en el Protoevangelio (Gn. 3, 15) se mantiene en enemistad con la serpiente porque es llena de gracia.
Las devociones a la Inmaculada Virgen María son numerosas, y entre sus devotos destacan santos como San Francisco de Asís y San Agustín. Además la devoción a la Concepción Inmaculada de María fue llevada a toda la Iglesia de Occidente por el Papa Sixto IV, en 1483.
El camino para la definición dogmática de la Concepción Inmaculada de María fue trazado por el franciscano Duns Scotto. Se dice que al encontrarse frente a una estatua de la Virgen María hizo esta petición: "Dignare me laudare te: Virgo Sacrata" (Oh Virgen sacrosanta dadme las palabras propias para hablar bien de Ti).

Y luego el franciscano hizo estos cuestionamientos:
1. ¿A Dios le convenía que su Madre naciera sin mancha del pecado original? Sí, a Dios le convenía que su Madre naciera sin ninguna mancha. Esto es lo más honroso, para Él.
2. ¿Dios podía hacer que su Madre naciera sin mancha de pecado original?Sí, Dios lo puede todo, y por tanto podía hacer que su Madre naciera sin mancha: Inmaculada.
3. ¿Lo que a Dios le conviene hacer lo hace? ¿O no lo hace? Todos respondieron: Lo que a Dios le conviene hacer, lo que Dios ve que es mejor hacerlo, lo hace.

Entonces Scotto exclamó :
1. Para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original.
2. Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada: sin mancha.
. Por lo tanto: Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original. Porque Dios cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.
La Virgen María es Inmaculada gracias a Cristo su hijo, puesto que Él iba a nacer de su seno es que Dios la hizo Inmaculada para que tenga un vientre puro donde encarnarse. Ahí se demuestra cómo Jesús es Salvador en la guarda de Dios con María y la omnipotencia del Padre se revela como la causa de este don. Así, María nunca se inclinó ante las concupiscencias y su grandeza demuestra que como ser humano era libre pero nunca ofendió a Dios y así no perdió la enorme gracia que Él le otorgó.
La Inmaculada Virgen María nos muestra la necesidad de tener un corazón puro para que el Señor Jesús pueda vivir en nuestro interior y de ahí naciese la Salvación. Y consagrarnos a ella nos lleva a que nuestra plegaria sea el medio por el cual se nos revele Jesucristo plenamente y nos lleve al camino por el cual seremos colmados por el Espíritu Santo.
Repasemos cada una de las proposiciones de la definición.

-El primer instante de la concepción de María.
En la concepción de María, engendrada por sus padres, hay que distinguir la concepción activa, es decir la acción de engendrar por parte de San Joaquín y de Santa Ana, y la concepción pasiva, o sea, el resultado de la acción de engen drar o el ser mismo de María, fruto de esa acción. El dogma se refiere a la concepción pasiva, enseñando que desde el pri mer instante en que es constituida como persona, lo es sin mancha alguna de pecado.
Contrariamente a lo que afirmaban algunos teólogos en épo cas pasadas ?para salvar la universalidad del pecado origi nal?, que habiendo contraído el pecado estuvo sometida a él por un instante, para ser luego inmediatamente después santi ficada por Dios en el seno de su madre.
- Inmune de toda mancha de culpa original
Es dogma de fe que el pecado original se transmite a todos los hombres por generación natural, de tal modo que todos son concebidos en pecado (cfr. Conc. de Trento: DZ 791). Ahora bien, como María fue inmune de la culpa, al ser concebida sin pecado, no tuvo esa culpa y, por ello, tampoco tenía las consecuencias de esa falta. Esto supone tres cosas: la) la ausencia de toda mancha de pecado; 2a) la presencia de la gracia santificante con las virtudes infusas y dones del Espíritu Santo y, 3a) la ausencia de inclinación al mal. Esta mala inclinación es llamada Fomes peccati.

Estos tres puntos se dieron en María:
1- Ausencia de cualquier mancha de pecado. Ella fue inmune p al reato de la culpa y de la pena debidas al pecado original, en virtud de que nunca tuvo ese pecado.
2-Llena de gracia santificante. Por lo anterior, al no tener pecado, el alma de María estuvo llena de la gracia santificante, desde el primer instante de su ser, y poseía las virtudes infu sas y los dones que acompañan ese estado de santidad.
3-Ausencia de la inclinación al mal. El pecado, que consiste en la aversión a Dios y en el amor desordenado a las criaturas provoca la inclinación al mal. En María esto no se dio, puesto que jamás tuvo pecado alguno.

-Por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente
La "Purísima Concepción" es un privilegio y don gratuito concedido sólo a la Virgen y no a ninguna otra criatura, en atención a que había sido predestinada para ser la Madre de Dios. Es un favor especial y extraordinario, ya que, según la ley, por su concepción dentro de la familia humana debería, haber incurrido en la contracción del pecado original para, luego, ser liberada como los demás hombres; pero esto no ocurrió, pues en Ella se realizó de modo distinto, como vere mos a continuación.

En previsión de los méritos de Cristo Jesús Salvador. Se dice en previsión de los méritos de Cristo porque a María la Redención se aplicó antes de la muerte del Señor. En cambio los justos del Antiguo Testamento esperaron el mo mento en que bajó al seno de Abraham luego de morir en la Cruz.Además, se añade "por los méritos de Cristo" dado que la redención de la Virgen tuvo como causa meritoria la Pasión del Señor. En efecto, como Cristo es el único Mediador y Redentor universal del género humano, María como descen diente de Adán, recibe igual que todos los hombres la salva ción de Cristo, el único Salvador.


-Preservada de la culpa original
Estamos aquí en el núcleo del dogma que indica la forma en que Dios tuvo a bien aplicar a María la Redención, y que se explica mediante ese concepto clave hallado por la teología en el siglo XIV. Los antiinmaculistas se oponían a la doctrina de la concepción inmaculada de María debido a que decían? si la Redención de Cristo fue universal, por cuanto que todos habían pecado, luego todos debían ser redimidos. Si esto era así, no se veía el modo cómo alguien pudiera ser redimido sin haber contraído el pecado. Juan Duns Scoto (1308), teólogo franciscano, introduce el término pre-redención y con ello consigue armonizar la verdad de que María se viera libre del pecado original, con la necesidad que también Ella tenía de redención. Hemos dicho que el pecado afectó a todo el género humano y, también, que la Redención fue universal; por tanto, en el caso de María, Ella también tenía necesidad de ser rescatada del pecado. Pero, en Ella esto se hizo no mediante una redención liberadora del pecado original ya contraído, sino mediante una redención preservante. Es decir, la primera se aplica a todos los hombres que primero incurren en el pecado y luego son limpiados con el lavado de la regeneración bautismal; la segunda se aplicó a María que, por ser descendiente de Adán, debía incurrir en la mancha hereditaria, y de hecho la hubiera contraído si Dios no la hubiera preservado de la culpa original.
Así por ejemplo, se dice que en el orden humano aquel que preserva de un golpe mortal es salvador en mayor medida que si solamente hubiera curado las heridas de aquel golpe mortal. Esto es lo que ocurrió con María: Dios la preservó de contraer el pecado, realmente la libró del pecado, pero Ella no lo contrajo en ningún momento. Así pues, la preservación es el modo más perfecto de redención, y por ello se dice que María fue redimida por Dios de una manera más sublime que los demás hombres.

viernes, 4 de diciembre de 2009

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

Juan en el desierto recibe la Palabra de Dios, y va al encuentro con la gente anunciando un nuevo bautismo. Juan llamaba al arrepentimiento para el perdón de los pecados. Difícil mensaje para un mundo como el nuestro donde el desierto es rechazado, donde el encuentro con la gente no siempre es gratificante, donde el bautismo se ve como algo del pasado, y donde el pecado se quiere ignorar...
Pero el mensaje de Juan el Bautista tiene siempre su importancia para este tiempo.
En Oriente cuando un rey se proponía visitar parte de sus dominios, enviaba un mensajero por delante para decirle a la gente que prepara los caminos. Juan Bautista es ese mensajero del Rey; pero la preparación en la que insistía era la de los corazones y las vidas.
-¡Viene el Rey! —decía— ¡Arreglen, no las carreteras sino sus vidas!
Arreglar el corazón y la vida, no hay nada más difícil. Cuando hablamos de arreglar nuestra vida donde primero tenemos que ir no es a lo que hacemos, a los actos; el primer lugar al que tenemos que volvernos es a nuestro interior. No creas que la fe en Jesús es un mundo sólo interior, personal, privado. Fue el mismo Jesús quien nos recordó que por nuestros frutos nos conocerán, no sólo por nuestro invisible interior.
En algunas ocasiones tengo la impresión que muchos cristianos han abandonado la fuerza transformadora del Evangelio. Para ellos la Palabra se les ha convertido en un mero y vacío sonido. Para muchos el Evangelio es la Palabra que no da vida...
Juan recibe la Palabra para comunicarla no para guardársela y salvarse él sólo. La Palabra tiene una fuerza que nadie puede destruir. Quien está anclado en el Evangelio su vida es transformada por él.
Sé que cambiar la vida es tanto más complicada cuando intentamos hacer componendas de distinto tipo. Queremos lo que es Evangelio y lo que es contrario a él, y queremos apañarlo todo junto, bajo la excusa de que somos seres humanos.
El cristiano es aquel o aquella que se da cuenta de su miseria humana, pero sabe que es una miseria redimida. Quedarnos en la miseria de nuestra existencia es poco menos que ridiculizar la importancia del Señor en nuestra vida.
Muchas personas tienen miedo al desierto y lo que significa. El desierto es lugar de soledad y de encuentro consigo mismo; lugar de desprendimiento de todo y de acogida en lo poco que nos puede ofrecer. Salir a la intemperie del desierto de nuestro corazón no es fácil. Juan el Bautista viene del desierto, pero nos invita a preparar caminos; el desierto no hay caminos marcados, todo lugar es bueno para llegar hasta donde queremos. Con Jesús las cosas cambian. Si nos encontramos en situación de desierto, recordemos que Él es el camino. Muchas veces nuestras vidas están en esos desiertos interiores que nos hemos creado.
Ir a la gente y estar con la gente no es sencillo después de haber tenido una experiencia de Dios. Los criterios del mundo son otros. Los intereses del mundo apuntan hacia otros lugares. Las realidades del Espíritu necesitan de otros gestos. Pero Jesús fue claro: "Vayan al mundo", "Estén en el mundo, pero no sean del mundo..." El Señor no quiso hacer de nuestra fe una caja fuerte en la que nada pudiese ni entrar ni salir; todo lo contrario: nos animó a una fe puesta a la intemperie de las cosas, de las personas y del mundo.
La labor profética de san Juan Bautista fue dura. Todo trabajo profético lo es. Pero anunció lo que tuvo que anunciar. Nosotros hoy queremos contemporizar con todo y con todos, no sean que vayan a decir de nosotros que no somos esto o aquello.
¡Cuánta valentía se necesita para ser profeta!
Conozco personas que poco menos que presumen de ser profetas, pero su estilo de vida y sus denuncias "proféticas" no me acercan para nada a Dios porque su forma de hacerlo está llena de amargura y tristeza. Viven en la que yo llamo la "pastoral de la queja". Se pasan todo el día quejándose de todo: del Papa, de la Iglesia, de los Obispos, de los curas, de la gente... Están tan ocupados en quejarse que tienen poco tiempo de anunciar y de cambiar...
El pecado tampoco está de moda. Hoy al pecado se le disfraza con otros nombres y parece que este mundo funcionase como si Dios estuviese siempre presente en todo, cuando en realidad muchas personas han desplazado el lugar de Dios en sus corazones y han puesto otras cosas.
El tiempo de Adviento es de arreglos, de revisiones, de rectificaciones, pero puede suceder que nuestras vidas interiores están tan complejamente organizada que nos sea difícil ordenarla. Sucede como esos cuartos trasteros que existen en algunas casas donde se van guardando cosas inservibles bajo la promesa de que algún día tenemos que ordenar ese lugar, que, a pesar de evitarnos tropiezos en el camino, no nos deja tranquilos pensando que todo lo inservible lo tenemos guardado allí. Resulta que cuando vamos a organizar todo aquel desbarajuste hay que hacerlo con mucha serenidad, con mucho tacto y delicadeza, porque una pata de la mesa se ha enredado con las patas de un sillón y este a su vez con unas lámparas que de la misma manera permanecen atadas a otras mesas... Arreglar este estado de cosas es muy delicado. Si hacemos mal la maniobra se nos puede venir muchas cosas encima, y nos dolerá y nos alejará de nuestra primera intención... San Juan nos vino a decir: ¡¡Arregla el trastero de tu corazón!! Tira las cosas inservibles en tu vida. Ordena los alientos, los pensamientos, las pasiones, las acciones... Esto sólo se puede hacer sabiendo esperar; con esperanza. Todo no se puede ordenar de golpe y en una misma maniobra. Necesitamos tiempo y espera, eso es el adviento: arreglar el corazón esperando la venida del Señor.
Me da la impresión que si los cristianos viviésemos intensamente los tiempos fuertes de adviento, navidad, cuaresma, pascua... nuestras vidas serían radicalmente distintas.
Todavía estamos a tiempo de darnos cuenta.

¿Qué es para ti "el desierto?"
¿Se puede ser cristiano viviendo un individualismo acentuado?
¿Qué cosas hay en el trastero de tu vida? ¿Por qué están ahí?
¿Qué es para ti ser "profeta"? ¿Cómo podemos ser profetas en el mundo de hoy?
¿Qué te propones vivir en este tiempo de adviento? ¿Por qué?

sábado, 28 de noviembre de 2009

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

«¿ Permaneced vigilantes, orando en todo momento?»
Lc. 21,25-28
Iniciamos hoy el primer domingo de adviento, serán cuatro semanas de preparación intensiva para recibir la navidad, tiempo en que celebraremos la venida del hijo de Dios, tiempo para meditar sobre donde tiene que nacer Jesús en nuestra vida. Jesús vino, se quedó entre nosotros, y de nuevo vendrá. Toda la vida del cristiano se mueve en estos parámetros. No podemos sentir al Señor cerca si no le vemos nacer como un ser humano más. No somos capaces de vivir su mensaje si no le encontramos día a día por los senderos de la vida. Pero sabemos que un día volverá a terminar la obra iniciada. En el texto de hoy, Jesús anuncia cuál será el fin que le espera a Jerusalén. Será una terrible calamidad; un día de juicio, tipo y figura de lo que ocurrirá inmediatamente antes de la venida del Señor.
La Palabra de hoy nos desconcierta un poco. Nos dice que cuando empiecen a suceder calamidades de todo tipo, es cuando los cristianos tenemos que animarnos y levantar la cabeza porque llega el Hijo del Hombre. Si en la primera creación Dios hace todo, ahora es como si lo destruyera para que el Señor de la salvación llegue de una manera definitiva. Jesús alerta a sus discípulos contra la falsa seguridad y la sensualidad. Ésta es una advertencia aplicable a todos los creyentes de todas las épocas. Sólo podemos estar seguros cuando estemos a salvo del pecado. En todo tiempo hemos de velar para ello, pero hay tiempos que requieren una especial vigilancia. Jesús especifica estos peligros:
- El peligro de no estar alertados para la venida de aquel gran día. Tenemos que prepararnos para seguir a Jesús en su segunda venida
- El peligro de entregarse a satisfacer los deseos de la carne y permitir que el corazón se aparte de Dios

Les aconseja que se preparen y estén listos para el gran día donde hay que estar en pie delante del Hijo del Hombre. Para ello hay que velar y estar orando en todo tiempo. Algunas personas pueden sacar la impresión que con las inmensas tragedias que suceden en el mundo, la vida fuese algo así como un caos sin sentido. Nosotros los cristianos, creemos, en cambio, que el mundo no camina sin horizonte. La vida cristiana tiene una meta.
Los filósofos estoicos pensaban en la Historia como un movimiento circular. Decían que cada tres mil años el mundo sufría una gran conflagración y luego empezaba otra vez, y la Historia se repetía. Eso quería decir que la Historia no iba a ninguna parte, y que la humanidad no hacía más que darle vueltas a la noria. La concepción cristiana del mundo y de la Historia es radicalmente distinta. Para nosotros la vida tiene una meta, y esa meta se alcanzará cuando Jesucristo sea Señor de todo. Eso es lo que sabemos y necesitamos saber.
No debemos perder ni la calma ni la esperanza por lo que vemos en nuestra vida y al nuestro alrededor. Quizá nuestro gran reto sea saber esperar en el Señor que nos salva. No nos ha dejado solos, Él está con nosotros cada día, pero quiere venir a nuestro corazón una y otra vez para decirnos que está ahí, que nos anima a la salvación. Me gusta mucho la equiparación que se hace entre "salvación" y "felicidad". Ambos términos son casi sinónimos porque ambas realidades completan nuestra débil humanidad. No sé si cuando llegue el Señor a nuestro corazón nos encontrará de verdad salvados, pero lo que sí nos tiene que encontrar es esperándole. El cristiano es quien sabe esperar en Dios, en la vida, en sí mismo y en los demás

QUE ES EL ADVIENTO

Significado del Adviento.
La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia. El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.
Esta es su triple finalidad:
- Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.

- Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.

- Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:

- Revisión: Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores

- Proyección: En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.
Algo que no debes olvidar.
El adviento comprende las cuatro semanas antes de la Navidad. El adviento es tiempo de preparación, esperanza y arrepentimiento de nuestros pecados para la llegada del Señor.En el adviento nos preparamos para la navidad y la segunda venida de Cristo al mundo, cuando volverá como Rey de todo el Universo.
Es un tiempo en el que podemos revisar cómo ha sido nuestra vida espiritual, nuestra vida en relación con Dios y convertirnos de nuevo.Es un tiempo en el que podemos hacer un plan de vida para mejorar como personas.
Cuida tu fe. Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad